ESTUDIO DE LAS PRINCIPALES NARRATIVAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO EN ORDEN CRONOLÓGICA

Pr. Jackson Day

ISBN 978-1-64370-178-3


 

Í N D I C E

 

 

NARRATIVA

TEXTO

ENLAZAR

 

Prefacio

 

Prefacio

 

Introducción

 

Introducción

 

Agradecimientos

 

Agradecimientos

 

Presentación

 

Presentación

 

Cronología del Antiguo Testamento

 

Cronologia

Gráfico:

La Integración de los Libros del Antiguo Testamento en Orden Cronológica

 

G1

Gráfico:

Cronología del Antiguo Testamento

 

G2

Gráfico:

El Pentateuco o Libros de la Ley

 

G3

Gráfico:

Génesis

 

G4

1

La Creación

Gn 1:1 — 2:25

L1

2

El Pecado

Gn 3:1-24

L2

3

La Degeneración de los Pecadores

Gn 4:1 — 6:13

L3

4

El Diluvio

Gn 6:13 — 9:29

L4

5

La Ardid de la Torre de Babel

Gn 11:1-32

L5

Mapa

El Mundo en la Época de Abraham

 

M1

6

Abraham: Las Pruebas de un Hombre de Fe

Gn 12 — 25

L6

7

Jacob: Buscando las Bendiciones Divinas a través de la Astucia Humana

Gn 25:24 — 37:1

L7

8

José: Victoria sobre Situaciones Adversas

Gn 37, 39-50

L8

Gráfico:

Éxodo

 

G5

Gráfico:

Moisés

 

G6

9

Moisés: Escogido, Protegido, Enviado

Ex 1:1 — 4:26

L9

10

Moisés: Libertando los Esclavos

Ex 4:27 — 12:46

L10

Mapa

El Éxodo

 

M2

11

Redimidos y Probados por Dios

Ex 12 — 18

L11

12

El Legislador de los Diez Mandamientos

Ex 19 — 20

L12

Gráfico:

Los Diez Mandamientos

 

G7

13

Cuando Falta Fe al Pueblo de Dios

Ex 19-40; Nm 13-14

L13

Gráfico:

Sacrificios — Levítico

 

G8

Gráfico:

Animales Puros e Impuros

 

G9

Gráfico:

Días Santos

 

G10

Dibujo

El Tabernáculo

 

D1

Gráfico:

Los Fracasos de Israel Recordados en el Libro de Números

 

G11

14

Las Consecuencias de un Líder Desobediente y de un Pueblo Murmurador

Nm 20 — 32

L14

Mapa

Las Doce Tribus

 

M3

Gráfico:

Josué

 

G12

15

Josué: Conquistando la Tierra Prometida

Js 1 — 24

L15

Gráfico:

Los Jueces

 

G13

16

Ciclos de Apostasía, Opresiones y Liberaciones

Jue 1 — 21

L16

17

Rut: Reestructurando la Vida después de una Adaptación Forzada

Rt 1 — 4

L17

Gráfico:

Samuel

 

G14

18

Samuel: Un Hombre que Oyó y Habló la Palabra de Dios

1 S 1-15

L18

Gráfico:

El Reino de Israel

 

G15

Gráfico:

Saúl

 

G16

19

Saúl: Escogido por Dios; Destruido por Sí Mismo

1 S 15 — 31

L19

Gráfico:

David

 

G17

20

David: Firmeza e Indecisión

2 S 1:24; 1 Cr 11:29

L20

Gráfico:

Salomón

 

G18

21

El Sabio que se Apartó de la Sabiduría

1 R 1 — 11

L21

Dibujo

El Templo

 

D2

Mapa

La División: Judá e Israel

 

M4

Gráfico:

Una Comparación de los Dos Reinos

 

G19

22

El Reino es Dividido

1 R 12-16

L22

23

Acab: El Rey que Luchó Contra Dios;

1 R 16:29 — 22:40

 

Elías: El Profeta que Luchó Por Dios

2 R 9:30-37; 10:1-17

L23

24

Profetas: Hombres de Dios en un País Apóstata

2 R 1-13; 17

L24

Gráfico:

Panorama de Jonás

 

G20

25

Jonás: El Obstinado Siervo del Señor

Jon 1-4

L25

Mapa

El Exilio

 

M5

Gráfico:

Las Invasiones de Jerusalén por Nabucodonosor

 

G21

26

Vacilando en el Reino Parcial

2 R 18-25

L26

27

El Exilio en Babilonia

2 R 24:8-14; Dn 1-6

 

 

 

Jer 29: 1-23

L27

Mapa

Los Retornos

 

M6

Gráfico:

Orden Cronológica de los Libros Históricos de la Reconstrucción: Esdras,

 

 

 

Nehemías y Ester

 

G22

28

Restauración de Judá — El Remaneciente

Esd y Neh

L28


 

P R E F A C I O

           

            Es con mucho placer que presentamos al público evangélico el material del Curso “Comunicando por Medio de las Narrativas Bíblicas” de autoría del Pr. Herbert Jackson Day, para ser usado en el entrenamiento de predicadores laicos y líderes de las iglesias.

            El método de enseñar a predicar teniendo como base las narrativas bíblicas es de los más interesantes. Al final, ¿a quién no le gusta contar y oír historias? Ese gusto no está limitado solamente a los niños, sino que es una característica de todas las edades en cualquier época o lugar.

            Quien escucha una historia de la Biblia tiene facilidad para memorizarla. Este hecho es verdadero tanto para las narrativas del Antiguo Testamento como para las lindas historias de Jesús registradas en el Nuevo Testamento. No solo es fácil guardar las historias en la memoria, sino que hace posible repetirlas y pasarlas para adelante. De esta manera, una “Biblia oral” se va formando entre los oyentes, a medida que ellos oyen y cuentan las historias. Por otro lado, en la elaboración de un sermón o estudio bíblico, es más fácil para un predicador laico tomar por base una historia que un texto que no sea narrativo y que muchas veces exigirá más habilidad para ser interpretado.

            “Comunicando por Medio de las Narrativas Bíblicas” es un método que enseña a preparar sermones, estudios bíblicos y doctrinarios. Está basado en una selección de las principales narrativas del Antiguo Testamento, de la vida de Jesús y de los Hechos de los Apóstoles. Además de ser una herramienta que prepara al alumno para predicar y enseñar, es un medio a través del cual el estudiante adquiere una visión panorámica de todos los períodos de la historia bíblica y un conocimiento básico de las doctrinas de la fe cristiana.

            El autor ha dedicado un gran número de años de su carrera misionera a la preparación y a la utilización de este material. Misionero de la Junta de Richmond, actualmente trabaja como profesor de la Facultad Teológica Bautista de Brasilia, donde ha dado clases de Evangelismo y Hermenéutica. Cuando fue invitado por esa institución, hace cinco años, para empezar un programa para entrenamiento de predicadores laicos, el pastor Jackson Day aceptó el desafío con mucho entusiasmo, pasando a usar el material que venía preparando en forma de apostillas. El objetivo era implantar por lo menos un núcleo de entrenamiento en cada asociación de la Convención Bautista del Distrito Federal. Pasados cinco años, decenas de núcleos ya se implantaron en varias iglesias del Distrito Federal y en la sede de la Facultad.

            El interés por el uso del material se fue ampliando de tal forma que llegaron pedidos de otros estados de Brasil y de las juntas misioneras. El número creciente de la producción de apostillas llevó al autor a soñar con la posibilidad de publicarlas en forma de libro, lo que ahora se hace realidad.

            Al presentar este material, lo hacemos con el deseo de que él continúe a ser una bendición para muchos siervos del Señor, en Brasil y en el mundo, que están interesados en conocer más profundamente la Palabra de Dios y estar aptos para comunicar de forma clara y precisa sus verdades eternas.

 

Rio de Janeiro, enero de 2000

Dr. Roberto Alves de Souza

Rector del Seminario Teológico Bautista Del Sur de Brasil


 

I N T R O D U C C I Ó N

 

            Cuando era un joven misionero, en el interior del Estado de Bahía, ocupándome con el entrenamiento de predicadores laicos, que tenían poco estudio, observé que predicaban mucho mejor cuando contaban una narrativa bíblica y la explicaban, que cuando predicaban usando una carta de Pablo como texto-base, por ejemplo.

            Preparé la apostilla LAS NARRATIVAS BÍBLICAS: HERRAMIENTAS ÚTILES en 1979, aprovechando lo que había aprendido en el entrenamiento de predicadores laicos. Usé la misma apostilla para entrenar diversos otros obreros laicos en muchas iglesias, asociaciones y congresos en Bahía. Hice varias revisiones en la apostilla para enseñar esa materia en la Facultad Teológica Bautista de Brasilia, DF.

            En 1992, descubrí algunos libros que hablaban sobre usar las narrativas, en orden cronológica-histórica, en el evangelismo y enseñanza de la Biblia a las personas no-alfabetizadas. Por último, en septiembre de 1993, tuve el privilegio de ir a un seminario sobre el tema, en Honduras.

            Tomé la iniciativa de enseñar las narrativas bíblicas en orden cronológica, en una congregación de la Iglesia Bautista Ala Sur de Brasilia, que estaba dirigiendo. Puse los estudios en una apostilla, lo que permitiría que otros la pudieran usar. Preparé: 1. ESTUDIOS DE LAS PRINCIPALES NARRATIVAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO EN ORDEN CRONOLÓGICA y 2. ESTUDIO DE LAS PRINCIPALES NARRATIVAS DEL NUEVO TESTAMENTO EN ORDEN CRONOLÓGICA, que es una continuación de la primera.

            En 1995, el Doctor en Teología, Roberto Alves de Souza, rector de la Facultad Teológica Bautista de Brasilia, me invitó para desarrollar el curso por extensión de la Facultad COMUNICANDO POR MEDIO DE LAS NARRATIVAS. El curso tiene por objetivo entrenar predicadores, profesores y líderes de las iglesias, para que conozcan, enseñen y prediquen la Biblia. Las apostillas mencionadas son usadas durante el curso.

 

 

A G R A D E C I M I E N T O S

 

            Quiero aquí reconocer mi deuda para con todos los que directamente tuvieron participación en la producción de esta apostilla, que ahora estoy publicando como libro:

            --El Pr. Darlyson Feitosa y la Iglesia Bautista Ala Sur me dieron el privilegio de enseñar estos estudios en dos de sus congregaciones.

            -- Profesores de idioma portugués mejoraron el portugués y dieron otras sugerencias para dejar los estudios más provechosos. Los principales que me ayudaron fueron:

 

  La profesora Dione Ferraz Campos Alcântara corrigió la apostilla en su forma “bruta” y luego, varias veces, después de cada modificación.

  El profesor Anderson Oliveira Costa, la profesora Edelweiss de Morais Mafra y la profesora Geni Novaes Bortolucci dieron sugerencias para que los estudios quedaran más claros y uniformes.

 

            -- Los pastores que dieron otras sugerencias para hacer que los estudios quedaran mejores todavía, fueron:

 

  El Pr. João Pedro Araújo dio sugerencias para hacer más comprensibles las lecciones aprendidas en las narrativas. Tuve el privilegio de ser compañero del Pr. João Pedro Araújo en la implantación de la Iglesia Bautista en el Lago Sur, donde, por primera vez, usé el método de enseñar las narrativas bíblicas en orden cronológica.

  El Pr. Samuel Jackson Day dio sugerencias para dejar más comprensibles las repeticiones-clave y los sentimientos-clave descubiertos en las narrativas.

  El Doctor en Teología, Roberto Alves de Souza, cuando era rector de la Facultad Teológica Bautista de Brasilia, me invitó para desarrollar el curso por extensión, de la Facultad: COMUNICANDO POR MEDIO DE LAS NARRATIVAS BÍBLICAS. Agradezco su apoyo y ánimo.

  El Pr. Marcos de Araújo Rodrigues coopera en el curso por extensión: COMUNICANDO POR MEDIO DE LAS NARRATIVAS BÍBLICAS, usa las narrativas en sus prédicas y estudios y siempre estamos intercambiando ideas.

-- El dibujante Leopoldo Soares fue el encargado de la elaboración de la portada de este libro. Él y Silvana Jacob Cury Santos elaboraron los dibujos que hacen parte del proyecto NARRATIVAS BÍBLICAS.

-- La editoración y formatación de este libro fueron hechas por José Gomes da Silva Neto.

-- Mis alumnos me ayudaron a entender lo que no estaba claro en las primeras apostillas y lo que había de mejor en ellas. Muchas de las lecciones aprendidas en las narrativas fueron descubiertas por ellos.

-- Soy agradecido por el privilegio de trabajar junto con la SOCEP y su excelente personal en la publicación de este y de otros libros en el proyecto NARRATIVAS BÍBLICAS.

-- Agradezco también a la Misión Bautista del Sur de Brasil, por el privilegio de ser uno de sus misioneros en Brasil y por el apoyo y ánimo que he recibido de la misma, al preparar libros sobre cómo comunicar por medio de las narrativas bíblicas.

-- La persona que más me ha ayudado es mi querida esposa, Doris Emily Day, la cual ha andado a mi lado, apoyándome en todo mi ministerio. Ella ha estado bien envuelta en el ministerio COMUNICANDO POR MEDIO DE LAS NARRATIVAS BÍBLICAS, siendo que actualmente está trabajando en la elaboración de libros para entrenar profesores de niños y dirigiendo clínicas para orientarlos.

 

P R E S E N T A C I Ó N

 

            Los brasileños son buenos contadores de historias y los cristianos pueden aprovechar muy bien esta capacidad contando narrativas bíblicas. El tipo más común de literatura en la Biblia es la narrativa. Casi dos tercios de la Biblia, por lo menos, fueron escritos en lenguaje narrativo. Las narrativas bíblicas cuentan acontecimientos, historias, parábolas, milagros y las experiencias de las personas. El propósito de este libro es ayudar a los cristianos a comunicar la Palabra de Dios, siendo contadores de historias bíblicas.

            Dios es el Dios de la historia. Él se reveló a través de Sus hechos en una secuencia histórica. La fe cristiana está basada en los grandes hechos reveladores de Dios, empezando con la creación y culminando con la vida, muerte, resurrección y ascensión de Cristo y continuando con la expansión de la Iglesia, ¡firme en la esperanza de la segunda venida de Jesús! Uno de los métodos más eficaces para comunicar las verdades divinas es contar las narrativas bíblicas según la secuencia histórica. Uno de los mejores métodos de enseñar la verdad divina es el método de Dios, dentro de la estructura cronológica e histórica de las Escrituras, presentando la Biblia como una revelación completa e interdependiente de Dios, que sigue la secuencia de los acontecimientos bíblicos.

            Preparé los libros NARRATIVAS BÍBLICAS: ANTIGUO TESTAMENTO, e NARRATIVAS BÍBLICAS: NUEVO TESTAMENTO que es una continuación del primero. El libro NARRATIVAS BÍBLICAS: DOCTRINA presenta un estudio de varias doctrinas utilizando narrativas bíblicas. Estos libros tienen el objetivo de ayudar al cristiano a estudiar y comunicar la Palabra de Dios, aprovechando la estructura cronológica e histórica de las Escrituras. El libro LAS NARRATIVAS BÍBLICAS: HERRAMIENTAS ÚTILES tiene el propósito de enseñar la metodología de comunicar usando las narrativas. Él explica como: analizar una narrativa; contar una narrativa; preparar y predicar un sermón cuyo texto es una narrativa; preparar y dirigir un estudio bíblico con una narrativa y enseñar doctrinas usando las narrativas bíblicas. El libro NARRATIVAS BÍBLICAS: GUÍA DE ENTRENAMIENTO tiene como objetivo dar sugerencias para un pastor que desea entrenar líderes de la iglesia a enseñar y predicar utilizando las narrativas bíblicas.

            Existe también NARRATIVAS BÍBLICAS PARA LOS NIÑOS de diferentes edades, trabajo desarrollado por mi esposa Doris, que viene acompañado de actividades didácticas, complementando así este proyecto.

            Cada narrativa incluida en los libros NARRATIVAS BÍBLICAS: ANTIGUO TESTAMENTO, e NARRATIVAS BÍBLICAS: NUEVO TESTAMENTO tiene:

  La estructura.

  La narrativa escrita en lenguaje simple, usando el lenguaje que se usaría para contarla.

  Lecciones aprendidas en las mismas.

  Preguntas inspiradas en la narrativa.

            La estructura contiene elementos que ayudan a conocer la narrativa y que preparan el narrador para contarla. Son incluidos el contexto, el personaje-clave, el lugar-clave, las repeticiones-clave, los sentimientos-clave, el problema-inicial, los puntos de referencia y la situación-final.

            La narrativa es escrita en lenguaje simple, usando el lenguaje que el autor usaría para contarla.  Las citaciones bíblicas que aparecen se refieren a consultas a varias versiones de la Biblia e, en muchos casos, son adaptaciones de las ideas bíblicas, en la concepción del autor, que se valió de sugerencias de personas de varias clases sociales.

            Después de la narrativa, aparecen algunas lecciones que se pueden extraer de la misma. El profesor o predicador puede encontrar algunas que pueden ser aplicadas a la vida de sus oyentes o alumnos. Hay también preguntas inspiradas en la narrativa.

            Una buena manera de comunicar es contar la narrativa sin dar explicaciones, hacer preguntas y dejar que los oyentes descubran las verdades por sí mismos. La persona que vaya a usar este método podrá contar la narrativa con sus propias palabras y después hacer las preguntas incluidas en el libro, o hacer sus propias preguntas.

La persona que vaya a usar las narrativas como texto para un sermón podrá, perfectamente, escoger algunas de las lecciones aquí incluidas como divisiones de su sermón, lo que facilitará la preparación de un mensaje cuyo texto-base sea una narrativa. Quien vaya a usar este método podrá contar la narrativa con sus propias palabras y después desarrollar las lecciones escogidas en las divisiones del sermón. Para un estudio bíblico, el profesor podrá empezar contando la narrativa y después discutir con los alumnos algunas lecciones escogidas.


 

La estructura de las narrativas

 

            Este libro identifica la estructura de cada narrativa llevando en consideración los siguientes elementos:

 

1, Contexto

            El contexto incluye las historias que vienen antes y después de la narrativa en destaque. Los acontecimientos antes de la narrativa dan una idea de la situación inicial y establecen las circunstancias en el inicio de la historia.

 

2. Personaje-clave

            El personaje-clave es el que más se destaca en la narrativa. En algunas historias, hay más de un personaje en destaque, siendo así, hay personajes-clave.

 

3. Lugar-clave

            El lugar-clave es el local principal de los acontecimientos narrados. En algunas narrativas, identificar el local de los acontecimientos es fundamental para entender la narrativa, pero, en otras, no es tan importante.

 

4. Repeticiones-clave

            En una narrativa muchas veces los acontecimientos están relacionados por palabras, temas, hechos o ideas que son repetidos con las mismas palabras o con poca modificación. Repeticiones son hechas para reforzar verdades, construir un clímax o expresar emociones.

 

5. Sentimientos-clave

            Las narrativas expresan emociones, actitudes y sentimientos. El sentimiento puede ser positivo o negativo.  Resignación, cinismo, hostilidad, espanto, horror, tristeza, dolor, amor, alegría, sorpresa, perplejidad, admiración son algunos de los sentimientos expresados en las narrativas. El contador necesita, durante la narración, manifestar los mismos sentimientos encontrados en la narrativa, entonces, es importante distinguirlos.

 

6. Problema-inicial

            El contexto de la narrativa establece la situación inicial de la historia. Es probable que un episodio en el inicio de la narrativa destaque acontecimientos que traen perturbación para la situación inicial. El episodio responsable por la perturbación es ligado a un problema o a una necesidad. El problema-inicial desencadena la narrativa, es decir, es el punto de partida, el que da inicio a la historia. El episodio que trae la perturbación inicial, es una clave para entender la narrativa.

 

7. Punto de referencia en la secuencia narrada

            Las narrativas empiezan con un problema-inicial que se agudiza con una serie de episodios, hasta que una situación final sea alcanzada. Hay una evolución de problemas, conflictos y tentativas frustradas hasta una resolución final. Hay desequilibrios o crisis. Puede haber alguna influencia de fuera en el proceso. Puede haber más de una persona frente al mismo proceso que resulta en comportamiento alternativo. Los episodios en la secuencia narrada hacen parte del proceso de buscar una solución para el problema-inicial. Esos episodios pueden ser llamados de puntos de referencia.

 

8. Situación-final

            La narrativa se encierra con una situación final, un nuevo equilibrio que puede ser semejante o no a la situación inicial. Hay una conexión entre el problema-inicial que desencadenó la narrativa y la situación final que encierra con una nueva situación. Empezando con el problema-inicial, hay una evolución de problemas, conflictos y tentativas frustradas hasta una solución final que puede ser triste o alegre. Algunas narrativas terminan con un final positivo, otras, negativo. Algunas terminan con el personaje-clave teniendo éxito, otras, con él sufriendo un fracaso.

           

LA ESTRUCTURA DE LA SECUENCIA ELEMENTAL DE UNA NARRATIVA

 

CONTEXTO;

PROBLEMA-INICIAL

PUNTOS DE REFERENCIA EN LA SECUENCIA NARRADA

SITUACIÓN

FINAL

 

El contexto establece la situación inicial de la narrativa. El problema-inicial es el episodio que perturba la situación inicial. Él desencadena la narrativa, es decir, es el punto de partida, el que da inicio a la historia.

 

Hay una evolución de problemas, conflictos, desequilibrios, crisis, frustraciones en las tentativas de resolver el problema-inicial. Puede haber una influencia de fuera en el proceso. Puede haber más de una persona frente al mismo proceso que resulta en comportamiento alternativo.

 

El desenlace establece un nuevo equilibrio, una situación-final.

 

            Narrar una historia bíblica es un proceso natural. Cuente la narrativa aprovechando la estructura:

 

  Considere el contexto: explique en pocas palabras lo que el contexto de la narrativa revela sobre la situación inicial y las circunstancias históricas de la narrativa.

  Tome conciencia del problema-inicial: la narrativa casi siempre empieza con un problema o necesidad-inicial y hay una complicación del problema o un aumento de la necesidad.

  Observe los puntos de referencia en la secuencia narrada: comience con los hechos o acontecimientos que dejan claro cuál es el problema-inicial y continúe con los puntos de referencia que revelan la complicación del problema en la secuencia narrada.

  Termine la narrativa con la situación-final, que es el desenlace de la narrativa.

 

            La narrativa bíblica es contada oralmente antes de ser escrita. Ella fue repetida de boca en boca muchas veces antes de ser escrita en un libro. Fue perfeccionada y organizada para ser entendida por el oyente. Los cristianos de hoy necesitan adquirir el hábito de ser contadores de las historias de Dios.


 

Solicite cualquiera de estos materiales del proyecto NARRATIVAS BÍBLICAS escribiendo para:

SOCEP EDITORA LTDA.
Rua Floriano Peixoto, 103 — Santa Bárbara d`Oeste — SP
CEP: 13450-022 — Tel/Fax: 55 19 3464.9000
E-mail: vedas@z3ideias.com.br Site: www.z3ideias.com.br


 

CRONOLOGÍA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

 

ADÁN

antes de

4000 a.C.

NOÉ

2500 a.C.

ABRAHAM

2000 a.C.

 

MOISÉS

1500 a.C.

DAVID                       DANIEL

1000 a.C.                       586 a.C.

ESDRAS

516 a.C.

HISTORIA DEL MUNDO ANTIGUO

HISTORIA DE ISRAEL

Pré-Diluvio

Pós-Diluvio

El Pueblo

La Tierra

El Reino

Uni

do

Dividido

931 a.C.

Parcial

722 a.C.

Exilio

586 a.C.

Remaneciente

516 a.C.

 

ISRAEL:

Norte

Jerobo-am

 

JUDÁ:

Sur

Roboam

Solo

JUDÁ

En

BABI-LONIA

La restauración de JUDÁ

 

1. Historia del mundo antiguo

    1.1 La creación

                        En el comienzo, Dios creó el cielo y la tierra. Para crear, Dios habló y en el mismo instante lo que dijo se realizó. Dios creó al hombre y a la mujer a Su imagen y para tener dominio sobre los animales y las plantas. Plantó el Jardín del Edén y allí colocó al hombre. En el Jardín había un árbol, cuyo fruto Dios prohibió que Adán y Eva comieran. Toda la creación era, lógicamente, buena en el principio.     

 

    1.2 La caída

                        Satanás usó a la serpiente para engañar a Eva y hacerla, junto con Adán, comer del fruto prohibido. A través de ellos entró todo tipo de maldad en el mundo. Dios prometió que un descendiente de la mujer iría a herir la cabeza de la serpiente. Uno de los hijos de Adán, Caín, mató a su propio hermano, Abel, y salió de la presencia de Dios. Dios dio a Adán y Eva otro hijo llamado Set. Algunos de los descendientes de Set adoraron a Dios. Los descendientes de Caín se iban corrompiendo cada vez más. Dios decidió destruir el mundo.

 

   1.3. El diluvio

                        Dios destruyó el mundo entero con el diluvio, pero salvó a Noé y su familia, usando para eso un arca. Dios le dio a Noé el arco-iris, colocado en las nubes como señal de que Él nunca más destruiría a todas las personas en un diluvio.

                        Dios mandó a los descendientes de Noé que se multiplicaran y llenaran la tierra. Pero, para no dispersarse, ellos empezaron a construir la torre de Babel. Dios multiplicó los idiomas de ellos, de manera que un pueblo no podía entender al otro.

                        Después que Dios multiplicó los idiomas, las naciones se dispersaron sobre toda la tierra. Una vez más se corrompieron y se olvidaron de Dios. Hicieron ídolos de piedra y de madera. Sin embargo, esta vez, Dios no los castigó como antes.

 

2. El pueblo de Israel

   

     2.1. El pacto de Dios con Abraham

                        De entre todos los hombres, Dios escogió a uno solo, a Abraham. Lo llamó para dejar su tierra y sus parientes e ir para un lugar que le mostraría. Aún antes de darle un hijo, Dios prometió a Abraham que daría la tierra de Canaán a sus descendientes y, por medio de ellos, bendeciría a todas las naciones del mundo. Dios renovó Su promesa al hijo de Abraham, Isaac; y también a su nieto, Jacob. Jacob trató de alcanzar para sí mismo las promesas divinas usando la astucia humana. Después de ser dominado por Dios, Jacob tuvo su nombre cambiado para Israel. Jacob o Israel, tuvo doce hijos.

                        Los descendientes de Israel estaban llenos de maldad. Diez de sus hijos tuvieron tanto odio de su hermano José que lo vendieron como esclavo para Egipto.

      2.2. Los descendientes de Abraham son esclavizados en Egipto

                        José, descendiente de Abraham, fue esclavo en Egipto, pero Dios estaba con él. Dios capacitó a José para interpretar los sueños de Faraón y este lo puso en una posición de poder sobre todo el Egipto. José salvó al pueblo de Egipto y a otros pueblos durante una terrible sequía.

                        Durante la sequía, los hermanos de José finalmente descubrieron que él estaba vivo y que ocupaba una posición de autoridad en Egipto. José perdonó a sus hermanos por la maldad que hicieron contra él. Faraón invitó al padre y a los hermanos de José, con todos sus hijos y nietos, para ir a vivir a Egipto. Ellos permanecieron viviendo en Egipto después de la muerte de su padre y no volvieron para la tierra que Dios había dado a Abraham, Isaac y Jacob. José y toda su generación murieron en Egipto.

                        Los descendientes de Israel tuvieron muchos hijos y tenían mucho ganado, cabras y ovejas. El Faraón, que era a favor y agradecido a José, murió. Más o menos cuatrocientos años después de José, Egipto tuvo un nuevo Faraón, que quedó con miedo de los israelitas e hizo planes para acabar con ellos, haciéndolos esclavos, tratándolos brutalmente y con crueldad.

     2.3. Los descendientes de Abraham salen de Egipto

                        Dios levantó a Moisés como libertador para sacar a los israelitas de Egipto. Dios mandó nueve plagas sin que el Faraón dejara irse a los israelitas. Después de la novena plaga, Dios habló con Moisés sobre como los israelitas tendrían que prepararse para la décima plaga. El jefe de cada hogar debería matar un cordero y colocar su sangre en los lados de la puerta de la casa. A la medianoche, Dios mató a los hijos mayores de todas las familias de Egipto en las casas que no pintaron con la sangre del cordero. Faraón mandó que Moisés sacara a los israelitas de Egipto esa misma noche.

                        Dios libertó a los israelitas de la esclavitud de Egipto y empezó a guiarlos de vuelta a la tierra de Canaán. Durante el día, Él iba adelante de ellos en una columna de nube y, durante la noche, en una columna de fuego. Cuando los israelitas llegaron al Mar Rojo, Faraón decidió volver a capturarlos. Dios hizo que el mar retrocediera y los israelitas pasaran en tierra seca, con murallas de agua a los dos lados. Llegaron al desierto y allá Dios cuidó de sus necesidades básicas, dándoles agua, comida y liberación de sus enemigos.

                        Dios dirigió al pueblo hacia el Monte Sinaí, donde le dio los diez mandamientos por intermedio de Moisés. Por medio de esa ley, Dios gobernaría a Su pueblo.

                        Dios guio a los israelitas del Monte Sinaí a la frontera de la tierra que les había prometido. Moisés envió doce hombres para ir a espiar la tierra. Los espías volvieron y contaron que la tierra era buena, pero que el pueblo era robusto y que algunos eran gigantes. Le faltó fe a la multitud para entrar en la tierra. El castigo por no haber creído en la promesa de Dios fue que todos los de esa generación, excepto Josué y Caleb, andarían como errantes durante cuarenta años y morirían en el desierto.

                       

3. La tierra de Israel

    3.1. La conquista de la tierra

                        Cuando la generación de los desobedientes murió, Dios llevó a Su pueblo para la tierra prometida. Moisés murió y Josué quedó en su lugar como guía del pueblo de Dios. Él dirigió el ejército de Dios y la primera conquista fue la ciudad de Jericó. Los israelitas invadieron la tierra de Canaán, conquistaron sus habitantes y pasaron a vivir en ella. Sirvieron a Dios durante la vida de Josué y mientras vivían los líderes que sabían todo lo que Dios había hecho por el pueblo de Israel.

    3.2. La tierra gobernada por los jueces

                        Una vez seguro en su tierra, el pueblo se olvidó de Dios después de la muerte de la generación que conoció a Josué. En el tiempo de los jueces, no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que quería. En consecuencia, cada generación era peor que la generación de sus padres. Dios mandó extranjeros para castigarlos. Cuando se arrepentían, Dios mandaba jueces para liberar a los israelitas y restablecer el orden. Algunos de los jueces más conocidos fueron Débora y Barac, Gedeón y Sansón. Hubo seis ciclos de apostasías, opresiones y liberaciones.

                        El último juez fue Samuel. Él trajo los israelitas de vuelta para Dios y los llevó a tener victoria sobre sus enemigos. Cuando Samuel quedó viejo, puso a sus hijos como jueces, pero ellos estaban solamente interesados en ganar dinero y no juzgaban las demandas con justicia. Entonces, el pueblo quiso tener un rey, como las demás naciones. No quiso que Dios lo gobernara por medio de los jueces.

4.  El reino de Israel

     4.1. El reino unido

                        El reino comenzó con el primer rey, Saúl. Dios escogió a Saúl para ser el rey. Él empezó sirviendo a Dios y tuvo suceso en una guerra contra los enemigos de Israel. Pero se olvidó que el rey, así como el pueblo, debía vivir bajo la autoridad y el juicio de Dios. Como rey, quiso vivir por sobre las leyes de Dios. Lo desobedeció. Dios rechazó a Saúl como rey y escogió a David para ocupar su lugar. Saúl no aceptó la elección de Dios, y persiguió a David hasta el día de su muerte.

                        El rey David conquistó muchos territorios. Él era un hombre dedicado a Dios y, como líder, conquistó la lealtad de su pueblo. Dios prometió a David que uno de sus descendientes iría a reinar para siempre. David cometió un adulterio y un homicidio que trajeron consecuencias terribles, haciendo sufrir a su familia y a su nación.

                        Antes de morir, David nombró rey a su hijo Salomón. Salomón empezó bien su reinado, amando a Dios, siguiendo los consejos de su padre David y buscando sabiduría de lo alto. Construyó en Jerusalén el gran Templo para que el pueblo tuviera un lugar donde adorar a Dios. Sin embargo, se casó con mujeres extranjeras, aun sabiendo que Dios había ordenado que no hiciera eso. Ellas hicieron que él se alejara de Dios y practicara la idolatría. La riqueza de Salomón exigió altos impuestos y trabajo forzado, los cuales se transformaron en una carga muy pesada para el pueblo.

     4.2. El reino dividido

                        El rey Salomón murió. Su hijo Roboam asumió el trono. Él no quiso aliviar los pesados impuestos que su padre había ordenado. El pueblo se rebeló. Hubo guerra civil entre el propio pueblo de Dios. Las diez tribus del norte se retiraron del reino, escogieron a Jeroboam como rey y formaron un nuevo reino, llamado Israel. Su capital era Samaria. Los reyes de Judá eran descendientes de David, mientras que los reyes de Israel no lo eran. Jeroboam, el primer rey de Israel, se apartó de Dios y construyó lugares para adorar falsos dioses y, de esta manera, evitar que el pueblo fuera a Jerusalén, para adorar a Dios en el Templo. Todos los reyes de

Israel siguieron el ejemplo de Jeroboam: eran idólatras y malos.

                        El peor rey de Israel fue Acab, que siguió la orientación de su maldita esposa Jezabel, adoró al dios Baal, practicó violencias y consideró al profeta Elías como su enemigo. Dios envió profetas a Israel, entre los cuales los más importantes fueron Elías y Eliseo.

                        En el sur, lo restante del reino original, se llamó Judá. Los reyes eran descendientes de David. Algunos fueron buenos y siguieron el ejemplo de David; otros fueron malos y siguieron el ejemplo de Jeroboam, el primer rey de Israel.

    4.3. El reino parcial

                        Todos los reyes de Israel rechazaron el pacto hecho con Dios. Israel fue castigado por Dios y fue conquistado por los asirios. La razón del castigo fue el hecho de los israelitas haber pecado contra Dios, adorado otros dioses y seguido las costumbres de los pueblos que Dios había expulsado de la tierra. Dios había mandado mensajeros y profetas a Israel, pero el pueblo no los escuchó ni se arrepintió. Muchos de Israel fueron llevados cautivos para Asiria, e asirios fueron a vivir en Israel. En Samaria, ex - capital de Israel, hubo un culto mixto, donde los samaritanos adoraron a Dios y al mismo tiempo adoraron a ídolos y a otros dioses.

                        Con la caída de Israel, solo quedó el Reino de Judá. El valor de cada rey de Judá es determinado mediante una comparación con dos de los reyes ya mencionados: el rey David, que se mantuvo apegado firmemente a la alianza con Dios; y el rey Jeroboam, de Israel, que abandonó el pacto. Los principales reyes fieles a Dios fueron Ezequias y Josías.

                        El Reino de Judá experimentó un remolino de decadencia pues los reyes, los líderes religiosos y el pueblo estaban pecando cada vez más, siguiendo el ejemplo de los pueblos paganos y adorando ídolos. La decadencia era interrumpida por las reformas dirigidas por los pocos reyes fieles a Dios. Por causa de ese remolino de decadencia, Dios continuó a advertirlos por medio de los profetas, pero ellos se rieron de esos mensajeros, desecharon sus mensajes y se burlaron de ellos. Muchos de los profetas hablaron de una persona especial que Dios iría a mandar.

     4.4. El reino en el exilio

                        Finalmente, Dios quedó tan irritado con su pueblo, que hizo que Nabucodonosor, rey de Babilonia, conquistara y destruyera a Judá. Los ciudadanos más importantes fueron llevados a Babilonia.

                        Daniel y sus amigos estaban entre los cautivos llevados a Babilonia como prisioneros. Ellos permanecieron firmes en su fe en Dios y obedecieron a Sus leyes, a pesar de las persecuciones y sufrimientos.

                        El profeta Ezequiel vivió en Babilonia y predicó mensajes de Dios dirigidas al pueblo que estaba allí y también a los habitantes de Jerusalén.

     4.5. El remaneciente del reino

                        Transcurridos setenta años del exilio de Judá en Babilonia, el reino de los babilonios cayó en las manos de los persas, los cuales dejaron que los judíos regresaran a su tierra. Los líderes de la reconstrucción fueron Esdras y Nehemías. Esdras cuenta la historia de la reconstrucción del Templo y Nehemías dirigió la reconstrucción de los muros de la ciudad. Ester cuenta la historia de algunos judíos que no volvieron a Jerusalén.

                        Con el pasar de los años, el pueblo que volvió, continuó desechando los ideales presentados por Dios, despreciando el sábado, casándose con mujeres extranjeras y practicando costumbres paganas. Esdras, Nehemías y los profetas pusieron todo en sus debidos lugares, purificando la nación de las influencias paganas y cuidando para que los servicios del Templo fueran debidamente realizados. Por fin, los remanecientes de Judá se transformaron en una nación que rechazó la idolatría, el casamiento mixto y también guardó el sábado.   Sin embargo,

con el transcurso de los siglos, se quedaron demasiadamente severos e incapaces de amar.

                        Al regresar para la tierra prometida, los judíos todavía no disfrutaban de libertad. Los extranjeros siempre los dominaban. Los romanos conquistaron el mundo y los dominaron durante más de quinientos años. Los israelitas vivían ansiosos por la llegada del Libertador que Dios había prometido a Abraham, a David y a los profetas.

 

5. En el Antiguo Testamento se encuentran muchas profecías sobre alguien esperado

 

    El cuadro abajo muestra algunas de las profecías sobre alguien que vendrá.

 

 

TEXTO

 

 

P R O F E C Í A

Gn 3:15

Un descendiente de Eva herirá la cabeza de la serpiente.

Gn 12:3

Por medio de Abraham, todos los pueblos del mundo serán bendecidos.

Is 9:7; 11:1-2

El prometido de Dios será heredero de David.

Is 7:4

La virgen concebirá y dará a luz un hijo.

Mi 5:2

El Mesías nacerá en Belén.

Os 11:1

Huirá para Egipto.

Dt 18:15

La promesa de un gran profeta.

Zac 9:9

Su entrada triunfal en Jerusalén.

Sal 41:9

El traidor será alguien íntimo de él.

Zac 11:12

El precio de la traición será treinta monedas de plata.

Sal 27:12

Testigos falsos irán a atestiguar contra él.

Is 50:6

Lo herirán y escupirán en él.

Is 53:3

Él será despreciado por los judíos.

Sal 22:16

Sus manos y pies serán traspasados.

Is 53:7

Él permanecerá en silencio delante de sus acusadores.

Sal 22:18

Echarán suerte sobre su túnica.

Is 53:12

Morirá con los transgresores.

Sal 22:6-8

Sufrirá burlas e insultos.

Is 53:6, 12

Serán lanzados sobre él los pecados de muchos.

Is 53: 4-5

Sufrirá por los otros.

Sal 69:4

Será odiado sin causa.

Sal 109:4

Él orará a favor de sus enemigos.

Is 53:9

Será sepultado con los ricos.

Sal 16:10

Su alma no será dejada en la muerte; su cuerpo no verá la corrupción.

Sal 68:18

Volverá a los cielos.


EL PENTATEUCO O LIBROS DE LA LEY                      

LIBRO

Génesis

Éxodo

Levítico

Números

Deuteronomio

IDEA-CLAVE

Iniciando

Redención

Culto

Peregrinaciones

Alianza confirmada

LA NACIÓN

El padre de la nación es escogido

Redimida

Separada

Dividida

Preparada

EL PUEBLO

Preparado

Libertado

Instruido

Probado

Reenseñado

CARÁCTER

DE DIOS

- Poderoso

- Soberano

Misericordioso

Santo

Justo

- Amoroso

- Señor

ACCIÓN

DE DIOS

Creación

Redención

Santificación

Sustentación

Compensación

ORDEN

DE DIOS

Haya

Deja ir a mi pueblo

Santos seréis

(19:2)

Entre

-       Obedezca

-       Ame

TEXTOS-

CLAVE

1:1

3:8; 12:51;

20:2

17:11; 19:2;

20:26

10:9, 29;

14:22-23; 20:12

4:23; 5:29; 8:11;

10:12-13; 11:26-28; 28:1; 29:1

PALABRAS-

CLAVE

Dios

Redención

- Santo

- Expiación

Vagueações

-       Alianza

-       Recordar

LUGAR-

CLAVE

Edén

Canaán

-       Egipto

-       Monte Sinaí

Monte Sinaí

- Monte Sinaí

- Desierto

- Moab

Moab

ÉPOCA,

TIEMPO

Creación hasta

1805 a.C.

1875 a.C.  a

1444 a.C.

431 años

Mayo 1444

1mês

1444 a.C. —

1405 a.C.

38 años y

9 meses

1405

1 mes

 

LA CREACIÓN

TEXTO: Génesis 1:1- 2:25

 

ESTRUCTURA:

 

  Contexto:

  Considerando que los capítulos 1 y 2 de Génesis tratan del inicio de todas las cosas, no hay un contexto que anteceda a este texto.

   La palabra DIOS ejerce la función de sujeto de la primera frase de la Biblia. DIOS es el sujeto de toda la Biblia.

  Personaje-clave: Dios.

  Lugares-clave: El cielo y la tierra.

  Repeticiones-clave:

  -- Las acciones de Dios: Dios creó (1:1,21, 27); vio (1:4,25,31); hizo (1:7,16,25); dijo (1:3,6,9,11,14,20,24,26,29); llamó (1:10); puso (1:17); y bendijo (1:22,28).

  -- Dios dijo y así sucedió (1:3,6,9,11,14,20,24)

 -- Dios vio que todo en su creación era bueno (1:4,10,12,18,21,25,31).

  -- La creación del hombre (1:26-27; 2:7).

  -- Las responsabilidades del hombre sobre la creación: tener dominio, cultivar y guardar (1:26, 2:15,19).

  Sentimientos-clave:

   -- El sentimiento positivo: todo en la creación era bueno.

  -- El amor de Dios en crear un paraíso.

  -- El riesgo: no puede comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.

  -- La soledad del hombre antes de la creación de la mujer.

  -- La alegría del hombre al conocer a la mujer.

  Problema-inicial: No había orden ni vida en la tierra.

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

 

La Creación

 

Por fe se entiende que todo fue creado por Dios (He 11:3)

  -- En el comienzo, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era sin forma (1: 1-2)

1er. día: Dios creó la luz e hizo separación entre la luz y la oscuridad (1:3-5)

2º día: Dios creó el firmamento. Parte del agua quedó en la tierra y la otra en el alto cielo (1:6-8)

3er. día: Dios hizo el agua juntarse en los océanos, apareció la tierra seca y toda la flora fue creada (1: 9-13)

4º día: Dios hizo el sol, la luna y las estrellas (1: 14-19)

5º día: Dios creó los peces y los pájaros (1:20-23)

6º día: . Dios creó los demás animales (1:24-25).

              . Hizo al hombre a Su semejanza (1:26-30).

              . Todo lo que Dios hizo era muy bueno (1:31)

7º día: Dios descansó del trabajo de la creación y santificó el séptimo día (2: 1-3).

 

 

El Jardín del Edén

 

-- Dios plantó un jardín (2:8).

-- Dios puso al hombre en el jardín para cuidarlo (2:15).

-- Prohibió al hombre de comer del árbol de conocimiento del bien y del mal (2:16-17)

 

La Formación del Hogar

 

-- Adán estaba solo. Dios formó una mujer para el hombre (1:27; 2:18-23).

-- Dios bendijo a la pareja, le dio dominio sobre el mundo animal y los mandó multiplicarse (1:28-30)

-- El hombre debería dejar sus padres, unirse a su mujer, y ellos serían una sola carne (2:24)

-- Los dos estaban desnudos, pero no se avergonzaban (2:25).

 

  Situación-final: Todo lo que Dios creó era muy bueno. El hombre y la mujer estaban en el Jardín del Edén. Ellos estaban desnudos pero no sentían vergüenza.

 

 

NARRATIVA:

 

La Creación

 

            Los hombres no pueden explicar cómo el mundo y todo lo que en él existe fueron hechos, pero la Biblia enseña que todo fue creado por Dios y es por medio de la fe, y no por las pruebas científicas, que entendemos que toda la obra de la creación fue realizada por Dios (He 11:3).

            En el comienzo, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era sin forma, vacía, oscura y cubierta de agua (1:1-2).

            En el primer día de la creación, Dios dijo: “Haya luz”; y hubo luz. Esto sucedió en el mismo instante en que Dios ordenó; Él apenas habló y fueron creados. Él vio que la luz era buena e hizo separación entre la luz y la oscuridad, llamando a la luz “día” y a la oscuridad “noche”, y así pasó el primer día (1:3-5).

            En el segundo día, Dios continuó su trabajo. Él dijo: “Que haya en medio del agua una división para separarla en dos partes”. Así aconteció. Él creó el firmamento, colocando una parte del agua en la tierra y la otra parte por encima de la tierra, en el alto cielo. Pasó también el segundo día (1:6-8).

            En el principio el agua cubría todo el mundo. En el tercer día, dijo Dios: “Que el agua que está debajo del cielo se junte en un solo lugar, para que así aparezca la tierra seca”. Así sucedió. Dios llamó a la parte seca “tierra” y al agua “mar”. Él hizo además crecer de todo en la parte seca: pasto, flores y árboles. Dios vio que lo que había hecho era bueno (1:9-13).

            En el cuarto día, Dios dijo: “Que haya luces en el cielo para que separen el día de la noche y para que marquen los días, los años y las estaciones”. Y así fue. Él hizo el sol, la luna y las estrellas. Él hizo el sol para gobernar el día y la luna y las estrellas para gobernar la noche. Él vio que todo lo que había hecho era bueno (1:14-19).

En el quinto día, dijo Dios: “Que las aguas queden llenas de todo tipo de seres vivos, y que en la tierra haya aves que vuelen en el aire”. Él creó los peces y los pájaros. Dios los bendijo y los mandó que se multiplicaran. Pasó el quinto día y el mundo quedó mucho mejor. Dios vio que todo eso era bueno (1:20-23).

            El sexto día, Dios dijo: “Que la tierra produzca todo tipo de animales: domésticos, salvajes y los que se arrastran en el suelo, cada uno de acuerdo con su especie”. Él creó todos los animales, como caballos, vacas, carneros, serpientes, elefantes, ratones y demás animales. Dios vio que todo eso era bueno (1:24-25).

            Pero, todavía no existía el hombre. Entonces dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, que se parecerá con nosotros”. Dios hizo al primer hombre y lo llamó Adán. Dios dijo que los seres humanos tendrían poder sobre los peces, sobre las aves, sobre todos los animales (1:26-30).

            Dios vio que todo lo que había hecho era muy bueno (1:31). Y así pasó el sexto día.

            El séptimo día, Dios descansó de todo el trabajo que había hecho como Creador (2:1-3). Él bendijo el séptimo día y lo separó como un día sagrado, pues en ese día él terminó de hacer todas las cosas y descansó.

            No existe nada en el mundo que Dios no haya hecho. Por medio de la fe, sabemos que Dios creó todo en el cielo y en la tierra (He 11:3).

 

El Jardín del Edén

            Dios plantó un jardín, el Jardín del Edén. Allí hizo que crecieran árboles lindos de todos los tipos, que daban frutas buenas para ser comidas. Dios puso al hombre en el Jardín para cuidarlo y hacer plantaciones (2:8-15).

            En el medio del jardín quedaba el árbol que daba el conocimiento del bien y del mal (2:9). Dios prohibió que el hombre comiera de ese árbol. Dios le dijo: “Puedes comer las frutas de cualquier árbol del jardín, menos del árbol que da el conocimiento del bien y del mal. No comas la fruta de ese árbol, porque el día en que la comas, con certeza morirás” (2:16-17).

 

La Formación del Hogar

            Adán estaba solo, no había otra persona con él. Entonces dijo el Señor Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacer a alguien para él, que lo ayude como si fuera su otra mitad”. Dios llevó al hombre para ver todos los animales y las aves del cielo, para ver cómo él los llamaría. El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo y a todas las fieras salvajes. Para el hombre, sin embargo, no se encontró la auxiliar correspondiente. Entonces Dios hizo que Adán durmiera, tomó una de sus costillas, la transformó en una mujer y se la trajo a Adán. Adán llamó a la mujer “Eva” y exclamó: “¡Esta sí, es hueso de mis huesos y carne de mi carne! ¡Ella será llamada ´mujer´, porque fue formada del hombre!” (1:27; 2:18-23).

            Dios los bendijo y les dijo: “Ustedes tienen dominio sobre los animales, los peces, las aves y los reptiles. Ahora ustedes deben multiplicarse y llenar la tierra con sus hijos” (1:26-30). Dios explicó que su plan es que el hombre deje a sus padres para unirse a su mujer, y que los dos sean una sola carne (2:24). Tanto el hombre como la mujer estaban desnudos, pero no tenían vergüenza (2:25).

 

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

  1. Dios es el principal en la creación, en la historia, en la providencia y en la redención. La palabra DIOS cumple la función de sujeto de la primera frase de la Biblia (Gn 1:1). DIOS es el sujeto de toda la Biblia. Entonces, Él debe ser el principal en la vida de cada uno.
  2. Solamente Dios existía en el principio. Mientras Dios no mandó, nada existió (Gn 1:1-2). La creación hace parte de la historia en la cual Dios es el inicio absoluto.
  3. Jesús participó de la creación. Antes que el mundo fuera creado, Jesucristo ya existía, estaba con Dios, participó de la creación y fue por medio de Él que Dios creó todo en el cielo y en la tierra (Jn 1:1-3 y Col 1:15-16)
  4. Hechos sobre Dios:

4.1   Dios es omnipotente. Crear es hacer alguna cosa de la nada. Solamente Dios puede hacer alguna cosa de la nada. El Creador que hizo todo de la nada tiene el poder de hacer todo lo que quiera.

4.2   Dios es omnisciente. Nadie enseñó a Dios cómo hacer los cielos y la tierra. Él sabía y entendía completamente, sin tener a alguien para enseñarle.

4.3   Dios es omnipresente. Él no necesita subir para alcanzar lugares altos. No necesita andar o volar para llegar a algún lugar distante. Dios está en todo lugar.

4.4   Dios es santo. Él es perfecto y bueno, por eso, todo lo que Él hace es absolutamente perfecto. En el principio, nada del mundo animal heriría o haría mal al hombre. Espinos, abrojos, hierbas dañinas y frutas venenosas no crecían como ahora (1:31).

4.5   Dios es amor. Él hizo una creación perfecta para el hombre, porque Él es un Dios amoroso y bondadoso.

4.6   Dios es Dios de acción. Dios creó (1:1,21,27); Él vio (1:4,25,31); Dios hizo (1:7,16,25); Dios dijo (1:3,6,9,11,14,20,24,26,29); Él llamó (1:10); Él puso (1:17); y Él bendijo (1:22,28).

4.7   La trinidad existía antes de la creación. El plural “hagamos al hombre a nuestra imagen”, es usado en el versículo 1:26. Eran Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo hablando entre ellos.

4.8   Dios es Dios de ley y de orden. La creación viene a la existencia según una orden creciente de dignidad, hasta la creación del hombre, imagen de Dios y administrador de la creación. Dios hizo el sol nacer y ponerse cada día. Hizo la luna y las estrellas para seguir el mismo camino año tras año.

  1. Por medio de la fe entendemos que Dios es el creador. La Biblia enseña que todo fue creado por Dios y es por fe, y no por las pruebas científicas, que entendemos que toda la obra de la creación fue realizada por Dios (He 11:3).
  2.  El valor real del hombre es determinado de acuerdo con la manera como Dios evalúa. Dios da más valor al hombre que a todo el resto de la creación. La creación viene a la existencia según una orden creciente de dignidad, hasta la creación del hombre, imagen de Dios y administrador de la creación.
  3. El hombre fue hecho a imagen de Dios (1:26). La parte oculta del hombre tiene una mente, emociones y voluntad y fue hecha a imagen de Dios. El cuerpo del hombre fue creado para ser la casa de la parte que fue creada a imagen de Dios. De toda la creación, solo el hombre fue hecho a imagen de Dios.
  4. Dios es quien debe establecer cada casamiento. Dios trajo Eva para Adán (2:21-22). El hogar bien sucedido tiene que ser construido por Dios (Sal 127:1). Adán adormeció mientras Dios le preparaba una mujer. Existe el peligro de estar con tanta prisa para casarse, que la persona busca su propio casamiento, sin depender de la actuación de Dios.
  5. Dios es el creador de la familia y orienta como ella debe funcionar (2:24). Los pasos en el plan del casamiento son:

1º Dejar a los padres. Para el bebé, el niño, el joven, la relación más importante que se tiene es con los padres. El casado debe dejar de dar preferencia a los padres para dar preferencia a la nueva relación dentro del nuevo hogar.

2º Unirse. Unirse quiere decir pegar o cementar. Jesús usó el texto de Génesis para explicar que el casamiento debe permanecer en cuanto los dos cónyuges tengan vida (Mt 19:4-6).

3º Ser una sola carne. El plan de Dios para que una pareja haga sexo es entre dos personas que dejaron sus padres y tienen un compromiso de permanecer unidos. Siendo que todo lo que Dios creó es muy bueno (1:31), sexo dentro del casamiento es bueno.

  1. En el principio, Dios hizo a la familia para ser prioridad para el hombre (2:24). La relación más importante para alguien casado debe ser con su propio cónyuge. Al casarse, debe dejar a los padres. La relación con los padres pasa a ser menos importante. Cuando se casa, el hijo debe dejar a los padres, entonces los padres deben soltar al hijo.
  2. El sexo fue creado por Dios y es bueno, cuando usado como Dios lo planeó (2:25 con 1:31). No hay motivo para sentir vergüenza del sexo dentro del casamiento (2:25). La cama del matrimonio es sin mancha (He 13:4). Sexo solo es pecado cuando es practicado fuera del plan de Dios.
  3. El trabajo del hombre hace parte del plan de Dios desde la creación. El hombre tenía el encargo de labrar y cuidar la tierra (2:15).
  4. Dios dio al hombre la responsabilidad de ser el mayordomo de la creación. El hombre fue hecho para cuidar de las cosas aquí en la tierra y el administrador sobre la vegetación y los animales. De esta forma, la tierra estaría sujeta al hombre y él tendría dominio sobre los animales (1:28).
  5. Desde la creación, Dios estableció límites para el hombre, que son para su propia protección (2:16-17).
  6. La obra de la creación fue completada y sellada por el descanso del Señor. Él cesó la actividad de la creación. Es el reposo referente a la realización completa y no a la inactividad, pues Él nutre lo que crea (2:1-3).
  7. El sábado fue una institución divina. El propio Dios descansó en ese día. Durante la época del Antiguo Testamento, el pueblo de Dios descansaba de su trabajo en el séptimo día, para cultuar al Creador. El sábado solo fue impuesto al hombre en el Sinaí, cuando se transformó en señal de la alianza (Ex 31:12-17). Desde la creación, Dios dio un ejemplo que el hombre debe imitar (Ex 20:11; 31:17). La gran obra de Dios en el Antiguo Testamento fue la creación y su final, que era celebrado el séptimo día. La gran obra de Dios en el Nuevo Testamento fue la resurrección de Jesús. En la época del Nuevo Testamento, los discípulos de Jesús empezaron a reunirse para adorar a Dios en el primer día de la semana, el día que Jesús resucitó (Jn 20:19,26; 1 Co 16:2).

 

 

P R E G U N T A S

 

  1. ¿Quién es el creador de todo?
  2. ¿Cómo sabemos que todo fue creado por Dios?
  3. ¿Cuáles son algunos de los hechos enseñados sobre Dios en la historia de la creación?
  4. ¿Cuál era la situación del mundo antes que Dios empezara a prepararlo para que las personas vivieran en él?
  5. ¿En qué día Dios creó al hombre?
  6. ¿Cuál fue la gran diferencia entre la creación del hombre y la creación de los otros animales?
  7. En la creación, ¿cuáles fueron las responsabilidades que el hombre recibió de Dios?
  8. ¿Cuál fue el límite establecido por Dios para el hombre?
  9. ¿Qué es lo que la creación nos enseña sobre la familia?
  10. ¿Cuál fue el motivo del descanso de Dios en el séptimo día?

 

EL PECADO

TEXTO: Génesis 3:1 - 24

 

ESTRUCTURA:

 

  Contexto:

      Dios era la única Persona presente en el principio. Mientras Él no mandó, nada existió.

      Todo lo que Él hizo fue absolutamente correcto. En el principio, nada del mundo machucaría o haría mal al hombre. Espinos, abrojos, hierbas dañinas y frutas venenosas no crecían como ahora.

       En la creación, el hombre recibió prioridad de parte de Dios. Él fue hecho a su imagen (1:26). Lo que en el hombre fue hecho a imagen de Dios es exactamente aquello que no se puede ver. En la parte oculta del hombre hay una mente, emociones y voluntad. El cuerpo del hombre fue creado para ser la morada de la parte hecha a imagen de Dios.

       Adán y Eva cuidaban del jardín y podían comer las frutas de cualquier árbol del jardín, menos del árbol que daba el conocimiento del bien y del mal. Ellos estaban desnudos pero no tenían vergüenza.

  Personajes-clave: Adán y Eva.

  Lugar-clave: El jardín del Edén.

  Repeticiones-clave:

  -- Comer de la fruta (3:1,2-3,5,6,11,12,13,17,22).

  -- Acusaciones: Dios acusó al hombre (3:11); Adán acusó a la mujer (3:12) y la mujer acusó a la serpiente (3:13).

 -- Castigos: de la serpiente (3:14-15); de la mujer (3:16); del hombre (3:17-19)

  Sentimientos-clave:

   -- La seducción de la serpiente.

  -- La desconfianza de la mujer de la bondad de Dios.

  -- La vergüenza de Adán y Eva después de comer la fruta prohibida.

  -- La tristeza de Dios cuando declara el castigo.

  Problema-inicial: La serpiente preguntó a la mujer: “¿Es verdad que Dios les mandó que no comieran las frutas de ningún árbol del jardín?”

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

La Desobediencia de la Primera Pareja

-- La serpiente dijo a Eva: “¿Es verdad que Dios les mandó que no comieran las frutas de ningún árbol del jardín?” (3:1)

-- Eva respondió: “No, nosotros podemos comer de las frutas de todos los árboles, menos la fruta del árbol que queda en medio del jardín. Dios nos dijo: ´No coman de esa fruta, ni la toquen, es condenación a muerte´” (3:2-3).

-- La serpiente afirmó: “¡No! ¡Ustedes no morirán! Dios sabe que cuando ustedes coman de la fruta de ese árbol, sus ojos se abrirán, y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal” (3:4-5).

-- La mujer vio que la fruta era buena para comerse y quiso tener conocimiento. (3:6).

-- La mujer comió de la fruta y dio también para su marido comer.

El Resultado de la Desobediencia

-- Los ojos de Adán y Eva se abrieron y ellos se dieron cuenta que estaban desnudos e hicieron ropas de hojas de higuera (3:7).

-- Adán y Eva oyeron la voz de Dios y se escondieron de él (3:8).

-- Dios llamó al hombre: “¿Dónde estás?” (3:9)

-- Adán contestó: “Oí tu voz cuando estabas paseando por el jardín y quedé con miedo porque estaba desnudo y me escondí” (3:10).

-- Dios preguntó: “¿Comiste de la fruta del árbol que te dije que no comieras?” (3:11)

-- Adán le echó la culpa a la mujer y a Dios, y la mujer le echó la culpa a la serpiente (3:12-13).

-- Dios castigó a la serpiente (3:14-15), a la mujer (3:16) y al hombre (3:17-19).

-- Dios prometió que un descendiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente (3:15).

-- Dios hizo ropas de pieles de animales para que Adán y Eva se vistieran (3:21).

-- Adán y Eva fueron expulsos del Jardín del Edén (3:22-23).

-- Ángeles impedían que alguien pudiera entrar en el Jardín (3:24).

  Situación-final: Después de pecar, Adán y Eva fueron expulsos del Jardín del Edén.

 

NARRATIVA:

 

La Desobediencia de la Primera Pareja

 

            En el jardín había un árbol del cual Adán y Eva no podían comer porque el Señor Dios ordenó: “Puedes comer de las frutas de cualquier árbol del jardín, menos del árbol que da el conocimiento del bien y del mal. El día en que comas de esa fruta, con certeza morirás” (2:16-17).

            La serpiente era más astuta que todos los animales que Dios había creado (3:1). Ella sirvió de máscara para un ser hostil a Dios y enemigo del hombre.

Un día, Eva paseaba sola por el jardín hasta que llegó cerca del árbol cuyas frutas eran prohibidas para el consumo. La serpiente le dijo: ““¿Es verdad que Dios les mandó que no comieran las frutas de ningún árbol del jardín?” (3:1). La serpiente ya sabía la respuesta correcta, pero estaba probando a Eva para poder engañarla.

Eva respondió: “No, nosotros podemos comer de las frutas de todos los árboles, menos la fruta del árbol que queda en medio del jardín. Dios nos dijo: ´No coman de esa fruta, ni la toquen, es condenación a muerte´” (3:2-3).

La serpiente entonces afirmó: “¡No! ¡Ustedes no morirán! Dios dijo eso porque sabe que, cuando ustedes coman de la fruta de ese árbol, sus ojos se abrirán, y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal” (3:4-5).

            Eva miró las frutas. Vio que el árbol era bonito y que sus frutas agradaban al apetito. Ella pensó como sería bueno tener conocimiento. Ahí, sacó una fruta del árbol, comió y le dio también a su marido que comió con ella (3:6).

El Resultado de la Desobediencia

            En el mismo instante, Adán y Eva supieron que habían sido engañados. Quedaron con miedo y vergüenza, pues notaron que estaban desnudos. Entonces, cosieron hojas de higuera para usar como delantales. En aquel día, cuando soplaba el viento suave de la tarde, el hombre y su mujer oyeron la voz de Dios que estaba paseando por el jardín y se escondieron entre los árboles.

            Dios llamó al hombre: “¿Dónde estás?”

Adán respondió: “Yo oí tu voz cuando estabas paseando por el jardín y quedé con miedo porque estaba desnudo y me escondí”

Dios le preguntó: “¿Y quién fue que te dijo que estabas desnudo? ¿Comiste de la fruta del árbol que te dije que no comieras?”

Adán contestó: “La mujer que me disté para ser mi compañera me dio la fruta y yo comí”.

Dios le preguntó a la mujer: “¿Por qué hiciste eso?”.

Eva se defendió diciendo: “La serpiente me sedujo, me engañó y yo comí”. (3:8-13).

Dios dijo a la serpiente: “Por causa de lo que hiciste, maldita eres entre todos los animales. De ahora en adelante andarás arrastrándote en el suelo y comerás el polvo de la tierra. Haré que tú y la mujer sean enemigas una de la otra, y así también serán enemigas tu descendencia y la descendencia de ella. El descendiente de la mujer te herirá la cabeza y tú le herirás el calcañar” (3:14-15).

            Cuanto a la mujer, Dios le dio el siguiente castigo: “Voy a aumentar tu sufrimiento en tus gestaciones y con mucho dolor darás a luz a tus hijos. A pesar de eso, tendrás deseos de estar con tu marido, y él te dominará” (3:16).

 Dios dio al hombre el siguiente castigo: “Por causa de lo que hiciste, la tierra será maldita. Ella producirá cardos y espinos y tendrás que comer de las hierbas del campo. Tendrás que trabajar muy pesado y sudar para hacer que la tierra produzca algún alimento. Eso hasta que vuelvas para la tierra. Fuiste hecho de la tierra y serás tierra otra vez” (3:17-19).

Dios hizo ropas para Adán y Eva con pieles de animales (3:21).

Dios dijo: “Ahora, el hombre conoce el bien y el mal. Él no debe comer la fruta del árbol de la vida y vivir para siempre”. Por eso Dios expulsó a Adán y Eva del jardín del Edén y ellos tuvieron que trabajar para sustentarse. Ellos no podrían volver más al jardín, pues los ángeles con una espada de fuego estaban de guardia en la entrada y nadie podía entrar (3:22-24).

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

  1. Es Dios quien determina lo que es cierto y errado para el hombre. Dios también estableció límites. Él avisó sobre lo que era prohibido para el hombre (1:28; 2:16-17).
  2. Dios no creó al hombre para vivir de acuerdo con sus propios pensamientos o ideas. El hombre fue hecho para ser guiado por las palabras de Dios.
  3. El hombre tiene la libertad de pecar o de resistir a las tentaciones.
  4. La tentación empieza fuera del hombre (3:1). La serpiente que tentó y engañó a Eva sirvió de máscara para un ser hostil a Dios y enemigo del hombre. La Biblia reconoce a la serpiente como siendo el adversario, Satanás, el diablo (Job 1:6; 2 Co 11:3; Ap 12:9; 20:2). Satanás usó a la serpiente para disfrazarse y engañar a Eva.
  5. El tentador es sabio y mentiroso. Satanás habló todo lo contrario de lo que Dios dijo a Adán (3:4-5). Él estaba llamando a Dios de mentiroso. No obstante, Satanás es que es mentiroso (Jn 8:44).
  6. Dios siempre dice la verdad. Satanás es mentiroso y engañador (Jn 8:44). Quien desprecia la verdad de Dios va a aceptar una mentira de Satanás.
  7. Quien modifica la Palabra de Dios no está preparado para resistir a Satanás. Eva aumentó las exigencias de Dios. Dios solo dijo que no podían comer esa fruta (2:16-17). Eva aumentó la exigencia diciendo que no podía ni tocar ni comer (3:3).  Eva no estaba preparada para resistir a Satanás porque modificó la Palabra de Dios.
  8. La finalidad del pecado no es la bendición maliciosamente prometida. Satanás prometió la bendición del conocimiento, sin mencionar las consecuencias del pecado.
  9. Pecado: un acto tan simple con un resultado tan triste. Era tan simple el acto de Eva tomar del fruto prohibido, comer y darlo a Adán (3:6).  ¡Pero qué resultado triste!
  10. El pecador sufre las consecuencias de su pecado.

10.1        El pecado trae la muerte (2:17; Ro 6.23).

10.2        El pecado produce miedo y vergüenza. Después de pecar, Adán y Eva sintieron miedo y vergüenza y se escondieron de Dios (3:7-8).

10.3        El pecado aleja a las personas de Dios. Después de pecar, Adán y Eva se escondieron de Dios (3:8). Ellos fueron expulsos del jardín donde andaban con Dios (3:23). El gran castigo del pecador es la pérdida de la familiaridad con Dios.

10.4        El pecado separa a una persona de la otra. Después de pecar, Adán acusa a Eva (3:12). Después de la rebelión del hombre en contra de Dios, viene la lucha del hombre contra el hombre.

10.5        El pecador no quiere asumir la responsabilidad de su propio pecado. Adán trató de culpar a Dios (3:12), diciendo: “la mujer que me disté me dio la fruta y yo comí”.

10.6        El pecado crea problemas en el hogar. Adán acusó a Eva después de pecar (3:12). Los problemas en los hogares son consecuencias del pecado.

10.7        El pecado afecta a los culpados en sus actividades fundamentales: a la mujer como madre y esposa (3:16), al hombre como trabajador. (3:17-19).

  1. Nadie puede esconderse de Dios. Adán y Eva no consiguieron esconderse de Dios en medio de los árboles (3:8-9).
  2. El ser humano no puede hacerse aceptar delante de Dios por aquello que hace. Dios no aceptó a Adán y Eva con las ropas de hojas hechas por ellos. Dios hizo ropas de pieles de animales para Adán y Eva (3:21). El hombre solamente es acepto delante de Dios cuando, por medio de la fe, sigue el camino establecido por Él.
  3. La acción de Dios en favor del pecador es su única esperanza de liberación. Dios dio la primera profecía a respecto de Jesús cuando prometió a Adán y Eva que tendrían hijos y que nacería un descendiente más fuerte que la serpiente, el cual heriría su cabeza, mientras que la serpiente heriría el calcañar de ese descendiente (3:15).
  4. Dios exige la muerte como precio por el pecado. Entonces Dios mató algunos animales, les sacó la piel y colocó ropas en Adán y Eva (3:21).
  5. El hombre es pecador y necesita de Dios. El hombre es incapaz de salvarse y necesita de un Salvador. Desde el primer pecado, Dios hizo planes para salvar al pecador y prometió: “Un descendiente de la mujer herirá la cabeza de la serpiente” (3:15).
  6. Después del pecado, Satanás pasa a gobernar el mundo. En la Creación, Dios le dio al hombre responsabilidades para ser el mayordomo del mundo. Al pecar, el hombre entregó ese derecho a Satanás. Jesús lo llama “El príncipe de este mundo” (Jn 12:31). Pablo llama a Satanás “El príncipe de la potestad del aire” (Ef 2:2; 6:12).
  7. En el momento de pecar, el hombre sufrió una caída, donde su parte hecha a imagen de Dios fue contaminada por Satanás. Uno de los resultados del pecado es que Satanás ahora está contaminando la mente, las emociones y la voluntad de cada ser humano.

 

P R E G U N T A S

 

  1. En el jardín, antes del pecado, ¿cómo Adán y Eva se relacionaban con Dios?
  2. ¿Por qué Dios tiene el derecho de determinar lo que es cierto y errado para el ser humano?
  3. ¿Cómo fue tentada Eva? ¿Cómo es que el tentador es mentiroso y engañador?
  4. ¿Cuál fue la actitud de Adán y Eva cuando oyeron la voz de Dios después de pecar?
  5. ¿Qué hicieron para cubrir su desnudez? ¿Dios los aceptó con la ropa de hojas hecha por ellos?
  6. ¿A quién quiso Adán culpar por su pecado?
  7. ¿Cuáles son algunas consecuencias del pecado?
  8. ¿Cómo es que Satanás continúa tentando y engañando a las personas en los días de hoy?
  9. ¿Cuáles son algunos resultados de pecados que usted ha tenido?
  10. ¿Cómo es que las personas tratan de esconderse de Dios en los días actuales?

 

LA DEGENERACIÓN DE LOS PECADORES

TEXTO: Génesis 4:1 — 6:13

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Adán y Eva pecaron contra Dios y por eso fueron echados del jardín. Sus hijos nacieron fuera del jardín. Aquella parte en Adán, Eva y sus hijos que debería ser a imagen de Dios para que lo pudieran conocer, amar y a Él obedecer, estaba contaminada por la influencia de Satanás.

  Personajes-clave: Caín, Abel, Lamec, Set, Enoc, Matusalén y Noé.

  Lugar-clave: Fuera del jardín del Edén.

  Repeticiones-clave:

  -- Son mencionados los hechos de los descendientes de Caín: 

      -- Caín construyó una ciudad (4:17);

      -- Lamec tomó para sí dos mujeres. Mató dos hombres e hizo una canción celebrando su acción.   (4:19,23-24);

      -- Jabal fue el antepasado de los que crían ganado y viven en tiendas (4:20);

      -- Jubal fue el antepasado de todos los músicos que tocan arpa y flauta (4:21);

      -- Tubal-caín era herrero y hacía objetos de bronce y de fierro (4:22);

  -- De los descendientes de Set son mencionados  los años que vivieron y le primer hijo de cada uno: Adán, 930 años (5:3-5-); Set, 912 años (5:6-8); Enós, 905 años (5:9-11); Cainán, 910 años (5:12-14); Mahalaleel, 905 años (5:15-17); Jared, 972 años (5:18-20); Enoc, 360 años (5:21-24); Matusalén, 969 años (5:25-27); Lamec, 776 años (5:28-31).

  -- La maldad practicada por los seres humanos:

      -- Caín mató a Abel y se retiró de la presencia del Señor (4:8-16);

      -- Lamec tomó para sí dos mujeres. Mató dos hombres e hizo una canción celebrando su acto.   (4:19,23-24)

      -- Los hijos de Dios del linaje de Set vieron que las hijas de los hombres de la descendencia de Caín eran bonitas. Entonces escogieron las que quisieron y se casaron con ellas (6:2).

      -- Dios vio que las personas eran muy perversas y que siempre estaban pensando hacer cosas malas (6:5).

Sentimientos-clave:

   -- La ira de Caín.

  -- El orgullo de los descendientes de Caín en las acciones realizadas.

  -- El privilegio de larga vida de los descendientes de aquellos que invocaron el nombre de Dios.

  -- El placer de Dios en Enoc y Noé.

  -- La frustración de Dios por causa de la raza humana, con excepción de Enoc y Noé.

Problema-inicial: Adán y Eva tuvieron dos hijos: Caín y Abel. Abel era pastor de ovejas y Caín era agricultor.

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

Caín y Abel

-- Adán y Eva tuvieron hijos: Caín y Abel (4:1-2).

-- Caín ofreció a Dios algunos productos de la tierra (4:3), mientras que Abel le ofreció de las primicias de su rebaño (4:4).

-- Dios quedó contento con Abel, pero rechazó a Caín (4:4-5).

-- Caín quedó con rabia (4:5).

-- Dios avisó a Caín del peligro, pues el pecado estaba a su espera (4:6-7).

-- Caín mató a su hermano Abel (4:8).

-- Dios maldijo a Caín (4:9-15).

Caín y sus Descendientes Fuera de la Presencia de Dios

-- Caín salió de la presencia de Dios (4:16).

-- Caín construyó una ciudad donde hubo desarrollo en la pecuaria, en la música y en la industria. (4:17-22).

-- Lamec tuvo dos mujeres. Cantó una canción de orgullo porque mató a dos hombres (4:19-24).

Descendientes de Set

-- Dios dio a Adán y Eva otro hijo, Set. Set y sus descendientes adoraron a Dios (4:25-26).

-- Enoc, uno de los descendientes de Set, vivió en comunión con Dios y un día desapareció sin morir, pues Dios se lo llevó (5:21-24).

-- Matusalén, el hijo de Enoc, vivió 969 años (5:21,27).

Dios Planea Destruir la Raza Humana

-- Los hombres que conocían a Dios se casaron con mujeres bonitas que no lo conocían (6:1-2).

-- Dios planeó destruir la raza humana por causa de su maldad (6:1-13).

-- Noé vivió en comunión con Dios y fue aprobado por Él (6:8).

  Situación-final: Dios miró para el mundo y vio que las personas, con excepción de Noé, solo hacía cosas malas. Él planeó destruir el mundo.

 

NARRATIVA

 

Caín y Abel

 

            Adán tuvo relaciones con Eva, ella concibió y dio a luz a un hijo, al cual llamó Caín. Después, tuvo otro hijo, Abel. Abel era pastor de ovejas y Caín era agricultor.

            El tiempo pasó. Un día, Caín trajo algunos productos de la tierra, sin preocuparse de dar lo mejor, y los ofreció a Dios (4:3). Abel, por su parte, trajo los primeros corderitos nacidos en su rebaño (4:4) para ofrecerlos a Dios. Abel, por medio de la fe, ofreció a Dios un sacrificio mejor que el de Caín (He 11:4). Dios quedó contento con Abel y con su ofrenda, pero no se agradó de Caín y su ofrenda (4:4-5).

Caín quedó furioso y su semblante decayó. Entonces Dios le dijo: “¿Por qué estás con rabia y por qué tu semblante decayó? Si hubieras hecho lo que es cierto, estaría sonriendo; pero hiciste mal, y por eso el pecado está a la puerta, a tu espera. Él quiere dominarte, pero tú debes vencerlo” (4:6-7).

Sin embargo, Caín invitó a Abel para salir con él. Cuando los dos estaban en el campo, Caín atacó a Abel y lo mató (4:8).

Más tarde, Dios preguntó a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?”

Caín contestó: “No sé. ¿Acaso soy yo guarda de mi hermano?”,

Dios dijo: “Desde la tierra, la sangre de tu hermano está gritando, pidiendo venganza. Ahora, eres maldito y expulso del suelo fértil que abrió la boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando prepares la tierra para plantar, ella no producirá nada. Vas a andar siempre errante por el mundo”.

Caín respondió: “Yo no voy a poder aguantar este castigo tan pesado. Tú estás expulsándome de esta tierra y cualquier persona que me encuentre va a querer matarme”.

Dios le respondió: “Eso no va a suceder. Si alguien te mata, serán muertas siete personas de su familia, como venganza”. Después, Dios puso una señal en Caín para que si alguien lo encontrara, no lo matara (4:9-15).

 

Caín y sus Descendientes Fuera de la Presencia de Dios

 

Se retiró Caín de la presencia del Señor y se fue a vivir lejos del Edén. Caín se esforzó por crear una civilización independiente de Dios. Los descendientes de Caín siguieron su ejemplo y vivieron sin Dios. Caín tuvo un hijo al cual llamó Enoc. Pasado algún tiempo, Caín construyó una ciudad y la llamó Enoc también, como el nombre de su hijo. Uno de los   descendientes de Caín era Lamec.  Lamec tomó dos mujeres para él. Tuvo tres hijos: Jabal que fue el antepasado de los

 

que crían ganado y viven en tiendas; Jubal, que fue el antepasado de todos los músicos que tocan arpa y flauta; y Tubal-caín, que era herrero y hacía objetos de bronce y fierro.

Cuando Lamec mató a dos hombres, él se alegró con su pecado e hizo hasta una canción para celebrar su acto. Un día, Lamec dijo a sus mujeres: “Escúchenme, mujeres de Lamec, noten bien lo que yo digo. Maté a un hombre porque me hirió, maté a un joven porque me machucó. Si son muertas siete personas para pagar por la muerte de Caín, entonces, si alguien me mata, serán muertas setenta y siete personas de la familia del asesino” (4:16-24).

 

Descendientes de Set

Dios dio otro hijo a Adán y Eva. Ellos lo llamaron Set. Adán murió con novecientos treinta años de edad. El hijo de Adán, Set, murió con novecientos doce años de edad. Los descendientes de Set empezaron a acordarse de Dios y a invocar el nombre del Señor (4:25-26). Uno de los hijos de Set fue llamado Enos. Enos murió con novecientos cinco años de edad. Uno de los hijos de Enos fue llamado Cainán. Cainán murió con novecientos diez años de edad. Uno de los hijos de Cainán fue llamado Mahalaleel. Él murió con ochocientos noventa y cinco años de edad. Uno de los hijos de Mahalaleel fue llamado Jared. Él murió con novecientos sesenta y dos años de edad. Uno de los hijos de Jared fue llamado Enoc.

Enoc vivió trescientos sesenta y cinco años. Él vivió siempre en comunión con Dios y un día desapareció, pues Dios se lo llevó. Uno de los hijos de Enoc fue Matusalén. Cuando Matusalén tenía ciento ochenta y siete años, nació su hijo Lamec. Matusalén murió con novecientos sesenta y nueve años de edad. Cuando Lamec tenía ciento ochenta y dos años, fue padre de un hijo, Noé. Lamec murió con setecientos setenta y siete años de edad. Noé fue padre de tres hijos: Sem, Cam y Jafet (5:1-32).

Dios Planea Destruir la Raza Humana

 

Los hijos de Dios del linaje de Set, vieron que las hijas de los hombres de la descendencia de Caín eran bonitas. Entonces, escogieron las que ellos quisieron y se casaron con ellas. Escogieron y tomaron para ellos esposas llevados apenas por la atracción física, sin buscar la orientación de Dios (6:2).  Esta fue una de las actitudes que llevó a Dios a planear a la destrucción de la tierra.

La maldad de la raza humana llegó a tal punto, que Dios decidió destruir todos los seres vivos. Antes de la destrucción, Dios dio a las personas ciento veinte años para arrepentirse. Dios vio que las personas eran muy malvadas y que siempre estaban pensando hacer cosas malas. Dijo Dios: “Voy a hacer desaparecer de la tierra a esa gente que creé y también a todos los animales” (6:3-7).

Cuando Dios estaba planeando la destrucción de la tierra, Noé, que siempre obedecía a Dios, halló gracia ante los ojos de Dios (6:8).

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

  1. Después de la rebelión del hombre contra Dios, viene la lucha del hombre contra el hombre. Después del pecado de Adán y Eva, vino la lucha entre los hijos cuando Caín mató a Abel (4:3-8).
  2. Cuando hay religión sin la fe que obedece a Dios, hay degeneración. Caín tenía una religión y hasta trajo una ofrenda a Dios (4:1-16).
  3. Dios busca recuperar al pecador que está tomando un camino equivocado. A pesar de Caín haber decidido seguir su propio camino, Dios habló con él, advirtiéndolo que su rabia traería el pecado hasta su puerta (4:6-7).
  4. Una religión que no obedece a Dios hace mal. Caín tenía una religión y hasta presentó una ofrenda a Dios. La religión de Caín lo llevó:

  A hacer el mal;

  A quedar irritado con Dios;

  A matar a su hermano;

  A despreciar el llamado al arrepentimiento y al perdón;

  A volverse un errante;

  A su propia destrucción (4:8-9).

  1. Una religión que no obedece a Dios aleja a la persona de Dios. Caín era una persona religiosa, pero se retiró de la presencia de Dios (4:16).
  2. La religión que no es según el plan de Dios lleva al religioso a sufrir el castigo de Dios. Caín era una persona religiosa a su propia manera y sufrió el castigo de Dios (4:11-15).
  3. La ira del hombre perjudica su relación con Dios. Caín estaba muy furioso y no quiso oír a Dios (4:5-8).
  4. El pecado desea dominar al hombre, pero el pecado debe ser dominado por el hombre. Dios avisó a Caín que “... el pecado está a la puerta, a tu espera. Él quiere dominarte, pero tú debes vencerlo” (4:6-7). Es lenguaje figurado, que se refiere a una fiera al ser domada o domesticada. El pecado, deseoso de atacar a su víctima, es que debe ser dominado. La tentación amenaza a una persona mal dispuesta. Romanos 7:18-23 muestra la lucha del hombre contra el pecado.
  5. El hombre que no escucha a Dios va a escuchar a Satanás. Satanás no es mencionado en este texto, pero está involucrado en él. Caín “... era del maligno y asesinó a su hermano” (1 Jn 3:12).  Jesús enseñó que Satanás es mentiroso y asesino desde el principio (Jn 8:44).
  6. Pecar contra una persona es pecar contra Dios. Dios es el Creador de todas las personas y castiga a cualquiera que hace una cosa que perjudique a otra persona. La maldad de Caín contra Abel era pecado contra Dios (4:8-10).
  7. Quien desprecia el llamado al arrepentimiento y perdón, se está retirando de la presencia de Dios. Cuando Caín no escuchó el aviso de Dios y despreció el llamado al arrepentimiento y perdón, él se retiró de la presencia del Señor (4:16).
  8. Lamentar el sufrimiento que es consecuencia del pecado es diferente de arrepentimiento. Caín protestó contra el castigo de su pecado pero no se arrepintió del mal que había hecho, ni admitió la justicia de su castigo (4:13-14).
  9. Hay degeneración moral, social y espiritual cuando hay progreso en la civilización sin obediencia a Dios. Los descendientes de Caín construyeron una ciudad, criaron ganado, hicieron herramientas e instrumentos musicales, pero no se acordaron de Dios (4:16-22).
  10. El hombre urbano que excluye a Dios de sus pensamientos puede aprovechar las comodidades y los placeres de la vida urbana, pero estará condenado a la vida errante. Caín, que se retiró de la presencia de Dios, es el constructor de la primera ciudad, el padre de los pastores, de los músicos, de los herreros y de los que se prostituirían (4:19-22). Esas cosas trajeron comodidades y placeres a la vida urbana. La ciudad fundada por Caín quizás fuera espléndida, pero el juicio divino está de acuerdo con el estado moral, no el material (6:5-7). La misma condenación de la vida urbana sin Dios será encontrada en las narrativas de la torre de Babel (11:1-9) y de Sodoma (13:13; 18:20; 19:1-25).
  11. Cuando el pecador siente orgullo de su pecado, él está en un alto grado de degeneración espiritual. Lamec tomó para él dos mujeres. Cuando mató dos hombres, él se alegró con su pecado y hasta hizo una canción celebrando su acto (4:23-24). El pecador llega al peor estado de degeneración cuando el pecado es aprobado como si fuera bueno (Ro 1:32).
  12. Casarse sin la aprobación de Dios trae maldición. Lamec tomó para sí dos esposas (4:19). Los hombres escogieron y tomaron para sí esposas, llevados solamente por la atracción física, sin buscar la orientación de Dios. Esta fue una de las actitudes que llevaron a Dios a planear la destrucción de la tierra (6:2-3).
  13. Las personas están divididas en dos diferentes grupos. Hay un grupo que anda con Dios y otro que se aleja de Dios. Dentro del grupo que anduvo con Dios están: Abel, los descendientes de Set, Enoc y Noé. Dentro del grupo que se apartó de Dios, están: Caín, sus descendientes, Lamec y las personas que practicaron maldades.
  14. Un hombre puede tener fe y andar con Dios, aún en un ambiente que rechaza a Dios. Enoc y Noé fueron dos personas que antes del diluvio anduvieron con Dios (5:24; 6:9). Su relación era con Dios y no con el ambiente a su alrededor.
  15. La salvación no viene con el parentesco, es individual. Matusalén era hijo de Enoc, que anduvo con Dios (5:21-24), y era abuelo de Noé (5:25-29). Matusalén oyó la predicación del nieto, Noé, durante 120 años (6:3), pero no tuvo fe y fue castigado, muriendo en el diluvio.
  16. Dios sabe todo, porque Él es omnisciente; Él sabía que Caín mataría a su hermano. Él vio el mundo incrédulo y su pecado (6:5).
  17. Los perversos y los que no andan con Dios son castigados. Dios planeó el castigo para los hombres que hicieron maldades (6:5-8).
  18. La esperanza para el mundo, en medio de la degeneración moral y espiritual, son los pocos que oyen el mensaje de Dios y que tienen fe en Él. La esperanza para el mundo antiguo estaba en los pocos descendientes de Set que fueron fieles a Dios.
  19. Hay esperanza en medio de la degeneración porque Dios continúa comunicándose con los hombres. Él habló con Caín (4:6-7; 9-15) Él se comunicó con Enoc (5:22-24). Él habló con Noé (6:13-21) y Noé transmitió sus palabras al pueblo.

 

P R E G U N T A S

 

  1. ¿Por qué la ofrenda de Abel fue aceptada y la de Caín no?
  2. ¿Por qué Caín quedó tan furioso y mató a su hermano?
  3. Caín era un hombre religioso y hasta trajo sacrificios para Dios. ¿Por qué una religión que no obedece a Dios hace mal?
  4. ¿Cuál fue el resultado de Caín escuchar la palabra de Dios y rechazarla? (4:6-7).
  5. ¿Cuál fue el resultado de Caín despreciar el llamado al arrepentimiento y al perdón? (4:9-14).
  6. ¿Por qué es pecado hacer el mal contra otro ser humano como Caín y Lamec hicieron?
  7. ¿Por qué la situación de Lamec era peor que la de Caín?
  8. ¿Cuál fue el resultado de los descendientes de Caín construir una civilización sin acordarse de Dios?
  9. ¿Cuáles fueron algunos de los descendientes de Set que anduvieron con Dios?
  10. ¿Cómo es que Enoc y Noé fueron diferentes de las demás personas?
  11. ¿Por qué Dios planeó castigar al mundo?

EL DILUVIO

TEXTO: Génesis 6:13 — 9:29

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Adán y Eva pecaron contra Dios y por eso fueron echados del jardín. Sus hijos nacieron fuera del jardín. Los descendientes de Adán y Eva fueron aumentando. La decadencia moral, la maldad y la violencia crecieron a tal punto que, con excepción de Noé y su familia, todas las personas solo hacían cosas malas.

  Personaje-clave: Noé.

  Lugar-clave: El mundo antiguo.

  Repeticiones-clave:

  -- Destruir seres vivos (6:7,17; 8:21-22; 9:11,15).

  -- Arca (6:13-16; 7:1,9,23; 8:1,4,6-10, 16-19; 9:10).

  -- Animales (6:7,19-21; 7:8,14-15,21,23; 8:1,17-20; 9:2-3,10,11,12,15).

  -- Alianza (6:18; 9:9,11,12,13,15,16,17).

  -- Tiempo mencionado: Dios dio a las personas 120 años para que se arrepintieran antes de la destrucción (6:3); edad de Noé (7:6); siete días después que Noé entró en el arca (7:10); el diluvio duró cuarenta días (7:17); la inundación sobre la tierra duró ciento cincuenta días antes que el agua empezara a bajar (7:24); durante ciento cincuenta días el agua fue bajando poco a poco (8:13); el día diecisiete del séptimo mes, el arca paró en la región montañosa (8:4); al final de cuarenta días, Noé abrió la ventana del arca y soltó un cuervo  (8:6); Noé esperó siete días más y mandó la paloma de nuevo  (8:10); Noé esperó más siete días y mandó la paloma otra vez  (8:12).

  Sentimientos-clave:

   -- El disgusto de Dios con la raza humana.

  -- La paciencia de Dios al esperar 120 años antes de castigar al pueblo.

  -- La fe de Noé.

  -- La preocupación de Dios en salvar un remaneciente tanto de personas como de animales.

  -- El alivio de Noé por salir del arca.

  -- La vergüenza de Noé embriagado y desnudo.

  -- La falta de respeto de Cam con su padre Noé.

  -- La tristeza de Noé con su hijo Cam y su nieto Canaán.

  Problema-inicial: Con excepción de Noé y su familia, todas las personas solo hacían cosas malas.

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

El Diluvio

-- La maldad de la raza humana (6:1-6).

-- Dios decidió destruir el mundo (6:7).

-- Habría 120 años antes de la destrucción (6:3).

-- Noé obedecía a Dios y vivía en comunión con Él (6:8).

-- Dios avisó a Noé de su plan de destruir el mundo y lo mandó construir un arca. Noé obedeció (6:13-22).

-- Noé anunciaba la palabra de Dios mientras construía el arca (2 Pe 2:5).

-- Noé, su esposa, sus hijos y nueras entraron en el arca con un macho y una hembra de todas las especies de animales (7:1-16) y siete parejas de los animales considerados puros (7:2-3).

-- Dios cerró la puerta del arca (7:16).

-- El diluvio duró 40 días y cubrió todo. Demoró 150 días antes que el agua empezara a bajar (7:17-24). Demoró 150 días para que el agua bajara (8:1-3).

-- El arca paró en la tierra. Después de 40 días, Noé soltó un cuervo. Después de siete días más, envió una paloma. Después de otros siete días, soltó una paloma que volvió con una hoja. Siete días después, soltó la paloma nuevamente y ella no volvió más (8:6-12).

-- Cuando la tierra se secó, Dios mandó que Noé saliera del arca con su familia y los animales

(8:15-18).

Noé y su Familia Después del Diluvio

-- Noé ofreció sacrificios a Dios (8:20).

-- Dios mandó que Noé llenara el mundo con hijos y se dispersara por toda la tierra (9:1,7).

-- Dios hizo un acuerdo con Noé y prometió que nunca más destruiría los seres vivos por medio de un diluvio (8:22-22; 9:11).

-- Como señal de la promesa, Dios dio el arco-iris (9:12-17).

-- Noé quedó embriagado y desnudo dentro de su tienda. Cam, su hijo menor, contó a sus hermanos. Ellos cubrieron a su padre (9:20-25).

-- Noé maldijo a Canaán, el hijo de Cam (9:25-27).

 

 NARRATIVA

 

El Diluvio

La maldad de la raza humana llegó a tal punto que Dios decidió destruir a todos los seres vivos. Dios dio a las personas 120 años para que se arrepintieran, antes de la destrucción (6:3). Dios vio que la maldad del hombre era grande, que era continuamente malvado todo su deseo (6:5) y que tenía una conducta perversa (6:12). Solamente Noé obedecía a Dios y andaba en comunión con Él (6:8-9).

Dios avisó a Noé: “Resolví acabar con todos los seres humanos. Yo los destruiré completamente y destruiré también la tierra, pues está llena de violencia (6:13). Voy a mandar un diluvio para inundar la tierra para destruir todo lo que tiene vida; todo lo que hay en la tierra morirá. Pero contigo voy a hacer un acuerdo y entrarán en el arca tú, tus hijos, tu mujer y tus tres nueras” (6:17-18). Él orientó a Noé para construir una gran arca de tres pisos. El arca tendría que ser construida totalmente como Dios dijo a Noé (6:13-21). Dios orientó a Noé para que colocara solo una puerta en la parte lateral de la gran arca (6:16). Noé hizo todo de acuerdo como Dios le había mandado (6:22).

Dios orientó a Noé para que llevara para dentro del arca una pareja de todas las especies de animales y comida para ellos. De los animales llamados “puros” por Dios, debería llevar siete parejas (7:2, 8-16).

Noé anunció la Palabra de Dios mientras construía el arca (2 Pe 2:5). Las personas no aceptaron las palabras de Dios anunciadas por Noé. Dios esperó 120 años para que ellos cambiaran de idea, pero no esperaría más. Era tiempo de Dios castigarlos.

Noé tenía seiscientos años de edad cuando las aguas del diluvio cubrieron la tierra (7:6). Para escapar del diluvio, Noé entró en el arca junto con sus hijos, su mujer y sus nueras. Los animales entraron con Noé en el arca, de dos en dos, macho y hembra, como Dios había mandado. (7:7-8). Cuando todos estaban dentro, Dios cerró la puerta (7:16). Después que Dios cerró la puerta, mandó una lluvia torrencial que parecía grandes cascadas vertidas pelas compuertas del cielo. Aumentaron las aguas y levantaron el arca, que quedó elevada por sobre la tierra. La lluvia del diluvio duró 40 días y cubrió todo, hasta los picos más altos de las montañas. Quien estaba fuera del arca estaba separado de quien estaba dentro: quien estaba fuera fue destruido y quien estaba dentro fue salvo. Solamente Noé, y aquellos que estaban con él en el arca, quedaron vivos. El resto de los seres humanos y de los animales fueron muertos (7:17-23). La inundación sobre la tierra duró ciento cincuenta días antes que el agua empezara a bajar (7:24).

Dios hizo el viento soplar sobre la tierra y el agua empezó a bajar poco a poco. Demoró ciento cincuenta días para que el agua bajara (8:1-5). Finalmente, Noé sintió que el arca había parado en la tierra. Sin embargo, él no se atrevió a desembarcar, pues solo las cimas de las montañas aparecían. Después de 40 días, Noé soltó un cuervo, que no volvió. Después, él soltó una paloma, que no encontró lugar para posar y volvió para Noé en el arca. Después de siete días él soltó la paloma de nuevo, la cual volvió de tardecita trayendo en su pico una hoja verde de olivo. De esta manera, Noé supo que las aguas habían escurrido de la superficie de la tierra. Después de siete días Noé soltó otra vez la paloma y ella no volvió y así él comprendió que podía salir del arca con la familia y los animales (8:15-18).

 

Noé y su Familia Después del Diluvio

 

La primera cosa que Noé hizo, al salir del arca, fue construir un altar para ofrecer sacrificios a Dios. Él tomó aves y animales puros, uno de cada especie, y los quemó como sacrificio en el altar. El olor de los sacrificios agradó a Dios y Él prometió que nunca más iría a maldecir la tierra por causa de la raza humana. Dios habló consigo: “Yo no maldeciré nunca más la tierra por causa del hombre, porque el intento del corazón del hombre es malo desde su infancia; nunca más mataré a todos los vivientes, como lo hice” (8:20-22). Dios ordenó a Noé y a sus hijos: “Tengan muchos hijos y que sus descendientes se dispersen por toda la Tierra” (9:1,7).

Dios hizo un acuerdo con Noé, con sus descendientes y con todos los animales, y prometió que nunca más destruiría todos los seres vivos con un diluvio (8:21-22; 9:11). Como señal de la promesa, Dios dio el arco-iris. El arco-iris fue la señal visible de la eterna promesa de Dios a todos los seres vivos en el mundo, de que no habría otro diluvio para destruir todos los seres vivos (9:12-17).

Noé era agricultor. Él hizo una plantación de uvas y un día tomó mucho vino y quedó embriagado y desnudo dentro de su tienda. Cam, su hijo menor lo vio y contó a sus hermanos sobre la indecencia de su padre. Pero Sem y Jafet, hermanos de Cam, tomaron un manto, lo pusieron sobre sus propios hombros y, caminando de espaldas, cubrieron la desnudez de su padre para que no la vieran (9:20-23).

Cuando Noé despertó de su embriaguez, supo lo que había hecho su hijo más joven y maldijo a Canaán, el hijo de Cam (9:25-27). La maldición cayó sobre el hijo del ofensor (10:6). Por su falta de respeto para con su padre, su propia familia iría a fracasar.

Después del diluvio, Noé vivió trescientos y cincuenta años más y murió cuando tenía novecientos cincuenta años de edad (9:28-29).

 

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

 

  1. Hay un límite para la paciencia de Dios. Él prometió que daría a las personas 120 años más para que se arrepintieran (6:3). Pasado el tiempo, vino el castigo.
  2. Los grandes no escaparán del castigo de Dios. Grandes hombres, que fueron los héroes de su tiempo, fueron castigados (6:4). Los grandes hombres pueden escapar del castigo que viene de la justicia terrena, pero no escaparán del castigo que viene de la justicia divina.
  3. Dios es omnisciente. Él vio lo que las personas estaban haciendo y pensando (6:5).
  4. Dios destruye y condena los pecadores. El diluvio prueba que Dios castigará a los pecadores (2 Pe 2: 4-10). Nadie puede escapar de Dios cuando Él decide que es tiempo de castigar al hombre, por causa del pecado.
  5. Solamente hay salvación a través del medio establecido por Dios. Había apenas una puerta de entrada en el arca (6:16). Había solo un arca en la cual el pueblo podría ser salvo del castigo de Dios.
  6. Actualmente hay oportunidad de salvación, pero llegará un tiempo cuando no habrá más. Llegó el momento, en aquella época, cuando Dios cerró la puerta del arca.
  7. Habrá separación entre las personas que tienen fe demostrada por la obediencia a Dios y las personas malas (2 Pe 2:5). Noé se encontraba separado de aquellos que estaban fuera del arca, los cuales no tenían fe en Dios (Gn 7:11-16; 2 Pe 2:4-5. (Vea Mt 24:37-41).
  8. Prepárese para el venidero juicio de Dios. Quien tiene fe en Jesús será eximido del juicio que castigará a los pecadores sin fe en Dios. El diluvio fue un juicio de Dios, que se asemeja al de los últimos tiempos (Lc 17:26-27; Mt 24:37-42), así como la salvación concedida a Noé representa la salvación que viene por medio de la resurrección de Jesucristo (1 Pe 3:20-22).
  9. Dios desea que las personas reciban Su Palabra. Él se comunicó con Noé y Noé anunció el mensaje de Dios mientras construía el arca (2Pe 2:5).
  10. Quien entiende que Dios promete castigar a los pecadores, debe anunciar el mensaje de Dios y avisarlos sobre el castigo que vendrá. Noé anunció el mensaje de Dios mientras construía el arca (2 Pe 2:5).
  11. Dios es fiel para cumplir sus promesas. Él cumplió su promesa de castigar al mundo antiguo con el diluvio y Él cumplió la promesa que hizo a Noé de no destruir más el mundo con lluvia.
  12. La fe en Dios es acompañada por la obediencia. Hebreos nos enseña que fue por fe que Noé escuchó los avisos de Dios sobre las cosas que iban a suceder y obedeció a Dios construyendo el arca (Gn 7:5-16, He 11:7).  No obstante la salvación sea por la fe y no por las obras (Ef 2:8-10), la fe es acompañada de acción (Stg 2:17).
  13. El creyente en Dios no estará jamás inmune al pecado y a las tentaciones. Él sufre tentaciones y corre el riesgo de asumir el estilo de vida que es normal para la persona que vive sin Dios. ¡Noé es un ejemplo de eso! Después que fue salvo en el arca, él bebió vino, se embriagó y mostró una conducta indecente dentro de su tienda (9:20-21).
  14. El siervo de Dios tiene que quedarse vigilando para no caer en pecado y ser un escándalo. Después de ser salvo del diluvio, Noé se embriagó y, sin ningún pudor, quedó desnudo (9:20-21). Jesús nos enseña la necesidad de vigilar y orar para que no caigamos en tentación (Mt 26:41).
  15. La bebida alcohólica puede resultar en daño. Los efectos de la bebida, según la Biblia, son fatales: Noé perdió el recato y se expuso (Gn 9:20-22); Lot perdió la conciencia y cometió incesto (Gn 19: 32-35); Amnón murió víctima de su vicio, embriagado, no podía resistir a la altura (2 S 13:28-29); Belsasar perdió la sobriedad, el reino y la vida (Dn 5:1-30).
  16. Deslices cometidos durante el curso normal de la vida podrán traer peligros graves. Noé se embriagó y se portó indecentemente. Su hijo no lo respetó y su familia fue perjudicada (9:20-27).
  17. Los pecados de los padres pueden dar ocasión para que los hijos cometan pecados. Noé, quedando embriagado y desnudo, dio motivo para su hijo no respetarlo (9:20-24).
  18. El hijo que no respeta a sus padres corre el riesgo de tener su propia desestructurada. Noé maldijo a Canaán, el hijo de Cam (9:25-27). La maldición cayó sobre el hijo del ofensor (10:6) Por la falta de respeto a su padre, su propia familia iría a fracasar.

 

P R E G U N T A S

 

  1. ¿Cómo Dios sabía lo que los hombres de la época de Noé estaban pensando y haciendo?
  2. ¿Por qué Dios decidió destruir el mundo con el diluvio?
  3. Cuándo Dios avisó a Noé de sus planes, ¿qué hizo Noé?
  4. ¿Cuál es la responsabilidad de la persona que entiende la Palabra de Dios?
  5. ¿Qué nos enseña el arca sobre el juicio y el castigo de Dios?
  6. ¿Cómo es que la vida de Noé ilustra la relación entre fe en Dios y obediencia a Dios?
  7. Durante el diluvio, ¿cuántos medios de salvación hubo?
  8. Cuando salió del arca, ¿cuál fue la primera cosa que Noé hizo?
  9. ¿Cuál fue el acuerdo que Dios hizo con Noé y con sus descendientes, y cuál es la señal visible del mismo?
  10. ¿Cuál fue el fracaso de Noé después del diluvio?
  11. ¿Cuál es el peligro de un padre fracasar y pecar delante de sus hijos?

 

LA TRAMA DE LA TORRE DE BABEL

TEXTO: Génesis 11: 1-32

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Después del diluvio la tierra se secó. La familia de Noé y todos los animales salieron del arca. Noé construyó un altar para ofrecer sacrificios a Dios. Dios aceptó la ofrenda de Noé (8:20-22). Dios mandó que los descendientes de Noé se multiplicaran y se dispersaran por toda la tierra (9:7). El arco-iris fue dado por Dios como señal para mostrar que Él nunca más destruiría el mundo con un diluvio (9:12-17). Después del diluvio, todas las personas de la tierra eran descendientes de Noé. La mayoría de los descendientes de Noé luego se olvidaron de la voluntad de Dios para ellos.

  Personajes-clave: Todos los pueblos.

  Lugar-clave: La llanura donde fue construida la Torre de Babel.

  Repeticiones-clave:

  -- Lengua / idioma (11:1, 6,7, 9).

  -- Torre (11: 4-5).

  -- Construir (11: 3,4,5,8).

  -- Dispersar por la tierra (9:7; 11: 4,8,9).

  -- Los descendientes de Sem, hijo de Noé, son mencionados, dando el nombre del primer hijo de cada generación y cuantos años vivió hasta la generación de Tera (11: 10-25).

  Sentimientos-clave:

   -- La arrogancia de los hombres que construyeron la Torre de Babel.

  -- La superioridad de Dios sobre los hombres.

  Problema-inicial: Todos los pueblos hablaban un solo idioma y los hombres en una llanura tomaron para ellos el desafío de construir una torre para que no se dispersaran por todo el mundo.

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

La Torre de Babel

-- Todos los pueblos hablaban un solo idioma (11:1).

-- Los hombres en una llanura tomaron para ellos el desafío de construir una torre que llegara hasta el cielo (11:4).

-- Desearon quedar famosos (11:4).

--Desearon no dispersarse por el mundo entero (11:4). Dios bajó del Cielo para ver el trabajo de los hombres (11:5).

-- Dios confundió el idioma que ellos hablaban para que uno no entendiera lo que el otro estaba diciendo (11:7).

-- Así, Dios los dispersó por el mundo entero (11:8).

Los Descendientes de Sem

-- Tera y sus hijos: Abram, Naor y Harán. Harán fue el padre de Lot (11: 10-32).

  Situación-final: Las personas se dispersaron y uno de los descendientes de Sem, Abram, se quedó viviendo en Harán

NARRATIVA

La Torre de Babel

Después del gran diluvio, todas las personas eran descendientes de Noé. Dios mandó a Noé: “Tengan muchos hijos, y que los descendientes de ustedes se dispersen por toda la tierra” (9:7).

Los pueblos hablaban un solo idioma. Todos usaban las mismas palabras. Algunos llegaron a una llanura. Ellos empezaron a hacer ladrillos quemados y construir con ellos en lugar de usar piedras. Usaban asfalto en lugar de mezcla de cemento. Un día, dijeron los unos a los otros: “Ahora vamos a construir una ciudad que tenga una torre que llegue hasta el cielo. Así quedaremos famosos y no seremos dispersados por todo el mundo (11: 1-4).

 

En la alianza del arco-iris (9:11-17), Dios prometió que no iría más a destruir el mundo con un diluvio. Sin embargo, los hombres empezaron a construir una torre que tocase el cielo, sin pensar en el peligro de otro diluvio (11:4).

Dios descendió para ver la ciudad y la torre que el pueblo estaba construyendo. Dijo Dios: “Esa gente es un solo pueblo y todos hablan un solo idioma. Eso que ellos están haciendo es apenas el comienzo. Vamos a confundir el idioma que ellos hablan para que uno no entienda lo que el otro está diciendo” (11: 5-7).

El Señor Dios dio diferentes idiomas al pueblo. No pudiendo más entenderse los unos a los otros, se separaron en varias familias y se cambiaron para diferentes partes de la región. De esta forma, Dios los esparció por el mundo entero. La construcción de la ciudad fue abandonada y recibió el nombre de Babel, que significa confusión. Después de algunos años se fueron para otros lugares del mundo, yendo a pie o en barco (11:8-9).

 

Los Descendientes de Sem

Los descendientes de Sem, hijo de Noé, son mencionados, dando el nombre del primer hijo de cada generación y cuantos años vivió hasta la generación de Tera (11:10-25).

Tera vivía en la ciudad de Ur en Babilonia. Tera fue padre de tres hijos: Abram, Naor y Harán. Harán fue el padre de Lot. Harán murió en la ciudad de Ur. Abram se casó con Sarai, que no tenía hijos porque era estéril. Tera salió de la ciudad de Ur para ir hasta la tierra de Canaán y llevó junto a su hijo Abram, su nuera Sarai y su nieto Lot. Ellos llegaron a Harán y se quedaron viviendo allí. Tera murió en Harán con la edad de doscientos cinco años (11:26-32).

 

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

  1. El hombre fue creado por Dios para hacer Su voluntad en la tierra. La orden de Dios fue: “Llenad la tierra” (Gn 1:28) y “Dispérsense por toda la tierra” (9:7).
  2. El hombre es pecador. Él rechaza obedecer a las claras órdenes de Dios (11:4).
  3. La desobediencia a las órdenes de Dios trae el juicio y el castigo de Dios. Cuando se rehusó a obedecer a Dios y dispersarse, Dios dio diferentes idiomas al pueblo (11:6-7).
  4. Los intentos del ser humano de llegar hasta Dios siempre fallan. La religión natural es el hombre buscando llegar a Dios. Esto está en contraste con la fe cristiana, que es Dios buscando al hombre. Solo consigue llegar a Dios quien recibe al Dios que lo busca. En la construcción de la torre, los hombres no llegaron hasta el Cielo.
  5. El hombre motivado por el egoísmo, busca unidad sin Dios, pero el resultado es confusión (11:7-8). Unión y armonía sin Dios son imposibles.
  6. Objetivos elevados, por personas que no obedecen a Dios, traen confusión y maldad.
  7. La Torre de Babel explica el problema de la diversidad de los idiomas. También explica el problema de la falta de comunicación y de armonía.
  8. Nadie puede luchar contra Dios y ser vencedor. El pueblo decidió desobedecer a Dios y no dispersarse. El Señor tomó el control de la situación y lo dispersó.
  9. Dios es supremo y soberano. La orden de Dios fue: “Dispérsense por toda la tierra” (9:7). Los hombres decidieron: “No nos dispersaremos” (11:4). La intervención de Dios con la confusión de los idiomas obligó a la dispersión de la raza humana.
  10. Dios es omnisciente. Él sabe lo que las personas están pensando y haciendo.
  11. Cada dificultad de relacionamiento es un problema de pecado. El problema de la confusión de idiomas y la falta de entendimiento son los resultados de la desobediencia del pueblo a Dios.
  12. El día de Pentecostés, Dios comenzó a corregir la confusión de Babel, cuando las personas no pudieron entenderse porque hablaban idiomas diferentes (Hch 2:7-11).
  13. La corrección de la confusión de Babel todavía está incompleta (Hch 6:1; 10:28, 34-35; Gá 2:11-13). En la iglesia todavía hay confusión, como resultado de los idiomas y razas diferentes.
  14. La corrección de la confusión de Babel será completada en el cielo (Ap 7:9).
  15. El remedio para combatir la trama de Babel en la iglesia, se encuentra en Mt 5:23.24; 18:15-17 y Ro 12:18. Cuando ofenda a alguien, busque reconciliación (Mt 5:23-24). Cuando alguien peque contra usted, busque reconciliación (Mt 18:15-17) En lo que dependa de usted, viva en paz con los demás (Ro 12:18).
  16. Cada iglesia debe ser una comunidad donde la confusión de Babel es corregida y hay unidad. Vea Gá 3:28. En la iglesia no hay ni griego, ni judío. Observe la mezcla de razas y nacionalidades en la dirección de la iglesia en Hch 13: 1-2.

 

 

P R E G U N T A S

 

  1. ¿Cuál fue la reacción de la generación pos-diluviana a la orden de Dios: “Dispérsense por toda la tierra” (9:7).?
  2. ¿Por qué los descendientes de Noé empezaron a construir la Torre de Babel?
  3. ¿Qué nos enseña la Torre de Babel sobre Dios?
  4. ¿Qué nos enseña la Torre de Babel sobre el hombre pecador?
  5. ¿Cuál es la principal diferencia entre la religión de los hombres y la fe cristiana?
  6. ¿Por qué es que metas elevadas, buscadas por medios que no están de acuerdo con la voluntad de Dios, llevan a confusión?
  7. ¿Por qué existen tantos idiomas?
  8. ¿Cuál es la trama de Babel y cómo Dios empezó a corregirla en el Nuevo Testamento?
  9. ¿Cómo usted puede ayudar a corregir la trama de Babel?

ABRAHAM: LAS PRUEBAS DE UN HOMBRE DE FE

TEXTO: Génesis 12 - 25

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Después del diluvio, Dios mandó que los descendientes de Noé se dispersaran por toda la tierra (9:7). La mayoría de ellos luego se olvidó de la voluntad de Dios para con ellos. Un ejemplo de eso es la construcción de la Torre de Babel, cuyo objetivo era evitar que fueran dispersos por diferentes lugares del mundo como Dios ordenó. Dios acabó con la construcción de la Torre dando diferentes idiomas al pueblo. No pudiendo entenderse más los unos a los otros, se separaron y se cambiaron para diferentes lugares.

Sem era uno de los hijos de Noé. Uno de los descendientes de Sem fue Tera. Tera salió de la ciudad de Ur y llevó junto a su hijo Abram, su nuera Sarai y su nieto Lot.

  Personaje-clave: Abram (Abraham)

  Lugar-clave: Canaán.

  Repeticiones-clave:

  -- Alianza (15:18; 17:2, 4, 7, 9, 10, 11, 13, 14, 19, 21). 

  -- Dios hizo promesas a Abraham. Dios prometió: bendecir y hacer de Abraham una bendición (12:1- 4); descendientes a Abraham (15:4-5; 17;7-8, 16-21; 18:9-15; 22:17-18): bendecir ricamente a Abraham (22:15-18).

  -- Hijo / descendiente de Abraham:

-       No tenía hijos (11: 30; 15:2);

-       Dios prometió descendientes (15:4-5; 17:7-8, 16-21; 18:9-15; 22:17-18);

-       Ismael (16:1-16; 21:8-21; 25:9);

-       Isaac (21:1-7; 8; 22:1-14; 24:1-8, 52-67; 25:9).

  -- En el contexto de la mención del nombre de Lot, Dios aparece a Abraham:

      - Dios llamó a Abram para salir de su tierra y dejar a sus parientes. Abram salió llevando con él a Lot (12:1-4).

-       En una pelea de los pastores de Abram con los de Lot, Abram dejó a Lot escoger la tierra que sería de él. Dios prometió dar a los descendientes de Abram toda la tierra que él estaba viendo (13: 1-18).

-       Sodoma fue conquistada y sus habitantes, incluyendo a Lot fueron llevados como prisioneros. Abram libertó a Lot y a los otros prisioneros (14:1-16). Dios prometió a Abram un hijo y estableció una alianza con él (15:1-21).

      -   Dios avisó a Abraham que iría a visitar la ciudad de Sodoma. Cuando Dios destruyó la ciudad, él se acordó de Abraham y retiró a Lot con las dos hijas de la catástrofe (19:15-29).

  Sentimientos-clave:

   -- La fe de Abraham; también la fe que vacila durante las circunstancias de la vida.

  -- El sacrificio de Abraham en relación con Lot e Isaac.

  -- La angustia de Abraham de tener un hijo.

  -- El negativismo relacionado a Lot.

  Problema-inicial: Dios llamó a Abram para salir de su tierra y dejar a sus parientes.

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

Dios Llama a Abram

-- Dios llamó a Abraham para salir de su tierra y dejar a sus parientes. (12:1).

-- Dios prometió bendecir a Abraham y hacer de él una bendición (12:2-3).

-- Abraham salió llevando a Lot con él (12:4-9).

Abram en Egipto

-- En un período de hambre, Abraham se fue a Egipto. Quedó con miedo que alguien pudiera matarlo para quedarse con Sarai y mintió, diciendo que ella era su hermana (12:10-20).

Abram y Lot Separados

-- En una pelea de los pastores de Abram con los de Lot, Abram dejó a Lot escoger la tierra que sería de él (13: 1-12).

-- Dios prometió dar a los descendientes de Abram toda la tierra que él estaba viendo (13: 14-18).  Sodoma fue conquistada y sus habitantes, incluyendo a Lot, fueron llevados como prisioneros. Abram libertó a Lot y a los otros prisioneros (14:1-16).

-- Melquisedec bendijo a Abram (14:18-20).

-- Abram rechazó los regalos del rey de Sodoma (14:21-23).

Dios Hace Alianzas con Abram

-- Dios prometió a Abram un hijo y estableció una alianza con él (15:1-21).

-- Abram tuvo un hijo con Agar, la sierva de Sarai (16:1-6).

-- Dios hizo una nueva alianza con Abram y los nombres de Abram y Sarai fueron cambiados para Abraham y Sara. La alianza fue sellada con la circuncisión (17:1-27).

Destrucción de Sodoma

-- Dios avisó a Abraham que iría a visitar la ciudad de Sodoma (18:16-22).

-- Abraham intercedió por los hombres de la ciudad de Sodoma (18:23-33).

-- Los dos ángeles visitaron a Lot. Él fue avisado de la destrucción. Lot escapó de la destrucción de Sodoma con las dos hijas (19:1-22).

-- Sodoma fue destruida como consecuencia del juicio divino (19:24-29).

-- Lot se embriagó y tuvo relaciones con sus hijas (19:30-38).

Abraham y su Hijo Isaac

-- Dios dio a Abraham y a Sara el hijo Isaac (21:1-7).

-- Agar e Ismael fueron expulsos (21:9-21).

-- Dios probó a Abraham exigiendo que él ofreciera a su hijo Isaac en holocausto. Cuando Abraham levantó el cuchillo para matar a su hijo, Dios intervino providenciando un carnero para el holocausto (22:1-13).

-- Sara vivió ciento veintisiete años y murió (23:1-20).

-- Abraham mandó a su empleado más antiguo ir donde sus parientes para escoger una esposa para Isaac. El empleado oró pidiendo la ayuda de Dios. En la casa de los hermanos de Abraham, encontró a Rebeca. Labán, el hermano de Rebeca, quedó impresionado con los regalos dados a ella. La familia de Rebeca concordó que ella fuera la esposa de Isaac (24:3-67).

  Situación-final: Dios prometió a Abraham: “Juro que te bendeciré ricamente. Haré que tus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo o los granos de arena en la playa del mar. Todas las naciones del mundo serán benditas por medio de tus descendientes, pues hiciste lo que te mandé” (22:15-18).

NARRATIVA

Dios Llama a Abram

Cierto día, Dios habló a Abram que dejara su país de origen, sus parientes y la casa de su padre, y saliera rumbo a una tierra que le mostraría (12:1).

            Dios hizo las siguientes promesas a Abram condicionadas a su obediencia:

             1ª Sus descendientes irían a formar una gran nación (12:2).

             2ª Dios lo bendeciría (12:2).

             3ª Su nombre sería famoso (12:2).

 4ª Él sería una bendición para los demás (12:2).

 5ª Dios bendeciría a los que lo bendijeran (12:3).

 6ª Dios maldeciría a los que lo maldijeran (12:3).

 7ª Por medio de Abram todos los pueblos del mundo serían benditos (12:3).

Abram tenía setenta y cinco años cuando partió de Harán, como Dios le había ordenado. La obediencia de Abram fue parcial. Salió de su casa yendo para Canaán, pero no rompió con Lot, su sobrino. Lot partió con él. Cuando llegaron a Canaán, Dios apareció a Abram y le dijo: “Yo voy a dar esta tierra a tus descendientes” (12:4-7).  Abram construyó allí un altar a Dios.

Abram en Egipto

 

            Hubo en Canaán un hambre que asoló todo el país. Abram, sin consultar a Dios, se fue, por su propia iniciativa, a Egipto. Cuando estaba llegando a Egipto, Abram dijo a Sarai, su esposa: “Eres una mujer muy bonita. Por eso me matarán y dejarán que tú vivas. Dirás, entonces, que eres mi hermana. Así, por tu causa, me dejarán vivir y me tratarán bien”. Entonces él mintió diciendo una media-verdad, diciendo que Sarai era su hermana, dejando de decir que ella era su esposa también.

            Cuando Abram llegó a Egipto, los egipcios vieron que Sarai, su mujer, era, de hecho, muy bonita. Ella fue llevada para el palacio del rey. Por causa de ella el rey trató bien a Abram y le dio ovejas, bueyes, jumentos, esclavos y esclavas, jumentas y camellos. Pero, por causa de Sarai, Dios castigó al rey y su familia con enfermedades horribles.

            El rey mandó llamar a Abram y le preguntó: “¿Por qué me hiciste una cosa así? Dijiste que ella era tu hermana, y por eso me casé con ella. Por lo tanto, aquí está tu mujer; ¡sale de aquí con ella! Entonces el rey dio una orden y sus guardias llevaron a Abram para fuera de Egipto, junto con su mujer y con todas las cosas que le pertenecían (12:10-20).

Abram y Lot Separados

            Abram salió de Egipto con todo lo que tenía y fue para el sur de Canaán. Abram era muy rico en rebaños, en plata y en oro. Lot también llevaba ovejas, cabras, ganado, empleados y su familia. No había pastos suficientes que permitieran que los dos se quedaran juntos, porque ellos tenían muchos animales. Por eso, los hombres que cuidaban de los animales de Abram discutían con los que cuidaban de los animales de Lot. En la pelea de los pastores de Abram con los de Lot, Abram dejó a Lot escoger la tierra que sería de él. Abram dijo a Lot: “Vamos a separarnos. Escoge ahora. Si fueres para la izquierda, yo iré para la derecha; si fueres para la derecha, yo iré para la izquierda”.

            Lot miró alrededor y vio que el valle del Jordán tenía bastante agua. Lot se quedó con el mejor terreno y dejó a Abram con lo que no servía mucho. Lot se fue para la llanura regada y fértil, mientras que Abram se quedó en las regiones montañosas y menos fértiles (13:1-13).

            Después que Lot se separó de él, el Señor Dios vino luego al encuentro de Abram para asegurarle que toda la tierra de la promesa le pertenecería a él y a su descendencia. Dios dijo a Abram: “Mira bien desde donde estás. Te daré a ti y a tus descendientes, para siempre, toda la tierra que estás viendo. Haré que tus descendientes sean tantos como el polvo de la tierra”.

            Abram construyó un altar para Dios (13:14-18).

Lot fue armando sus tiendas hasta Sodoma (13:12). En una batalla, Sodoma fue derrotada y Lot y los habitantes de la ciudad fueron capturados. Los vencedores tomaron todos los bienes de Sodoma y Gomorra y todos sus alimentos y se fueron. Cuando Abram supo que su sobrino había sido llevado prisionero, inició una persecución. En un ataque nocturno bien planeado, con un pequeño grupo de trescientos y dieciocho soldados, Abram rescató a Lot y a los otros prisioneros y recuperó todos los bienes llevados de Sodoma (14:16).

Después de la batalla donde libertó a los ciudadanos de Sodoma, incluyendo a su sobrino Lot, Abram se encontró con Melquisedec, Rey de Salén. También se encontró con el rey de Sodoma, la ciudad de los grandes pecadores. Delante de Melquisedec, Abram recibió una bendición y le dio a él la décima parte de todo lo que había traído de la batalla. El rey de Sodoma ofreció a Abram todos los bienes recuperados en la batalla. Abram rechazó los presentes, diciendo: “Desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de lo que te pertenece, para que no digas: Yo enriquecí a Abraham” (14:17-24).

Dios hace Alianzas con Abram

Después de esos acontecimientos, en una visión, el Señor Dios apareció a Abram, diciendo: “¡No temas, Abram! Yo soy tu escudo; tu recompensa será muy grande”.

Abram respondió: “Mi Señor, continuo sin hijo. Dame un hijo”.

Dios dijo a Abram: “Mira para el cielo y cuenta las estrellas, si es que puedes. Pues bien, será ese el número de tus descendientes”. Dios renovó la promesa de dar la tierra de Canaán a sus descendientes. Abram puso su confianza en el Señor y por eso recibió la aprobación de Dios.

Cuando empezó a anochecer, Abram cayó en profundo sueño. De repente quedó con miedo y el pavor se apoderó de él. Entonces dijo Dios: “Sabe, con certeza, que tus descendientes vivirán en un país extranjero; allí serán esclavos y serán maltratados durante cuatrocientos años. Pero yo castigaré a la nación que los esclavizar. Y tus descendientes, Abram, saldrán libres, llevando muchas riquezas. Después de cuatro generaciones, tus descendientes volverán para acá”.

En esa misma ocasión, Dios hizo una alianza con Abram. Él dijo: “Prometo dar a tus descendientes esta tierra, desde la frontera con el Egipto hasta el río Eufrates (15: 1-21).

A Abram le faltó fe para esperar que Dios diera a él y a Sarai un hijo, por ya ser los dos de edad avanzada. Sarai vino con una solución para ayudar a Dios. Ella daría a Abram su sierva Agar, y reconocería como suyos los hijos nacidos de esa unión. Abram oyó la voz de Sarai, tuvo relaciones con Agar, y ella concibió. Cuando descubrió que había concebido, Agar comenzó a mirar con desprecio para Sarai.

Sarai dijo a Abram: “Por tu culpa Agar me está despreciando. Yo misma la entregué en tus brazos; y, ahora que sabe que concibió, ella queda tratándome con desprecio. Que Dios juzgue quién es el culpado, si soy yo o eres tú”.

Abram respondió: “Está bien. Agar es tu sierva, tú mandas en ella. Haz con ella lo que quieras”.

Sarai maltrató a Agar y ella huyó. El Ángel de Dios la encontró en el desierto y le preguntó: “Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes y para dónde vas?”.

Agar respondió: “Estoy huyendo de mi dueña”.

El Ángel dio la siguiente orden: “Vuelve para tu dueña y obedécela en todo”. El Ángel prometió: “Estás encinta y tendrás un hijo. Le pondrás el nombre de Ismael, pues Dios escuchó tu grito de aflicción. Ese hijo será como un potro salvaje; Él luchará contra todos, y todos lucharán contra él. Él vivirá lejos de todos sus parientes”.

Agar dio un hijo a Abram y él le puso al niño el nombre de Ismael. Abram tenía ochenta y seis años cuando Ismael nació (16:1-16).

Dios volvió a hablar con Abram cuando él estaba con noventa y nueve años. Dios hizo una nueva alianza con Abram y le cambió el nombre de Abram para Abraham. Prometió que haría Abraham padre de una multitud de naciones y que reyes saldrían de él. Dios cambió el nombre de Sarai para Sara. La alianza fue sellada con la circuncisión, un rito exterior a ser practicado en todos los descendientes de Abraham. Dios nuevamente prometió que daría a Abraham y a Sara un hijo. Dios prometió que Sara sería madre de naciones y que habría reyes entre sus descendientes; prometió que establecería su alianza con el hijo de Abraham y Sara y que ella daría a luz al año siguiente. Cuando terminó de hablar con Abraham, Dios subió y lo dejó.

Entonces Abraham, su hijo Ismael y todos los hombres de su casa, hijos de la casa o comprados por dinero, fueron circuncidados con él (17:1-23).

Dios apareció otra vez a Abraham. Era la hora más calurosa del día y Abraham estaba sentado a la entrada de la tienda. Él miró para arriba y vio tres hombres en pie delante de él. Cuando los vio, corrió a su encuentro, se puso con el rostro en tierra y dijo: “Señores, si merezco su atención, no pasen por mi humilde casa sin hacer una visita. Voy a mandar que traigan agua para que se laven los pies y un poco de comida. Así, ustedes tendrán fuerzas para seguir su viaje. Ustedes me honraron con su visita, por lo tanto, dejen que yo los sirva”.

Ellos respondieron: “Está bien, nosotros aceptamos”.

Debajo de un árbol, Abraham mismo les sirvió la comida.

Los visitantes preguntaron a Abraham: “¿Dónde está Sara, tu mujer? “.

Abraham respondió: “Está en la tienda”.

Uno de ellos dijo: “El año que viene yo vendré a visitarte otra vez. Y, en esa época Sara, tu mujer, tendrá un hijo”.

Sara estaba atrás de la entrada de la tienda, escuchando la conversación. Abraham y Sara eran muy viejos y Sara ya había pasado de la edad de tener hijos. Ella se rio y pensó: “¿Cómo podré tener placer sexual ahora que yo y mi señor estamos viejos?”.

Dios preguntó a Abraham: “¿Por qué Sara se rio? ¿Por qué dijo que está demasiado vieja para tener un hijo? ¿Será que hay alguna cosa imposible para Dios? Pues, como yo dije, el año que viene vendré a visitarte otra vez. Y, en esa época, Sara tendrá un hijo”.

Sara quedó con miedo y quiso negar: “¡Yo no estaba riéndome!”

Dios respondió: “No es verdad; te estabas riendo sí” (18:1-15).

Destrucción de Sodoma

Los visitantes, junto con Abraham, se levantaron y fueron a un lugar de donde podían ver la ciudad de Sodoma. Hacía mucho tiempo que Dios estaba descontento con las ciudades de Sodoma y Gomorra. Entonces Dios se dijo para sí mismo: “No voy a esconder de Abraham lo que pretendo hacer. Sus descendientes serán una nación grande y poderosa. Por medio de él bendeciré todas las naciones de la tierra”. Entonces Dios dijo a Abraham: “Hay terribles acusaciones contra Sodoma y Gomorra, y el pecado de sus habitantes es muy grave. Necesito bajar hasta allá y ver si las acusaciones que he oído son verdaderas o no”.

Entonces dos de los visitantes salieron, yendo en dirección de Sodoma; pero Abraham se quedó allí con Dios.

Abraham preguntó: “¿Será que vas a destruir a los buenos junto con los malos? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. No es posible que mates a los buenos junto con los malos, como si todos hubieran cometido los mismos pecados. Tú eres el juez del mundo entero y por eso, ¿no actuarás con justicia?

Dios respondió: “Si yo encuentro cincuenta justos en Sodoma, perdonaré la ciudad entera por causa de ellos”.

Abraham volvió a decir: “Puede suceder que haya apenas cuarenta y cinco justos. ¿Destruirás la ciudad por causa de esa diferencia de cinco?”.

Dios respondió: “Si yo encuentro cuarenta y cinco, no destruiré la ciudad”.

Abraham continuó: “¿Y si hay solamente cuarenta justos?”

Respondió Dios: “Por amor de esos cuarenta, no destruiré la ciudad”.

Abraham dijo: “No te irrites conmigo, Señor. ¿Y si hay solamente treinta?”

Dios contestó: “Si hay solamente treinta, yo perdonaré la ciudad”.

Abraham insistió: “Estoy siendo osado, pero perdóname, Señor. ¿Y si hay solamente veinte?”

Dios respondió: “Por amor a esos veinte, no destruiré la ciudad”.

Abraham dijo: “No te enfades, Señor, pues esta es la última vez que voy a hablar. ¿Y si hay solamente diez?”

Respondió Dios: “Por causa de esos diez, no destruiré la ciudad”.

Cuando Dios terminó de hablar con Abraham, se retiró y Abraham volvió para casa (18:16-33).

En Sodoma, los ángeles encontraron a los hombres de la ciudad queriendo abusar sexualmente de otros hombres. Dios no encontró los diez justos en la ciudad de Sodoma.

Estaba anocheciendo cuando los dos ángeles llegaron a Sodoma. Lot estaba sentado cerca del portón de entrada de la ciudad. Cuando vio a los ángeles se levantó y los invitó a hospedarse en su casa. Lot insistió tanto, que ellos aceptaron y fueron con él para su casa. Lot mandó preparar una buena cena y los visitantes entonces cenaron.

Pero, antes que ellos se fueran a dormir, todos los hombres de Sodoma rodearon la casa. Ellos llamaron a Lot y le preguntaron: “¿Dónde están los hombres que entraron en tu casa esta noche? Tráelos aquí afuera para nosotros, porque queremos tener relaciones con ellos”.

Lot salió para hablar con los hombres y les dijo: “Por favor, mis amigos, ¡no cometan ese crimen! Presten atención: tengo dos hijas que todavía son vírgenes. Voy a traerlas aquí afuera para ustedes. Hagan con ellas lo que quieran. Pero, no hagan nada con esos hombres, porque son mis huéspedes y tengo el deber de protegerlos”.

Pero los hombres de la ciudad respondieron: “¡Sale de ahí!” Y decían entre sí: “¡Este hombre es extranjero y quiere mandar en nosotros!”

Los hombres de Sodoma se arrojaron contra Lot y llegaron cerca de la puerta para derribarla. Sin embargo, los ángeles visitantes tomaron a Lot y lo metieron para dentro de la casa y cerraron la puerta. Luego, hicieron que los hombres que estaban fuera de la casa quedaran ciegos, y así, no pudieron encontrar la puerta.

Entonces dijeron a Lot: “Toma a tus hijos, a tus hijas, tus yernos y otros parientes que tengas en la ciudad y sácalos a todos de aquí. Vamos a destruir este lugar. Dios ha oído las terribles acusaciones que hay contra esta gente y por eso nos mandó para destruir Sodoma”.

Lot fue a hablar con sus futuros yernos que estaban para casarse con sus hijas: “¡Prepárense rápido y salgan de aquí, porque Dios va a destruir la ciudad!”.

Pero sus futuros yernos pensaron que él se burlaba de ellos (19:1-14).

Lot, su esposa y las dos hijas escaparon de Sodoma. Cuando estaban huyendo, la esposa de Lot miró para atrás y se convirtió en una estatua de sal. Dios hizo llover azufre y fuego de los cielos sobre Sodoma. Cuando Dios destruyó la ciudad, Él se acordó de Abraham y retiró a Lot con las dos hijas de la catástrofe. Sodoma fue destruida como consecuencia del juicio divino (19:15-29).

Lot tuvo miedo de quedarse viviendo en una ciudad de la llanura y por eso fue para las montañas, junto con sus dos hijas. Allí, los tres vivían en una cueva. Cierto día, la hija mayor dijo a la menor: “Nuestro padre ya está quedando viejo y no hay ningún otro hombre en esta región. De esta forma, no podemos casarnos y tener hijos. Vamos a dar vino a nuestro padre hasta que se embriague. Entonces, nos acostaremos con él y así tendremos hijos de él”.

Esa misma noche, ellas dieron vino a su padre y la hija mayor tuvo relaciones con él. Pero él estaba tan embriagado que no notó nada. Al día siguiente, la hija mayor dijo a su hermana: “Yo dormí anoche con nuestro padre. Vamos a embriagarlo de nuevo hoy a la noche y tú vas a dormir con él”. Esa noche volvieron a dar vino al padre y la hija menor tuvo relaciones con él. De nuevo él estaba tan embriagado que no notó nada.

Así, las dos hijas de Lot concibieron de su propio padre. La mayor le puso Moab a su hijo. La menor, puso a su hijo el nombre de Ben-ammi (19:30-38).

 

Abraham y su Hijo Isaac

 

Dios cumplió su promesa y dio a Abraham y Sara el hijo Isaac, en el tiempo que había marcado. Abraham tenía cien años cuando nació su hijo Isaac (21:1-2).

En la fiesta que celebraba el desmame de Isaac, Ismael, hijo de la esclava Agar, se burló del niño Isaac (21:8-9).

Sara insistió con Abraham: “Echa fuera a esa esclava y al hijo de ella, para que el hijo de esa esclava no sea heredero junto con Isaac, mi hijo”.

Abraham quedó muy preocupado con eso, pues Ismael también era su hijo. Pero, Dios le dijo: “Abraham, no te preocupes con el niño ni con la sierva. Haz todo lo que Sara te diga, porque tendrás descendientes por medio de Isaac. El hijo de la esclava es tu hijo también y por eso haré que los descendientes de él sean una gran nación”. Al día siguiente, Abraham se levantó de madrugada y dio a Agar pan y un odre de agua y la mandó que ella y su hijo se fueran de ahí.

Agar se fue caminando sin dirección por el desierto de Beerseba. Cuando se acabó el agua del odre, dejó al niño debajo de un arbusto y fue a sentarse a unos cien metros de allí. Pensó: “No soporto ver morir a mi hijo”.

Dios escuchó el llanto del niño y el Ángel de Dios llamó a Agar y le dijo: “¿Por qué estás preocupada, Agar? Dios oyó el llanto del niño del lugar donde él está. Levanta al niño y tómalo de la mano. Yo haré de sus descendientes una gran nación”.

Dios abrió los ojos de Agar y ella vio un pozo. Ella llenó el odre de agua y dio a Ismael para que bebiera. Protegido por Dios, el niño creció y se convirtió en un buen tirador de arco (21:11-21).

Años después, Dios probó a Abraham, exigiendo que él ofreciera a su hijo Isaac en holocausto. Dijo Dios: “Toma ahora a Isaac, tu hijo a quien tanto amas, y anda hasta la montaña que yo te voy a mostrar, y quema a tu hijo como sacrificio”. Abraham salió con Isaac teniendo seguridad que tanto Isaac como él, volverían (22:5) del sacrificio, confiado en la promesa “por medio de Isaac será llamada tu descendencia” (21:2). Abraham se levantó temprano, ensilló su jumento y llevó con él dos de sus siervos y a su hijo Isaac. Él cortó leña para el holocausto y partió caminando para el lugar que Dios había indicado. Al tercer día, Abraham, levantando los ojos, vio de lejos el lugar. Dijo entonces a sus siervos: “Quédense aquí con el jumento. Yo y el niño iremos hasta allá, adoraremos y volveremos junto a ustedes”. Abraham esperaba que Isaac resucitara. Él creyó que aunque matara a Isaac en obediencia a Dios, Dios lo resucitaría de entre los muertos (He 11:17-19).

Abraham tomó la leña para el sacrificio y la puso en los hombros de Isaac. Tomó un cuchillo y el fuego y los dos fueron andando juntos.

El niño Isaac preguntó a su padre: “Nosotros tenemos la leña y el fuego pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?”

Abraham respondió: “Dios se proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío”, y se fueron los dos juntos.

Abraham hizo un altar y arregló la leña encima de él. Después amarró a Isaac y lo colocó en el altar, encima de la leña. Cuando Abraham levantó el cuchillo para matar a su hijo, el Ángel de Dios intervino clamando: “¡No machuques al niño ni le hagas ningún mal! Ahora sé que temes a Dios, pues no me negaste a tu hijo, ¡tu único hijo! (22:1-12).

Abraham miró alrededor y vio un carnero trabado por los cuernos en un zarzal. Dios hizo que el carnero quedase trabado por los cuernos entre los arbustos. Si hubiera quedado preso por cualquier otra parte del cuerpo, él se habría herido tratando de salirse. Dios solamente aceptaría un animal sano y fuerte como sacrificio. Abraham fue a buscar el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó al lugar de “El Señor proveerá”. Dios proveyó el cordero para morir en lugar de Isaac (22:13-14).

Dios prometió a Abraham: “Juro que te bendeciré ricamente. Haré que tus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo y los granos de la arena en la playa. Todas las naciones del mundo serán benditas por medio de tus descendientes, pues hiciste lo que yo te mandé” (22:15-18).

 Sara vivió ciento veintisiete años y murió. Abraham compró un campo con una gruta para ser el cementerio de la familia donde Sara y los otros patriarcas serían enterrados (23:1-20).

Un día, Abraham llamó a su empleado más antiguo y lo mandó que fuera donde vivían sus parientes para que escogiera una esposa para Isaac. El empleado tomó camellos y un montón de regalos y fue a la ciudad donde Naor había vivido, en Mesopotamia. Cuando llegó, ya era de tardecita, la hora en que las mujeres venían a buscar agua. Ahí, él oró de la siguiente manera: “Oh, Señor, Dios de mi patrón Abraham, yo estoy aquí cerca del pozo donde las jóvenes de la ciudad vienen para buscar agua. Voy a decir a una de ellas: “Por favor, baje su cántaro para que yo beba un poco de agua. Si ella dice: Beba y yo voy a dar también agua para sus camellos, que sea esa la joven que escogiste para tu siervo Isaac”.

Él todavía no había terminado la oración cuando vino Rebeca. Ella era hija de Betuel, que era hijo del hermano de Abraham. Rebeca era una joven linda y todavía era virgen. Entonces, el empleado de Abraham fue corriendo para encontrarse con ella y le dijo: “Por favor, deje que yo beba un poco de agua de su cántaro”.

Rebeca respondió: “Usted puede beber”. Después de darle de beber, Rebeca dijo: “Voy a sacar agua para sus camellos también”.

El hombre tomó un pendiente de oro y lo colocó en la nariz de ella y también le dio dos pulseras de oro. A seguir, le preguntó: “Por favor, diga quién es su padre. ¿Será que en su casa hay lugar para que mis hombres y yo pasemos allí la noche?”.

Ella respondió: “Yo soy hija de Betuel, hijo de Milca y de Naor. En nuestra casa hay lugar para dormir y también hay bastante paja y pasto para los camellos”.

El siervo de Abraham se arrodilló, adoró a Dios y dijo: “¡Bendito sea el Dios de Abraham, mi patrón! Pues fue fiel y bondadoso con él, guiándome directamente a la casa de sus parientes”.

Rebeca fue corriendo para la casa de su madre y le contó todo lo que había pasado. Rebeca tenía un hermano llamado Labán, el cual vio el pendiente en la nariz de la hermana y las pulseras en sus brazos. Labán salió corriendo y fue a buscar al empleado de Abraham y le dijo: “Venga conmigo, ya preparé la casa y también el lugar para los camellos”.

La familia de Rebeca concordó que ella fuera la esposa de Isaac. Labán y Betuel respondieron: “Todo eso viene del Señor y por eso no podemos decir nada, ni a favor ni en contra. Aquí está Rebeca, llévela con usted”.

Cuando el empleado de Abraham oyó esas palabras, se arrodilló, puso su rostro en el suelo y adoró a Dios. Después, tomó varios objetos de plata y de oro y vestidos y los dio a Rebeca. También dio regalos caros al hermano y a la madre de ella.

Entonces, Rebeca y sus empleadas se prepararon, montaron los camellos y siguieron al empleado de Abraham.

Entonces Isaac llevó a Rebeca para la tienda donde Sara, su madre, había vivido y ella se transformó en su mujer. Isaac amó a Rebeca (24:3-67).

Abraham murió con 175 años y fue enterrado junto con Sara (25:7-11).

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

  1. La promesa: “Por medio de ti, todos los pueblos del mundo serán benditos”, dice que el Mesías, Jesucristo, habría de descender de la familia de Abraham (12:3). Esta es la segunda referencia hecha al Mesías. La primera fue en Gn 3:15.
  2. Dios es el Señor que tiene el derecho de mandar en el hombre. Él tuvo el derecho de mandar a Abram salir de su tierra (12:1).
  3. Dios se comunica con los seres humanos. Él habló directamente con Abram y le dijo lo que debería hacer (12:1-4). Hoy también Dios habla, de varias maneras, principalmente por medio de Su libro, la Biblia.
  4.  El destino del hombre depende de la fe probada por los actos de fe. Rompiendo con todos sus vínculos terrenos, Abram partió, con su mujer estéril (11:30), para una tierra desconocida (12:1) porque Dios lo llamó y le prometió una posteridad (12:1-4). El acto de fe fue probado por la demora de Dios en cumplir su promesa, fue reforzado cuando hubo renovación de la promesa (15:5-6) y fue sometido a prueba cuando Dios exigió la vida de Isaac, fruto de esa promesa (22).  La existencia y el futuro del pueblo escogido dependieron de ese acto absoluto de fe (He 11:8-9).
  5. Quien tiene fe en Dios será probado por las circunstancias de la vida. En la prueba, es aprobado quien tiene fe en las promesas de Dios y demuestra tal fe haciendo Su voluntad. Es reprobado quien muestra que no tiene fe, porque no obedece a Dios. La vida de Abraham fue un ejemplo de eso.
  6. El creyente es llamado para una tarea difícil y Dios promete que él será bendito y que él mismo será una bendición. Quien desea ser una bendición y ser bendecido, tiene que aceptar las tareas difíciles. Dios llamó a Abram para cortar todos sus lazos y partir para una tierra desconocida y prometió bendecirlo y hacerlo una bendición (12:1-4).
  7. Quien obedece a Dios apenas parcialmente, va a sufrir las consecuencias de su desobediencia. La obediencia de Abram fue parcial cuando él, al dejar a su familia, llevó con él a su sobrino Lot (12:4). Lot siempre trajo problemas para Abram: hubo la pelea entre los pastores de Lot y de Abram (13:1-14); Abram tuvo que rescatar a Lot después que Sodoma fue conquistada (14:1-16); Abram quedó preocupado con Lot cuando supo de la destrucción de Sodoma donde vivía (18:23-33).
  8. Dios permite acontecimientos difíciles para probar la sinceridad y la confianza de sus siervos. El tiempo de hambre probó la fe de Abram. Sin consultar a Dios, él se fue, por su propia iniciativa, a Egipto (12:10).
  9. Cuando el creyente deja de confiar en Dios y se vuelve para sus propios recursos, los resultados son perjudiciales. En un período de hambre, Abram fue para Egipto y mintió con una media-verdad, diciendo que Sara era su hermana (12:10-20).
  10. El siervo de Dios, contrariando la voluntad Divina, podrá transformarse en un verdadero tropiezo para los que no pertenecen al pueblo de Dios. En el tiempo de hambre, Abram fue a Egipto y dijo que Sarai era su hermana y ella fue llevada para la casa del Faraón. Esto trajo castigo para el rey de Egipto (12:15-20).
  11. La persona puede ser rica y sierva de Dios. Abram era muy rico (13:2). El rico puede ser siervo de Dios cuando sus riquezas son adquiridas por medios lícitos y él las reconoce como pertenecientes al propio Dios, de modo que venga de Él la orientación cuanto al uso que pueda hacer de ellas.
  12. Melquisedec (14:18-21) es considerado por el Nuevo Testamento como siendo un tipo de Cristo. (Vea He 7). Él era semejante a Cristo en:

1ª Era rey y sacerdote tal como Jesús.

2ª No hay registro de sus antepasados, ni de su descendencia, a semejanza de Cristo, el Hijo Eterno de Dios.

3ª Era superior a Abram, siendo que Abram dio a él el diezmo, y él, el superior, bendijo a Abraham.

  1. El hombre que tiene fe en Dios es considerado justo por Dios. Abram creyó en Dios y esto le fue llevado en cuenta de justicia (15:6). La fe de Abraham fue la confianza en una promesa humanamente irrealizable, la cual decía que él, con avanzada edad, tendría un hijo.
  2. La salvación es ofrecida a los hombres con base en la fe. Abram creyó y eso le fue considerado para justicia (15:6). Los hombres del Antiguo Testamento miraban para Cristo y eran salvos mediante Su muerte propiciatoria. Los hombres de hoy miran para aquella muerte vicaria y reciben los beneficios de ella mediante la fe. (Vea Ro 4:18-24).
  3. Fe y obras andan de la mano. La fe de Abram fue la confianza en una promesa humanamente irrealizable y Dios le reconoció el mérito de ese acto (15:6). Pablo usó ese texto para probar que la justificación depende de la fe y no de las obras de la Ley (Ro 4:3; Gá 3:6). Sin embargo, la fe de Abram guio su conducta, es principio de acción. Entonces, Santiago invocó el mismo texto para condenar la fe “muerta, sin las obras de la fe” (Stg 2:23).
  4. El siervo de Dios debe practicar la hospitalidad. La hospitalidad ofrecida por Abraham (18:15) fue base para la orden que encontramos en el Nuevo Testamento: “... algunos, siendo hospitaleros, sin saberlo, hospedaron ángeles” (He13:2).
  5. Dios es omnisciente. Él sabía todo lo que las personas de Sodoma hacían (18:20) y sabe lo que todas hacen hoy
  6. Dios es juez. Él puede ser paciente con los pecadores, pero cuando decide castigar, nadie puede impedirlo. Sodoma fue un ejemplo de eso (19:23-29). Dios aplicaba su gracia. Fue longánimo, esperó, insistió, exhortó, amenazó y retardó la destrucción determinada, de modo que algunos pudieran llegar a salvarse. Pero, hubo la certeza del juicio divino.
  7. El hombre que tiene estrechas relaciones con Dios es un intercesor poderoso. Las oraciones de Abraham en favor de Sodoma habrían salvado la ciudad, si se encontraran apenas diez personas justas en ella (18:23-32).
  8. Un buen inicio no es ninguna garantía de un buen fin. Lot contó con las mismas ventajas de Abraham; sin embargo, el deseo de una vida fácil, con las riquezas de este mundo, le fueron de más valor que las riquezas espirituales (13:10-13).
  9. Sin embargo, la persona que conoce a Dios pero prefiere la vida fácil y un clima de pecado, pagará un alto precio. Lot prefirió la vida fácil y un clima de pecado (13:10-13) Él fue cruelmente castigado por eso cuando sus parientes no creyeron en su palabra (19:14), cuando perdió a la esposa (19:26) y todo lo que tenía en Sodoma.
  10. El creyente semejante a Lot, que cree y confía en Dios, pero toma decisiones basadas en la vida fácil y en la prosperidad en lugar de preguntar a Dios lo que debe hacer (13:10-13), sufre muchos de los mismos problemas de las personas que no tienen fe en Dios. Los parientes de Lot no creyeron en su palabra (19:14), él perdió la esposa, que quedó apegada a los bienes de Sodoma (19:26), y perdió todo lo que tenía cuando Dios juzgó a los pecadores de Sodoma.
  11. El creyente semejante a Lot, que se compromete con el estilo de vida del mundo actual, viviendo como cualquier otra persona, pierde credibilidad cuando quiere comunicar la Palabra de Dios. Los yernos de Lot no creyeron en él cuando los avisó de la destrucción de Sodoma (19:14).
  12. El creyente semejante a Lot, que se compromete con el estilo de vida del mundo actual, puede, al igual que él, hasta perder la influencia sobre su propia familia (19:14).
  13. El vicio de hacer sexo con personas del mismo sexo, que recibe el nombre de sodomía, por causa de la ciudad de Sodoma, es abominable a Dios (Lv 18:22; 20:13; Ro 1:27, 31-32). Los hombres de Sodoma desearon abusar sexualmente de los ángeles que visitaron Sodoma bajo la forma de hombres (19:4-9).
  14. El pecador es salvo del castigo divino gracias a la misericordia de Dios. Lot y su familia fueron salvos exclusivamente gracias a la misericordia de Dios (19:14). La salvación eterna se basa en el mismo principio (Ef 2:8-9).
  15. Bebida alcohólica puede resultar en mal. Lot perdió la conciencia y cometió incesto (Gn 19:32-35). Los efectos de la bebida, según la Biblia, son fatales: Noé se embriagó y, sin pudor alguno, quedó desnudo (9:20-21); Lot perdió la conciencia y cometió incesto (Gn 19:32-35); Amnón murió víctima de su vicio. Embriagado, no podía oponer resistencia a la altura (2 S 13:28-29); Belsasar perdió la sobriedad, el reino y la vida (Dn 5:1-30).
  16. Los esfuerzos del hombre en relación con la religión son incompatibles con la acción del Espíritu. El Nuevo Testamento compara el hijo de Agar, nacido “según la carne”, a los esfuerzos del hombre cuanto a la religión (Gá 4:22-23), siempre incompatibles con la acción del Espíritu (Gá 4:29-30).
  17. Dios es omnipotente. Él fue capaz de dar un hijo a Abraham y a Sara, a pesar de ellos ya estar con edad avanzada (18:14; 21:1-2).
  18. Dios puede demorar el cumplimiento de sus promesas, pero Él siempre las cumple. Dios demoró, pero cumplió su promesa y dio a Abraham y Sara el hijo Isaac (21:1-2).
  19. El líder espiritual necesita ser fiel a su propia familia. Cuando Abram quedó con miedo que alguien pudiera matarlo para quedarse con su linda esposa, colocó a Sarai en una situación peligrosa (12:10-20). Cuando Agar se quedó con el hijo de Abram y Sarai quedó con celos, Abram fue rápido en lavarse las manos cuanto a los resultados y débil para exigir justicia en su propio hogar (16:1-6; 21:9-21).
  20. El comportamiento de Agar es un ejemplo del sufrimiento de alguien rechazado por el cónyuge. Ella fue rechazada por Abraham y echada de la casa (21:9-21). Sintió ira, depresión y soledad (21:16).

Ella recibió socorro de dos fuentes:

1ª Ella clamó a Dios. Haciendo esto, Dios le abrió los ojos y ella vio un pozo. Rechazo provoca ira, que provoca depresión, porque la persona tiene ojos solamente para sí misma y no ve lo que es obvio. Mirando para Dios, ella pudo ver el “pozo” que estaba cerca.

2ª La responsabilidad para con el hijo la ayudó en la recuperación. La vida no termina cuando alguien es rechazado, y, de igual modo, las responsabilidades no se van. El rechazo de un hombre no retiró de Agar los recursos dados por Dios para sobrevivir y recuperar la vida.

  1. Las pruebas que vienen de Dios sirven para fortalecer la fe. Dios puso Abraham a prueba para fortalecerlo en la fe y no para llevarlo a hacer el mal (22:1). Vea Santiago 1:12-15. La prueba, en lugar de destruir a Abraham lo trajo a la cumbre de su vida, porque siguió a Dios.
  2. Dios proveyó el sacrificio perfecto para sustituir el hombre pecador. Proveyó un carnero para el lugar de Isaac (22:13). Dios hizo que el carnero quedara trabado por los cuernos entre los arbustos. Si hubiera quedado trabado por cualquier otra parte del cuerpo, él se habría herido tratando de salir. Dios aceptaría solamente un animal sano y fuerte como sacrificio. El carnero murió en lugar de Isaac. Abraham llamó al lugar donde Dios dio el carnero para morir en lugar de Isaac “El Señor proveerá”. Dios proveyó el carnero para morir en lugar de Isaac. El cordero que sustituyó a Isaac fue una ilustración de Cristo, que se ofreció en sustitución de todos los que en Él creyesen (He 10:5-10).
  3. La búsqueda de un casamiento debe empezar con la búsqueda de la voluntad de Dios en oración. El siervo de Abraham enviado para encontrar una esposa para Isaac, empezó buscando la orientación de Dios en oración (24:12-14).
  4. Recibir la respuesta a la oración es motivo para adorar a Dios. Cuando Dios respondió a la oración del siervo de Abraham y lo llevó hasta Rebeca, él se postró y adoró a Dios (24:26-27, 52).
  5. Los creyentes en Dios a veces fracasan; así como Abraham, fallan tanto con Dios como con los hombres. Pero, Dios continúa perfeccionando a Su siervo. Dios es fiel aun cuando sus siervos no lo son.

 

P R E G U N T A S

  1. ¿Qué nos enseña sobre Dios la vida de Abraham?
  2. ¿Cuáles son algunos ejemplos de Abraham haciendo lo que era cierto?
  3. ¿Cuáles son algunos errores cometidos por Abraham?
  4. ¿Qué puede usted aprender con la vida de Lot?
  5. ¿Qué aprendemos de Abraham como el siervo de Dios a quien le falta paciencia para esperar que Dios cumpla sus promesas?
  6. ¿Cuál es la lección aprendida de la vida de Abraham que es más importante para usted?
  7. ¿Qué nos enseña sobre el juicio de Dios la destrucción de Sodoma y Gomorra?
  8. ¿Cuáles fueron las pruebas enfrentadas por Abraham?
  9. ¿Qué nos enseña sobre fe la vida de Abraham?
  10. En su estado espiritual actual, usted se clasifica como:

  ¿Un habitante de la ciudad de Sodoma?

  ¿Un creyente mundano como Lot, que cree en Dios pero tiene un estilo de vida semejante al de aquellos que no conocen a Dios?

  ¿Un hombre de fe como Abraham, todavía imperfecto, a veces fallando, pero progresando en su caminada con Dios?


 

JACOB: BUSCANDO LAS BENDICIONES DIVINAS
A TRAVÉS DE LA ASTUCIA HUMANA

TEXTO: Génesis 25:24 — 37:1

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Dios prometió a Abraham que sus hijos formarían una gran nación y que les daría la tierra de Canaán. Abraham murió con 175 años (Gn 25:7), sin ver cumplidas las promesas de Dios. Ismael era el hijo de Abraham con Agar, la esclava egipcia de Sara. Pero él no era el hijo prometido por Dios y vivía separado del hermano Isaac. Isaac era el hijo prometido por Dios a Abraham y Sara. Las promesas hechas a Abraham irían a ser cumplidas en los descendientes de Isaac.

  Personaje-clave: Jacob.

  Lugares-clave: Canaán y Mesopotamia, la tierra del Oriente.

  Repeticiones-clave:

  -- Jacob aprovechándose de los otros: consiguió los derechos de hijo mayor de Esaú, a cambio de pan y guisado (25:29-34); engañó a Isaac para recibir la bendición prometida a Esaú (27:1-29); hizo que los   animales débiles quedaran para Labán y los más fuertes para él (30:25-43).

  -- Conflictos envolviendo engañado y siendo engañado:

-       Entre Isaac y Rebeca sobre el hijo preferido;

-       Entre Jacob y Esaú sobre tener los privilegios de hijo primogénito;

-       Entre Jacob y Labán;

-       Entre Raquel y Lea;

-       Entre los hijos de Labán y Jacob;

-       Entre hijos de Jacob y la ciudad de Siquem;

-       Entre José y sus hermanos;

  -- Dios apareció y habla a:

      -     Jacob (28:13-15; 31:3; 32:25-30; 35:1,10-12; 46:2-4); 

-       Labán (31:23).

  Sentimientos-clave:

  -- La predilección de Isaac por Esaú y la de Rebeca por Jacob.

  -- El egoísmo y la ambición de Jacob.

  -- El conflicto.

  -- La cobardía de Jacob.

  -- El miedo de Jacob cuando huyó de Esaú y posteriormente cuando huyó de Labán.

  -- La rabia de Esaú con Jacob.

  -- El desprecio de Labán y sus hijos por Jacob.

  -- El amor de Jacob por Raquel y la antipatía por Lea.

  -- La furia de los hijos de Jacob cuando la hermana fue deshonrada.

  Problema-inicial: Rebeca no podía tener hijos, pero Dios oyó las oraciones de Isaac y Rebeca concibió gemelos.

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

Jacob, en el Hogar de sus Padres

-- Isaac tenía 40 años cuando se casó con Rebeca (25:20).

-- Rebeca no podía tener hijos, pero Dios escuchó las oraciones de Isaac y Rebeca concibió gemelos (25:21-22)

-- Nacieron Esaú y Jacob (25:24-26).

-- Isaac amaba más a Esaú que era buen cazador. Rebeca prefería a Jacob, que se quedaba en casa (25:27-28).

-- Esaú vendió sus derechos de hijo mayor a Jacob, a cambio de pan y guisado (25:29-24).

-- Esaú se casó con dos jóvenes de Canaán, que amargaron la vida de Isaac y Rebeca (26:34-35).

-- Jacob engañó a Isaac para recibir la bendición prometida a Esaú (27:1-29).

-- Esaú quedó con odio de Jacob y pensó matarlo (27:41).

Jacob Huyendo de Esaú

-- Rebeca mandó a Jacob para la casa de Labán (27:42-46).

-- Huyendo de Esaú, en Betel, Jacob pasó la noche a la intemperie y tuvo un sueño con una escalera que iba desde la tierra hasta el cielo y con Dios dando a él y a sus descendientes la tierra de Canaán (28:10-17).

-- Jacob prometió ser siervo de Dios y entregar su diezmo para Él (28:18-22).

Jacob con Labán

-- Jacob llegó donde vivía Labán, hermano de Rebeca, el cual llevó a Jacob para su casa (29:1-14).

-- Jacob quedó enamorado de Raquel, hija de Labán y combinó trabajar para él siete años para poder casarse con ella (29:15-19).

-- Los siete años pasaron y Labán engañó a Jacob, dándole Lea, la hija mayor en casamiento. Jacob combinó trabajar otros siete años para casarse con Raquel (29:21-30).

-- Jacob tuvo hijos con Lea y con las esclavas de Lea y Raquel. Muchos años pasaron antes que tuviera un hijo con Raquel (29:31; 30:24).

-- Jacob y Labán hicieron un acuerdo. Jacob se quedaría con todas las ovejas manchadas y salpicadas de color y todas las ovejas de color oscuro, y las cabras manchadas y salpicadas de color, a cambio de cuidar de las ovejas de Labán. Jacob hizo que los animales débiles quedaran para Labán y los fuertes para él (30:25-43).

-- Los hijos de Labán dijeron: “De lo que era de nuestro padre ha adquirido toda esta riqueza”, y Labán ya no mostraba tanta amistad por Jacob como antes (31:1-2).

Jacob Huyendo de Labán

-- Jacob huyó con todo lo que le pertenecía mientras Labán estaba fuera, cortando la lana de sus ovejas. Jacob llevó sus esposas y animales. Raquel robó las imágenes de los dioses de la casa de su padre (31:3-21).

-- Labán fue atrás de Jacob y lo alcanzó siete días después (31:22-23).

-- Dios apareció en un sueño a Labán y le dijo: “No hagas nada a Jacob” (31:24).

-- Labán preguntó a Jacob por qué lo había engañado, llevándose a sus hijas sin decir nada y robando las imágenes de su casa. Jacob dejó que Labán buscara las imágenes entre sus cosas, pero no las encontró (31:25-42).

--Jacob y Labán hicieron un acuerdo de no ser enemigos (31:43-55).

-- Jacob mandó regalos para Esaú, con la intención de calmarlo (32:3-21).

-- Jacob pasó la noche solo, luchando con Dios. En la lucha, se descoyuntó el muslo de Jacob. Dios cambió el nombre de Jacob para Israel (32:22-32).

-- Esaú aceptó los animales que Jacob le dio de regalo. Jacob y Esaú se separaron sin pelear (33: 1-17).

Jacob en Canaán

-- Hamor, fue jefe de aquella región. Su hijo Siquem abusó sexualmente de Dina, la hija de Jacob. Los hijos de Jacob engañaron a los hombres de la ciudad y se vengaron matándolos (34:1-31).

-- Jacob fue a Betel y construyó un altar a Dios. Dios lo bendijo, cambió su nombre para Israel y le dijo que le daría la tierra prometida a Abraham y a Isaac, que sus descendientes serían una nación y que entre sus descendientes habría reyes (35:1-15).

-- Raquel murió cuando dio a luz a su hijo Benjamín (35:16-19).

Rubén, hijo de Jacob, tuvo relaciones con Bila, la concubina de Jacob (35:22).

-- Jacob tuvo 12 hijos: 6 con Lea, 2 con Raquel y 4 con las concubinas Bila y Zilpa (35:22-26).

-- Jacob se quedó viviendo en la tierra de Canaán (37:1).

  Situación-final: Dios bendijo a Jacob y confirmó el cambio de su nombre para Israel, dijo que le daría la tierra prometida a Abraham e Isaac, que sus descendientes serían una nación y que entre sus descendientes habría reyes. Jacob permaneció viviendo en la tierra de Canaán, donde su padre había vivido.

NARRATIVA:

Jacob, En La Casa De Sus Padres

 

            Isaac tenía 40 años cuando se casó con Rebeca, la hermana de Labán (25:20). Se pasaron veinte años sin que Rebeca pudiere concebir. Isaac oró a Dios por Rebeca. Dios oyó sus oraciones, y Rebeca concibió gemelos (25:21-22).

            El primero que nació era muy velludo y le llamaron Esaú. Él tenía privilegios dados al hijo mayor, tales como doble parte de la herencia paterna y el derecho de ejercer el sacerdocio sobre la familia, después de la muerte de su padre. El segundo gemelo nació agarrado al calcañar de Esaú con una de sus manos, y le llamaron Jacob (25:24-26).

            A Esaú le gustaba vivir en el campo y se volvió un buen cazador. Jacob, al contrario, era un hombre tranquilo, que le gustaba estar con su madre. Isaac amaba más a Esaú, porque le gustaba comer la carne de los animales que él cazaba. Rebeca prefería a Jacob (25:27-28).

            Un día, cuando Jacob estaba haciendo un guisado, Esaú llegó del campo muy cansado y exclamó: “Estoy muriéndome de hambre. Por favor, déjame comer de esa comida”.

            Jacob respondió: “Solo si me pasas los derechos de hijo primogénito.”

            Esaú dijo: “Me estoy casi muriendo; ¿qué valor tienen para mí esos derechos?” Esaú hizo un juramento solemne, cediéndole a Jacob sus derechos.

            Jacob, entonces, le dio pan y guisado. Esaú comió, bebió, se levantó y se fue. Así él demostró cuan poco valor daba a los privilegios de un hijo mayor (25:29-34).

            Cuando tenía cuarenta años, Esaú se casó con dos mujeres de Canaán, las cuales amargaron la vida de Isaac y de Rebeca (26:34-35).

            Los años pasaron e Isaac, ya viejo y ciego, llamó a Esaú y le dijo: “¡Hijo mío! Toma el arco y sus flechas, anda al campo y caza un animal. Prepara una comida sabrosa, como a mí me gusta, y tráela aquí para mí. Después de comer, yo te daré mi bendición, antes de morirme” (27:1-4).

            Rebeca, por acaso, escuchó lo que Isaac dijo a Esaú y se dio prisa para hablar con Jacob diciéndole: “Tu padre mandó que Esaú cazara un animal y preparara una comida sabrosa para él. Después de comer, él le dará su bendición, antes de morirse. Corre, hijo mío. Trae dos cabritos de los mejores. Yo voy a preparar una comida sabrosa, como a tu padre le gusta, y tú la llevarás para que él la coma. Tú irás a fingir ser Esaú y así recibirás su bendición, en lugar de tu hermano”.

            Jacob respondió a su madre: “Mi hermano es muy velludo y yo no. Si mi padre me toca, sabrá luego que yo no soy Esaú y en lugar de bendecirme, él me maldecirá por haberlo engañado.”

            La madre respondió: “En ese caso, que la maldición caiga sobre mí, hijo mío. Hace exactamente lo que yo te dije” (27:5-13).

            Jacob tomó los cabritos y su madre preparó la comida. Rebeca vistió a Jacob con las ropas de Esaú, amarrando las pieles de los cabritos en sus brazos, en las manos y alrededor de su cuello (27:14-17).

            Jacob fue hasta donde estaba su padre, llevando la comida, y dijo: “¡Papá, traigo lo que me pidió!”

            Isaac preguntó: “¿Quién eres tú, hijo mío?”

            Dijo Jacob: “Yo soy Esaú. Ya hice lo que mandaste. Come la carne del animal que cacé y después bendíceme.”

            Isaac preguntó: “¿Pero cómo fue que encontraste la caza tan rápido, hijo mío?”

            Jacob respondió: “Tu Dios me ayudó”.

            Isaac estaba medio desconfiado y le dijo: “Llega más cerca, para que yo pueda tocarte, y así certificarme que eres realmente Esaú.”

            Jacob llegó más cerca, Isaac tomó sus manos y dijo: “Tu voz es la voz de Jacob, pero las manos se parecen con las de Esaú. ¿Eres realmente mi hijo Esaú?”

            “Sí, soy”, respondió Jacob.

            Isaac comió y bebió y después dijo: “Ven aquí, hijo mío, y dame un beso.”

            Jacob se aproximó y besó a su padre. Cuando sintió el olor de la ropa de Esaú, que Jacob traía puesta, Isaac lo bendijo y dijo: “Que el Señor Dios te bendiga. Que Dios te dé el rocío del cielo; que tus campos produzcan buenas cosechas. Que naciones sean dominadas por ti, que seas respetado por los pueblos. Que seas señor de tus parientes, y que los descendientes de tu madre te tengan respeto. Malditos sean aquellos que te maldijeren, y que sean benditos los que te bendijeren” (27:18-29).

            Isaac terminó de darle la bendición y Jacob estaba saliendo, cuando llegó Esaú, viniendo de la cazada. Él hizo una comida deliciosa y se la llevó a su padre. Dijo: “Levántate, por favor, come de la caza que yo maté y después bendíceme.”

            Entonces preguntó Isaac, confundido: “¿Quién eres?”

            “Soy Esaú, tu hijo mayor”.

            Isaac quedó agitado y empezó a temblar mucho. Dijo: “Entonces ¿quién fue que trajo aquel asado? Yo le di a aquel hombre mi bendición. Y bendito quedará. Tu hermano vino, me engañó y se quedó con la bendición que era tuya”.

            Cuando Esaú escuchó eso, dio un grito lleno de amargura y dijo: “Esta es la segunda vez que él me engaña. Primero, él me tomó los derechos de hijo mayor y ahora robó la bendición que era mía.” Esaú suplicó con voz llorosa: “Mi padre, bendíceme también.”

            Isaac respondió: “No puedo, pues tu hermano ya tiene mi bendición” (27:30-40).

            Esaú pasó a odiar a Jacob y se quedó pensando: “Mi padre luego morirá. Cuando se acaben los días de luto, voy a matar a mi hermano” (27:41).

 

Jacob Huyendo De Esaú

 

            Rebeca supo del plan de Esaú y mandó que llamaran a Jacob. Ella dijo: “Esaú está planeando vengarse de ti. Por eso, hijo mío, vete ahora mismo para la casa de Labán, mi hermano, que vive en Harán. Quédate algún tiempo allá con él, hasta que pase el odio de tu hermano.” Después, Rebeca consiguió el consentimiento de Isaac y Jacob partió (27:42-46).

            Huyendo de la cólera de Esaú, al atardecer, Jacob paró para reposar, tomó una piedra como almohada, se acostó y soñó. Él vio una escalera que iba de la tierra hasta el cielo, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. En el sueño de Jacob, Dios dijo: “Yo soy el Señor, el Dios de tu abuelo Abraham y de Isaac, tu padre. Te daré, y a tus descendientes, esta tierra donde estás acostado. Tus descendientes serán tantos como el polvo de la tierra. Todas las familias del mundo serán bendecidas por intermedio de ti y de tus descendientes. Yo estaré contigo y te protegeré en todos los lugares donde estés. Haré que vuelvas a esta tierra, voy a cumplir todo lo que te prometí” (28:10-17).

            Jacob despertó y dijo: “De hecho, el Señor Dios está en este lugar, y yo no sabía de eso”. Él tomó la piedra que había usado como almohada y la puso en pie, como si fuera un marco, llamando al lugar Bet-el, o sea, “La Casa de Dios”. Él hizo a Dios la siguiente promesa: “Si fueres conmigo y me guardares en este viaje; si me dieres ropa y comida; y si yo vuelvo sano y salvo para la casa de mi padre, entonces tú, oh Señor, serás mi Dios y yo te entregaré la décima parte de todo cuanto me des” (28:18-22).

 

Jacob Con Labán

 

Jacob llegó donde vivía Labán, hermano de Rebeca, el cual acogió al sobrino en su casa (29:1-14). Jacob se quedó en la casa de su tío Labán todo un mes. Labán, entonces, dijo: “No es cierto que trabajes gratis para mí solo porque eres mi pariente. ¿Cuánto quieres ganar?”

Sucedió que Labán tenía dos hijas. La mayor se llamaba Lea, la menor, Raquel. Como Jacob estaba enamorado de Raquel, respondió: “Trabajaré siete años para ti para que me pueda casar con Raquel”.

Labán concordó (29:15-19).

Tan grande era al amor de Jacob por Raquel, que aquellos años pasaron como si fueran días. Cuando pasaron los siete años, Labán engañó a Jacob. Con el rostro cubierto por un velo, fue a Lea que Jacob encontró en la oscuridad de la habitación. Solo en la mañana siguiente Jacob descubrió que había dormido con Lea. Furioso, fue a reclamar con Labán: “Yo trabajé para quedarme con Raquel. ¿Por qué me engañaste?

Labán respondió: “Aquí no hay la costumbre de la hija menor casarse antes de la mayor. Espera hasta que se termine la semana de fiesta de casamiento. Ahí, si prometes que trabajarás para mi otros siete años, yo te daré a Raquel.”

Jacob concordó y, cuando terminó la semana de fiestas del casamiento con Lea, Labán le dio a su hija Raquel como esposa. Él también dio la esclava Zilpa a Lea y la esclava Bila a Raquel.

Jacob amaba a Raquel mucho más de lo que amaba a Lea. Sin embargo, fue Lea quien le dio cuatro hijos, mientras Raquel permanecía estéril. Por fin, Raquel gritó: “¡Dame hijos, o entonces moriré!”

Jacob quedó furioso y replicó: “¿Por acaso soy Dios, que te hizo estéril?”

Entonces Raquel dio a Jacob su esclava Bila para ser su concubina y dijo que iba a considerar los hijos de esa unión como siendo de ella. Lea también dio a él su esclava Zilpa. Jacob tuvo diez hijos con Lea y las concubinas, antes que Raquel concibiese y diera a luz a un hijo que llamaron José (29:31-30:24).

Después del nacimiento de José, Jacob dijo a Labán: “Déjame volver a mi tierra. Dame mis hijos y mis mujeres, que yo gané trabajando para ti, y me iré. Tú sabes que he trabajado y como he cuidado de tus animales. Antes que yo llegara, tenías poco, pero después, todo aumentó mucho. Dios te ha bendecido en todos los lugares por donde yo he andado. Pero ahora necesito cuidar de mi propia familia” (30:25-30).

“¿Cuánto quieres que yo te pague?”, insistió Labán.

Jacob respondió: “No quiero salario. Seguiré cuidando a tus ovejas, si concuerdas que todos los cabritos manchados que nacieren serán mi salario”.

Labán concordó.

Jacob tomó varas verdes y las descortezó, haciendo que aparecieran rayas blancas. Él ponía esas varas delante de los animales fuertes cuando ellos procreaban. Pero delante de los animales débiles Jacob no ponía las varas. Los animales que concebían delante de las varas daban crías con rayas y con manchas. Así, Jacob fue formando su propio rebaño, separándolo de los animales de Labán (30:31-43).

Labán cambió el salario de Jacob, y dijo: “Los cabritos rayados serán su salario”, ahí las crías fuertes salían todas rayadas (31:8-9).

            Los hijos de Labán dijeron: “Es gracias a nuestro padre que Jacob está quedando rico”, y el propio Labán se volvió cada vez más hostil (31:1-2).

 

Jacob Huyendo de Labán

 

Dios dijo a Jacob: “Vuelve para la tierra de tus padres, donde están tus parientes. Yo estaré contigo” (31:3).

Jacob se preparó para volver a Canaán. Cuando Labán y sus hijos estaban bien lejos, cortando la lana de sus ovejas, Jacob juntó todo lo que había conseguido con su trabajo y se dio prisa para partir. Sin que Jacob supiera, Raquel robó las imágenes de los dioses de la casa de su padre (31:3-21).

Labán supo que Jacob había huido. Él reunió a sus parientes y fue atrás de Jacob. Dios apareció en un sueño a Labán y le dijo: “No hagas nada con Jacob” (31:22-24).

Labán alcanzó a Jacob después de siete días de un viaje cansador y preguntó por qué lo había engañado, llevándose a sus hijas sin decir nada y robando las imágenes de su casa.

Jacob respondió: “Yo quedé con miedo, pues pensé que me ibas a quitar tus hijas a la fuerza. Pero, si encuentras tus imágenes con alguien aquí, esa persona será muerta.” Jacob dejó que Labán buscara sus imágenes, pero él no las encontró.

Entonces Jacob se enojó y dijo a Labán: “¿Qué fue que hice de errado? ¿Cuál fue la ley que yo quebré para que me persigas con tanta rabia? Ahora que revolviste todas mis cosas, ¿habrás encontrado algunos objetos que sean tuyos? Durante veinte años que trabajé para ti, tus ovejas y tus cabras nunca tuvieron abortos. Yo no comí un solo carnero que fuera tuyo. Los animales que las fieras mataron, yo mismo pagaba el perjuicio. Me cobrabas cualquier animal que fuera robado de día o de noche. Mi vida era así: de día el calor me castigaba, y de noche me moría de frío. Y ¡cuántas noches yo pasé sin dormir! Me quedé veinte años en tu casa. Trabajé catorce años para conseguir tus dos hijas y seis años para conseguir tus animales. Y, además, cambiaste mi salario unas diez veces” (31:25-42).

Los dos se empeñaron en una discusión vehemente. Ambos se recriminaban por el mal que habían hecho. Jacob y Labán hicieron un acuerdo de no atacar el uno al otro (31:43-55).

Jacob se preparó para enfrentar a su peor enemigo, su hermano Esaú. Mandó mensajeros a la región de Seir, a fin de encontrarse con Esaú. Los mensajeros volvieron con la terrible noticia de que Esaú ya se pusiera en marcha con cuatrocientos hombres.

Jacob tuvo mucho miedo y dividió en dos grupos la gente y los animales que estaban con él. Él pensó que si Esaú viniese y atacase un grupo, el otro podría escapar.

Después Jacob oró: “Escúchame, oh Señor, Dios de mi abuelo Abraham y de Isaac, mi padre. Tú me mandaste volver a mi tierra y a mis parientes, prometiéndome que me iría bien. Yo, tu siervo, no merezco toda la bondad y fidelidad con que me has tratado. Cuando crucé el río Jordán, yo tenía sólo una vara de pastor, y ahora estoy volviendo con estos dos grupos de personas y animales. Oh Dios, yo te pido que me salves de mi hermano Esaú. Acuérdate que prometiste que todo me sucedería bien y que mis descendientes serían como la arena de la playa” (32:3-12).

Jacob escogió, entre sus animales, seiscientos de los más perfectos y los dividió en cinco grupos para dar de regalo a Esaú. Él puso un empleado para que cuidara de cada grupo y mandó los regalos delante de él. Jacob orientó a los conductores de los animales: “Deberán mantener una buena distancia entre estos rebaños, y cada vez que uno de ustedes se encuentre con Esaú, deberá decirle que los animales son un regalo que estoy mandando para él, y que estoy siguiendo luego atrás.”

Jacob pensaba: “Voy a calmar a Esaú con los regalos que irán delante de mí. Y, cuando nos encontremos, tal vez él me perdone” (32:13-21).

Jacob pasó toda la noche solo. Ahí vino un hombre que luchó con él hasta que amaneciera el día. En la lucha, se descoyuntó el encaje del muslo de Jacob. El hombre mandó: “Suéltame, pues ya está amaneciendo.”

Jacob respondió: “No te suelto mientras no me bendigas”.

Entonces el hombre dijo: “Tu nombre no será más Jacob. Luchaste con Dios y con los hombres y venciste; por eso tu nombre será Israel.” Y allí él bendijo a Jacob.

Entonces Jacob dijo: “Yo vi a Dios cara a cara, pero todavía estoy vivo” (32:22-32).

Cuando Jacob vio que Esaú venía llegando con sus cuatrocientos hombres, dividió sus hijos en grupos que quedaron con Lea, con Raquel y con sus dos concubinas. Después Jacob pasó y quedó al frente; siete veces él se arrodilló y puso su rostro en el suelo, hasta que llegó cerca de Esaú. Contrariamente a toda su expectativa, Esaú salió corriendo a su encuentro y lo abrazó; él puso los brazos alrededor de su cuello y lo besó. Y los dos lloraron.

Jacob insistió que Esaú aceptase los animales que le había mandado de regalo. Jacob y Esaú se separaron sin pelear. Después de aquel encuentro, ambos se establecieron en regiones diferentes de Canaán y vivieron en paz (33:1-20).

 

Jacob En Canaán

 

Jacob armó su campamento en Canaán cerca de la ciudad de Siquem. Cierta vez, Dina, la hija de Jacob y Lea, fue a hacer una visita a algunas jóvenes de aquel lugar. Hamor era jefe de aquella región. Su hijo Siquem abusó sexualmente de Dina. Después él la encontró tan atrayente que se enamoró de ella y trató de hacer que ella lo amara. Dijo a su padre: “Pide esta joven en casamiento para mí.”

Los hijos de Jacob quedaron indignados y furiosos, pues Siquem había deshonrado a la hermana de ellos.

Hamor habló a Jacob y a sus hijos: “Mi hijo Siquem está enamorado de la hija de ustedes. Dejen que ella se case con él. Quedémonos parientes; nosotros nos casaremos con las hijas de ustedes, y ustedes se casarán con las nuestras”.

Los hijos de Jacob fueron falsos en la respuesta que dieron a Hamor y a su hijo Siquem. Dijeron: “Sólo podemos dejar que nuestra hermana se case con un hombre que haya sido circuncidado. Sólo podemos aceptar su propuesta, con esta condición: que todos sus hombres sean circuncidados. Ahí sí, ustedes podrán casarse con nuestras hijas, y nosotros nos casaremos con las hijas de ustedes.”

Hamor, su hijo Siquem y todos los hombres mayores de edad concordaron con la condición y fueron circuncidados. Tres días después, cuando los hombres sentían fuertes dolores, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron sus espadas entraron en la ciudad sin que nadie notara y mataron a todos los hombres. Enseguida, sacaron a Dina de la casa de Siquem y salieron. Después de la matanza, los otros hijos de Jacob robaron las cosas de valor que había en la ciudad para vengarse de la deshonra de su hermana.

Jacob dijo a Simeón y a Leví: “Ustedes me pusieron en una situación difícil. Ahora todos los moradores de estas tierras me van a odiar.”

Ellos respondieron: “Nosotros no podíamos dejar que nuestra hermana fuese tratada como una prostituta” (34:1-31).

Dios dijo a Jacob: “Anda a Bet-el y quédate viviendo allá. En Bet-el construye un altar y dedícalo a mí, el Dios que te apareció cuando tú estabas huyendo de tu hermano Esaú” (35:1). Jacob fue a Bet-el y construyó un altar a Dios. Dios lo bendijo y confirmó el cambio de su nombre para Israel. Dios le dijo: “Yo soy el Dios Todopoderoso. Ten muchos hijos y muchos descendientes. Una nación y muchos pueblos saldrán de ti, y entre tus descendientes habrá reyes. La tierra que di a Abraham e Isaac te daré también y después la daré a tus descendientes”. Dios terminó de hablar con Jacob y se fue de aquel lugar.

            Jacob tomó una piedra y la puso como señal en el lugar donde Dios había hablado con él. Él la separó para Dios, derramando vino y aceite encima. Y dio a aquel lugar el nombre de Betel (35:6-15).

Raquel murió dando a luz a su segundo hijo, que fue llamado Benjamín (35:16-19).

Jacob tuvo doce hijos: seis con Lea, dos con Raquel y cuatro con las concubinas Bila y Zilpa (35:22-26).

Jacob permaneció viviendo en la tierra de Canaán, donde su padre había vivido (37:1).

 

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA:

 

1.     Dios cumple Sus promesas, a pesar de Él no tener prisa. Dios prometió a Abraham que iba a cumplir Su alianza por medio de los hijos de Isaac (Gn 12:1-3 y 17:19). Isaac tuvo que esperar veinte años por un hijo. Él se casó con cuarenta años (25:20) y tenía 60 cuando sus hijos Esaú y Jacob nacieron (25:26).

2.     Dios escucha las oraciones de sus siervos. Isaac oró al Señor en favor de Rebeca, que no podía tener hijos. Dios oyó las oraciones de Isaac y Rebeca concibió gemelos (25:21-22).

3.     Cuando uno de los padres ama más a un hijo que a los otros, eso trae conflictos al hogar. Isaac amaba a Esaú, el cazador, el hombre del campo, mientras que Rebeca amaba a Jacob, que se quedaba en casa y cocinaba (25:27-28). Hubo conflictos graves en aquel hogar.

4.     Quien desprecia privilegios, va a perderlos. Esaú no daba ningún valor a la alianza establecida con Abraham o a los privilegios de ser el hijo primogénito. Acabó vendiendo su derecho de primogenitura por pan y guisado (25:29-34). Perdió la bendición del padre por haber sido engañado (27:1-46).

5.     La persona más interesante para los hombres puede no ser la persona más usada por Dios. En muchos aspectos, Esaú era más bonito e interesante que Jacob. Pero, él era materialista (He 12:16), y no daba valor a los privilegios espirituales.

6.     Dios puede escoger a un hombre no tan interesante y con la disciplina divina hacerlo alguien útil. En la primera etapa de su vida, Jacob era materialista y obtenía ventajas sobre los otros usando la astucia. Él tuvo ventaja sobre Esaú y Labán, pero estaba confiar en la alianza divina establecida con Abraham y confiar en las promesas divinas. Después, con la disciplina divina, Dios cambió su carácter y su nombre.

7.     Hay ciertos errores cometidos que, aunque haya arrepentimiento posterior y remordimientos, es inútil tratar de recuperar lo que se perdió. Fue inútil el remordimiento de Esaú por despreciar la bendición divina (He 12:17).

8.     Decisiones tomadas por alguien que da más valor a los placeres temporales que a los eternos,  traen perjuicios permanentes. Esaú dio más valor a un poco de comida que a su derecho de primogenitura y perdió, tanto el derecho a la primogenitura como los privilegios espirituales (25:29-34). 

9.     Los errores de los padres dan a los hijos la predisposición de imitarlos. El relato en el cual Isaac aparece tratando de hacer pasar a su esposa como si fuera su hermana, es una simple repetición de lo ocurrido en la vida de Abraham (12:13 y 20:2,13). Isaac se mostraba más predispuesto a imitar los errores de su padre que a confiar en la protección del Señor (26:2-3, 6-7).

10.  El relacionamiento más importante para una persona casada debe ser con el cónyuge. Cuando un casado da prioridad a un hijo más que a su cónyuge, eso provoca problemas de comunicación. Isaac amaba a Esaú, mientras que Rebeca amaba a Jacob y ella supo de los planes de su marido escuchando su conversación con el hijo, en vez de su marido avisarla. Ella ayudó a engañar al marido para dar ventajas a su hijo Jacob.

11.  La mujer que es sumisa al hijo en lugar de a su marido, va a sufrir la soledad. Cuando Rebeca engañó a su marido para ayudar a Jacob, Isaac quedó triste. Esaú se sintió traicionado y ella quedó sin Jacob que tuvo que huir de su casa.

12.  No es de la voluntad de Dios que una persona haga el mal esperando con eso que venga el bien. No fue de la voluntad de Dios que Jacob engañara a su padre y traicionara al hermano para recibir la bendición paterna, esperando que eso le trajera el bien (27:1-35).

13.  Quien obtiene ventajas sobre los demás por medio de la astucia, va a tener enemigos. Dos veces Jacob se aprovechó de Esaú usando la astucia: cuando le tomó el derecho de primogenitura y cuando usurpó la bendición del padre que le pertenecía. Después de estas cosas, Esaú empezó a odiar a Jacob (27:36-41).

14.  El ser humano no merece las bendiciones y privilegios que recibe de Dios. Jacob no estaba con el corazón puesto en Dios, pero, Dios estaba con su corazón inclinado para Jacob y lo bendijo. Jacob, el engañador, no mereció de Dios la bendición de Abraham, que fue transmitida a Isaac, que, por su vez, se la comunicó a él (28:1-4; 32:9-12).

15.  Dios escoge a quien Él quiere para cumplir tareas específicas. Así como Isaac había sido escogido entre dos candidatos, también Jacob, y no Esaú, fue escogido por Dios. Mediante Jacob y por medio de su descendencia, la bendición relativa al Mesías tendría que cumplirse (28:12-16).

16.  Dios es omnipresente. Él está en todos los lugares aunque el hombre no lo note. Dios estaba presente con Jacob y él no lo sabía (28:17).

17.  El pecado encuentra al pecador. El engañador será engañado. El ladrón será robado. De la misma manera como Jacob se había hecho pasar por Esaú en un momento serio, también Labán convenció a Lea en el sentido de hacerse pasar por Raquel, en un momento importante (29:21-27).

18.  La persona creyente en Dios será fuente de bendición para otras personas. Labán gozó de bendiciones por causa del amor que Dios tenía por Jacob (30:27).

19.  La paciencia divina no se agota por causa de las fallas de sus siervos. Dios esperó tantos años por Jacob, disciplinándolo, guiándolo y hasta haciendo el mejor uso posible de sus errores y pecados.

20.  El siervo de Dios puede sufrir acusaciones falsas. Labán fue bendecido gracias al amor que Dios tenía por Jacob (30:27); cuando Jacob enriqueció, fue acusado de quedar rico gracias al suegro (31:1).

21.  El siervo de Dios no es protegido por la astucia, sino por el cuidado de Dios. Dios había advertido a Labán para que no se vengara de Jacob. Entonces, no fue la astucia de Jacob, sino el cuidado de Dios que salvó su vida (31:24, 29).

22.  La verdadera oración viene de una persona que conoce la grandeza de Dios y su propia debilidad y desmerecimiento, y, de su total dependencia de Dios para la solución de sus problemas. En su oración, Jacob (32:9-12) reconoció la iniciativa divina en las manifestaciones de la gracia para con su padre y para con él mismo (32:9). Él reconoció su propio desmerecimiento y a Dios como la fuente de todo lo que es bueno y perfecto (32:10). Reconoció la necesidad de la protección de Dios (32:11). Reconoció que podía confiar en las promesas de Dios (32:12).

23.  El hombre que conoce la extensión de sus necesidades y su total impotencia, está en condiciones de conocer el poder de Dios. Solo cuando Jacob conoció el peligro en Esaú, su propia impotencia y la extensión de su necesidad, él se rindió delante de Dios de modo voluntario, corporal y espiritualmente (32:22-29).

24.   Una experiencia con Dios transforma a la persona. Jacob tuvo su nombre cambiado para Israel y fue transformado en una persona diferente (32:28). Dejó de ser el hombre que quería obtener ventajas sobre los otros por medio de la astucia, para ser alguien dependiente de los cuidados divinos. Dejó de ser el hombre aterrorizado, para tener la certeza de la gracia y del poder de Dios para enfrentar el futuro. Dejó de ser el hombre que despojó a su hermano, usando la astucia, para ser alguien que dio presentes a su hermano, buscando la paz (33:8-11).

25.  El hombre que conoce a Dios es un pacificador. Antes, Jacob obtenía ventajas de los otros, quedaba con remordimientos, pero continuaba con sus actos engañadores. Después de haberse encontrado con Dios, aun contendiendo (acusando y siendo acusado) con su suegro, hizo un pacto de paz y, después, lo mismo sucedió entre él y su hermano.

26.  El no-cumplimiento de los acuerdos es una de las características del hombre perverso. Simeón y Leví traicionaron el acuerdo que hicieron con Siquem. Eso trajo enemistades y trastornos para Jacob (34:1-31). Pablo dice que una de las marcas del hombre perverso es la perfidia (el no-cumplimiento de los pactos) (Ro 1:31).

27.  El joven de un hogar cristiano que desprecia la herencia espiritual, aceptando el estilo de vida del mundo sin Dios, sufrirá daños. El mundanismo no solo impide la bendición espiritual, como trae peligro real. Dina era descendiente de Abraham, Isaac e Israel y por eso tenía una herencia espiritual. Pero, ella salió para ver las hijas de la tierra, (34:1), que eran paganas y no conocían a Dios y participó de la vida social de ellas. Dina estaba aceptando tal estilo de vida, escogiendo una vida permisiva, que la llevó a ser deshonrada (34:1-2, 13, 27, 30-31).

 

P R E G U N T A S

 

  1. Después que Isaac y Rebeca se casaron, ¿cuántos años pasaron antes del nacimiento de sus hijos?
  2. ¿Por qué Isaac amaba más al hijo Esaú y Rebeca amaba más al hijo Jacob?
  3. ¿Cómo fue que Jacob tomó los derechos de hijo mayor de Esaú?
  4. ¿Cómo Jacob consiguió la bendición del padre, Isaac?
  5. Cuando Jacob estaba huyendo de Esaú, ¿cuál fue su sueño en Betel?
  6. ¿Qué sucedió entre Jacob y su tío Labán?
  7. ¿Cómo fue la lucha de Jacob con Dios, antes de encontrarse con Esaú?
  8. ¿Cómo fue el encuentro de Jacob con Esaú?
  9. ¿Qué ocurrió después que Dina, hija de Jacob, fue a hacer una visita a algunas amigas de Siquem?
  10. ¿Cuántos hijos tuvo Jacob?
  11. ¿Cómo fue que el nombre de Jacob fue cambiado para Israel?

 

JOSÉ: VICTORIA SOBRE SITUACIONES ADVERSAS

TEXTO: Génesis 37, 39-50

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Dios había prometido a Abraham que daría a sus descendientes la tierra de Canaán. Dios renovó la promesa con el hijo de Abraham, Isaac, y con su nieto, Jacob. Jacob tuvo su nombre cambiado para Israel. Jacob, o Israel, tuvo doce hijos. José era el undécimo.

  Personaje-clave: José.

  Lugar-clave: Egipto.

  Repeticiones-clave:

  -- José en una posición de autoridad superior a otras personas: en sus sueños (39:5-11); en la casa de Potifar (39:1-6); en la prisión (39: 20-23); gobernador de Egipto (41:37-44); los hermanos de José se postraron con el rostro en tierra delante de él (42:6).  

  -- José derrotado y después exaltado: de esclavo para administrador de la casa de Potifar (39:1-6); en la prisión, quedó encargado de los otros presos (39:22-23); salió de la prisión para ser gobernador de Egipto (41:14-44).

-- José injusticiado: por el padre que lo amaba más que a todos sus otros hijos (37:3-4); por los hermanos que lo vendieron como esclavo (37:12-36); por la esposa de Potifar que lo acusó falsamente (39:11-19); por Potifar que lo puso en la prisión (39:20-21); por el copero que se olvidó de él (40:1-23; 41:9).

-- Capa / ropa: Jacob mandó a hacer una túnica larga y con mangas largas para José (37:3-4); la esposa de Potifar agarró a José por la capa. José dejó su capa con ella y ella la usó para acusarlo falsamente (39:11-19); antes de presentarse a Faraón, José se cambió ropa. Faraón hizo que José se vistiera de ropas de lino fino (41:14, 42).

  Sentimientos-clave:

  -- La predilección de Jacob por José.

  -- La arrogancia del joven José.

  -- El odio de los hermanos por José.

  -- La esperanza aún en la oscuridad de la desesperación, es vista por el número de veces que José fue derrotado y después se recuperó.

  -- La obsesión de la esposa de Potifar de tener relaciones con José.

  -- La ira de Potifar cuando oyó las acusaciones de su esposa contra José.

  -- La perturbación de Faraón por causa de sus sueños.

  -- El coraje de José cuando dijo al Faraón que era Dios quien interpreta sueños y cuando le dio consejos.

  -- La desesperación de la familia de José por causa del hambre.

  -- La cautela de José cuando vio sus hermanos en Egipto.

  -- El miedo de Jacob de perder otro hijo.

  -- El miedo que sus hermanos sintieron cuando José, el gobernador, se reveló para ellos.

  -- El deseo de Jacob de ser enterrado en Canaán.

  Problema-inicial: Cuando tenía diecisiete años, José contaba a su padre las cosas perversas que sus hermanos mayores hacían (37:2).

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

José y sus Hermanos

-- Con 17 años, José contaba al padre las cosas erradas que sus hermanos hacían (37:2).

-- Jacob amaba a José más que a todos sus otros hijos y mandó a hacer una túnica larga y con mangas largas para él. Los otros hijos odiaban a José (37:3-4).

-- José soñó que los hermanos y sus padres se inclinaban delante de él (37:5-11).

-- José fue vendido como esclavo por los hermanos y llevado para Egipto. Los hermanos mataron un cabrito y con la sangre mancharon la túnica de José, para engañar a su padre (37:12-36).

Inicio de la Vida de José en Egipto

-- En Egipto, José fue vendido a Potifar, capitán de la guardia del rey (37:36; 39:1).

-- Dios estaba con José, lo bendijo y él quedo responsable de cuidar de todo lo que pertenecía a Potifar (39:2-6).

-- José fue tentado por la mujer de Potifar y resistió, para no pecar contra Dios (39:7-10).

-- Un día, ella lo agarró por la capa, José dejó su capa con ella y huyó. Ella usó la capa para acusarlo falsamente (39:11-19).

-- Potifar echó a José a la prisión, pero Dios estaba con él (39:20-21).

-- José quedó encargado de los otros presos (39:22-23).

-- José explicó el significado de los sueños de dos empleados del rey y las cosas sucedieron como José las había interpretado: el jefe de los coperos volvió a servir al rey y el panadero fue ahorcado (40:1-23).

José en una Alta Posición en Egipto

-- Dos años después, el rey tuvo un sueño con siete vacas gordas y después con siete flacas, que nadie podía interpretar. El copero se acordó de José, él fue llamado e interpretó los sueños del rey. El sueño reveló que habría siete años con mucho alimento y después siete años de hambre (41:1-36).

-- José quedó como gobernador de Egipto y durante los 7 años de abundancia él almacenó cereales. Testificó que fue Dios quien lo hizo crecer (41:37-52).

-- Comenzaron los siete años de hambre y José vendía cereales (41:53-57). José salvó a Egipto durante los siete años de hambre.

-- Jacob descubrió que había alimento en Egipto. Mandó a sus hijos a Egipto para comprar comida. Como gobernador de Egipto era José quien vendía cereales a las personas que venían de otras tierras. Cuando los hermanos de José llegaron, ellos se arrodillaron delante de él y pusieron su rostro en el suelo. José los reconoció, pero fingió que no los conocía y les habló duramente. Sus hermanos no reconocieron a José. José se acordó de los sueños que tuvo a su respecto (42:1-24)

-- La segunda vez que los hermanos vinieron a comprar alimentos, José les contó quien era él. Los hermanos quedaron tan asustados que no pudieron responder nada. José les habló de nuevo: “Yo soy su hermano José, aquel que ustedes vendieron para ser traído para Egipto. Fue para salvar vidas que Dios me envió delante de ustedes para que Él salvara la vida de ustedes aquí en este país y asegurara que tendrían descendientes” (45:1-8).

La Familia de José en Egipto

-- Los hermanos volvieron para Canaán y trajeron a Jacob y toda su familia para vivir en Egipto. En una visión, Dios mandó a Israel ir para Egipto (46:1-27). Fueron setenta miembros de la familia para Egipto (46:27).

-- Después de la muerte de su padre, los hermanos de José quedaron con miedo que él se vengara de ellos. José explicó: “Ustedes planearon maldad contra mí, pero Dios cambió el mal en bien, para salvar la vida de mucha gente” (50:16-20).

-- José y la familia se quedaron viviendo en Egipto después que los años de sequía pasaron (50:22).

-- Antes de morir, José expresó el deseo de que, cuando la familia volviera para el país prometido a Abraham, a Isaac y a Jacob, debería llevar su cuerpo para allá (50:24-26).

Situación-final: José y sus hermanos con sus familias, continuaron viviendo en Egipto después de la muerte de su padre. Antes de morir, José expresó el deseo de que, cuando la familia volviera para el país prometido a Abraham, a Isaac y a Jacob, debería llevar su cuerpo para allá.

 

NARRATIVA:

José Y Sus Hermanos

 

            Jacob, o Israel, tuvo doce hijos. José fue el undécimo. Cuando tenía diecisiete años, José contaba a su padre las cosas perversas que sus hermanos mayores hacían (37:2).

            Jacob ya era viejo cuando José nació y, por eso, él lo amaba más que a todos sus otros hijos. Jacob mandó hacer para José una túnica larga, de mangas largas, de varios colores. Sus hermanos vieron que su padre lo amaba más que a ellos, y lo odiaron (37:3-4).

            José soñó que estaba con la familia en el campo, amarrando atados de espigas de trigo. De repente su atado quedó en pie y los de los otros de su familia se pusieron alrededor del suyo y se curvaron delante de él. Después José soñó que el sol, la luna y once estrellas se curvaban delante de él. La interpretación del sueño era que su padre, la madre y sus hermanos se arrodillarían delante de él y pondrían el rostro en el suelo. José contó a sus hermanos el sueño, y estos lo odiaron aún más (37:5-10).

            Los hermanos de José llevaron las ovejas y las cabras de su padre para lejos de casa. Un día, Israel mandó que José fuera hasta donde sus hermanos estaban y que trajera noticias de ellos. José fue a buscar a sus hermanos. Ellos lo vieron de lejos, y antes que llegara cerca, empezaron a hacer planes para matarlo. Dijeron entre sí: “¡Está llegando el tal soñador! Vengan, nosotros lo mataremos y lo botaremos en una cisterna cualquiera, diremos que un animal feroz lo devoró. ¡Veremos lo que sucederá con sus sueños!”

            Cuando José llegó al lugar donde sus hermanos estaban, ellos le arrancaron la túnica larga y lo echaron en el pozo, que estaba vacío y seco. De repente, vieron pasando una caravana de ismaelitas que iba a Egipto. En vez de matar a José, lo vendieron como esclavo. Después, los hermanos mataron a un cabrito y con la sangre mancharon la túnica de José. Llevaron la túnica al padre. Israel la reconoció, llegó a la conclusión de que un animal salvaje había despedazado a José y quedó inconsolable (37:15-35).

 

Inicio De La Vida De José En Egipto

 

            José fue llevado para Egipto, donde fue vendido a un egipcio llamado Potifar, un oficial que era el capitán de la guardia del palacio del rey Faraón (37:36; 39:1).

            Pero el Señor era con José (39:2) en Egipto y él iba muy bien en todo. Potifar vio que Dios estaba con José y lo bendecía en todo lo que hacía, entonces, lo puso como su administrador, con la responsabilidad de cuidar de su casa y cuidar de todo lo que era suyo. Potifar entregó en las manos de José todo lo que tenía y no se preocupaba con nada, a no ser con la comida que comía. Dios bendijo la casa del egipcio, en consideración a José: la bendición de Dios alcanzó todo lo que él poseía en casa y en los campos (39:1-6).

            José era un tipo de hombre bello y simpático. La mujer de su dueño empezó a quererlo. Un día ella dijo: “Ven, vamos para mi lecho” (39:6-7).

            Él la rechazó diciendo: “Mi dueño me puso como responsable por todo lo que tiene. En esta casa yo mando tanto cuanto él. Aquí yo puedo tener lo que quiera, menos a ti, pues eres mujer de él. Siendo así, ¿cómo podría yo hacer una cosa tan inmoral y pecar contra Dios?” (39:8-10).

            Todos los días la mujer insistía que ellos fueran para su cama. José no concordaba y evitaba estar cerca de ella. Un día él entró en la casa para hacer su trabajo y ningún otro empleado estaba allí. Ella lo agarró por la capa y dijo: “Ven, vamos a la cama.” Él dejó la capa en sus manos, huyó y corrió para fuera. La mujer llamó a los empleados de la casa y dijo: “José entró en mi cuarto y quiso tener relaciones conmigo, pero yo grité lo más fuerte que pude. Luego que empecé a gritar, él huyó, dejando su capa en mi habitación.” Ella contó la misma historia al marido (39:14-19).

            Potifar quedó con mucha rabia. Agarró a José y lo puso en la cárcel, donde quedaban los presos del rey. En la prisión, Dios estaba con José y lo bendijo, de modo que él conquistó la simpatía del carcelero, que lo puso como encargado de todos los otros presos. Dios ayudó a José y lo hacía prosperar en lo que él emprendía (39:21-23).

            Faraón, el rey de Egipto, fue ofendido por dos de sus servidores, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, y mandó que fuesen puestos en la cárcel donde José estaba. Ellos quedaron mucho tiempo allí, y el capitán dio a José la tarea de cuidar de ellos. Cierta noche, allí en la cárcel, el copero y el panadero tuvieron un sueño cada uno. Cada sueño quería decir alguna cosa. José notó que estaban preocupados. Entonces preguntó: “¿por qué ustedes están con esa cara tan triste hoy”?

            Ellos respondieron: “Cada uno de nosotros tuvo un sueño, y no hay nadie que sepa explicar lo que estos sueños quieren decir”.

            José respondió: “Es Dios quién nos da la capacidad de explicar los sueños”.

            El jefe de los coperos contó su sueño: “Soñé que en mi frente había una vid que tenía tres ramas. Así que las hojas salían, aparecían flores, y éstas se volvían uvas maduras. Yo estaba sujetando la copa del rey; estrujaba las uvas en la copa y se la entregaba al rey”.

            José dijo: “La explicación es la siguiente: las tres ramas son tres días. De aquí a tres días el rey te va a mandar soltar. Vas a volver a tu trabajo y servirás vino al rey, como hacías antes. Pero, cuando estés muy bien allá, acuérdate de mí y por favor ten la bondad de hablar a mi respecto con el rey, ayudándome así a salir de esta cárcel”.

            Cuando el jefe de los panaderos vio que la explicación era buena, contó su sueño: “Soñé que estaba cargando en la cabeza tres canastos de pan. En el canasto de arriba había todo tipo de comidas asadas que los panaderos hacen para el rey. Y las aves venían y comían de esas comidas”.

            José explicó: “Tu sueño quiere decir esto: los tres canastos son tres días. De aquí a tres días el rey va a soltarte y va a mandar cortar tu cabeza. Después, tu cuerpo será colgado en un poste de madera, y las aves comerán tu carne”.

            Tres días después el rey celebró su cumpleaños, ofreciendo un banquete a todos sus funcionarios. Él mandó soltar al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos y dio orden para que viniesen al banquete. Entonces sucedió exactamente lo que José había dicho. El rey hizo que el copero volviese a su antiguo trabajo de servir vino al rey y mandó ahorcar al panadero. Pero el jefe de los coperos no se acordó de José: se olvidó completamente de él (40:1-23).

 

José En Una Posición Alta En Egipto

 

            Dos años se pasaron. Un día, Faraón soñó. Nadie podía explicar el sueño del rey. Él contó los sueños a los adivinos, pero ninguno de ellos fue capaz de explicarlos. El copero se acordó de José y habló de él al rey. El jefe de los coperos dijo a Faraón: “Llegó la hora de confesar un error que cometí. Un día, cuando quedaste con rabia de mí y del jefe de los panaderos, nos mandaste a la cárcel. Cierta noche, cada uno de nosotros tuvo un sueño, y cada sueño quería decir alguna cosa. Allá en la cárcel estaba con nosotros un joven hebreo, que era esclavo del capitán de la guarda. Contamos a ese joven nuestros sueños. Y él explicó lo que querían decir. Y todo sucedió exactamente como él había dicho.”

            Entonces Faraón mandó llamar a José, y fueron deprisa a sacarlo de la cárcel. Él se afeitó, se cambió la ropa y se presentó al rey. Faraón dijo: “Yo tuve un sueño que nadie consiguió explicar. Oí decir que tú eres capaz de explicar sueños.”

José respondió: "Eso no depende de mí. Es Dios quien va a dar una respuesta para tu bien, oh rey"(41:1-16).

            Entonces Faraón contó a José su sueño. Él estaba en la orilla del Nilo. De repente, salieron del río siete vacas bonitas y gordas que empezaron a comer el pasto de la orilla del río. Luego enseguida, salieron del río otras siete vacas, feas y flacas, que se tragaron a las bonitas y gordas. Y cuando las devoraron, no demostraban haberlas devorado, porque su apariencia permanecía tan fea como al principio. Después él tuvo otro sueño. Él vio siete espigas de trigo buenas y llenas de granos, las cuales salían de un mismo pie. Después salieron siete espigas secas y quemadas por el viento caliente del desierto y ellas tragaron a las siete espigas llenas y buenas (41:17-24).

            José recibió de Dios la interpretación: los dos sueños quieren decir una sola cosa. Las siete vacas bonitas son siete años, y las siete espigas buenas también lo son. Las siete vacas flacas y feas que salieron del río después de las bonitas y también las siete espigas secas y quemadas por el viento caliente del desierto son siete años en que va a faltar comida. José habló: "Es exactamente como yo dije: Dios te mostró, oh rey, lo que Él va a hacer. Vendrán siete años en que va a haber mucho alimento en todo Egipto. Después vendrán siete años de hambre. El hambre será tan terrible que nadie se acordará del tiempo en que hubo alimento en Egipto"(41:26-32).

            José aconsejó Faraón a escoger un hombre inteligente para dirigir el país y recoger y guardar en almacenes una parte de todas las cosechas durante los siete años buenos. Entonces podría alimentar el país durante los siete años de hambre. El consejo de José agradó a Faraón (41:33-37).

            Faraón les dijo: "No podríamos encontrar a nadie mejor para dirigir el país que José, un hombre en quién está el Espíritu de Dios". Después se volvió hacia José y dijo: "Dios te mostró todo eso, y así está claro que no hay nadie que tenga más capacidad y sabiduría que tú. Vas a quedar encargado de mi palacio, y todo mi pueblo obedecerá a tus órdenes. Sólo yo tendré más autoridad que tú.". Entonces Faraón se sacó del dedo su anillo y lo puso en el dedo de José. Enseguida mandó que lo vistiesen con ropas de lino fino y puso un collar de oro en su cuello. Así José fue puesto como gobernador de todo Egipto. Faraón le dio como esposa a Asenate, hija de un sacerdote. José tenía treinta años cuando entró para el servicio del rey de Egipto. José dejó la presencia de Faraón y recorrió todo el país de Egipto. Él dio testimonio que había sido Dios quién lo hiciera crecer en el país donde había sufrido (41:38-52).

            Durante los siete años de abundancia, la tierra produjo y José almacenó el trigo como la arena del mar, en tal cantidad que ultrapasaba toda medida (41:47-49).

            Llegaron al fin los siete años de abundancia y empezaron a venir los siete años de hambre. Había hambre en todos los países. Toda la tierra de Egipto sufrió hambre. Entonces José abrió todos los almacenes de trigo y vendió granos a los egipcios. José salvó al pueblo de Egipto de la terrible sequía (41:53-57).

            Jacob supo que había alimento en Egipto y mandó sus hijos allá para comprar comida. Los diez hermanos de José, por parte de padre, fueron. Benjamín, el hermano de José por parte de padre y madre, no fue con ellos. Jacob tenía miedo de que le sucediera alguna desgracia.

            Como gobernador de Egipto, era José quien vendía cereales a las personas que venían de otras tierras. Cuando los hermanos de José llegaron, ellos se arrodillaron delante de él y pusieron su rostro en el suelo. José reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron. Él se acordó de los sueños que había tenido a respecto de ellos. José fingió que no los conocía. Habló con voz dura: "Ustedes son espías que vinieron sólo para espiar nuestro país."

            Sus hermanos respondieron: "De ninguna manera, señor. Vinimos aquí para comprar alimentos. Somos hijos de un mismo padre. Somos doce hermanos en total. Pero uno desapareció, y el menor está en este momento con nuestro padre."

            José respondió: "La manera de probar que ustedes están diciendo la verdad es ésta: uno de ustedes quédese aquí en la cárcel, los otros vuelvan para casa, llevando los alimentos y después traigan aquí a su hermano menor."

            Los hermanos dijeron estar de acuerdo. Pero, dijeron unos a otros: "De hecho, ahora estamos sufriendo por causa de aquello que hicimos con nuestro hermano. Vimos su aflicción cuando pedía que tuviéramos pena de él, pero no nos importamos. Ahora es nuestra vez de quedarnos afligidos"(42:1-21).

            Cuando llegaron a Canaán, contaron a Jacob, su padre, todo lo que había sucedido con ellos.

            Entonces Jacob dijo: “¿Ustedes quieren que yo pierda todos mis hijos? José no está con nosotros, y Simeón tampoco está. Ahora ustedes quieren llevar a Benjamín. Mi hijo no va con ustedes. José, su hermano, está muerto, y sólo quedó Benjamín. Alguna cosa podría pasar con él en el viaje y así ustedes matarían de tristeza este viejo” (42:21-38).

            El hambre continuaba. Cuando las familias de Jacob comieron todo el alimento que trajeron de Egipto, Jacob dijo a los hijos: “Vuelvan a Egipto y compren más alimento para nosotros”.

            Judá se acordó: “Aquel hombre dejó bien claro que, si nuestro hermano no fuera con nosotros, él no nos recibiría. Si dejas que él vaya, nosotros iremos. Si no lo dejas ir, no iremos.”

            Entonces Jacob dijo: “Ya que no hay otra manera, lleven al hermano de ustedes y vayan rápidamente a encontrarse otra vez con aquel hombre.”

            Entonces los hijos de Jacob tomaron el dinero y fueron para Egipto, llevando a Benjamín. Luego que llegaron, José vio que Benjamín, su hermano por parte de padre y madre, estaba con ellos. Mandó su siervo llevarlos a su casa para almorzar. Cuando llegaron a la casa de José quedaron con miedo. José llegó a su casa, vio a Benjamín, y dijo: “¿Es ese el hermano menor de ustedes, de quién ustedes me hablaron?

            Al ver a su hermano, José quedó tan emocionado, que tuvo deseos de llorar. Entonces fue para su habitación y allí lloró. Cuando consiguió controlarse, lavó el rostro y salió. Mandó servir el almuerzo y los hermanos fueron puestos por orden de edad, desde el mayor hasta el menor. Cuando vieron eso, ellos empezaron a mirarse unos a los otros, muy admirados (43:1-34).

            José dio a su siervo la orden de llenar de alimento los sacos que sus hermanos trajeron y de poner en la boca del saco que pertenecía a Benjamín, su copa de plata. El siervo hizo todo como José había mandado. Por la mañana bien temprano los hermanos de José salieron de viaje, con sus jumentos. El siervo de José fue atrás, los alcanzó y habló: “¿Por qué ustedes pagaron el bien con el mal? ¿Por qué robaron la copa de plata de mi patrón?

            Ellos respondieron: “¡Nosotros no seríamos capaces de hacer una cosa de esas! Si encuentras la copa con alguno de nosotros, será muerto, y nosotros quedaremos tus esclavos.”

            El siervo de José respondió: “Concuerdo con ustedes, pero sólo aquel con quien esté la copa es quien será mi esclavo; los otros podrán irse.”

            Entonces ellos pusieron deprisa los sacos de alimentos en el suelo, y cada uno abrió el suyo. El siervo buscó en cada saco, empezando por el mayor hasta el menor. La copa fue encontrada en la boca del saco de Benjamín. Entonces los hermanos rajaron sus ropas en señal de tristeza, colocaron de nuevo las cargas encima de los jumentos y volvieron a la ciudad. Cuando llegaron a la casa de José, ellos se arrodillaron delante de él y pusieron el rostro en el suelo.

            Judá dijo: “Si yo vuelvo a la casa sin el joven, luego que mi padre note eso, se va a morir. La vida de él está unida con la vida del joven, y nosotros seríamos culpados de matar de tristeza a nuestro padre, que está viejo. Yo aseguré a mi padre que sería responsable por el joven. Por eso ahora yo te pido que me dejes quedarme aquí como tu esclavo en lugar del joven. Y permitas que él vuelva con sus hermanos. ¿Cómo puedo volver a la casa si el joven no fuere conmigo? Yo no quiero ver esa desgracia caer sobre mi padre” (44:1-34).

            José no pudo controlar más su emoción, de manera que gritó para sus empleados: “¡Salgan todos de aquí!”

            Entonces José dijo a sus hermanos: “Yo soy José. ¿Mi padre está vivo?”

            Los hermanos quedaron tan asustados, que no pudieron responder nada. José siguió: “Yo soy su hermano José, aquel que ustedes vendieron para ser traído para Egipto. Dios me envió adelante de ustedes para que Él salvara sus vidas aquí en este país y asegurase que tendrían descendientes. Por lo tanto, no fueron ustedes que me mandaron para acá.” José abrazó a su hermano Benjamín y empezó a llorar. Todavía llorando, José abrazó y besó a cada uno de sus hermanos. Después de eso, los hermanos empezaron a hablar con él.

            Los hermanos se despidieron, salieron de Egipto y, cuando llegaron a Canaán, dijeron a Jacob, su padre: “¡José está vivo! ¡Él es el gobernador de todo Egipto!”

            Jacob casi se desmayó y no lo podía creer. Pero, cuando le contaron todo lo que José había dicho, quedó muy animado y dijo: “Mi hijo José todavía está vivo. Quiero verlo antes que me muera” (45:1-28).

 

La Familia de Jacob en Egipto

 

            Dios dijo a Israel, en una visión nocturna: “Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de ir a Egipto, pues allí yo haré que tus descendientes sean una gran nación. Yo iré para Egipto contigo y traeré tus descendientes de vuelta para esta tierra”.

            Entonces Jacob partió para Egipto. Faraón ofreció a Israel y a su familia la mejor tierra de Egipto. Al todo fueron setenta personas de la familia de Jacob que vinieron a Egipto.

            Cuando ellos llegaron a Egipto, José mandó preparar su carro y fue para Gosén para encontrarse con su padre. Cuando se encontraron, José lo abrazó y lloró abrazado a él por mucho tiempo. Entonces Jacob dijo: “¡Ya puedo morir, ahora que ya te vi y sé que estás vivo!” (46:1-30).

            José dio, al padre y a los hermanos, tierras en la mejor región de Egipto, cerca de la ciudad de Ramesés. Esas tierras fueron propiedad de ellos, y ellos se quedaron viviendo allí. José daba alimentos a sus parientes, conforme la necesidad de cada familia (47:11-12).

Los israelitas quedaron viviendo en Egipto, en la región de Gosén. Jacob vivió diecisiete años en Egipto, llegando a la edad de ciento cuarenta y siete años. Cuando sintió que iba a morir, Jacob mandó llamar su hijo José y dijo: “Cuando me muera, saca mi cuerpo de Egipto y entiérrame en la sepultura de mis antepasados, para que yo descanse con ellos.”

José respondió: “Yo haré lo que me estás pidiendo” (47:28-31).

Después Jacob llamó a sus hijos y dijo: “Pónganse alrededor de mí, y yo les diré lo que sucederá a ustedes en el futuro.” Entonces él hizo predicciones relacionadas a las doce tribus de Israel.

Jacob dio a sus hijos la siguiente orden: “Yo estoy para morirme y reunirme con mi pueblo en el mundo de los muertos. Entiérrenme donde están enterrados mis antepasados, en la caverna del país de Canaán. Allí están enterrados Abraham y Sara, su mujer; Isaac y su mujer Rebeca; y allí yo enterré a Lea.” Cuando acabó de dar esa orden a los hijos, Jacob se acostó de nuevo en la cama y murió (49:1-33).

            José se arrojó sobre su padre llorando y besando su rostro. Él ordenó a los médicos que estaban a su servicio, que embalsamaran el cuerpo de su padre y así ellos lo hicieron. José fue a enterrar a su padre. Fueron con él las autoridades relacionadas con Faraón y todos los líderes de Egipto.

Fueron también las familias de José, de manera que el grupo era muy grande (50:1-9).

            Después de la muerte del padre, Israel, los hermanos de José estaban con miedo que él fuera a vengarse de ellos. José les dijo: “No tengan miedo; yo no puedo colocarme en el lugar de Dios. Ustedes planearon aquella maldad contra mí, pero Dios cambió el mal en bien para hacer lo que hoy estamos viendo. Es decir, salvar la vida de mucha gente” (50:20).

            José y sus hermanos, con sus familias, continuaron viviendo en Egipto después de la muerte de su padre, aunque la sequía había acabado. Ellos no volvieron a la tierra que Dios había dado a Abraham, Isaac y Jacob. José y toda su generación murieron en Egipto (50:22). Antes de morir, José expresó el deseo de que, cuando la familia volviera para el país prometido a Abraham, a Isaac y a Jacob, debería llevar su cuerpo para allá. (50:24-26).

 

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

  1. La persona puede provocar a los demás y atraer problemas para sí con cierto comportamiento. José provocó a sus hermanos y llamó problemas para sí cuando contó al padre las cosas erradas que sus hermanos hacían (37:2) y por la manera como contaba sus sueños (37:5-11).
  2. Dios es omnisciente. Él sabía exactamente lo que sucedería con José y con la familia de Israel. José no sabía cómo sus sueños serían cumplidos, pero Dios dejó claro que él sería el líder de la familia y gobernador de la tierra. Dios sabe nuestro futuro también.
  3. Con Dios hay victoria sobre las situaciones de la vida. Dios no permite a su siervo enfrentar situaciones sin darle condiciones de enfrentarlas. La vida de José fue una demostración de eso.
  4. La persona despreciada y rechazada por la familia, puede ser un siervo de Dios (37:2-11).
  5. El mal dentro de su propia familia puede ser usado por Dios para el bien. Dios usó las malas intenciones de la familia de José para el bien (50:20).
  6. El siervo fiel a Dios puede pasar por experiencias difíciles, pero Dios está en el control. José pasó por experiencias difíciles: tuvo un hogar desajustado (37:1-11); sufrió la injusticia de ser vendido como esclavo (37:12-28); fue tentado (39:6-13); fue acusado falsamente (39:14-19); sufrió en la prisión por acusaciones falsas (39:19-20).
  7. Dios puede dominar cualquier situación mala y usarla para el bien de Su siervo y de Su reino (Ro 8:28). Dios usa hasta las malas intenciones de los impíos para el bien. Él usó las malas intenciones de los hermanos de José para llevarlo a Egipto y salvar la vida de mucha gente (Gn 50:20).
  8. La vida está llena de injusticias. Jesús hasta advirtió: “En el mundo ustedes van a sufrir” (Jn 16:33). El creyente fiel va a sufrir injusticias, pero Dios está con él así como estuvo con José. Dios está bien presente en la angustia (Sl 46:1).
  9. El siervo fiel va a sufrir muchas tentaciones. José sufrió tentaciones sexuales muy fuertes (39:6-12). Hay victoria cuando el siervo del Señor es tentado, pero no conquistado.
  10. La persona que es la fuente de tentaciones, posiblemente no respetará el padrón más elevado de quien resiste a la tentación. Puede hasta considerarlo como un merecedor de venganza. Esta fue la reacción de la mujer de Potifar (39:14-19).
  11. El hombre de Dios, al actuar correctamente y decir la verdad, puede sufrir retaliaciones. José, al contar las malas acciones de sus hermanos, fue odiado por ellos (37:2-4); al huir de la mujer, también fue acusado y preso (39:6-20). En esos casos, lo que resta al hombre de Dios es saber que, aun siendo odiado por los malhechores, Dios está con él.
  12. Quien resiste a las tentaciones de inmoralidad tiene mayor potencial para ser usado por Dios. Es importante pensar en los aspectos positivos de resistir a una tentación y no apenas considerar su carácter prohibitivo. La motivación de José al resistir a la tentación era: “¿Cómo podría yo hacer una cosa tan inmoral y pecar contra Dios? (39:9).
  13. Es mejor sufrir haciendo el bien, que sufrir por merecer el castigo. José sufrió porque resistió a la tentación de la mujer de Potifar (39:13-20). (Vea 1 P 3:14-17).
  14. El siervo fiel va a andar con Dios en el valle y en las montañas de su vida. Dios estuvo con José en la esclavitud (39:2) y en la prisión (39:23) y José reconoció Su acción cuando llegó al poder (41:16,52; 45:4-5; 50:20).  (Vea Fil 4:12).
  15. Quien está pasando por una fase difícil debe ser fiel a Dios y confiar que, con Él, va a tener victoria. A pesar de José haber sido odiado por sus hermanos y acusado falsamente por la esposa de Potifar, aun así, confiaba en Dios.
  16. La persona mala puede cambiar, pero, la persona injusticiada solamente tiene razón para confiar que hubo mudanzas en la vida del ofensor, cuando éste demuestra con acciones, que no es la misma persona. José solamente se reveló a sus hermanos después de verlos pasar por duras pruebas (42:1 — 44:34).
  17. Quien está bien, permanece fiel y anda con Dios en las montañas, de la misma forma como lo busca en los valles de su vida. José reconoció la acción de Dios cuando llegó al poder (41:16,52; 45:4-5; 50:20). (Vea Fil 4:12).

 

P R E G U N T A S

 

  1. ¿Por qué José fue tan odiado por los hermanos que lo vendieron como esclavo?
  2. ¿Cómo fue que José resistió a las tentaciones de la mujer de Potifar?
  3. ¿Dónde estaba Dios cuando José sufrió injusticia tras injusticia, a saber: cuando fue vendido como esclavo, acusado falsamente y puesto en la prisión?
  4. ¿Cómo fue que José llegó a interpretar los sueños de Faraón? ¿Cuáles fueron los sueños y su interpretación?
  5. ¿Cómo Dios pudo actuar y hacer lo que quiso en Egipto, donde el pueblo no lo conocía ni lo adoraba?
  6. ¿Cómo fue que la familia de Israel se encontró de nuevo con José y fue a vivir con él en Egipto?
  7. ¿Cómo fue que José testificó sobre Dios después de hacerse poderoso en Egipto?
  8. ¿Cómo pudo Dios usar las malas intenciones de los hermanos de José para el bien?
  9. ¿Cuáles de estas situaciones que José pasó (problemas en la familia, tentación, injusticia, acusaciones falsas, etc.) son más comunes hoy en día para los siervos de Dios?
  10. Cuando usted pasó por situaciones muy difíciles:

-- ¿Qué lo ayudó a obtener victoria?

-- ¿Qué lo perjudicó más y contribuyó para su derrota?

 

 

 

MOISÉS: ESCOGIDO, PROTEGIDO Y ENVIADO

TEXTO: Éxodo 1:1 — 4:26

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Dios había prometido a Abraham que daría a sus descendientes la tierra de Canaán. Dios renovó la promesa con el hijo de Abraham, Isaac, y con su nieto, Jacob. Jacob tuvo su nombre cambiado para Israel. Jacob, o Israel, tuvo doce hijos. Uno de sus hijos, José, fue tan odiado por sus hermanos que ellos lo vendieron para ser esclavo en Egipto. Dios dio capacidad a José para interpretar los sueños del Faraón, el rey de Egipto. El rey puso a José en una posición de poder sobre toda la tierra de Egipto. José salvó al pueblo de Egipto y a otros pueblos en una terrible sequía.

                  En esta sequía, que trajo una gran hambre, los hermanos de José finalmente descubrieron que él estaba vivo y en una posición de autoridad en Egipto. Faraón invitó al padre y a los hermanos de José, con todos sus hijos y nietos, para venir y vivir con José. José y sus hermanos, con sus familias, continuaron viviendo en Egipto, aunque la sequía ya había terminado. Ellos no volvieron a la tierra que Dios había dado a Abraham, a Isaac y a Jacob. José y toda su generación murieron en Egipto (1:6).

      Los descendientes de Israel tuvieron muchos hijos y aumentaron tanto numéricamente, que se volvieron poderosos. Quedaron muy ricos. Tuvieron mucho ganado, cabras y ovejas (1:7).

      José, y toda su generación, tenían todo lo que necesitaban en Egipto, porque el rey era amigable y agradecido a José por salvar su tierra del hambre. Pero, cuando ese rey murió, las cosas cambiaron. Trescientos cincuenta años después que los descendientes de Israel llegaron a Egipto, el país tuvo un nuevo rey que no sabía nada al respecto de José.

  Personaje-clave: Moisés.

  Lugar-clave: Egipto.

  Repeticiones-clave:

  -- Los israelitas se multiplicaron y quedaron cada vez más numerosos (1:7,9,10,12,20).  

  -- El sufrimiento de los israelitas (1:7, 11-12, 13-14, 15-18, 22; 2:11,23-24; 3:7-9). 

  -- Dios supo de la aflicción de los israelitas (2:22; 3:7-9, 16-17).

  -- Dios es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob (3:6,15,16; 4:5).

  -- Moisés da disculpas delante de Dios, y Dios le responde (3:11.12, 13-18; 4:1-9, 10-12, 13-17).

  Sentimientos-clave:

  -- El miedo que el Faraón tenía de los israelitas.

  -- La agonía y el sufrimiento de los israelitas en Egipto.

  -- La autoconfianza que Moisés, el príncipe, sintió.

  -- El rechazo de los israelitas de la ayuda de Moisés, el príncipe.

  -- La falta de confianza en sí mismo que Moisés sintió cuando Dios lo llamó para volver a Egipto.

  -- La ira de Dios con Moisés por éste continuar argumentando, negándose a volver a Egipto.

  Problema-inicial: Egipto tuvo un nuevo rey que no sabía nada al respecto de José y tuvo miedo de los israelitas (Ex 1:8-10).

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

Opresión en Egipto

-- Los hijos de Israel quedaron cada vez más numerosos y poderosos y los egipcios tuvieron miedo de ellos (1:7).

-- Egipto tuvo un nuevo rey, que no sabía nada sobre José, el cual tuvo miedo de los israelitas y buscó una manera de acabar con ellos (1:8-10).

1º Con trabajos forzados y pesados (1:11-12).

2º Transformándolos en esclavos, tratándolos con brutalidad y crueldad (1:13-14).

3º Orientando a las parteras de ellos para que mataran a los niños hombres que nacieran entre los israelitas (1:15-16).

4º Mandando que los niños hombres que nacieran entre los israelitas fueran lanzados al Nilo para que murieran ahogados (1:22).

Moisés en Egipto

-- Nació Moisés y los padres lo escondieron durante tres meses. Después, su madre lo puso en un canastillo de juncos que dejó a la orilla del río. La princesa descubrió al bebé y lo adoptó como hijo (2:1-10).

-- Moisés, ya adulto, vio a un egipcio maltratando y golpeando a un israelita y lo mató. Al día siguiente, cuando quiso separar a dos israelitas que estaban peleando, uno de ellos le preguntó:

 “¿Quieres matarme así como mataste al egipcio? (2:11-14).

Moisés en el Desierto de Madián

-- Moisés huyó para el desierto, donde se casó con Séfora, la hija del sacerdote Jetro. Moisés cuidó de las ovejas de Jetro por 40 años (2:15-25).

Dios Habla con Moisés en una Llama de Fuego, en Medio de la Zarza

-- El ángel de Dios apareció a Moisés en una llama de fuego en medio de una zarza que no se consumía. Dios llamó a Moisés por el nombre y lo mandó que se sacara el calzado, porque él estaba en un lugar santo (3:1-10).

-- Dios escogió a Moisés para guiar a los israelitas de vuelta para la tierra que había dado a Abraham, librándolos de la esclavitud. Moisés protestó, dio disculpas y Dios respondió a cada una de ellas (3:11 — 4:17).

    # Moisés preguntó: “¿Cuál es tu nombre?” Dios respondió: “Yo Soy El Que Soy” (3:14).

    # Moisés protestó diciendo que los israelitas no creerían en él (4:1). Dios responde dando a Moisés tres señales milagrosas:

            1ª Una vara transformada en serpiente y transformada en vara de nuevo (4:2-5)

2ª La mano sana en leprosa y después curada (4:6-8).

3ª Agua transformada en sangre (4:9).

     # Moisés se disculpó diciendo que hablaba tartamudeando (4:10). Dios respondió: “¿Quién da la boca al ser humano?” (4:11).

     # Moisés argumentó: “Manda a otra persona” (4:13). Dios quedó airado con Moisés, pero prometió mandar a Aarón, el hermano mayor, para auxiliarlo (4:14-17).

-- Dios avisó a Moisés que Aarón estaba yendo a encontrarlo (4:14).

-- Moisés habló con Jetro que quería volver para visitar Egipto (4:18).

-- Moisés, su mujer y sus hijos comenzaron su viaje de vuelta a Egipto (4:20).

  Situación-final: Moisés, su mujer y sus hijos comenzaron su viaje de vuelta para Egipto (4:20). Aarón se encontró con Moisés (4:27-28).

NARRATIVA:

Opresión en Egipto

            Los descendientes de Israel, que llegaron a Egipto, fueron setenta personas. Israel y José, así como todos sus hermanos y toda aquella generación, murieron. Los descendientes de Israel se multiplicaron; se volvieron cada vez más numerosos y poderosos, a tal punto, que el país quedó con miedo de ellos (1:5-7).

            Egipto tuvo un nuevo Faraón, que no sabía nada al respecto de José y tuvo miedo de los israelitas. Él dijo: “Vean, el pueblo de Israel es fuerte y está aumentando más rápido que nosotros. En caso de guerra, ellos podrían unirse a nuestros enemigos. Necesitamos encontrar una manera de no dejar que ellos se vuelvan más numerosos todavía” (1:8-10). Él preparó los siguientes planes para acabar con ellos:

1º Faraón planeó matar a los israelitas con trabajos forzados y pesados. Sin embargo, cuanto más los egipcios maltrataban a los israelitas, más ellos aumentaban (1:11-12).

2º Faraón planeó matar a los israelitas, haciéndolos esclavos, tratándolos con brutalidad y crueldad. Ellos fueron obligados a hacer trabajos pesados en la fabricación de ladrillos, en las construcciones y en las plantaciones, pero aumentaban cada vez más. En todos los trabajos que los israelitas hacían eran tratados con crueldad (1:13-14).

3º Faraón planeó acabar con los israelitas, orientando a las parteras de ellos a matar a los niños hombres que nacieran.

            Faraón dio la siguiente orden a Sifra y a Fúa, que eran parteras de las mujeres israelitas: “Cuando ustedes vayan a ayudar a las mujeres israelitas en sus partos, hagan lo siguiente: si nace un niño, mátenlo; pero, si nace una niña, déjenla que viva.” Sin embargo, las parteras temían a Dios y no hicieron lo que el rey de Egipto les había mandado. Al contrario, dejaron que los niños hombres vivieran. Entonces, el Faraón mandó a llamar a las parteras y les preguntó: ¿Por qué están dejando que los niños vivan?”

            Ellas respondieron: “Las mujeres israelitas no son como las egipcias. Ellas dan a luz con facilidad, y los niños nacen antes que la partera llegue.” Y el pueblo de Israel aumentó y se hizo muy fuerte (1:15-21).

4º Faraón mandó que todos los niños hombres nacidos de los israelitas fueran lanzados al río Nilo para morir ahogados (1:22).

 

Moisés en Egipto

 

Nació un niño muy bonito y los padres lo escondieron durante tres meses. A los tres meses, lloraba demasiado fuerte para permanecer escondido y la madre tomó un canastillo de junco, puso el bebé en ella y dejó el canastillo a la orilla del río (2:1-3). Los juncos crecían junto a la orilla, en aguas rasas, donde la corriente no arrastraría el canastillo, y había menos peligro de cocodrilos. También era el lugar donde las mujeres lavaban ropa o preparaban comida. La hermana del bebé. Miriam, se quedó de lejos mirando lo que iba a suceder con el bebé (2:4).

La princesa, hija de Faraón, fue hasta el río y se estaba bañando cuando, de repente, vio el canastillo. La princesa lo abrió y vio el bebé llorando. Ella quedó con pena de él, sabiendo que se trataba de un niño israelita que debería ser muerto.

La hermana del bebé preguntó a la princesa: “¿Quieres que yo vaya a llamar una mujer israelita para amamantar y criar este niño para ti?”

“Anda”, respondió la princesa.

La joven trajo a la propia madre del niño. La princesa combinó con la madre que le daría un salario para amamantar y criar el niño. Cuando el niño creció, la madre llevó el hijo a la princesa, que lo adoptó como su hijo. La princesa le puso el nombre de Moisés (2:5-10). Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios (Hch 7:22).

Cuando Moisés era un hombre hecho, a los 40 años (Hch 7:23), visitó el campo de trabajo donde los esclavos israelitas trabajaban. Moisés vio a un egipcio golpeando a un israelita, su pariente, y observó que no había nadie allí; entonces mató al egipcio y escondió el cuerpo en la arena. Al día siguiente, volvió y vio a dos israelitas peleando. Moisés quiso apartar la pelea, pero aquel que maltrataba al otro le preguntó: “¿Quién te puso como nuestro jefe o juez? ¿Estás queriendo matarme como mataste al egipcio?” (2:11-14).

 

Moisés En El Desierto De Madián

 

Faraón, habiendo sabido del caso, procuraba matar a Moisés. Pero el huyó y fue a vivir en el desierto, en la tierra de Madián (2:15-16).

Un día, Moisés estaba sentado cerca de un pozo, cuando las siete hijas de Jetro, un sacerdote, vinieron a sacar agua y llenaron las piletas para dar de beber al rebaño de su padre. Entonces llegaron algunos pastores y expulsaron a las jóvenes de allí. Pero Moisés se levantó y las defendió y les dio agua a los animales. Jetro invitó a Moisés para cenar y después para vivir con la familia. Jetro dio a Moisés su hija Séfora en casamiento. Ella tuvo un hijo y Moisés le puso por nombre de Gersón (2:16-22).

Muchos años después, Faraón, el Rey de Egipto, murió, pero los israelitas siguieron gimiendo por causa de la esclavitud. Ellos gritaban pidiendo auxilio, y sus pedidos llegaron hasta Dios (2:23-25).

Moisés cuidó de las ovejas y de las cabras de su suegro por 40 años.

 

Dios Habla Con Moisés En Una Llama de Fuego, Del Medio de la Zarza

 

Un día, Moisés llevó el rebaño para el otro lado del desierto y fue hasta el Monte Sinaí. Allí el Ángel de Dios le apareció en una llama de fuego, en el centro de un arbusto. Moisés vio que el arbusto estaba en fuego, pero no se quemaba. Él llegó cerca para ver aquella cosa rara (3:1-3).

Moisés no sabía que Dios estaba en la zarza, hasta que Él le habló del medio del fuego. Dios llamó a Moisés por el nombre: “¡Moisés! ¡Moisés!”

            Moisés respondió: “Estoy aquí”.

            Dios ordenó a Moisés: “Para ahí y quita tu calzado, porque el lugar donde estás es un lugar santo”. Los esclavos andaban descalzos (3:4-5). (

Dios continuó: “Yo soy el Dios de tus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” (3:6).

Dijo Dios: “Yo vi la miseria de mi pueblo que está en Egipto; oí su pedido de socorro por causa de sus opresores. Sé lo que están sufriendo. Por eso, descendí para libertarlos de Egipto, para una tierra grande y buena. Ahora ven, yo te enviaré al Faraón de Egipto para que saques de allá a mi pueblo, a los israelitas” (3:7-10).

Moisés sufrió un “colapso nervioso” y se mostró completamente cerrado para el trabajo de Dios. Él preguntó a Dios: “¿Quién soy yo para ir a hablar con el rey de Egipto y sacar de aquella tierra a los hijos de Israel?” (3:11).

Dios respondió a Moisés: “Yo estaré contigo; y esta será la señal de que yo te envié: cuando hagas salir al pueblo de Egipto, ustedes servirán a Dios en esta montaña” (3:12).

Moisés trató de disculparse en relación con su incapacidad y Dios respondió a cada objeción (3:13 — 4:31):

1º - Moisés protestó: “Cuando yo vaya a hablar con los israelitas y les diga que el Dios de sus antepasados me envió, ellos me van a preguntar: ¿Cuál es el nombre de él?”

Dios respondió: “YO SOY EL QUE SOY. Dirás lo siguiente: YO SOY me envió a ustedes.”

Dios continuó: “Dirás que El Señor, el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me envió a ustedes. Anda, reúne a los líderes del pueblo de Israel y diles que yo, el Señor, el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, te aparecí y te ordené que les dijeras: He visto la situación de ustedes y sé lo que los egipcios les están haciendo. Resolví sacarlos de Egipto, donde están siendo maltratados. E voy a llevarlos para una tierra buena y rica. Mi pueblo oirá lo que les vas a decir. Después, tú y los líderes del pueblo de Israel, irán a hablar con el Faraón, el rey de Egipto. Díganle: El Dios de los hebreos nos apareció. Ahora, déjanos ir para el desierto, a una distancia de tres días de viaje, para ofrecer sacrificios al Eterno, nuestro Dios” (3:13-18).

Dios avisó a Moisés: “Yo sé que, si Faraón no es obligado con mano fuerte, él no los dejará irse. Por eso, extenderé la mano y heriré a Egipto con cosas terribles. Después de eso, el rey dejará que ustedes salgan de Egipto” (3:19-20).

- Moisés protestó de nuevo: “Pero los israelitas no van a creer en mí, ni van a poner atención a lo que yo diga, y van a decir que el Dios Eterno no me apareció” (4:1).

Dios respondió, dando a Moisés tres señales milagrosas. Fueron las siguientes:

1ª señal: una vara transformada en serpiente y transformada en vara de nuevo.

Dios pregunto: “¿Qué es eso que tienes en la mano?”

Moisés respondió: “Una vara de pastor”. Dios mandó Moisés lanzar la vara al suelo. Él la lanzó, la vara se transformó en una serpiente y Moisés huyó de ella. Dios mandó que Moisés extendiera su mano y tomara a la serpiente por su cola. Moisés extendió la mano y tomó a la serpiente por la cola, y de nuevo ella se transformó en una vara en su mano.

Entonces dijo Dios: “Hace esto para probar a los israelitas que el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, te apareció” (4:2-5).

2ª señal: una de las manos sanas transformada en leprosa y después curada.

Dios continuó: “Ahora, mete la mano en tu pecho”. Moisés obedeció. Y, cuando sacó la mano del pecho, ella estaba leprosa, blanca como la nieve. Dios ordenó: “Pone otra vez la mano en tu pecho”. Moisés puso la mano en su pecho nuevamente. Y, cuando la sacó, ella estaba tan buena como el resto del cuerpo. Dios le dijo: “Si con el primer milagro los israelitas no creen en ti y no se convencen, entonces, con el segundo, van a creer” (4:6-8).

3ª señal: agua transformada en sangre.

Dijo Dios a Moisés: “Pero, si con esos dos milagros todavía no creen y no quieren oír lo que les digas, saca agua del río Nilo y derrámala en el suelo, que ella se transformará en sangre” (4:9).

3ª - Moisés argumentó usando otra disculpa, diciendo que era tartamudo: “Nunca tuve facilidad para hablar. Cuando empiezo a hablar yo siempre me confundo” (4:10).

            Dios respondió: “¿Quién da la boca al ser humano? Ahora anda, porque yo te ayudaré a hablar y te diré lo que debes decir” (4:11-12).

4ª - Moisés argumentó: “No, Señor. Por favor, manda a otra persona” (4:13). El sentido de esta frase es “envía a cualquier otra persona”.

El Señor Dios se quedó airado con Moisés por continuar argumentando, pero prometió mandar a Aarón, hermano mayor de Moisés, para ayudarlo. Dios dijo: “¿Por acaso Aarón, el levita, no es tu hermano? Yo sé que él tiene facilidad para hablar. Además, él está viniendo para encontrarse contigo y se pondrá contento de verte. Tú hablarás con Aarón y le dirás lo que él debe decir. Aarón hablará al pueblo en tu lugar. Lleva esta vara de pastor porque es con ella que harás los milagros (4:14-17). Dios coordinó los acontecimientos. Tanto Moisés como Aarón fueron cada uno por su lado, guiados para ese encuentro.

Entonces Moisés volvió para la casa de Jetro, su suegro, y le dijo: “Deja que yo vuelva a Egipto para visitar a mis parientes”.

Jetro respondió: “Anda en paz”.

Moisés, su esposa y sus hijos comenzaron su viaje de vuelta para Egipto. Cuando Moisés todavía estaba en la región de Madián, Dios le había dicho: “Vuelve para Egipto, pues todos los que querían matarte ya murieron”. Entonces Moisés hizo que su mujer y sus hijos montaran en un jumento y comenzó con ellos su viaje de vuelta a Egipto. Moisés llevaba la vara de Dios en su mano (4:18-20).

Dios también orientó a Aarón para que fuera a encontrarse con Moisés en el desierto. Aarón fue, y se encontró con Moisés y lo besó. Moisés contó a Aarón todo lo que Dios había dicho cuando había mandado que él volviera para Egipto. Habló también de los milagros que Dios había ordenado que él hiciera (4:27-28).

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

  1. Los planes perversos de un ser humano no pueden impedir que Dios realice Sus planes (Ex 1:18-22). Faraón no pudo acabar con el pueblo de Dios.
  2. El valor que Dios da a la vida es de gran importancia para el cristiano en la controversia actual sobre el aborto. Las parteras supieron que Dios era el dador de la vida (Ex 1:15-17).
  3. Dios no espera que el ciudadano obedezca a la autoridad civil que lo obliga a desobedecer a Dios o a Su Palabra. Las parteras no mataron a los niños israelitas que nacieron (1:17-21). El ser humano debe obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5:29).
  4. Dios está actuando incluso cuando no hay ninguna señal visible de Su actividad. Los israelitas, sufriendo la crueldad y la brutalidad de los egipcios, se sentían abandonados por Dios.
  5. Dios coordina los acontecimientos para proteger y guiar a sus siervos (Ex 2:1-10). La providencia divina estaba en acción cuando Dios estaba coordinando las circunstancias para proteger la vida de Moisés y prepararlo, en el palacio del rey, para libertar a los israelitas de Egipto.
  6. El pecado encuentra al pecador. El hombre pecador no puede esconder sus pecados. Moisés pensó que nadie lo había visto cuando mató al egipcio, pero lo vieron (Ex 2:11-20).
  7. El siervo de Dios no puede hacer la buena obra de Él por su propia fuerza, usando los medios humanos. Cuando trata de hacer la obra de Dios usando los medios de este mundo, él comete pecado y crea tropiezos para la obra de Dios. Moisés estaba tratando de libertar a los israelitas con su fuerza, cuando mató al egipcio (Ex 42:11-20). Vea también Zacarías 4:6.
  8. Hay situaciones terribles cuando el pueblo de Dios está en peligro de ser totalmente destruido, pero, estando Dios presente, impide que eso suceda. El pueblo de Israel, como la zarza en llamas, corría el peligro de ser totalmente destruido. Así como Dios estaba impidiendo que la zarza fuera consumida, Él estaba con Israel. El rey no podría destruir a los israelitas, mientras Dios estuviera con ellos (3:13).
  9. Cualquier lugar donde Dios se comunica y actúa, se vuelve un lugar Santo. Donde se estudia la Biblia, se ora y se entiende la voluntad de Dios, es un lugar santo. En el lugar santo, el ser humano debe considerarse un esclavo de Dios listo para recibir órdenes y cumplirlas. El Sinaí fue el lugar donde Dios se reveló a Moisés (3:2) y donde, posteriormente, dio la ley a Su pueblo (3:12). Fueron las cosas que Dios hizo y dijo en el monte que lo hicieron un lugar Santo.
  10. Dios es entendido a través de Sus acciones de salvación y de Su revelación. Dios dijo a Moisés que dijera a Israel que “EU SOU” lo mandara. Eso significa que Él es el Ser auto-existente, que nunca tuvo un comienzo, nunca puede tener un fin y es independiente de todas las personas y de todas las cosas. En toda la historia israelita subsiguiente, Dios pasaría a ser conocido como Aquel que sacó a Israel de Egipto (20:2).
  11. El curso de la historia de la salvación puede ser resumido en dos palabras: promesas y cumplimiento. Dios promete, se acuerda, escoge a alguien para ser el libertador y actúa de forma salvadora, usando al libertador. Moisés fue el libertador que salvó a Israel de la esclavitud en Egipto. El Nuevo Testamento revela que Jesús es el Salvador que liberta al pecador de la esclavitud del pecado.
  12. Dios nunca tiene prisa. Él siempre hace todo en su propio tiempo, todo lo que planea y promete. Él nunca empieza alguna cosa para después abandonarla.
  13. Dios conoce a las personas por el nombre y Se comunica con los individuos personalmente. Él llamó a Moisés por el nombre y dijo ser el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (3:4-6). Él puede ser su Dios. Él quiere ser el Dios de cada persona. El Nuevo Testamento revela que Jesús es el único camino que lleva alguien a tener a Dios como su Dios.
  14. El Señor Dios tiene el derecho de escoger a quien Él quiere para hacer Su voluntad. Aquel a quien Él escoge, Él lo capacita para hacer su obra. Moisés no quiso ser escogido por Dios, pero Dios tenía el derecho de escogerlo (3:10 — 4:16).
  15. Dios quiere siervos que tengan gran respeto por Él, siendo humildes en Su presencia, sumisos y dispuestos para hacer lo que Él manda. Debe ser un esclavo voluntario de Dios, listo para obedecerle. Dios mandó a Moisés quitar su calzado (3:5). Quedarse descalzo era una señal de humildad y sumisión. Los esclavos andaban descalzos. 
  16. Falta de autoconfianza es una virtud cuando nos lleva a confiar en Dios. En caso contrario, termina en parálisis espiritual, que deja a la persona cerrada para el trabajo de Dios. Moisés no tenía autoconfianza y estaba cerrado para el trabajo de Dios (Ex 3:11 — 4:17).
  17. Es un pecado resistir a la voluntad revelada de Dios. Moisés es un ejemplo de eso.
  18. Quien tiene experiencias con Dios necesita transformarse en un testigo de las palabras y acciones de Él. Dios mandó a Moisés a contar a los líderes del pueblo de Israel Sus palabras (Ex 3:16-17).

 

P R E G U N T A S

 

  1. Cuando Israel estaba en peligro de ser totalmente destruido, ¿dónde estaba Dios y qué estaba haciendo?
  2. ¿Cómo Dios coordinó los acontecimientos para proteger, preparar y orientar al bebé Moisés?
  3. ¿Qué sucedió cuando Moisés, con autoconfianza, trató de hacer la obra de Dios con su propia fuerza?
  4. ¿Cómo fue que Dios apareció en la zarza en llamas?
  5. ¿Cuál es el significado del nombre de Dios “YO SOY”?
  6. ¿Por qué Moisés estaba inseguro y quiso rechazar la tarea que Dios quiso darle?
  7. ¿Cuáles fueron algunas de las disculpas de Moisés para no servir a Dios y como Dios respondió a cada una de ellas?
  8. ¿Cuáles fueron algunas señales que Dios dio a Moisés para probar a los israelitas que lo estaba enviando?
  9. Moisés manifestó autoconfianza cuando mató al egipcio, y después, falta de autoconfianza cuando Dios lo mandó volver para Egipto. ¿Cuándo la falta de autoconfianza es una virtud y cuándo es un pecado?
  10. ¿Qué perjudica más al hombre en el trabajo de Dios: autoconfianza o inseguridad?

 

MOISÉS: LIBERTANDO A LOS ESCLAVOS

TEXTO: Éxodo 4:27 — 12:46

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Dios había prometido a Abraham que daría a sus descendientes la tierra de Canaán. Uno de los descendientes de Abraham, José, asumió una posición de poder sobre toda la tierra de Egipto y salvó al país en una gran sequía. Durante la sequía, la familia de José fue a vivir con él en Egipto. José y sus hermanos, con sus familias, continuaron viviendo en Egipto después que la sequía había terminado, y tenían todo lo que necesitaban. Cuando aquel rey murió, las cosas cambiaron. Egipto tuvo un rey que tuvo miedo de los israelitas e hizo planes para acabar con ellos.

                  Habían pasado más o menos 350 años con los israelitas viviendo en Egipto, cuando Moisés nació. Dios escogió y preparó a Moisés para libertar a los descendientes de Israel de la esclavitud. Moisés, durante 40 años, vivió en el palacio, como príncipe. Lleno de autoconfianza, trató de libertar a Israel usando su propia fuerza, matando a un egipcio. Moisés huyó para el desierto, donde pasó otros cuarenta años como pastor de ovejas. Él se transformó en un hombre al que le faltaba autoconfianza. Cuando Dios lo llamó para ser el libertador, le faltó fe y no creyó que Dios podría usarlo. Después de protestar, Moisés volvió a ser un hombre que confiaba en Dios y tomó el camino rumbo a Egipto.

  Personaje-clave: Moisés.

  Lugar-clave: Egipto.

  Repeticiones-clave:

  -- Plaga.  

  -- Empezando con la segunda plaga, cada vez que el Señor mandaba una plaga sobre Egipto, el rey mandaba llamar a Moisés y a Aarón para que el Señor lo librara a él y a su pueblo, de la plaga. Decía que dejaría que los israelitas salieran. Moisés oraba y Dios retiraba la plaga. Cuando el Faraón veía que la plaga había terminado, continuaba con el corazón endurecido y no dejaba a los israelitas salir de Egipto. 

  -- Competencia entre Moisés y los magos de Egipto (7:9-12, 20-22; 8:5-7, 16-19; 9:11).

  -- Dios hizo diferencia entre Israel y Egipto, librando a su propio pueblo de los castigos mandados contra Egipto (8:22; 9:4-7, 25-26; 10:22-23; 11:6-7; 12:12-13).

  -- Los israelitas pidieron a sus vecinos ropas y joyas (3:22; 11:2-3; 12:35-36).

  Sentimientos-clave:

  -- La gratitud al Señor de los líderes de los israelitas, cuando Moisés habló con ellos la primera vez.

  -- La incredulidad y la indignación que Faraón sintió delante del desafío a su autoridad absoluta.

  -- La ira de los israelitas con Moisés, cuando Faraón aumentó el trabajo pesado.

  -- El desánimo que Moisés sintió cuando el Faraón aumentó el sufrimiento de los israelitas.

  -- La obstinación de Faraón en luchar contra Dios.

  -- El conflicto de Moisés contra Faraón y sus magos.

  -- La persistencia de Dios en libertar a Su pueblo.

  -- La aflicción de los egipcios con la muerte de los primogénitos.

  -- La ansiedad de los egipcios, después de las diez plagas, de librarse de los israelitas.

  Problema-inicial: Moisés y Aarón reunieron a las autoridades de los israelitas. Aarón les contó todo lo que el Señor había dicho a Moisés. El pueblo de Israel quedó agradecido al Señor porque Él había oído sus clamores. Después, Moisés y Aarón hablaron con Faraón, el rey de Egipto, dándole el recado de Dios: “Deja a mi pueblo ir”.

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

Moisés y Aarón con los Líderes del Pueblo de Israel

-- Moisés y Aarón reunieron a las autoridades del pueblo de Israel. Aarón les contó todo lo que el Señor había dicho a Moisés. El pueblo de Israel quedó agradecido al Señor porque Él había oído sus clamores (4:29-31).

-- Moisés y Aarón hablaron con Faraón, el rey de Egipto, dándole el recado de Dios: “Deja a mi pueblo ir”. Faraón rechazó el pedido, aumentó el trabajo pesado de los esclavos y mandó que los supervisores los trataran con más dureza (5:1-14).

-- Los líderes de los israelitas acusaron a Moisés y a Aarón de ser los culpables de la ira de los egipcios (5:21).

-- Moisés quedó desanimado y protestó contra Dios (5:22-23).

Moisés y Aarón con Faraón; Las Nueve Plagas

-- Dios respondió que iría a obligar a Faraón a dejar que su pueblo saliera (6:1-8), pero los israelitas no quisieron oír más a Moisés (6:9).

-- Aarón arrojó su vara delante del rey y ella se transformó en una serpiente. Los magos también arrojaron sus varas al suelo, ellas se transformaron en serpientes, pero la vara de Aarón se tragó las varas de ellos (7:10-12).

-- Dios mandó nueve plagas sobre Egipto sin que el rey dejara salir a los israelitas:

    1ª El agua del río Nilo fue transformada en sangre (7:14-25).

    2ª La plaga de ranas (8:1-15).

    3ª La plaga de piojos (8:16-19).

    4ª La plaga de moscas (8:20-32). A partir de esta plaga, fue mencionado un tratamiento especial dispensado a Israel en relación con las plagas.

    5ª Los animales de los egipcios murieron (9:1-7).

    6ª La plaga de sarpullido o úlceras (9:8-12).

    7ª La plaga del granizo (9:13-35).

    8ª La plaga de langostas (10:1-20).

    9ª La plaga de tinieblas durante tres días sobre toda la tierra donde los egipcios estaban viviendo (10:21-29).

-- Empezando con la segunda plaga, cada vez que el Señor mandaba una plaga Faraón pedía que Dios lo librara de la plaga y decía que dejaría que los israelitas salieran. Moisés oraba, Dios retiraba la plaga pero Faraón no dejaba que los israelitas salieran de Egipto. 

-- Después de la novena plaga, Faraón dijo a Moisés: “¡Sale de mi presencia! ¡El día que vuelvas a verme, morirás! (10:27-29).

La Primera Pascua: La Décima Plaga

-- Dios dijo a Moisés cómo los israelitas deberían prepararse para la última y más terrible de todas las plagas:

  Escoger un cordero o un carnero de un año, sin ningún defecto (12:1-5).

  Matar el cordero, recoger la sangre en una vasija y pasarlo en los lados y en la parte superior de la puerta de la casa (12:6-7).

  Asar el animal sobre el fuego (12:8-9).

  Comer la Pascua listos para una partida inmediata (12:11).

  Retirar la levadura de las casas y comer pan sin levadura (12:15-20).

  No quebrar los huesos del animal (12:46).

-- A la medianoche, el Señor mató a los hijos mayores de todas las familias de Egipto (12:29-30).

— Esa misma noche, Faraón llamó a Moisés y le dijo que sacara a los israelitas de Egipto (12:31-33).

El Éxodo de Egipto

-- Los israelitas pidieron a los egipcios joyas y ropas. Así, el pueblo de Israel tomó las riquezas de los egipcios (12:35-36).

-- Los israelitas partieron, cerca de seiscientos mil hombres (12:37). Entonces eran más o menos dos millones y medio dejando Egipto.

-- Después de permanecer en Egipto 430 años, los israelitas salen, rumbo a Canaán (12:41).

  Situación-final: Después de permanecer en Egipto 430 años, los israelitas salen, rumbo a Canaán (12:41).

 

Inserir págs.74 a77

NARRATIVA:

 

Moisés Y Aarón Con Los Líderes Del Pueblo De Israel

 

            Moisés y Aarón fueron a Egipto y reunieron a todas las autoridades del pueblo de Israel. Aarón, como portavoz de Moisés, les contó todo lo que el Señor había dicho a Moisés y, enseguida, Moisés hizo milagros delante del pueblo (4:30):

            1º una vara transformada en serpiente y transformada en vara de nuevo (4:2-5);

            2º una mano saludable trasformada en leprosa y después sanada (4:6-8);

            3º agua trasformada en sangre (4:9).

            Todos creyeron en la palabra de Dios, dada por intermedio de Moisés. Quedaron agradecidos al Señor por haber oído sus clamores para liberarlos de la esclavitud y se curvaron y adoraron a Dios (4:29-31).

            Moisés y Aarón hablaron con Faraón, el rey de Egipto, dando el mensaje de Dios: “Dejen a mi pueblo ir” (5:1).

            Faraón expresó incredulidad delante de la audacia del desafío a su autoridad absoluta. Habló: “¿Quién es el Señor Dios? Yo no conozco a Dios y tampoco dejaré que los israelitas salgan de aquí” (5:2).

            Faraón acusó a Moisés y a Aarón: “¿Por qué ustedes están perturbando el trabajo del pueblo? ¡Hagan con que aquellos esclavos vuelvan al trabajo!” Él aumentó el trabajo pesado de los esclavos y mandó que los supervisores los tratasen con mayor dureza. Los esclavos tuvieron que hacer ladrillos sin que los egipcios les diesen paja, una de las materias primas. La cuota de trabajo diario era fija y Faraón no la cambiaría. Por otro lado, negándose a dar la paja cortada, normalmente usada para reforzar los ladrillos que eran secados al sol, él aumentó considerablemente el tiempo de trabajo, porque los israelitas tuvieron que juntar ellos mismos la paja. Los israelitas fueron azotados cuando no cumplieron la cuota fija del trabajo diario (5:4-19).

            Los líderes de los israelitas acusaron a Moisés y a Aarón: “¡Dios los castigará; pues por causa de ustedes, el rey y sus funcionarios están enojados con nosotros!” (5:21).

            Moisés cayó en desánimo y protestó contra Dios. En vez de ser libertados, los israelitas se hallaban en situación peor que antes (5:22-23).

            Dios respondió que obligaría a Faraón a dejar su pueblo partir. Por medio de la rebeldía de Faraón, Dios iba a mostrar a Israel que Él es el Dios verdadero. Él se acordó de las promesas que hizo a Abraham, a Isaac y a Jacob y oyó las oraciones de los israelitas cuando ellos estaban siendo maltratados por el rey (6:1-5).

            Dios mandó una palabra para los esclavos maltratados: “Yo soy el Señor. Voy a libertarlos de la esclavitud de Egipto. Haré que ustedes sean mi pueblo y yo seré su Dios. Yo los llevaré para la tierra que juré que daría a Abraham, a Isaac y a Jacob.”

            Moisés repitió esas palabras, pero los israelitas no quisieron oírlo, pues estaban desanimados por causa de la dureza de su esclavitud (6:6-9).

            Dios dijo a Moisés: “Voy a hacer con que seas como Dios para Faraón; y Aarón, tu hermano, hablará por ti como profeta. Dirás a Aarón todo lo que yo mande, y él hablará con Faraón, pidiendo que deje a los israelitas salir de su tierra. Faraón no va a oírlos. Pero, yo haré caer sobre él un castigo terrible y llevaré para fuera de Egipto al pueblo de Israel. Los egipcios quedarán sabiendo que yo soy el Señor, el Dios Eterno” (7:1-7).

            Moisés y Aarón fueron a encontrarse con el rey. Aarón lanzó su vara delante del rey y ella se transformó en una serpiente. Los magos hicieron la misma cosa. Ellos también arrojaron sus varas en el suelo y ellas también se volvieron serpientes, pero la vara de Aarón se las tragó (7:10-12).

 

Moisés Y Aarón Con Faraón; Las Nueve Plagas

 

            Faraón se negó a libertar los israelitas, por eso el Señor empezó a demostrar su gran poder. Dios mandó nueve plagas sobre Egipto, sin que el rey dejase que los israelitas partieran.

 

-       1ª plaga:

Dios trasformó el agua del Río Nilo en sangre. Aarón levantó su vara y golpeó el río, y el agua se volvió sangre. Los peces murieron y el río olió mal. Pero, con sus artes, los magos de Egipto hicieron la misma cosa. Habría sido más útil invertir el proceso, pero eso estaba más allá de su poder. Pero, como Dios había dicho, el corazón de Faraón se endureció y no atendió al pedido de Moisés y Aarón (7:14-25).

-       2ª plaga:

Dios mandó una plaga de ranas. En Egipto las ranas eran asociadas a dioses, que eran símbolos de fertilidad. Aarón extendió la mano sobre las aguas de Egipto, y las ranas salieron de las aguas y cubrieron todo el país. Los magos, con sus artes, hicieron la misma cosa. La actividad de los magos apenas aumentaban los problemas.

Faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: “Pidan a Dios que libre a mí y a mi pueblo de esas ranas, y yo dejaré que su pueblo vaya y ofrezca sacrificios para Él.”

Moisés respondió: “Di cuando es qué quieres que yo le pida a Dios en tu favor, para que las ranas desaparezcan de tu palacio y de las casas y queden solamente en el río.”

Faraón respondió: “Mañana.”

Y Moisés dijo: “Voy a hacer como pediste, y así quedarás sabiendo que no hay otro dios como el Señor, nuestro Dios.” Moisés oró y Dios atendió a su pedido. Cuando Faraón vio que las ranas habían muerto, su corazón se endureció, como Dios había dicho, y no atendió el pedido de Moisés y Aarón (8:1-15).

-       3ª plaga:

Dios mandó piojos. Aarón golpeó la tierra con su vara, y todo el polvo de Egipto se volvió piojos, que cubrieron a las personas y a los animales. Los magos trataron de hacer aparecer piojos, pero no consiguieron. Los magos dijeron a Faraón: “¡Fue Dios quien hizo eso!”. Finalmente, los magos se dieron cuenta que Moisés y Aarón no estaban haciendo trucos mágicos y que la plaga era una obra de Dios. De ahí en adelante, ellos dejaron de competir con Moisés. Pero el corazón de Faraón se endureció, como Dios había dicho, y no atendió el pedido de Moisés y Aarón (8:16-19).

-       4ª plaga:

Dios mandó moscas. Moscas en gran número entraron en las casas de los egipcios y la tierra quedó arruinada por causa de ellas. Pero, Dios separó la región de los israelitas y allí no hubo moscas. Por primera vez, fue mencionado un tratamiento especial dispensado a Israel con relación a las plagas. El propósito de la separación de Israel de la plaga fue demostrar que las plagas no fueron apenas mero accidente, y sí, el juicio divino contra Egipto.

Faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: “Vayan a ofrecer sacrificios a su Dios, pero hagan eso aquí mismo, en Egipto.”

Moisés respondió: “Los animales que ofrecemos en sacrificio a nuestro Dios, son sagrados para los egipcios. Si ellos nos ven matar los animales que ellos adoran, con certeza nos matarán a pedradas. Nosotros tenemos que caminar tres días por el desierto hasta llegar al lugar donde vamos a ofrecer sacrificios al Señor.”

 Faraón respondió: “Si ustedes no van muy lejos, yo los dejaré ir al desierto para ofrecer sacrificios al Señor, su Dios.” Entonces Moisés salió del palacio y oró a Dios. El Señor hizo lo que Moisés había pedido: Él hizo que las moscas dejasen al rey, sus funcionarios y su pueblo. No quedó una sola mosca. Pero, una vez más, Faraón endureció el corazón y no dejó al pueblo ir (8:20-32).

 

-       5a plaga:

Dios mandó una plaga sobre todos los caballos, ganado, ovejas, camellos y jumentos y ellos murieron. Entretanto, no murió ningún animal de los israelitas. Pero el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir al pueblo (9:1-7).

-       6ª plaga:

Dios hizo que todos los egipcios tuviesen terribles tumores, los cuales se volvieron úlceras o heridas abiertas. La derrota de los magos fue completa cuando ellos mismos fueron atacados por la plaga de las úlceras. Ellos no pudieron aparecer delante de Moisés porque ellos y todos los otros egipcios estaban cubiertos de tumores. Pero el corazón de Faraón se endureció y él no atendió al pedido de Moisés y Aarón (9:8-12).

-       7ª plaga:

Moisés declaró la Palabra de Dios a Faraón: “Deja que mi pueblo salga del país para adorarme. Mañana a esta hora voy a hacer que caiga lluvia de granizos tan fuerte como nunca hubo igual en toda la historia de Egipto. Si las personas y los animales que estuvieren en el campo no fueren para casa cuando caiga la lluvia de granizos, todos ellos morirán.”

Algunos funcionarios de Faraón quedaron con miedo de aquello que Dios había dicho y llevaron sus esclavos y sus animales para lugares de abrigo. Pero los que no hicieron caso a lo que Dios había dicho, dejaron sus esclavos y sus animales en los campos.

Dios mandó una pesada lluvia de granizos, terriblemente destructiva sobre Faraón y su pueblo. Había lluvia de granizos, truenos y fuego en el medio de la lluvia de granizos. Solamente en la región donde estaban los israelitas, la lluvia de granizos no cayó. Entonces, Faraón llamó a Moisés y a Aarón y dijo: “Esta vez yo pequé. Oren al Señor. ¡Basta de truenos y de lluvia de granizos! Yo los dejaré ir; ustedes no necesitan esperar más.”

Moisés salió de la ciudad y levantó las manos a Dios en oración. De ahí, los truenos, la lluvia y la lluvia de granizos cesaron. Pero, cuando Faraón vio que había parado de llover y que no había más truenos, ni caía lluvia de granizos, él volvió a pecar. Él, de corazón endurecido no dejó que los israelitas se fueran (9:13-35).

Los funcionarios de Faraón le dijeron: “¿Hasta cuándo ese sujeto va a ser un peligro para nosotros? Deja que los hombres se vayan para adorar al Dios de ellos.”

Ahí, Moisés y Aarón fueron llevados de nuevo hasta la presencia de Faraón, y este les dijo: “Ustedes pueden ir a adorar al Señor, su Dios. Pero yo quiero saber quién es que va a ir.”

Moisés respondió: “Iremos todos nosotros. Llevaremos nuestros hijos e hijas, nuestras ovejas y cabras y nuestro ganado.”

Faraón respondió: “¡No voy a dejar, de ninguna manera, que ustedes lleven sus mujeres y sus hijos! ¡No! Solamente los hombres pueden ir a adorar a Dios, si es esto lo que ustedes quieren.” Y Aarón y Moisés fueron expulsados de la presencia de Faraón (10:7-11).

-       8ª plaga:

Dios mandó langostas que cubrieron de tal manera el suelo, que este quedó negro. Devoraron toda la vegetación que había sobrado de la lluvia de granizos. No sobró nada verde en los árboles y en las plantas.

Entonces Faraón mandó llamar inmediatamente a Moisés y a Aarón y les dijo: “Yo pequé contra el Señor, su Dios, y contra ustedes. Ahora pido que perdonen mi pecado aún esta vez y que oren a su Dios, para que él saque de mí este castigo terrible.”

Moisés salió del palacio y oró a Dios. Ahí el Señor hizo soplar un viento oeste muy fuerte, que levantó las langostas y las echó al Mar Rojo. No quedó una sola langosta en todo Egipto. Pero Dios endureció el corazón de Faraón, y éste no dejó que los israelitas se fueran (10:12-20).

-       9ª plaga:

Dios mandó una oscuridad durante tres días sobre toda la tierra de Egipto. Los egipcios no podían ver unos a los otros y, en aquellos días, nadie salió de casa. Pero, en todas las casas de los israelitas había claridad.

Ahí Faraón llamó a Moisés y le dijo: “Ustedes pueden ir a adorar al Señor Dios. Lleven también a sus mujeres y sus hijos, pero las ovejas, las cabras y el ganado quedarán aquí.”

Moisés respondió: “Nosotros no queremos eso. Vamos a llevar también nuestros animales, y no quedará ninguno.”

Pero Dios endureció el corazón de Faraón, y éste no dejó que los israelitas se fueran. Él dijo a Moisés: “¡Sale de mi presencia y nunca más aparezcas aquí! ¡Pues, el día en que me veas nuevamente, morirás!”

Moisés respondió: “Estás cierto. Nunca más te veré” (10:21-29).

Dios habló a Moisés: “Voy a mandar sólo más un castigo sobre Faraón y sobre su pueblo. Después de eso él los dejará ir. Pero ahora di a los israelitas que pidan a sus vecinos y vecinas joyas de plata y de oro. Y el Señor hizo que los egipcios respetasen a los israelitas.

Entonces Moisés dijo a Faraón: “Cerca de la medianoche Dios va a pasar por Egipto, y en el país entero morirá el hijo mayor de cada familia, desde el hijo del rey, que es el heredero del trono, hasta el hijo de la esclava que trabaja en el molino; morirán también las primeras crías de los animales. En todo Egipto habrá gritos de dolor, como nunca hubo antes y nunca más habrá. Pero, entre los israelitas, ni aún un perro ladrará para una persona o un animal. Y así ustedes sabrán que el Señor Dios hace diferencia entre los egipcios y los israelitas. Entonces sus funcionarios vendrán a buscarme y se arrodillarán delante de mí, pidiendo que yo me vaya y lleve todo mi pueblo. Después de eso yo saldré.” Moisés salió muy enojado de la presencia del rey. Moisés y Aarón hicieron todas esas cosas espantosas delante de Faraón. Pero Dios endureció el corazón del rey, y este no dejó que los israelitas salieran del país (11:1-10).

 

La Primera Pascua; La Décima Plaga

 

-       10ª plaga:

Dios habló con Moisés sobre cómo los israelitas tendrían que prepararse para la última y más terrible plaga de todas:

-       El jefe de cada hogar debería escoger un cordero o un carnero de un año, sin defecto alguno. Dios es perfecto y nunca aceptaría un animal enfermo o herido. El cordero tuvo que ser guardado hasta el día determinado por el Señor. Matarían el cordero en la noche de aquel día. Su sangre, de la cual su vida dependía, debería ser derramada (12:1-5).

-       Los israelitas recogerían la sangre en una vasija, tomarían una pequeña rama de un cierto arbusto y la mojarían en la sangre. Con esta rama, pasarían la sangre en las dos laterales y en la parte superior de la puerta en las casas en que comerían el cordero. La sangre del cordero, en la entrada de la puerta, iría a salvar a los primogénitos del juicio de Dios (12:7).

-       El animal sería asado sobre fuego abierto, hecho en un hoyo. Los israelitas deberían comer la Pascua completamente listos para una partida inmediata. Tuvieron que sacar la levadura de las casas y comer pan sin levadura (12:8-20).

-       Los israelitas no podrían salir de sus casas hasta el amanecer. Ellos se quedaron dentro de sus casas con la sangre en el lado de afuera. Se escondieron detrás de la sangre y de la muerte del cordero que Dios les ordenara que matasen en lugar del primogénito (12:22).

-       No podrían quebrar lo huesos del animal cuando lo matasen o comiesen (12:46).

            Los israelitas tuvieron que hacer exactamente como el Señor había instruido a Moisés.

            Los egipcios no aceptaron la Palabra de Dios, ni siguieron su plan. A la medianoche, el Señor mató a los hijos mayores de todas las familias de Egipto, desde el hijo del rey, que era el heredero del trono, hasta el hijo del preso que estaba en la cárcel. Él mató también a la primera cría de los animales. En todo Egipto había gente llorando y gritando, pues en todas las casas había un hijo muerto. El Ángel de la Muerte pasó por encima de toda casa en que vio la sangre del cordero; él pasó por las casas de los israelitas y no paró para matar (12:29-30).

Esa misma noche, Faraón llamó a Moisés y le dijo que sacara a los israelitas de Egipto (12:29-30). Ya era demasiado tarde para salvar a Faraón del juicio.

El Éxodo del Egipto

            Moisés orientó a los israelitas a pedir a los egipcios joyas de plata y de oro y ropas. Dios hizo que los egipcios dieran de buena voluntad a los israelitas todo cuanto ellos pedían. Los egipcios estaban ansiosos para librarse de los israelitas y darían de buena voluntad todo lo que fuera exigido como precio de la partida. Así, el pueblo de Israel tomó las riquezas de los egipcios (12:35-36).

            Los israelitas partieron, cerca de seiscientos mil hombres, sin contar sus familias. Entonces, deberían ser más o menos dos millones y medio dejando Egipto. Después de permanecer en Egipto 430 años, los israelitas salieron rumbo a Canaán (12: 37-41).

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

  1. Dios quiere comunicar su palabra a los líderes que nos gobiernan. Él quiso comunicarse con Faraón.
  2. El líder que rechaza la Palabra de Dios va a maltratar al pueblo. Faraón es un ejemplo de todos los gobernantes, estados e individuos autoritarios. Él rechaza lo que trae beneficios al pueblo, cuando eso puede disminuir su poder o su riqueza. Él considera el portavoz de la verdad un revoltoso que merece castigo (5:5; 10:28).
  3. Las personas que ven apenas las circunstancias actuales, pueden no querer oír la voz de Dios, porque piensan que serán perjudicadas. Después que Moisés y Aarón fueron a hablar con Faraón y él aumentó la dureza del trabajo forzado, los israelitas no quisieron oír más a Moisés (6:9).
  4. Líderes perversos no impiden que Dios actúe en beneficio de su pueblo. Faraón no podía impedir que Dios libertara a los descendientes de Abraham. Dios mandó la décima plaga, que obligó a Faraón a rendirse y libertar a los israelitas.
  5. Dios, siendo Todopoderoso, puede dominar la maldad de los hombres y obtener algún bien del mal. Por medio de la rebelión de Faraón, Dios mostró a los egipcios que solamente Él es el Dios vivo, verdadero y poderoso; y que los dioses en quien ellos confiaban eran incapaces de protegerlos del Dios de Israel.
  6. Satanás y sus siervos tienen algún poder, pero Dios es Todopoderoso (7:11, 22; 8:7, 18). Hubo una competencia entre Moisés y los magos de Faraón. Con sus artes, los magos de Egipto hicieron la misma cosa (7:20-22; 8_6-7) que Moisés con las dos primeras plagas. Habría sido más útil invertir el proceso, pero eso estaba más allá de su poder. El poder espiritual que no viene de Dios apenas aumenta los problemas de los hombres, no pudiendo solucionarlos.
  7. Los acontecimientos que castigan a los otros acaban beneficiando a los que confían en Dios. Las plagas tenían una doble naturaleza: castigo y salvación. Eran ellas la manifestación de la ira y del castigo de Dios contra Egipto, pero también la manifestación de la salvación divina a favor de Israel. El creyente debe interpretar cada evento como parte del bondadoso propósito de Dios para su vida (Ro 8:28).  Como ningún acontecimiento puede abalar su fe, ella termina siendo la victoria que vence el mundo (1 Jn 5:4).
  8. El castigo que viene de Dios también puede representar Su misericordia. Hasta la séptima plaga, Faraón había sido tratado con misericordia. Su vida fue prolongada para que el nombre y el poder del Señor fueran exaltados (9:14-16). Cada plaga representaba una oportunidad para que el rey se arrepintiera.
  9. Cada vez que el hombre lucha contra Dios, se hace más obstinado, sin embargo, nadie puede luchar contra Dios y ganar. El rey pensó que podría luchar contra Dios y que el Señor no podría hacerlo entregarse. Aún después de todas esas terribles plagas, Faraón estaba obstinado y se resistía a libertar a los israelitas (11:10).
  10. Dios manda el castigo sobre todos los que luchan contra él, pero, por su misericordia, Él salva a los que en él confían aceptando Su plan y Su camino para ser salvos y libertos del poder de la esclavitud del pecado.
  11. Dios hace distinción entre los salvos y los no-salvos. El Señor protegió a los israelitas para que las terribles plagas no los alcanzaran, a pesar de estar viviendo en Egipto (9:6-7; 11:7). Dios hizo distinción entre los israelitas y los egipcios. Los creyentes en Jesús son el pueblo de Dios y Él los guardará de los castigos que mandará sobre los que rechazan a Jesús.
  12. El castigo por el pecado es la muerte. La muerte era parte del juicio de Dios contra Egipto, tal como la muerte es el juicio universal contra el pecado (Gn 2:17). Los israelitas también eran pecadores y merecían morir por sus pecados. Cuando ellos mataron los corderos para que derramasen su sangre, concordaron en que el castigo del pecado es la muerte. El castigo por el pecado no es solamente la muerte física, sino también la separación eterna de Dios en el lago de fuego.
  13. El Nuevo Testamento presenta a Jesús como siendo el Cordero de Dios que nos libra de los pecados (Jn 1:29; 1Co 5:7; 1 P 1:19; Ap 7:9; 21:22). El Señor Jesús nació sin pecado y vivió una vida sin pecado. Como Cordero de Dios, Jesús murió para salvar al pecador de la muerte merecida. Él dio Su vida como paga por nuestros pecados.
  14. El hombre puede ser liberto por Dios solamente de acuerdo con Su voluntad y Su plan (12:1-36). El Señor rechazó las ropas que Adán y Eva hicieron para ellos en el Jardín del Edén (Gn 3:21). Él rechazó la ofrenda de Caín, porque no era de acuerdo con Sus planes (Gn 4:5-7). Noé tenía que hacer el arca exactamente como Dios mandó. En el diluvio, hubo apenas un arca y una puerta para entrar en ella (Gn 6:16). Solamente las personas en las casas marcadas por la sangre del cordero escaparon de la muerte (Ex 12:1-36). Hoy en día, solamente los que confían que Jesús derramó Su sangre para pagar por sus pecados son salvos del juicio de Dios. El Nuevo Testamento revela que Jesús es el único camino para llegar al verdadero Dios (Jn 14:6).

 

P R E G U N T A S

 

  1. ¿Qué sucede cuando los que gobiernan rechazan la Palabra de Dios así como hizo Faraón?
  2. ¿Por qué Faraón no podía impedir que Dios libertase a los descendientes de Abraham?
  3. ¿Cómo es que la distinción que Dios hizo entre los egipcios y los israelitas nos hace recordar la distinción entre los salvos y los no-salvos?
  4. ¿Cómo es que las plagas podían tener una dupla finalidad: castigo para los egipcios y salvación para los israelitas?
  5. ¿Qué pasa cuando un hombre lucha contra Dios, así como lo hizo Faraón?
  6. ¿Cuál fue el último juicio que Dios mandó sobre los egipcios?
  7. ¿Qué mandó Dios que los israelitas hicieran, para que sus primogénitos no murieran?
  8. ¿Cómo el cordero que Dios mandó a los israelitas matar para salvar a sus primogénitos, nos hace recordar a Jesús?
  9. ¿Cuál fue la reacción de Faraón después que los primogénitos de los egipcios murieron?
  10. ¿Cuál es la lección, en este estudio, que puede traer un cambio para su vida?
  11. ¿Qué nos enseña este estudio a respecto de Dios?

REDIMIDOS Y PROBADOS POR DIOS

TEXTO: Éxodo 12 - 18

ESTRUCTURA:              

  Contexto:

Después que José y su familia fueron para Egipto, pasaron más o menos 400 años con los israelitas viviendo allí.

      Dios escogió y preparó a Moisés para libertar a los descendientes de Israel de la esclavitud. Dios mandó nueve plagas sobre Egipto, sin que el rey dejara a los israelitas salir de allí. Después de la novena plaga, Dios dijo a Moisés cómo los israelitas tendrían que prepararse para la última y más terrible de todas las plagas.

      El jefe de cada hogar debería escoger un cordero o un carnero de un año, sin ningún defecto (12:1-5). Debería recoger la sangre en una vasija, tomar una rama pequeña de un arbusto y mojarla en la sangre. Con esta rama, pasaría la sangre en las dos laterales y también en la parte superior de la puerta de la casa donde la familia estaba comiendo el cordero. Ellos deberían comer la Pascua completamente listos para una partida inmediata (12:11). Tuvieron que sacar la levadura de las casas y comer pan sin levadura (12:15-20).

      Los israelitas tuvieron que hacer exactamente como el Señor había instruido a Moisés. Los egipcios no aceptaron la Palabra de Dios. A la medianoche, el Señor mató a los hijos mayores de todas las familias de Egipto. El Ángel de la Muerte pasó por encima de todas las casas en que vio la sangre del cordero.

Esa misma noche, Faraón llamó a Moisés y le dijo que sacara a los israelitas de Egipto.

Cuando la familia de Israel entró en Egipto para vivir allí, eran 70 personas. Se habían multiplicado y ahora eran más o menos dos millones y medio dejando Egipto. Después de permanecer allí cerca de 430 años, los israelitas salieron, rumbo a Canaán (12:41).

  Personajes-clave: Moisés y los israelitas.

  Lugar-clave: El camino para Canaán.

  Repeticiones-clave:

  -- Cada vez que enfrentaron una crisis: los israelitas murmuraron, Moisés oró y Dios actuó. Esto sucedió cuando:  los israelitas vieron a Faraón y a su ejército marchando contra ellos (14:1-30); llegaron a un lugar llamado Mara, donde las aguas eran amargas (15:22-25); en el desierto de Sin ellos sentían falta de comida (16:1-35); llegaron a un lugar llamado Refidim donde no había agua para beber (17:1-7)

  -- Los israelitas quedaron con miedo de morir en el desierto (14:10-12; 16:3; 17:3). 

  Sentimientos-clave:

  -- El deseo de Dios de que los israelitas se recuerden de Sus acciones para libertarlos de Egipto.

  -- El éxtasis de los israelitas saliendo de Egipto sintiéndose victoriosos.

  -- La alegría de los israelitas con la muerte de los soldados de Egipto.

  -- El miedo de los israelitas de morir en el desierto.

  -- La murmuración de los israelitas delante de cada desafío.

  -- La frustración de Moisés delante de las reclamaciones de los israelitas, no obstante, su esperanza en Dios.

  -- La ira de Moisés con los israelitas cuando ellos desobedecieron a Dios.

  -- La preocupación de Jetro delante de la sobrecarga de Moisés.

  Problema-inicial: Cuando Faraón dejó que los israelitas salieran de Egipto, Dios no los llevó por el camino que va por el país de los filisteos. Dios llevó a los israelitas a acampar frente al mar Rojo.

  Puntos de referencia en la secuencia narrada:

Dejando Egipto

-- Dios estableció la Fiesta de los Panes Asimos para que los israelitas enseñaran a sus hijos (13:1-11).

-- La columna de nube y la columna de fuego dirigieron a los israelitas (13:17-22).

-- Los israelitas atravesaron el Mar Rojo salvos, mientras que los egipcios fueron muertos (14:1-31).

-- Moisés y Miriam celebraron las acciones de Dios, el Redentor (15:1-21).

La Provisión de Dios en el Desierto

-- En Mara, las aguas amargas quedaron buenas cuando Moisés arrojó la madera en ellas (15:22-27).

-- En el desierto de Sin, el pueblo reclamó de la comida y Dios mandó el maná y las codornices (16:1-31).

-- En Refidim, los israelitas reclamaron porque les faltaba agua y Dios mandó que Moisés golpeara la roca y el agua salió (17:1-7).

-- En la guerra contra los amalequitas, Josué fue victorioso (17:8-16).

Moisés Escoge Ayudantes

-- Jetro visitó a Moisés y le aconsejó que no resolviera todos los problemas solo, sino que debería escoger ayudantes (18:1-27).

  Situación-final: A pesar de la falta de fe y la murmuración del pueblo, Dios les dio agua, comida y también protección contra los enemigos de los israelitas. Moisés escogió algunos hombres para ser sus ayudantes.

 

NARRATIVA

Dejando Egipto

Luego que Dios libertó a los israelitas de Egipto, Él estableció la Fiesta de los Panes Asimos, que debería ser conmemorada el primer día de cada año. Durante siete días, los israelitas comerían pan sin levadura. Durante la fiesta, ellos contarían la historia de la liberación a sus hijos y harían eso por causa de todo lo que el Señor había hecho por los israelitas cuando salieron de Egipto (13:3-10).

Empezó, propiamente, el Éxodo, la marcha del pueblo de Dios por el desierto rumbo a la Tierra Prometida. Dios no los llevó por el camino que va por el país de los filisteos, a pesar de ser el más corto. Dios no quiso que los israelitas cambiaran de idea y volvieran a Egipto cuando vieran que tendrían que guerrear. Moisés llevó los huesos de José. José había hecho que los israelitas juraran que irían a llevar sus huesos de vuelta a Canaán (Gn 50:25; Ex 13:7-19).

Dios redimió a los israelitas de la esclavitud Egipto y empezó a guiarlos de vuelta para la tierra de Canaán, la cual había prometido a Abraham. Durante el día el Señor iba adelante de ellos en una columna de nube para mostrarles el camino. Durante la noche, Él iba adelante, en una columna de fuego para iluminar el camino (13:20-22).

            La columna de nube durante el día y la columna de fuego durante la noche eran las providencias de Dios para permitir que los israelitas vivieran y viajaran en el desierto de día y de noche (13:21). En el desierto, el sol del día es muy fuerte y las noches son muy frías. Dios hizo del desierto un lugar de temperatura amena. La nube hizo el desierto más fresco durante el día y la columna de fuego hizo la noche menos fría. “La gloria del Señor apareció en la nube” (16:10).  La “gloria del Señor” era una señal visible de la presencia de Dios.

Dios guio a los israelitas hasta el Mar Rojo. Él los llevó hasta el mar porque planeó demostrar tanto a ellos como a los egipcios que Él es el Dios Todopoderoso. Cuando contaron a Faraón que los israelitas habían huido, él cambió de idea y dijo: “¡Dejamos que nuestros esclavos, los israelitas, huyeran de nosotros!”, y fue atrás de los israelitas, que estaban saliendo de manera victoriosa (14:1-9).

Cuando los israelitas vieron a Faraón y su ejército marchando contra ellos, quedaron con mucho miedo y acusaron a Moisés de traerlos al desierto para ser muertos. Dijeron a Moisés: “¿Será que no había sepulturas en Egipto? ¿Por qué nos trajiste para morir aquí en el desierto? ¡Pues es mejor ser esclavo de los egipcios que morir aquí en este desierto!”

No obstante, Moisés confiaba en el Señor y dijo a los israelitas que Dios lucharía por ellos (14:10-14).

Israel no podía escapar de los egipcios si Dios no abriese un camino para ellos. El ejército de los egipcios estaba atrás de ellos y el mar adelante. Dios cambió la nube que estaba guiando a Israel y la puso entre ellos y los egipcios. Atrás de los israelitas, la nube era brillante y luminosa como el sol; delante de los egipcios, sin embargo, era una negra oscuridad (14:19-20).

Moisés extendió la mano sobre el mar y el Señor Dios, con un viento del Este muy fuerte, hizo que el mar retrocediera. Las aguas fueron divididas y los israelitas pasaron por el mar en tierra seca, con murallas de agua a los dos lados. Los egipcios, que los perseguían, entraron atrás de ellos, todos los caballos, sus carros y sus caballeros, hasta el medio del mar.

Dijo Dios a Moisés: “Extiende la mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan contra los egipcios, sobre sus carros y sobre sus caballeros”. Moisés extendió la mano sobre el mar y éste volvió para su lugar. Las aguas volvieron y cubrieron todo el ejército de Faraón y no escapó ninguno de ellos. En aquel día, Dios salvó al pueblo de Israel de los egipcios, y los israelitas los vieron muertos en la playa (14:21-30).

 

Las Providencias de Dios en el Desierto

Moisés y los israelitas cantaron una canción celebrando las acciones de Dios a favor de Israel. Ellos cantaron un salmo de acción de gracias, como un canto de victoria. Dios, el Redentor, el Dios Guerrero, el Todopoderoso era adorado. Ellos cantaron esta canción al Señor:

  Cantaré al Señor porque Él conquistó una victoria maravillosa; Él lanzó al caballo y al jinete dentro del mar. El Señor es mi fuerte defensor; fue Él quien me salvó. Él es mi Dios. Él es el Dios de mi padre. El Señor es un guerrero. Él lanzó en el mar el ejército egipcio y sus carros de guerra. ¡Cómo es maravillosa tu victoria!

  ¡No hay otro Dios como tú, oh Señor! ¿Quién es santo y majestuoso como tú? ¿Quién puede hacer los milagros y las maravillas que haces? Por causa de tu amor tú guiaste al pueblo que salvaste; con tu gran poder tú los llevaste para tu tierra santa. ¡El Señor será rey para siempre!

  Los israelitas atravesaron el mar en tierra seca. Mas, cuando los carros de guerra de los egipcios, con sus caballos y jinetes, entraron en el mar, el Señor hizo que las aguas volvieran y los cubrieran (15:1-18).

La profetisa Miriam, hermana de Aarón, tomó un pandero y todas las mujeres la acompañaron, tocando panderos y danzando. Miriam cantó: “Canten al Señor, porque Él conquistó una victoria gloriosa; ¡Él lanzó los caballos y los jinetes dentro del mar! (15:19-21).

Después de caminar tres días de distancia del Mar Rojo, ellos llegaron a un lugar llamado Mara, donde las aguas eran amargas y no se podían tomar. El pueblo reclamó con Moisés, pero Moisés pidió socorro al Señor. Dios mostró a Moisés un pedazo de madera para lanzar al agua.  Moisés arrojó la madera en el agua, y el agua quedó buena para ser bebida (15:22-25).

En el desierto de Sin, después de algún tiempo, el pueblo empezó a reclamar de nuevo. Ellos sentían falta de carne. En el desierto, no podían encontrar comida para más de dos millones de personas. Reclamaron contra Moisés y Aarón diciendo: “¡Habría sido mejor que el Señor nos hubiera matado en Egipto! Allá, nosotros podíamos por lo menos sentarnos y comer carne y otras comidas a gusto. En el desierto, nos estamos muriendo de hambre.”

Moisés contestó: “Dios escuchó los reclamos de ustedes contra Él. Fue contra Él y no contra nosotros, que ustedes reclamaron” (16:2-8).

            Moisés prometió que Dios proveería carne en aquella tarde y pan con abundancia al día siguiente. Esa misma tarde apareció una gran bandada de codornices; eran tantas que cubrían el campamento. A la mañana siguiente, había rocío alrededor de todo el campamento. Cuando se secó el rocío, por encima de la arena del desierto una cosa fina como la escarcha en el suelo. Los israelitas vieron aquello y no sabían lo que era. Preguntaron: “¿Qué es eso?”

            Moisés les dijo: “Eso es el alimento que Dios les está mandando para que coman. Este es la orden que Dios dio: ‘Cada uno de ustedes deberá juntar lo que sea necesario para comer de acuerdo con el número de personas que haya en la familia, dos litros por persona.’ “. Y así lo hicieron los israelitas. Cada uno había tomado exactamente lo necesario para comer.

            Entonces Moisés les dijo: “Nadie deberá guardar nada para el día siguiente.” Pero algunos no obedecieron a la orden de Moisés y guardaron una parte de aquel alimento. Al día siguiente lo que había sido guardado estaba lleno de bichos y olía mal. Ahí, Moisés se enojó con ellos.

            En el sexto día, Moisés les ordenó “Recojan ese alimento durante seis días; pero en el séptimo día, que es el día de descanso, no habrá alimento en el suelo.” Ellos debían guardar el alimento para el día de descanso, el sábado santo, separado para el Señor. Conforme la orden de Moisés, todos guardaron para el día siguiente lo que había sobrado. No olió mal, ni creó bichos.

            En el séptimo día, algunas personas salieron para buscar alimento, pero no encontraron nada. Entonces el Señor le dijo a Moisés: “¿Hasta cuándo ustedes irán a desobedecer mis órdenes y mis leyes? Acuérdense que yo, el Señor, di a ustedes un día de descanso y fue por eso que yo les di alimento para dos días. En el séptimo día quédense todos donde estuvieren; nadie deberá salir de casa.” Así el pueblo no trabajó el séptimo día.

            Los israelitas dieron a aquel alimento el nombre de maná. Él era parecido con una semilla blanca y tenía gusto a torta de miel. Aarón puso dos litros de maná en una vasija delante del arca de la alianza para que quedara guardada ahí. Durante cuarenta años los israelitas tuvieron maná para comer, hasta que llegaron a la frontera de Canaán.

            Dios proveyó fielmente la alimentación para los israelitas todo el tiempo en que estuvieron en el desierto. Él nunca falló para con ellos. Ni los israelitas y ni Moisés pudieron proveer alimento, pero el Señor pudo (16:11-35).

            Luego los israelitas se olvidaron del grande poder del Señor cuando llegaron a un lugar llamado Refidim, donde no había agua para beber. En el desierto no existía ningún lugar donde hubiera agua. Ellos reclamaron, gritando contra Moisés y le dijeron: “Danos agua para beber. ¿Por qué nos sacaste de Egipto?  ¿Habrá sido para matarnos de sed, a nosotros, a nuestros hijos y a nuestras ovejas y cabras?”

            Entonces Moisés clamó pidiendo la ayuda del Señor Dios: “¿Qué hago con este pueblo? ¡Un poco más, y ellos querrán matarme apedreado!”

            Dios le respondió: “Escoge entre ellos algunas autoridades y pasa con ellas delante del pueblo. Lleva también la vara de pastor. Golpea la roca, y de ella saldrá agua para que beba el pueblo (17:1-7).

            Cuando todavía estaban en Refidim, el lugar donde Moisés golpeó la roca y de ella salió agua para que bebiera el pueblo, los amalecitas vinieron y atacaron a los israelitas, queriendo tomar esa agua para ellos. Moisés escogió a Josué para dirigir a los guerreros israelitas. Josué fue a combatir a los amalecitas mientras Moisés, Aarón y Hur subieron hasta la cumbre del monte. Cuando Moisés permanecía con los brazos levantados, los israelitas vencían. Pero cuando él bajaba los brazos, eran los amalecitas que vencían. Cuando los brazos de Moisés se cansaron, Aarón y Hur tomaron una piedra y la pusieron cerca para que Moisés se sentara. Y los dos, uno a cada lado, sostenían los brazos de Moisés. De esa manera, sus brazos quedaron alzados hasta que se puso el sol. Y así Josué derrotó completamente a los amalecitas (17:8-16).

 

Moisés Escoge Ayudantes

 

            Jetro, el sacerdote de Madián y suegro de Moisés, supo todo lo que Dios había hecho por Moisés y por los israelitas. Jetro fue con la mujer y los dos hijos de Moisés para el desierto, donde estaban acampados. Entonces Moisés salió para encontrarse con Jetro, se curvó en señal de respeto y lo besó. Ellos entraron en la tienda de Moisés, el cual contó al suegro todo lo que Dios había hecho con el rey de Egipto, las dificultades que el pueblo había tenido en el camino y como Dios los había ayudado (18:1-12).

            Al día siguiente, Moisés se sentó para juzgar los casos del pueblo y se quedó ocupado desde la mañana hasta que se puso el sol. Jetro vio aquello y preguntó: “¿Por qué estás resolviendo solo los problemas del pueblo, desde la mañana hasta la noche? Lo que estás haciendo no está bien. De esa manera, te vas a quedar demasiado cansado y el pueblo también”. Moisés se estaba desgastando y cansando al pueblo. El suegro le llamó la atención para el equívoco y dio sugerencias de cómo solucionar el problema. Jetro aconsejó a Moisés que escogiera hombres capaces, que temiesen a Dios, que mereciesen confianza y que fuesen incorruptibles. Estos hombres serían puestos como jefes del pueblo: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. Ellos serían los jueces que juzgarían los problemas del pueblo. Los casos más fáciles ellos mismos resolverían, pero los casos más difíciles serían traídos a Moisés. Moisés aceptó el consejo y escogió hombres capaces para ayudarlo (18:13-26).

 

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

 

1.              Los israelitas fueron redimidos por la sangre del Cordero. Fueron redimidos porque aceptaron el plan de Dios para ser libertos. El hombre hoy puede ser redimido por la sangre de Jesús, aceptándolo como siendo el plan establecido por Dios para libertarnos de la esclavitud del pecado.

2.              El hogar debe ser el principal lugar donde los niños deben ser enseñados sobre los hechos de Dios. El padre tiene la responsabilidad principal de ser el líder espiritual que enseña a sus hijos. Durante las fiestas de los panes sin levadura, los padres deberían contar a sus hijos que estaban haciendo eso por causa de todo lo que el Señor hizo por los israelitas cuando salieron de Egipto (Ex. 13:10).

3.              Los redimidos por Dios son guiados por Él (Ex. 13:20-22). Tal como las columnas de nube y de fuego guiaron a los israelitas, los creyentes de hoy son guiados por la Biblia y por el Espíritu Santo. 

4.              En Juan 1:14, Jesús es llamado la “gloria” de Dios. Tal como la columna de nube y la columna de fuego eran señales visibles de Dios en el desierto (Ex 16:10), en el Nuevo Testamento, Jesús es la señal visible de la presencia de Dios.

5.              El brillo de la presencia de Dios alumbra el más árido desierto de la vida. La columna de nube durante el día y la columna de fuego durante la noche fueron las providencias de Dios para permitir que los israelitas viviesen y viajasen en el desierto. Ex 16:10 dice que “la gloria del Señor apareció en la nube”. La “gloria del Señor” quiere decir una señal visible de la presencia de Dios.

6.              No siempre Dios salva a sus seguidores de grandes peligros, pero los lleva a través de los peligros y los ayuda para mostrar su gran poder. Cuando Faraón decidió recapturar a Israel y fue detrás de los israelitas, Dios hizo que el mar retrocediera y los israelitas pasaran por el mar en tierra seca, con murallas de agua a los dos lados (Ex 14:21-22), pero Dios permitió que las aguas volvieran sobre los ejércitos de Faraón (Ex 14:26-30). En Refidim, cuando los amalecitas vinieron y atacaron a los israelitas, Dios ayudó a Josué a derrotar completamente a los amalecitas (Ex 17:8-16).

7.              Las personas no merecen lo que Dios hace por ellas; Él lo hace por causa de su misericordia. Cuando el ejército egipcio apareció, los israelitas no merecieron la salvación que Dios les dio, pues ellos no tuvieron fe y criticaron a Moisés (Ex 14:10-12). Fueron salvos por causa de la misericordia de Dios.

8.              La desesperación delante de un peligro puede ser un impulso de fe para tener coraje de hacer lo imposible. Lo que dio a los israelitas coraje para pasar por el mar fue el miedo del ejército de Faraón, que estaba detrás de ellos. El miedo de los soldados, la desesperación y la seguridad de que Dios era la única esperanza dieron a ellos la fe para andar entre los dos muros de agua (Ex 14:15-25).

9.              El Dios Redentor merece las alabanzas de los redimidos (Ex 15:1-21). Éxodo 15 es, principalmente, una canción celebrando las acciones de Dios a favor de Israel. Dios, el Redentor, es adorado. Una parte del culto a Dios es la celebración de sus hechos en la historia y en el presente.

10.           Dios y su pueblo dan valor a las mujeres como criaturas de Él y Sus siervas que tienen grandes valores espirituales. La profetisa Miriam dirigió a las mujeres en una canción y danza de alabanza (Ex 15:20-21). Miriam es una de las grandes mujeres de la Biblia.

11.           Dios dirige a los redimidos por las situaciones de la vida, donde las soluciones están más allá del alcance del ser humano. En el desierto, los israelitas no pudieron encontrar agua o comida, ni tuvieron protección contra los enemigos. Habiendo sido libertados por Dios y a Él seguido, los israelitas estaban en una situación donde la solución de sus problemas estaba fuera del alcance humano. Sin el socorro de Dios, ellos irían a morir en el desierto.

12.           Dios es capaz de cuidar de las necesidades básicas de aquellos a quien Él liberta. Había tres necesidades básicas en el desierto: alimento, agua y liberación de los enemigos. En el desierto, Dios suplió las necesidades básicas de los israelitas:

-       Agua (15:22-25; 17:5-7);

-       Alimento (16:11-18);

-       Liberación de los enemigos (17:8-16).

13.           El alimento llamado maná se transformó, por la interpretación de Jesús, la figura de sí mismo, siendo el alimento espiritual de sus seguidores (Ex 16:11-18; Jn 6:26-58).

14.           Las circunstancias de la vida y los problemas que afectan un ser humano no determinan sus actitudes o reacciones, pero revelan lo que está dentro de él. Cuando vieron los problemas de la vida, cuya solución estaba más allá del alcance de los israelitas, les faltó fe, reclamaron de Dios y criticaron a Moisés. Delante de las mismas circunstancias, Moisés, con fe, clamó a Dios pidiendo ayuda. Reaccionando con murmuraciones, el pueblo mostró la verdadera naturaleza de los israelitas. Las circunstancias no hicieron que ellos murmuraran, pero revelaron que ellos tenían una disposición para murmurar dentro de sí. En las mismas situaciones que ellos, Moisés tuvo una actitud de fe, quedando en la expectativa de que Dios iría a solucionar el problema. Las circunstancias no determinan nuestras actitudes o reacciones, pero revelan lo que está dentro de nosotros.

15.           Para experimentar la liberación de Dios, su pueblo tiene que entrar en oración y acción. Cuando Moisés levantó las manos, él estaba en la posición de oración generalmente usada por los israelitas (Sl 63:4). Ambas, oración y acción, son esenciales. Mientras Moisés estaba en el monte orando, Josué y los soldados estaban en el valle luchando (Ex 17:8-16).

16.           El líder sin apoyo, puede debilitarse. Cuando los brazos de Moisés quedaron cansados, Aarón y Hur tomaron una piedra y la pusieron cerca de él para que Moisés se sentara. Y, los dos, uno a cada lado, afirmaron los brazos de Moisés. De esa forma, sus brazos quedaron levantados y Josué derrotó completamente a los amalecitas (17:11-13).

17.           El líder que centraliza todo puede perjudicar a sus liderados. Era eso lo que estaba sucediendo con Moisés (18:13-27).

18.           El líder necesita recibir y aceptar consejos oportunos. Jetro llamó la atención para el comportamiento de Moisés, que no era adecuado. Él se quedaba todo el día solo, juzgando los problemas del pueblo. Así, él estaba cansándose y el pueblo también (18:13-27).

19.           Cuando Satanás no consigue hacer que un líder espiritual caiga en pecado, él puede destruir su ministerio, llevándolo a trabajar demasiado, agotarse y acabar con su salud. Moisés corrió ese peligro cuando quedó ocupado juzgando los problemas del pueblo desde la mañana hasta la puesta del sol (18:13-27).

20.           En la corrección de un error, es necesario:

-- condenar el comportamiento errado;

-- dar sugerencias de como corregirlo;

-- aceptar y dar valor a la persona que está en error.

Jetro atacó el comportamiento de Moisés y dio sugerencias de cómo resolver el problema. Él no atacó a la persona de Moisés. El comportamiento de Moisés no era aceptable. La persona de Moisés era aceptable (18:13-27).

21.           El líder debe trabajar acompañado. Jetro aconsejó a Moisés a escoger algunos ayudantes capaces y colocarlos como jefes del pueblo (18:19-26).

22.            Las cualidades exigidas para alguien ser un líder espiritual, son morales. Jetro aconsejó a Moisés a escoger hombres capaces, temientes a Dios, merecedores de confianza y honestos en todo (18:21).

23.           Las actividades principales del líder espiritual se encuentran en Éxodo 18:19-21;

-- Orar (18:19).

-- Enseñar la Palabra de Dios y entrenar personas para servirlo (18:20). Moisés enseñó a los israelitas las leyes de Dios. Él entrenó personas capaces para ser jueces.

-- Orientar personas en aplicaciones específicas, en situaciones específicas (18:20).

-- Dar responsabilidades a personas preparadas (18:24-26). Hombres capaces fueron escogidos para juzgar los problemas más fáciles del pueblo. Los hombres fueron escogidos y Moisés les dio la tarea de juzgar.

 

P R E G U N T A S

 

1.     ¿Cómo el Señor dirigió a los israelitas mostrando a dónde deberían ir?

2.     ¿Cuál fue la reacción de los israelitas cuando vieron los ejércitos de Faraón siguiéndolos?

3.     ¿Qué hizo Dios para libertar a los israelitas de los egipcios a la orilla del mar?

4.     ¿Cuáles fueron los principales problemas que los israelitas enfrentaron en el desierto?

5.     ¿Cómo fue que Dios proveyó agua y comida para los israelitas en el desierto?

6.     ¿Usted ha experimentado a Dios, probando Su capacidad de cuidar de sus necesidades básicas?

7.     Cuando enfrentaron las crisis, ¿cuál fue la reacción del pueblo y cuál la reacción de Moisés?

8.     ¿Qué revelan sus reacciones a los problemas sobre lo que está dentro de usted? ¿Usted necesita cambiar para tener otras reacciones?

9.     ¿Qué revela la manera como Dios trató a los israelitas redimidos de la esclavitud sobre la forma como Él trata a los redimidos por la sangre de Jesús?

10.  ¿Cómo Jetro ayudó a Moisés cuando vio el error de él?

11.  ¿Cómo usted puede ayudar a su líder espiritual?


 

EL LEGISLADOR DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS

 

TEXTO: Éxodo 19-20

ESTRUCTURA:

 

Contexto:

 

            Dios había prometido a Abraham que daría a sus descendientes la tierra de Canaán. Dios renovó la promesa al hijo de Abraham, Isaac, y al nieto, Jacob. Jacob tuvo su nombre cambiado para Israel. Jacob, o Israel, tuvo doce hijos. Uno de sus hijos, José, fue tan odiado por sus hermanos, que estos lo vendieron para ser un esclavo en Egipto. Dios capacitó a José para interpretar los sueños del Faraón, el rey de Egipto. El rey puso a José en una posición de poder sobre toda la tierra de Egipto. José salvó el pueblo de Egipto de una gran sequía.

            En esa sequía, que trajo gran hambre, los hermanos de José descubrieron que él estaba vivo y en una posición de autoridad en Egipto. Faraón invitó al padre y a los hermanos de José, con todos sus hijos y nietos, a ir a vivir en Egipto. José y sus hermanos, con sus familias, siguieron viviendo en Egipto, después que la sequía se acabó. José y toda su generación murieron en Egipto (1:6).

            Los descendientes de Israel tuvieron muchos hijos y aumentaron tanto, que se volvieron poderosos; quedaron muy ricos; poseían mucho ganado, cabras y ovejas (1:7). José y toda su generación tenían todo lo que necesitaban en Egipto, porque el rey egipcio era amigable y agradecido a José por haber salvado a su tierra del hambre. Pero muchos años después, las cosas cambiaron. Vino un nuevo rey, el cual, además de no saber nada al respecto de José, tuvo miedo de los israelitas e hizo planes para acabar con ellos, haciéndolos esclavos, tratándolos con brutalidad y crueldad. Trescientos y cincuenta años se pasaron con los israelitas en Egipto, cuando nació Moisés. Dios escogió y preparó a Moisés para liberar los descendientes de Israel de la esclavitud.

            Cuando los israelitas estaban en Egipto, ellos aprendieron a adorar a los dioses de Egipto. Los artistas de Egipto dejaron obras de arte representando millares de dioses. Los egipcios afirmaron que el poder de sus dioses hizo de Egipto la nación más poderosa del mundo. Dijeron que el poder de Faraón era la encarnación o personificación del poder de sus dioses. Ellos creyeron que los israelitas eran esclavos porque los dioses de Egipto dieron a ellos, egipcios, el poder sobre los israelitas.

            Pero, la creencia en el poder de los dioses de Egipto cayó por tierra, delante de la manifestación del poder de Dios. Cada una de las diez plagas que Dios mandó sobre Egipto era un golpe contra uno de sus dioses. El poder del Dios Todopoderoso destruyó el poder de Faraón y probó que el Señor era más fuerte que los dioses de Egipto. Cuando Dios decide actuar, nadie puede impedirlo.

            Dios utilizó a Moisés y a Aarón para hablar a Faraón, el rey de Egipto, dando el siguiente mensaje: “Deja salir a mi pueblo” (5:1). Faraón se negó a libertar a los israelitas, aumentó el trabajo pesado de los esclavos y mandó que los supervisores los tratasen con mayor dureza. Dios mandó nueve plagas sobre Egipto, sin que el rey dejase los israelitas salir. Después de la novena plaga, Dios habló a Moisés cómo los israelitas tendrían que prepararse para la última y más terrible de todas las plagas. El jefe de cada hogar debería escoger un cordero o carnero, matarlo y, con una rama, poner la sangre en los dos lados y en la parte superior de la puerta de la casa. A la medianoche, el Señor mató a los hijos mayores de todas las familias de Egipto. El Ángel de la Muerte pasó por encima de toda casa en que vio la sangre del cordero y no entró. Faraón llamó a Moisés aquella misma noche y le dijo que sacara a los israelitas de Egipto (12:1-51).

Cuando la familia de Israel entró en Egipto para vivir, eran sólo 70 personas. Se habían multiplicado y ahora eran más o menos dos millones y medio dejando Egipto. Después de permanecer allí 430 años, los israelitas salieron rumbo a Canaán (12:41).

            Dios redimió a los israelitas de la esclavitud de Egipto y comenzó a guiarlos de vuelta para la tierra de Canaán. Cuando salieron de Egipto, el Señor Dios iba adelante de ellos, durante el día, en una columna de nube; y, durante la noche, en una columna de fuego. Dios guio a los israelitas hasta el Mar Rojo (14:1-3). Faraón decidió volver a capturar. Cuando los israelitas vieron al rey y su ejército marchando contra ellos, quedaron con pavor (14:12). El ejército de los egipcios estaba atrás de ellos y el mar adelante de ellos.

Moisés extendió su mano sobre el mar y el Señor Dios hizo que el mar retrocediera. Las aguas fueron divididas y los israelitas pasaron por el mar en tierra seca, con murallas de agua a los dos lados. Cuando los ejércitos de Faraón siguieron a Israel hasta el mar, Dios permitió que las aguas se volvieran sobre ellos. Dios hundió al ejército egipcio en el mar, sin embargo, protegió a todos los israelitas (14:21-31).

En el desierto, los israelitas no podían encontrar comida. Dios los hizo vivir situaciones en que la solución de sus problemas estaba lejos del alcance humano. Sin el socorro de Dios, ellos irían a morir en el desierto. Dios se mostró capaz de cuidar de sus necesidades básicas, dándoles agua, comida y liberación de los enemigos.

Ellos llegaron a un lugar donde las aguas eran amargas y no podían ser bebidas. El pueblo reclamó, pero Moisés pidió socorro a Dios (15:22-25). Dios mostró a Moisés un pedazo de madera que, arrojado en el agua, haría que quedara buena para beber (15:25). Los israelitas sintieron falta de carne y reclamaron (16:2-4). Dios les dio comida: las codornices y el maná (16:11-12). Ellos llegaron a un lugar llamado Refidim, donde no había agua para beber. Ellos reclamaron y Dios mandó que Moisés golpeara una roca. Él la golpeó y de ella salió agua para que el pueblo bebiera (17:5-7). En la guerra contra Amalec, Dios mostró que podía salvar a su pueblo, libertándolo de los enemigos.

Los israelitas llegaron al pie del monte Sinaí. Fue en el monte Sinaí que ellos recibieron de Dios los diez mandamientos. El legislador de los diez mandamientos es el Dios Todopoderoso, que tenía el poder de sacarlos de Egipto y libertarlos de la esclavitud. Es el Dios que los guio por medio de las columnas de nube y de fuego. Es el Dios que suplió sus necesidades en el desierto.

  Personaje-clave: Dios.

  Lugar-clave: Monte Sinaí.

  Repeticiones-clave:

-- Los israelitas respondieron todos juntos: “Nosotros haremos todo lo que el Señor mandó” (19:7; 24:3).

-- Nueve de los diez mandamientos empiezan con la palabra “No”.

-- Dios destacó lo que hizo para los israelitas, libertándolos de Egipto (19:4; 20:2).

-- Dios estableció límites que los israelitas no podían ultrapasar (19:12,21,23,24).

-- Los israelitas temblaron de miedo cuando oyeron los truenos y el sonido de la trompeta y vieron los relámpagos y el humo que salía del monte (19:16; 20:18).

  Sentimientos-clave:

-- El temor de los israelitas cuando oyeron los truenos y el sonido de la trompeta, y vieron los relámpagos y el humo que salía del monte. (19:7; 24:3) (19:7; 24:3)

-- La predominancia de Dios.

-- La firmeza de los israelitas cuando confirmaron: “Nosotros haremos todo lo que el Señor mandó”.

  Problema-inicial: Dijo Dios a los israelitas: “Ustedes vieron con sus propios ojos lo que yo, el Señor, hice con los egipcios y cómo los traje a ustedes para cerca de mí. Ahora, si me obedecen y cumplen mi alianza, ustedes serán mi pueblo.”

  Puntos de Referencia en la Secuencia Narrada:

Los Israelitas al Pie del Monte Sinaí

-- Los israelitas acamparon al pie del monte Sinaí (19:1-2).

-- Dios hizo que se recordaran de lo que hizo con los egipcios y cómo los libertó (19:3-4).

-- Dios estableció un pacto con los israelitas, si el pueblo obedeciese a Dios, Él lo escogería para ser su pueblo (19:5-6).

-- La respuesta del pueblo: “Nosotros haremos todo lo que el Señor ordenó” (19:7-8).

La Preparación para la Presencia del Señor

-- Dios mandó que los israelitas se purificaran para adorarlo y estableció límites alrededor del Monte Sinaí. Si alguna persona o animal pasase de los límites, sería muerto.

-- El día marcado para el encuentro con Dios, hubo, en el monte, rayos, fuego, humo, sonido fuerte de trompeta, nube espesa y terremotos. El pueblo tembló de miedo (19:16-20).

Los Diez Mandamientos

-- Dios dio a Moisés los diez mandamientos y otras leyes a ser obedecidas (20:1-24:3).

1º No tendrás otros dioses delante de mí (20:3).

2º No harás para ti imagen de escultura; no las adorarás (20:4-5).

3º No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano (20:7).

4º Acuérdate del día de sábado, para santificarlo. Seis días trabajarás (20:8-9).

5º Honra a tu padre y a tu madre (20:12).

6º No matarás (20:13).

7º No adulterarás (20:14).

8º No hurtarás (20:15).

9º No dirás falso testimonio (20:16).

10º No codiciarás (20:17).

-- Los israelitas respondieron todos juntos: “Nosotros haremos todo lo que el Señor mandó” (24:3).

  Situación-final: Los israelitas prometieron todos juntos: “Nosotros haremos todo lo que el Señor mandó”.

NARRATIVA:

Los Israelitas al Pie del Monte Sinaí

            Después de libres y llevados hasta el Monte Sinaí, los israelitas armaron el campamento al pie del monte. Este era el monte donde Moisés había visto la zarza quemando y Dios le había prometido que lo traería de vuelta a ese monte junto con los israelitas (Ex 3:12). Moisés subió al monte para encontrarse con Dios.

            Dios quiere que Moisés recuerde a los israelitas: “Ustedes vieron con sus propios ojos lo que yo, el Señor Dios, hice con los egipcios y cómo los traje a ustedes para cerca de mí” (19:4).

            Dios les ofreció un pacto: “Si me obedecen y cumplen mi acuerdo, ustedes serán mi pueblo. Ustedes son un pueblo separado para mí y me servirán como sacerdotes” (19:5-6). Dios llamó al pueblo para hacer un pacto con Él. La respuesta dada por el pueblo fue: “Nosotros haremos todo lo que el Señor mandó” (19:8).

La Preparación para la Presencia del Señor

            Dios planeó mostrar Su gloria, poder y santidad delante de los israelitas y les mandó que se prepararan para adorarlo. Deberían purificarse, lavar sus ropas, establecer un límite alrededor del monte y evitar que alguien llegara cerca o tocase en él. Si un israelita o animal tocase en el monte cuando Dios descendiese, sería muerto. El pueblo tendría que hacer de acuerdo como Dios había mandado; de lo contrario, todos morirían (19:10-15).

El día marcado, hubo truenos y relámpagos, una nube oscura apareció en el monte y se oyó un ruido muy fuerte de trompeta; salía humo del monte y todo el pueblo que estaba en el campamento tembló de miedo. El Señor dijo a Moisés: “Los sacerdotes y el pueblo no deben pasar los límites para subir hasta el lugar donde yo estoy. Si hicieren eso, yo los mataré” (19:16-24).

Los israelitas fueron redimidos por el poder de Dios. Él libertó a los israelitas de la esclavitud de los egipcios. Cuando Dios empezó a dar los diez mandamientos, Él se presentó: “Yo, el Señor, soy su Dios. Yo los saqué de Egipto, la tierra donde eran esclavos” (20:1-2).

Los Diez Mandamientos

Dios dio los diez mandamientos (20:1-17):

1º No tendrás otros dioses delante de mí. Adora a mí solamente (20:3).

2º No harás para ti imagen de escultura; no las adorarás. No hagas imágenes de ninguna cosa de las que hay arriba en el cielo, o aquí abajo, en la tierra o en las aguas de debajo de la tierra. No te arrodilles delante de ídolos, ni los adores, porque yo soy tu Dios y no acepto a otros dioses (20:4-5).

3º No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano. No uses mi nombre sin el respeto que merece (20:7).

4º Acuérdate del día de sábado, para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todas tus obras. En seis días yo, Dios, hice el cielo, la tierra, los mares y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansé. Fue por eso que yo bendije el sábado y lo separé para ser un día santo (20:8-9).

5º Honra a tu padre y a tu madre para que vivas mucho tiempo en la tierra que te estoy dando (20:12).

6º No matarás (20:13).

7º No adulterarás (20:14).

8º No hurtarás (20:15).

9º No dirás falso testimonio contra nadie (20:16).

10º No codiciarás. No codicies la casa de otro hombre. No codicies su mujer, sus esclavos, su ganado, sus asnos o cualquier otra cosa que sea de él (20:17).

            El pueblo oyó los truenos y el sonido de la trompeta y vio los relámpagos y el humo que salía del monte. Ellos temblaron de miedo y se quedaron lejos. Dijeron a Moisés: “Si tú hablas, nosotros oiremos; pero, si Dios habla con nosotros, seremos muertos”.

            Moisés respondió: “No tengan miedo, pues Dios sólo quiere probarlos. Él quiere que ustedes continúen temiéndolo para que no pequen”.

            El pueblo se quedó en pie, de lejos, y solamente Moisés llegó cerca de la nube oscura donde Dios estaba (20:18-21).

            Después de haber dado los diez mandamientos a Moisés, Dios dio otras leyes para ser obedecidas (20:21 —24:3).

Dios prometió: “Si ustedes obedecen a mis leyes y a mis mandamientos, yo mandaré lluvia en el tiempo cierto, la tierra producirá cosechas, y los árboles darán frutas. Habrá bastante comida para todos. Ustedes vivirán seguros en su tierra. Todos dormirán sosegados y nadie los asustará, porque haré desaparecer de la tierra los animales salvajes y acabaré con las guerras. Ustedes vencerán a sus enemigos y los matarán; cinco de ustedes derrotarán a cien de ellos. Yo los bendeciré y les daré muchos hijos. Viviré en medio de ustedes, en mi Tabernáculo, y nunca los abandonaré. Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. Yo soy el Señor, el Dios de ustedes. Yo los saqué de Egipto para que ustedes no fueran esclavos de los egipcios”.

“Sin embargo, si ustedes no obedecen a todos mis mandamientos, si rechazan mis leyes, si desprecian mis órdenes y quiebran la alianza que hice con ustedes, entonces los castigaré. Mandaré calamidades, enfermedades y fiebres que perjudican la salud y debilitan el cuerpo. No será de ningún provecho sembrar los campos, porque serán los enemigos que comerán las cosechas. Yo seré contra ustedes y dejaré que sean derrotados por los enemigos (Lv 26:3-17).

 Después de haber recibido las leyes de Dios, los israelitas respondieron todos juntos: “Nosotros haremos todo lo que el Señor mandó” (24:3).

 

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

  1. Dios, el Legislador de los diez mandamientos, es Santo, mientras que el hombre es un pecador. Los límites establecidos para el pueblo y los animales alrededor del Monte Sinaí confirman que Dios es Santo, y el hombre pecador no puede aproximarse de Dios (19:12). Existe la certeza del juicio de Dios sobre todos los que se atreven a llegar a Su presencia cuando todavía están en pecado.
  2. El Legislador de los diez mandamientos es el Todopoderoso. Los egipcios afirmaron que fue el poder de sus dioses que hizo que Egipto fuera la nación más poderosa del mundo. Cada una de las 10 plagas que Dios mandó sobre Egipto era un golpe contra los dioses de ellos. El poder del Dios Todopoderoso destruyó el poder de Faraón y probó que el Dios de Israel es más poderoso que los dioses de Egipto (20:1-2).
  3. El Legislador de los diez mandamientos es el Dios Libertador. Los israelitas fueron redimidos por la sangre del Cordero y por el poder de Dios sobre el Mar Rojo. Él libertó a los israelitas de la esclavitud de los egipcios. Cuando Dios empezó a dar los diez mandamientos, Él se presentó: “Yo los saqué de Egipto, la tierra donde eran esclavos” (20:1-2).
  4. El Legislador de los diez mandamientos es el Dios que guía. Dios redimió a los israelitas de la esclavitud de Egipto y empezó a guiarlos de vuelta a la tierra de Canaán. Cuando salieron de Egipto, el Señor Dios iba delante de ellos durante el día, en una columna de nube para mostrarles el camino; durante la noche, Él iba delante de ellos en una columna de fuego para iluminar el camino. Dios guio a los israelitas hasta el Mar Rojo (14:1-3). Les dio los diez mandamientos para instruirlos, para que supieran cómo vivir. Los diez mandamientos nos guían para saber cómo debemos vivir una vida orientada por Dios.
  5. El Legislador de los diez mandamientos es el Dios que exige. Él exige el control absoluto sobre todas las áreas de la vida. Pero después de todo lo que el Dios Creador, el Dios Todopoderoso, el Dios Jesucristo ha hecho a nuestro favor, Él tiene el derecho de ser exigente.

5.1  Él exige control absoluto sobre todas las áreas de la vida. Dios estaba preparando al pueblo para recibir los diez mandamientos y dijo: “Si me obedecen y cumplen mi acuerdo, ustedes serán mi pueblo”. La respuesta dada por el pueblo fue: “Nosotros haremos todo lo que el Señor mandó” (19:5-8). Dios exigió que Su pueblo hiciera todo lo que Él había mandado.

5.2  Él exige control sobre las relaciones humanas. Dios exige que la relación con Él determine la relación con los otros. Los primeros cuatro mandamientos hablan de la relación de las personas con Dios (20:3-11). Los últimos seis mandamientos hablan de la relación de las personas con su prójimo (20:12-17).

5.3  Él exige que el hombre tenga restricciones sobre las tendencias que lo ofenden. Puede ser que alguien no haga lo que los mandamientos prohíben, más tiene la tendencia, el deseo de hacerlos.

-- Los jóvenes tienen la tendencia de pensar que saben más que sus padres.

-- El ser humano tiene la tendencia de desear eliminar a quien lo maltrata.

-- El hombre tiene la tendencia de pensar que otra mujer sería más interesante que la suya.

-- El hombre tiene la tendencia de querer obtener ventajas usando mentiras.

-- El hombre tiene la tendencia de desear lo que es del otro y de querer quitárselo.

5.4  Jesús aumenta las exigencias de los diez mandamientos. En el Sermón de la Montaña, Jesús dijo a sus discípulos: “No piensen que vine a acabar con la Ley de Moisés y las enseñanzas de los profetas. No vine a acabar con ellas, sino que vine a darles el verdadero sentido que tienen. Recuerden esto: mientras duren el cielo y la tierra, nada será quitado de la Ley: ni la menor letra, ni cualquier acento. Y así será hasta el fin de todas las cosas” (Mt 5:17-18).

Jesús, entonces, explica que Él aumenta las exigencias de los diez mandamientos. Los diez mandamientos exigen que el comportamiento sea colocado bajo el control de Dios. Jesús aumenta las exigencias de los diez mandamientos y exige que los pensamientos y los deseos sean colocados bajo Su control. Por ejemplo:

-- Los diez mandamientos exigen: “No mates”. Jesús, sin embargo, exige que no sienta odio de su hermano y que no diga al prójimo: “No vales nada”, y que no llame al prójimo de idiota (Mt 5:21-22).

-- Los diez mandamientos exigen: “No cometas adulterio”. Jesús, no obstante, exige que no se mire para una mujer cuando el propósito es tener relaciones íntimas con ella (Mt 5:27-28).

  1. Los diez mandamientos son para personas libertas. Los israelitas eran esclavos en Egipto y Dios los libertó de la esclavitud. Los diez mandamientos fueron dados a un pueblo cuya esclavitud había terminado y que estaba gozando de gloriosa libertad.
  2. Los diez mandamientos son reglas para gozar la libertad. No puede haber libertad donde estos mandamientos son quebrados. Cuando la meta del pueblo es gozar la libertad, él tiene que obedecer a los diez mandamientos. No habrá libertad donde:

-- Hijos hacen lo que quieren y no honran a sus padres.

-- La vida es barata y los hombres matan cuando quieren.

-- Los lazos matrimoniales son quebrados y la relación sexual es practicada como en un corral, donde los hombres tienen menos respeto con una mujer que un toro con las vacas.

-- La propiedad no es respetada y el fuerte toma lo que quiere del más débil.

-- La justicia cae por tierra porque las mentiras corrompen los tribunales.

-- Los chismosos acaban con la reputación de quien ellos quieren usando sus mentiras.

 

P R E G U N T A S

 

1.     ¿Por qué Dios dio Sus mandamientos a los israelitas?

2.     ¿Cómo se explica la paradoja de que sólo cuando alguien es siervo de Dios es que goza de libertad?

3.     ¿Qué da a Dios el derecho de exigir que el hombre obedezca los diez mandamientos?

4.     ¿Por qué Dios estableció límites alrededor del Monte Sinaí?

5.     ¿Por qué los israelitas estaban asustados cerca del Monte Sinaí?

6.     ¿Cuáles de los mandamientos exigen control sobre la relación de las personas con Dios y cuáles exigen control sobre las relaciones de unos con los otros?

7.     Cuando escucharon los diez mandamientos, ¿cuál fue la actitud del pueblo de Israel?

8.     ¿Por qué debemos obedecer los mandamientos de Dios?

9.     ¿Cómo Jesús aumenta las exigencias de los diez mandamientos?

10.  ¿Hay alguna cosa que usted va a cambiar en su vida como resultado de este estudio?



LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Éxodo 20:1-17

 

MANDAMIENTOS

INTERPRETACIÓN

INTENSIDAD POR JESÚS

COMENTARIO

1. No tendrás otros dioses delante de mí (20:399.

Dios no dividirá Su gloria con nadie. Él es único (Dt 4:39; Is 45:5).

Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todo el entendimiento (Mt 22:36-39); un siervo no puede servir a dos dueños al mismo tiempo (Mt 6:24).

Dios es el único Dios que liberta al hombre. No se debe amar y adorar cualquier cosa, o a ella obedecer, si no es voluntad divina.

2. No harás para ti imagen de escultura; no las adorarás (20:4-5).

Las ayudas visuales en el culto son un tropiezo para la verdadera adoración, incluso imágenes de Cristo y de los ángeles (arriba, en los cielos), de los apóstoles, de los mártires, de los santos (abajo, en la tierra).

Jesús es la revelación visible del Dios invisible (Col 1:15; Jn 14.9).

El culto al Dios verdadero no puede estar limitado por símbolos hechos por el hombre. Imágenes, ritos y símbolos que son fundamentales para alguien adorar a Dios se transforman en imágenes.

3. No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano (20.7).

Es prohibido jurar por el nombre del Señor como una manera de engañar a alguien.

Jesús exige que todas nuestras palabras sean puras, verdaderas y honestas; prohíbe el juramento (Mt 5:33-37).

La hipocresía es condenada. Es prohibido usar la apariencia de religión como escudo para las maldades. La profesión de fe en Dios debe estar acompañada por la vida que trae evidencias de las palabras dichas (Col 3:17)

4. Acuérdate del día de sábado para santificarlo. Seis días trabajarás (20:8-9).

El Sábado sirve como un memorial del descanso de Dios después de Su obra creadora (Ex 20:11). Sirve para conmemorar el descanso ofrecido a los esclavos israelitas en Egipto, cuando fueron libertados por Dios (Dt 5:14). Es exigido tanto el culto como la interrupción del trabajo.

El Sábado fue hecho para servir a las personas y no las personas para servir al sábado, cumpliendo reglas legalistas. Jesús tiene autoridad sobre el sábado (Mc 2:27-28). Es permitido hacer el bien el día sábado (Mc 3:4). Los discípulos empezaron a reunirse los domingos para recordarse de la resurrección de Jesús (Jn 2:1; Hch 20:7; 1 Cor16:2; Ap 1:10).

Haga su trabajo en seis días y tenga un día para descansar y rendir culto a Dios.

5. Honra a tu padre y a tu madre (20:12).

Los hijos tienen la obligación de obedecer a sus padres, en el Señor (Ef 6:1-3).

La voluntad de Dios para los hijos adultos tiene prioridad sobre la voluntad de los padres (Lc 9:59-60). El hijo que se casa debe dejar a los padres para unirse a su cónyuge (Mt 19:5). La religión no debe ser usada como disculpa para no obedecer a Dios y dejar de cuidar de los padres necesitados (Mt 15:4-6).

Los que construyen una sociedad en la cual los padres y la vejez ocupan lugar de honra, pueden esperar confiadamente disfrutar del mismo lugar algún día. Cuando la juventud es adorada y la vejez temida y despreciada, la cultura está en decadencia.

6. No matarás (20:13).

La persona está prohibida de asesinar a un enemigo personal. La santidad de vida, como un don de Dios, es establecida. La ley distinguía entre el asesinato propiamente dicho y el homicidio accidental o sin premeditación (21:12-14). Este mandamiento no es una prohibición a la pena de muerte (21:15), ni a la participación en una guerra. La ley exige evitar matar por negligencia (Ex 21:29, 34; Dt 22:8).

Jesús incluyó los pensamientos maldadosos en la prohibición de asesinato (Mt 5:21-22).

--Ley de Lamec (mata a quien lo hiere). Trata al enemigo peor que como el enemigo lo trató (Gn 4:23-24).

 

--Ley de Moisés. Hace la restricción de pagarse con la misma moneda: vida por vida, ojo por ojo.

 

--Ley de Jesús. Trata al enemigo mejor que como el enemigo trata (Mt 5:44).

7. No adulterarás (20:14).

Que un hombre tenga relaciones con la esposa de otro hombre es considerado un pecado tanto contra Dios como contra el hombre (Gn 39:9).

Monogamia era el plan de Dios para el hombre en la creación. El divorcio, la poligamia y aún la fornicación eran tolerados en la economía mosaica debido a la dureza del corazón humano (Mt 19:8). En Cristo ellos no se pueden ni pensar (Mt 5:28). (Vea 1 Co 6:15; Mt 19:4-6).

Sexo es tan precioso que debe ser protegido dentro de los lazos matrimoniales. Sexo fuera del casamiento es prohibido. También es prohibido lanzar piedras contra quien comete adulterio (Jn 8:7).

8. No hurtarás (20:15).

El Antiguo Testamento da énfasis a que el poderoso no debe usar su poder para tomar de los pobres (Dt 27:19; Pr 22:22; Is 3:15; 5:8; Am 4:1).

Maneras de robar mencionadas. Stg 5:4; Dt 19:14; Dt 25:14; Dt 27:19; Lv 19:13).

Tres actitudes presentadas en la parábola del buen samaritano (Lc 10:25-37):

- los ladrones: lo que es tuyo es mío y voy a tomarlo;

- el sacerdote y el levita: lo que es mío es mío y voy a cuidarlo;

- el samaritano: lo que es mío es tuyo y voy a repartirlo.

Dejar de robar y trabajar, para vivir honestamente y poder ayudar a los necesitados (Ef 4:28).

9. No dirás falso testimonio (20:16).

En la ley, casi todos los crímenes envolvían penas capitales. Un “falso testimonio” bien sucedido sería equivalente a un asesinato.

El Diablo es el padre de toda mentira (Jn 8:44). En el día del Juicio, cada uno va a dar cuentas de toda palabra inútil que dijo (Mt 12:36-37). Todo lo que es dicho en secreto será anunciado públicamente (Lc 12:3).

Decir la verdad siempre es la manera de quedar libre de la mentira. El mandamiento podría ser generalizado para incluir la prohibición de intrigas y palabras falsas y maldadosas, que perjudican al prójimo (Lv 19:16).

10. No codiciarás (20:17).

Es prohibido el mal deseo que estimula la envidia y motiva el rapto de las personas, el robo de sus cosas, o que perjudique de alguna manera al prójimo.

Es del corazón que vienen los malos pensamientos que llevan al crimen, al adulterio, a las otras acciones inmorales, a robar, mentir y calumniar (Mt 15:11, 16-20).

Desear y tratar de obtener la propiedad ajena es estar insatisfecho con lo que se recibió de Dios y eso demuestra falta de fe en Su amor.

Jesús hace un resumen de todos los mandamientos: amar a Dios con todo su ser y a los otros como a sí mismo (Mt 22:37-40).


 


CUANDO FALTA FE AL PUEBLO DE DIOS

 

TEXTO: Éxodo 19:40, Números 13:14

 

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Dios redimió a los israelitas de la esclavitud en Egipto usando las diez plagas. Dios los guio durante el día en una columna de nube y durante la noche con una columna de fuego. Dios los guio hasta el Mar Rojo (Ex 14:1-3). Faraón decidió volver a capturarlos. Cuando los israelitas vieron al rey y su ejército marchando atrás de ellos, quedaron llenos de pavor (14:2). El ejército de los egipcios estaba atrás de ellos y el mar adelante. Moisés extendió la mano sobre el mar y el Señor Dios hizo que el mar retrocediera y los israelitas pasaran por él (14:21-22).

Después de pasar por el Mar Rojo, ellos llegaron a un lugar donde las aguas eran amargas y no aptas para ser bebidas. Dios mostró a Moisés un pedazo de madera y lo mandó que lo arrojara al agua, y el agua quedó buena para ser bebida (15:25). Después de eso, los israelitas sintieron falta de carne. Dios proveyó comida para los israelitas: el maná y las codornices (16:11-12). Ellos llegaron a un lugar llamado Refidim donde no había agua para beber. Dios mandó que Moisés golpeara una roca, él golpeó la roca y salió agua de ella para que el pueblo bebiera (17:5-7).

Dios prometió bendecir a los israelitas si ellos obedecieran perfectamente (Ex 19:5-6). Israel prometió obedecer al Señor Dios en todo (Ex 19:8). Confiaron en sí mismos y pensaron que podían obedecer a Sus mandamientos.

Dios les dio los diez mandamientos. Los israelitas nuevamente prometieron que iban a obedecer en todo (Ex 24:3).    

  Personajes-clave: Los israelitas, Moisés, Aarón, Bezaleel, Josué y Caleb.

  Lugar-clave: El camino para Canaán.

  Repeticiones-clave:

-- La rebelión del pueblo contra Dios: al hacer el becerro de oro (Ex 32:1-5); Nadab y Abiú, al ofrecer fuego extraño delante del Señor (Lv 10:1-3); los israelitas, al murmurar (Nm 11:1-9); Miriam y Aarón, al criticar a Moisés (Nm 12:1-3); los 10 espías, al faltarles fe; los israelitas, al seguir a los 10 espías sin fe (Nm14:1-10).

-- Hacer exactamente como Dios ordenó: en la celebración de las fiestas (Ex 23:15; 34:18); en la construcción del Tabernáculo (Ex 25:1-9; 31:11; 35:10; 36:1; 40:19,21,23,25,29,32); Moisés, cuando subió al monte Sinaí (34:4); los sacerdotes, con sus ropas y su consagración de los sacerdotes (39:1; 5-7,21,31-32, 41-42; 40:16).

-- Dios apareció en una nube (Ex 19:9; 24:16-19; 33:9; 34:5; 40:34-36; Nm 11:35; 12:5-10; 4:26-37; 16:42).

-- Tabernáculo (25:1-9; 26:1-36; 27:1-21; 28:43; 29:4, 10-11, 30-44; 30:1-36; 31:1-11; 35:11-21; 36:1-37; 38:8-31; 39:32-40; 40:2-38)

  Sentimientos-clave:

-- La adoración de Moisés delante del Señor Todopoderoso.

-- La gloria y el esplendor de Dios apareciendo en las nubes.

-- La inseguridad de los israelitas con la ausencia de Moisés.

-- La furia de Dios y de Moisés delante de la idolatría de los israelitas.

-- La firmeza de Moisés, Josué y Caleb al contrario de la volubilidad de los demás israelitas.

-- La irreverencia de Nadab y Abiú, hijos de Aarón, delante del altar de Dios.

-- La inestabilidad de Aarón que lo dejaba vulnerable a la influencia de los otros.

  Problema-inicial: Moisés subió al monte de nuevo, dejando a los israelitas sin su presencia.

  Puntos de Referencia en la Secuencia Narrada:

Moisés en el Monte Sinaí

­-- Moisés subió al monte nuevamente y Dios le dio los diez mandamientos escritos en dos tablas de piedra (Ex 24:12-18).

-- Dios dio instrucciones para la construcción de un tabernáculo que debería ser construido exactamente como Él había ordenado a Moisés (Ex 25:1-9).

-- Aarón y sus hijos serían consagrados sacerdotes. Aarón sería el sumo-sacerdote (Ex 28:1).

El Becerro de Oro

-- Moisés se quedó 40 días en el monte y Aarón hizo un becerro de oro para que el pueblo lo adorara (Ex 32:1-5).

-- Dios, en su ira, amenazó destruir a todos los israelitas y comenzar un nuevo pueblo para Él por medio de Moisés. Moisés imploró a Dios que no destruyera a todos los israelitas (Ex 32:9-14).

-- Moisés bajó del monte, tomó el becerro de oro, lo quemó en el fuego y lo molió hasta que se transformase en polvo (Ex 32:15-20).

-- Moisés criticó a Aarón, el cual se disculpó (Ex 32:21-24).

-- Moisés preparó dos tablas de piedra para sustituir las que él había quebrado (Ex 34:1-2).

Construcción del Tabernáculo

-- Dios escogió a Bezaleel para trabajar en toda la parte ingeniosa del tabernáculo y le dio el don del Espíritu Santo (35:30-35).

-- Los israelitas hicieron el tabernáculo (Ex 39:42-43; 40:17).

-- Dios vino a habitar en el tabernáculo como lo había prometido (Ex 40:34-35).

-- Dios guio a los israelitas a través de la nube durante el día y de la columna de fuego durante la noche (Ex 40:36-38).

La Consagración de Aarón y sus Hijos

-- La consagración de Aarón y sus hijos (Lv 8:1-36).

-- Aarón ofrece sacrificios por sí mismo y por los pecados de los israelitas (Lv 9:1-24).

-- Nadab y Abiú, hijos de Aarón, mueren delante del Señor por causa de su pecado (Lv 10:1-11).

Rebelión del Pueblo de Israel

-- Las murmuraciones de los israelitas (Nm 11:1-9).

-- Moisés encuentra pesado su cargo (Nm 11:10-15).

-- Dios designa setenta hombres para ayudar a Moisés (Nm 11:16-30).

-- Miriam y Aarón hablaron contra Moisés (Nm 12:1-16).

-- Dios los guio hasta la entrada de Canaán, la tierra que les había prometido dar.

-- Moisés envió doce hombres para ir a espiar la tierra (Nm 13:1-3, 17-21, 25).

-- Ellos volvieron y dijeron que la tierra era buena, pero el pueblo era fuerte y que algunos eran gigantes (Nm 13:26-33). Diez no creyeron que Dios tuviese fuerza suficiente para darles la tierra (Nm 13:31). Dos de los espías, Caleb y Josué, creyeron que Dios era capaz de darles la tierra (Nm 13:30; 14:6-8).

-- Los israelitas siguieron a los diez hombres que no creyeron en Dios. Quisieron volver a Egipto (Nm 14:1-10).

-- Dios los castigó y anunció que todos morirían en el desierto, excepto Josué y Caleb. Después de 40 años, cuando todos ellos hubieran muerto, Dios daría a sus hijos, a Josué y a Caleb la tierra prometida (Nm 14:26-38).

  Situación-final: Los israelitas no creyeron que Dios podía darles la tierra prometida y se transformaron en un pueblo errante en el desierto durante 40 años. Se quedaron marcando el tiempo hasta Dios poder levantar una nueva generación para conquistar la tierra prometida.

 

NARRATIVA:

Moisés en el Monte Sinaí

Dios quería que los israelitas no se olvidaran de los diez mandamientos. Por eso, llamó nuevamente a Moisés para subir al monte. Dios dijo a Moisés: “Sube al monte donde yo estoy y quédate aquí, porque te voy a dar las placas de piedra que tienen las leyes y los mandamientos que escribí, para que las enseñes al pueblo”

Moisés y el joven Josué subieron al monte. Una nube cubrió el monte y la luz brillante de la presencia del Señor bajó sobre el monte, y para los israelitas la luz parecía un fuego que quemaba la cumbre del monte y la nube cubrió el monte. Moisés entró en el medio de la nube. Él se quedó allí en el monte cuarenta días y cuarenta noches. Mientras Moisés estaba en el monte, Dios le dio los diez mandamientos escritos en dos tablas de piedra (Ex 24:12-18). También explicó a Moisés otras reglas y costumbres que ordenó a los israelitas que siguieran.

Dios quiso que los israelitas construyeran un lugar especial donde Él pudiera habitar con ellos. Entonces, instruyó a Moisés para que orientara a los israelitas a contribuir para después construir un Tabernáculo donde Él habitaría con ellos, para donde ellos traerían sus sacrificios y donde lo adorarían. Todo en el Tabernáculo debería ser construido exactamente como Dios había ordenado a Moisés. Dios orientó que construyeran el Tabernáculo con materiales hechos de pieles de animales y pelos de cabras. Era una tienda que podría acompañarlos en sus caminadas por el desierto (Ex 25:1-9).

Dios dijo a Moisés que el Tabernáculo debería ser dividido en dos partes. La primera parte, tendría la entrada por el lado de afuera, sería llamada el lugar santo o lugar separado. Sería separado por Dios para ser usado solamente por Él. Sería usado solamente por los sacerdotes escogidos por Dios cuando lo servían. La segunda parte, la parte interior, sería el lugar santísimo, más especialmente separado para Dios. Esta parte sería separada apenas para Dios, excepto una vez por año, cuando sería permitida la entrada del sumo sacerdote. Sería colocada una caja en la segunda parte, el Lugar Santísimo. La caja, llamada arca, era hecha de madera, con una tapa cubierta de oro. La tapa, la cual sería llamada propiciatorio, sería el lugar donde Dios prometió vivir con los israelitas. Dentro del arca, serían colocadas las dos tablas de piedra, en las cuales estarían escritos los diez mandamientos que Dios prometió dar a Israel (Ex 26:31-37).

Aarón y sus hijos serían consagrados sacerdotes. Aarón sería el sumo sacerdote (Ex 28:1). Solo el sumo sacerdote podría entrar en el Lugar Santísimo, apenas una vez por año. El día en el cual Aarón podría entrar en el Lugar Santísimo sería llamado el Día de la Expiación (Lv 16:2,3).  Antes de entrar en el Lugar Santísimo, Aarón tendría que matar un animal y recoger la sangre en una vasija. Después de haber pasado para atrás de la cortina gruesa, Aarón debería asperger la sangre sobre la tapa del arca, llamada propiciatorio.

El Becerro de Oro

El pueblo vio que Moisés estaba demorando mucho para bajar del monte. Entonces ellos se reunieron alrededor de Aarón y le dijeron: “No sabemos lo que sucedió con Moisés, aquel hombre que nos sacó de Egipto. Por lo tanto, hace para nosotros un dios que vaya adelante de nosotros”.

Aarón les dijo: “Saquen los pendientes de oro que sus mujeres, sus hijos y sus hijas están usando y tráiganlos para mí”.

Los israelitas se sacaron de las orejas los pendientes de oro y los trajeron a Aarón. Él tomó los pendientes, los derritió, derramó el oro dentro de un molde e hizo un becerro de oro. Entonces dijeron: “¡Pueblo de Israel, este es nuestro dios, que nos sacó de Egipto!”

Aarón anunció al pueblo: “Mañana habrá una fiesta en homenaje al dios”.

Al día siguiente ellos trajeron algunos animales para ser quemados como sacrificio y otros para ser comidos como ofertas de paz. Después, el pueblo se sentó para comer y beber y se levantó para bailar (Ex 32:1-6).

Dios dijo a Moisés: “Baja rápido porque el pueblo que sacaste de Egipto pecó y me rechazó. Ellos ya dejaron el camino que yo mandé que siguieran; hicieron un becerro de oro fundido y lo adoraron. Están diciendo que el becerro es el Dios de ellos, el dios que los sacó de Egipto. Yo conozco este pueblo y sé que es desobediente. Voy a descargar mi ira sobre esa gente y voy a acabar con ellos. Después, haré de ti y de tus descendientes una gran nación”.

Mas Moisés hizo un pedido a Dios. Él dijo: “Oh. Señor Dios, ¿por qué te enojaste tanto con tu pueblo que sacaste de Egipto con tanto poder y fuerza? ¿Por qué dejar que los egipcios digan que sacaste tu pueblo de Egipto para matarlos en los montes y destruirlos completamente? No te quedes así tan airado; cambia de idea y no hagas caer sobre tu pueblo esta desgracia. Acuérdate del juramento que hiciste a tus siervos Abraham, Isaac y Jacob de darles tantos descendientes como las estrellas que hay en el cielo. Acuérdate también que prometiste que darías a sus descendientes toda aquella tierra para ser su propiedad para siempre.” Entonces el Señor cambió de idea y no hizo caer sobre su pueblo la desgracia que había prometido (Ex 32:7-14).

Moisés bajó del monte cargando las dos placas que el propio Dios había hecho y había grabado en ellas los mandamientos. Cuando llegó cerca del campamento, vio el becerro de oro, y al pueblo, que estaba bailando. Moisés quedó furioso y arrojó al suelo las placas de piedra que estaba trayendo y las quebró. Entonces, tomó el becerro de oro que ellos había hecho, lo quemó en el fuego y lo molió hasta transformarse en polvo y derramó el polvo en el agua. Enseguida, mandó que el pueblo de Israel bebiera aquella agua (Ex 32:15-20).

Moisés criticó a Aarón: “¿Qué te hizo este pueblo para que lo llevaras a cometer este pecado tan horrible?”

Aarón se disculpó: “Sabes cómo este pueblo está siempre listo para hacer el mal. ¡Yo apenas arrojé los adornos de oro al fuego y salió este becerro!” (Ex 32:21-24).

Moisés vio que Aarón había dejado al pueblo completamente sin control, haciendo con esto que sus enemigos se burlaran de ellos. Entonces se quedó a la entrada del campamento y dijo: “¡Quién está al lado del Señor que venga aquí!” Entonces todos los levitas se reunieron alrededor de Moisés. Moisés dijo: “El Dios del pueblo de Israel, manda que cada uno de ustedes tome su espada y vaya por el campamento, de punta a punta, matando a sus parientes, a sus amigos y a sus vecinos.” Los levitas obedecieron a la orden y mataron en ese día más menos tres mil hombres (Ex 32:25-29).

 Al día siguiente Moisés dijo al pueblo: “Ustedes cometieron un pecado horrible. Sin embargo, ahora voy a subir otra vez al monte para hablar con el Señor. Tal vez yo consiga que él perdone el pecado de ustedes.” Moisés volvió para el lugar donde el Señor estaba y dijo: “Este pueblo cometió un pecado terrible. Hicieron un dios de oro y lo adoraron. Por favor, ¡perdona el pecado de ellos! Pero, si no quieres perdonar, entonces quita mi nombre de tu libro, donde escribiste los nombres de los que son tuyos.”

Dijo Dios a Moisés: “Sacaré de mi libro todos los que pecaron contra mí. Ahora anda y lleva el pueblo para donde yo te mandé. Mi Ángel te guiará. Pero ya está llegando el tiempo en que voy a castigar a este pueblo por su pecado.” Dios castigó a los israelitas con una enfermedad, pues ellos habían obligado a Aarón a hacer el becerro de oro (Ex 32:30-35).

Moisés subió al Monte Sinaí donde preparó dos tablas de piedra para sustituir las que había quebrado (Ex 34:1-2). Él se quedó en el monte con Dios cuarenta días y cuarenta noches y durante ese tiempo no comió ni bebió nada. Él escribió en las tablas de piedra las palabras de los diez mandamientos (Ex 34:27-28).

Cuando Moisés bajó del monte Sinaí, llevando las dos placas de la alianza, su rostro estaba brillando. Pero él no sabía de eso. Aarón y todo el pueblo quedaron con miedo de llegar cerca de Moisés cuando vieron su rostro brillando. Sin embargo, Moisés los llamó y todo el pueblo de Israel se reunió alrededor de Moisés, y él les entregó todas las leyes que Dios le había dado en el monte Sinaí.

Cuando Moisés terminó de hablar con ellos, él cubrió el rostro con un velo. Siempre que entraba en la Tienda Sagrada para hablar con el Señor, Moisés se sacaba el velo. Su rostro continuaba brillando. Pero Moisés cubría el rostro con el velo hasta que entraba de nuevo en la Tienda para hablar con Dios (Ex 34:30-35).

Construcción del Tabernáculo

Dios había orientado a Moisés que mandara al pueblo hacer un Tabernáculo. Los israelitas voluntariamente trajeron ofrendas para que el Tabernáculo fuera construido.

Dios escogió a Bezaleel para trabajar en todas las piezas de arte del Tabernáculo y le dio el don del Espíritu Santo, de tener la habilidad de hacer todo tipo de trabajo artístico y de enseñar a otros (Ex 35:30-35). El Dios Espíritu Santo capacitó y controló a Bezaleel para que pudiera hacer las piezas de arte para el Tabernáculo. Dios controló y guio a Bezaleel para que el Tabernáculo fuera construido exactamente como Dios había mandado a Moisés.

Todo en el Tabernáculo fue construido como Dios había ordenado a Moisés. El Tabernáculo fue construido con materiales hechos de pieles de animales y pelos de cabras. Era una tienda que podría acompañarlos en sus caminadas por el desierto.

Patio

Bezaleel hizo un patio rodeado de cortinas de lino fino. El patio tenía las siguientes medidas: cuarenta metros de largo y veintitrés de ancho. La entrada del patio quedaba para el lado del Este (Ex 27:9-19; 38:9-20).

El Lugar Santo y el Lugar Santísimo

El Tabernáculo tenía un largo total de 13,80 metros por 4,60 metros de ancho. Estas medidas pueden ser divididas en tres partes iguales, donde dos partes correspondían al Lugar Santo y un tercio al Lugar Santísimo. El Tabernáculo constaba de dos partes: el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. La primera parte, que tenía la entrada por el lado de afuera, era llamada el Lugar Santo. El Lugar Santo tenía las siguientes medidas: 9,20 metros por 4,60 metros. Era separado por Dios para ser usado solamente por Él. Era usado solamente por los sacerdotes escogidos cuando lo servían.  Un velo separaba la primera parte de la segunda, que era llamado el Lugar Santísimo. El Lugar Santísimo tenía las siguientes medidas: 4,60 metros de largo y 4,60 de ancho. En el Lugar Santísimo estaba apenas el arca con el propiciatorio, que era la tapa del arca. Esta parte era separada apenas para Dios, excepto una vez por año, cuando era permitido que el sumo sacerdote entrara.

El Arca de la Alianza

Bezaleel hizo una caja, llamada el arca de la alianza, de madera. El arca medía un metro diez de largo por sesenta y seis centímetros de ancho, y sesenta y seis centímetros de altura. Él la cubrió de oro puro por dentro y por fuera. Dentro del arca, fueron colocadas las dos tablas de piedra, en las cuales fueron escritos los diez mandamientos.

Bezaleel hizo una tapa de oro puro. La tapa, la cual era llamada propiciatorio, era el lugar donde Dios había prometido vivir con los israelitas. En la tapa, Bezaleel hizo dos querubines de oro labrados a martillo, uno para cada extremo de la tapa. Él los hizo de tal manera que los dos formaban una sola pieza con la tapa. Los querubines quedaban frente a frente, mirando para la tapa, y sus alas abiertas cubrían la tapa (Ex 25:10-15; 37:1-5). El arca fue colocada en Lugar Santísimo.

La Mesa con los Panes de la Proposición

Bezaleel hizo una mesa de madera de acacia, con las siguientes medidas: ochenta y ocho centímetros de largo por cuarenta y cuatro de ancho, y sesenta y seis de altura. Él cubrió la mesa de oro puro y colocó una cornisa de oro alrededor de ella. Hizo también de oro puro las vasijas para la mesa, es decir, los platos, los vasos, los tazones y los jarros que eran usados para las ofrendas de vino. Dios mandó que la mesa fuera colocada al frente del arca de la alianza y, encima de la mesa, estarían siempre los panes sagrados que serían ofrecidos a Él (Ex 25:23-30; 37:10-16).

El Candelabro de Oro

Bezaleel hizo de oro puro labrado a martillo el candelabro, su pie y su caña. De sus lados salían seis brazos, tres de un lado y tres del otro lado. Las copas, los brazos y el candelabro formaban una sola pieza de oro puro labrado a martillo. Él hizo también siete lamparillas para el candelabro.

El Altar del Incienso

Bezaleel hizo un altar de madera de acacia para quemar incienso encima de él. El altar era cuadrado, midiendo cuarenta y cinco centímetros de largo por cuarenta y cinco de ancho; y tenía noventa centímetros de altura. Las puntas, en las cuatro esquinas, formaban una sola pieza con el altar. Bezaleel cubrió de oro puro la tapa, los cuatro lados y las esquinas, y colocó una cornisa de oro alrededor del altar. Las varas fueron hechas de madera de acacia y forradas con oro (Ex 30:1; 37:25-28).

 El Altar para Holocaustos

Bezaleel hizo para los sacrificios que eran completamente quemados, un altar de madera de acacia. El altar era cuadrado, midiendo dos metros veinte de largo por dos metros veinte de ancho; y un metro treinta de altura. Hizo también todas las piezas para ser usadas en el altar, es decir, los calderos, las paletas, los tazones, los garfios y los braseros. Todas esas piezas fueron hechas de bronce (Ex 27:1-8; 38:1-7).

 La Fuente de Bronce

Con los espejos de bronce, Bezaleel hizo la fuente de bronce y su base. La fuente fue colocada entre el Tabernáculo y el altar y tenía agua dentro de ella. Aarón y sus hijos usaban esa agua para lavarse las manos y los pies antes de entrar al Tabernáculo o antes de llegar cerca del altar para presentar la ofrenda de alimentos (Ex 30:17-21; 38:8).

Los israelitas hicieron el Tabernáculo para Dios y lo hicieron exactamente como Dios había instruido a Moisés (Ex 39:42-43; 40:17). Dios vino a habitar en el Tabernáculo como había prometido (Ex 40:34-35). La nube cubrió el Tabernáculo, el cual quedó lleno de la luz brillante de la presencia de Dios. La nube en el Tabernáculo era una señal visible de la presencia de Dios con ellos.

Dios guio a los israelitas con una nube durante el día y una columna de fuego durante la noche. Así, Dios mostró que estaba con ellos y que era su guía (Ex 40:36-38).

Dios levantó la nube de encima del Monte Sinaí, donde Él había dado a los israelitas sus diez mandamientos y las instrucciones para construir su Tabernáculo. Los israelitas seguían la nube cuando ésta se movía. De esta forma, Dios los dirigió hasta la entrada de Canaán, la tierra que les había prometido dar.

La Consagración de Aarón y sus Hijos

El Señor dijo a Moisés: “Lleva a Aarón y a sus hijos a la entrada del Tabernáculo. Toma las ropas sacerdotales, el aceite de la unción, el becerro nuevo de la ofrenda para quitar pecados, dos carneros y un canastillo lleno de panes sin levadura. Enseguida, manda que todo el pueblo se reúna delante del Tabernáculo.”

Todo el pueblo se reunió delante del Tabernáculo. Entonces Moisés les dijo: “Voy a hacer ahora lo que el Señor mandó.” Moisés hizo que Aarón y sus hijos se acercaran a él y los mandó que se lavaran. Después, Moisés vistió a Aarón con la ropa sacerdotal. Enseguida Moisés tomó el aceite sagrado y ungió el Tabernáculo y todo lo que había dentro y de esa forma separó todo para el servicio de Dios. Después, Moisés derramó el aceite sagrado en la cabeza de Aarón y así lo consagró como sacerdote. A seguir, hizo que los hijos de Aarón se acercaran a él y los consagró como sacerdotes, de acuerdo como el Señor había mandado. Fueron ofrecidos sacrificios a Dios y Moisés tomó una parte del aceite sagrado y una parte de la sangre que estaba en el altar y los roció sobre Aarón y su ropa y sobre los hijos de Aarón y sus ropas. Así, él dedicó al servicio de Dios, Aarón y su ropa y a los hijos de Aarón y sus ropas. Aarón y sus hijos hicieron todo lo que el Señor había mandado por medio de Moisés (Lv 8:1-36).

Moisés dijo a Aarón: “Toma dos animales sin defecto, es decir, un becerro para ser muerto como ofrenda para quitar pecados y un carnero para ser ofrecido como un sacrificio que es completamente quemado, y preséntalos al Señor Dios. Después, manda que el pueblo tome los siguientes animales: un macho cabrío para ser sacrificado como ofrenda para quitar pecados; un becerro y un carnerito, los dos de un año y sin defecto, para ser sacrificados como una ofrenda que es completamente quemada; y también un becerro y un carnero para ser sacrificados como ofrenda de paz.”

El pueblo trajo hasta la entrada del Tabernáculo todo lo que Moisés había mandado. Todos se reunieron allí en presencia del Señor. Después, Moisés dijo a Aarón: “Anda hasta el altar y ofrece el sacrificio para quitar pecados y el sacrificio que es completamente quemado, para que Dios perdone tus pecados y los de tu familia.” Aarón hizo lo que Moisés mandó. Después, Aarón presentó las ofrendas del pueblo. Después que Aarón ofreció todos esos sacrificios, él extendió las manos sobre el pueblo y lo bendijo, y entonces descendió las escalas del altar. Aarón y Moisés entraron en el Tabernáculo y cuando salieron para bendecir al pueblo, la luz brillante de la presencia del Señor apareció a todo el pueblo. De repente, salió fuego de la presencia del Señor y consumió la ofrenda quemada y la gordura que estaban en el altar. Al ver eso, los israelitas gritaron de alegría, se arrodillaron y pusieron su rostro en tierra (Lv 9:1-24).

Nadab y Abiú, hijos de Aarón, murieron delante del Señor por su pecado. Nadab y Abiú tomaron cada uno su incensario, pusieron incienso dentro, pusieron fuego y lo presentaron al Señor como ofrenda. Pero no hicieron eso de acuerdo con las leyes de Dios. De repente, salió fuego de la presencia de Dios y los mató.

Moisés dijo a Aarón: “Fue eso lo que el Señor quiso decir cuando dijo: Los que llegan cerca de mí deben respetar mi santidad, y mi pueblo debe honrarme”.

Pero Aarón no dijo nada. Moisés llamó algunos parientes de Aarón y les dijo: “Saquen los cuerpos de sus dos parientes de delante del Tabernáculo y llévenlos para fuera del campamento.” Después Moisés dijo a Aarón y a sus hijos Eleazar e Itamar: “Todos los otros israelitas pueden quedar de luto por las muertes que el fuego del Señor causó. Pero ustedes no. No se alejen de la entrada del Tabernáculo, para que no mueran, pues ustedes fueron ordenados con el aceite sagrado del Señor.” Y los tres hicieron lo que Moisés mandó.

El Señor dijo a Aarón: “Ni tú, ni tus hijos, ni tus descendientes pueden entrar en el Tabernáculo después de haber bebido vino o bebida fuerte; si hacen eso, morirán. Ustedes deben estar en condiciones de hacer diferencia entre lo que es y lo que no es sagrado, y entre lo que es impuro y lo que es puro. Y deben enseñar a los israelitas todas las leyes que yo, el Señor, les di por medio de Moisés (Lv 10:1-11).

Rebelión del Pueblo de Israel

Los israelitas empezaron a reclamar, diciendo: “¡Ah, si tuviéramos un poco de carne para comer! En Egipto comíamos cuanto pescado queríamos y era gratis. ¡Nos acordamos de los pepinos, de los melones, de las verduras, de las cebollas y de los ajos! Pero ahora nuestras fuerzas se acabaron. No hay nada más para comer, ¡y la única cosa que vemos es ese maná! (Nm 11:1-9)

Cada familia lloraba a la entrada de su tienda. Moisés escuchó el llanto del pueblo, se enfadó y dijo al Señor: “¿Por qué me diste este trabajo tan pesado de dirigir todo este pueblo? ¿Por qué me pides que haga el papel de niñera y los lleve en los brazos como niños para la tierra que juraste dar a sus antepasados? Ellos vienen a llorar cerca de mí y dicen que quieren comer carne. Yo solo no puedo cuidar de todo este pueblo; ¡eso es demasiado para mí! Si me vas a tratar de esa manera, ¡ten pena de mí y mátame! ¡No dejes que yo continúe sufriendo de esta forma!” (Nm 11:10-15).

El Señor respondió a Moisés: “Reúne para mí setenta hombres, que tú sabes que son líderes, entre los más respetados del pueblo de Israel; llévalos al Tabernáculo y quédate con ellos. Entonces, yo bajaré y hablaré contigo allí; quitaré una parte del Espíritu que te di y lo daré a ellos, para que te ayuden en el pesado trabajo de cuidar del pueblo. Así, no necesitarás hacerlo solo.”

 Entonces Moisés reunió setenta líderes del pueblo y los puso alrededor del Tabernáculo. Allí el Señor bajó en la nube y habló con él. Dios quitó una parte del Espíritu que había dado a Moisés y lo dio a los setenta líderes (Nm 11:16-30).

Miriam y Aarón hablaron contra Moisés porque él se había casado con una mujer de Etiopía. Ellos dijeron: “¿Será que el Señor ha hablado solamente por medio de Moisés? ¿Será que no ha hablado también por medio de nosotros?”

El Señor oyó lo que ellos dijeron y dijo a Moisés, a Aarón y a Miriam: “Ustedes tres, vayan para el Tabernáculo.”

Ellos fueron y el Señor bajó en la columna de nube y se colocó a la entrada del Tabernáculo. Dios dijo a Aarón y a Miriam: “Ahora escuchen lo que voy a decir. Yo coloqué a mi siervo Moisés como responsable por todo mi pueblo. Yo hablo con él cara a cara. ¿Cómo se atreven ustedes a hablar contra mi siervo Moisés?”

El Señor se retiró muy enfadado con ellos y la nube que estaba sobre el Tabernáculo desapareció. En el mismo instante Miriam fue atacada por una terrible enfermedad y su piel quedó blanca como la nieve. Aarón miró para Miriam y habló a Moisés: “Por favor, señor, te pido que no nos hagas sufrir el castigo por causa de ese pecado que cometimos en un momento de locura. No dejes que Miriam sea como un aborto que nace con la mitad del cuerpo destruido.”

Entonces Moisés oró al Señor: “¡Oh Dios, te pido que la cures!

El Señor respondió: “Si el padre de Miriam hubiera escupido en su rostro, ella habría quedado humillada durante siete días. Entonces, que ella sea expulsa del campamento y se quede fuera siete días; después será traída de vuelta.” Así, Miriam se quedó siete días fuera del campamento. El pueblo sólo partió de allí cuando ella fue traída de nuevo para el campamento (Nm 12:1-16).

Cuando llegaron a la frontera de la tierra que Dios había prometido a Abraham y a sus descendientes, Dios orientó a Moisés para que escogiera doce hombres que deberían ir y espiar la tierra. Los doce fueron a ver la tierra y el pueblo que vivía allá. Volvieron cargando un racimo de uvas tan pesado que dos hombres lo cargaron colgado en una vara para mostrar como la tierra era fértil. Dieron las siguientes informaciones: la tierra era buena, pero el pueblo era fuerte y algunos eran gigantes. “La tierra es buena y rica, pero los que viven allá son fuertes y las ciudades son muy grandes y tienen murallas.”

Entonces el pueblo empezó a reclamar contra Moisés, pero Caleb los hizo callar y dijo: “Vamos a atacar ahora y conquistar la tierra de ellos; ¡nosotros somos fuertes y vamos a conseguir eso!”

No obstante, los otros diez dijeron: “No. No podemos atacar a aquella gente, porque es más fuerte que nosotros. Los hombres de allá son muy altos. Vimos allí gigantes. Cerca de los hombres gigantes nosotros nos sentíamos tan pequeños como langostas” (Nm 13:1-33).

Los israelitas siguieron a los diez hombres que no creyeron en Dios. Todo el pueblo gritó y lloró, reclamó contra Moisés y Aarón, diciendo: “¡Sería mejor si hubiésemos muerto en Egipto o aún en este desierto! ¿Por qué será que Dios nos trajo para esta tierra? ¡Sería mejor que volviéramos para Egipto!” Los israelitas estaban portándose como si Dios fuera mentiroso. Dios había prometido darles tierra, pero no creyeron en Él.

Los israelitas decían los unos a otros: “¡Sería mucho mejor volver para Egipto! Vamos a escoger otro líder y volvamos para Egipto.” El pueblo amenazó matar a Caleb, a Josué, a Moisés y a Aarón apedreándolos (Nm 14:1-10).

De repente, todos vieron la luz brillante de la presencia de Dios aparecer sobre el Tabernáculo. Dios estaba muy indignado con los israelitas. Dijo Dios: “Estos hombres vieron la luz brillante de mi presencia y los milagros que hice en Egipto y en el desierto. Sin embargo, pusieron a prueba mi paciencia y no quieren obedecerme. Ninguno de esos hombres que me abandonaron vivirá para entrar en aquella tierra. Todos morirán en el desierto, excepto Josué y Caleb. Caleb tiene un espíritu diferente y siempre ha sido fiel a mí.” Los diez espías que no tuvieron fe sufrieron muerte inmediata. Después de 40 años, cuando todos los de esa generación hubieran muerto, Dios prometió que llevaría y daría a los hijos de ellos, a Josué y a Caleb la tierra prometida (Nm 14:26-38).

Faltándoles fe, se transformaron en errantes en el desierto. El tiempo tenía que pasar hasta que Dios pudiera levantar una nueva generación para conquistar la tierra prometida.

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

  1. La bendición continua de Dios sobre el pueblo que Él salvó, depende de la fe que lleva al pueblo a obedecerlo (Ex 19:3-8).
  2.  El hombre sólo puede llegar a la presencia de Dios conforme Su voluntad y Su plan. Él sólo puede adorarlo de forma viva, cuando acepta Su voluntad y Su plan (Ex 25:31). Dios instruyó a Moisés para que orientara a los israelitas para que construyeran un Tabernáculo donde Él habitaría con ellos, para donde traerían sus sacrificios y donde lo adorarían (Ex 25:1-8). Todo en el Tabernáculo debería ser construido exactamente como Dios había ordenado a Moisés (Ex 25:9). Cada parte del Tabernáculo indicaba para la persona de Jesús. El Tabernáculo tenía que ser como Dios había ordenado, para que cada parte nos enseñara algo sobre Jesús, sobre Su nacimiento, Su vida, Su muerte, Su resurrección y Su vuelta al Padre en los Cielos.
  3. El culto que lleva a un hombre a la presencia de Dios, es el culto que sigue exactamente el plan de Dios. El Tabernáculo tenía que ser hecho exactamente de acuerdo con el modelo que Dios había mostrado a Moisés (Ex 25:9). Durante el Antiguo Testamento, el pecador que viniera a Dios, a la manera de Dios, era completamente perdonado y liberto del juicio de sus pecados. Dios tenía planes para tratar aquel pecado completamente, por medio de la sangre sacrificial de Jesús en la cruz. El Nuevo Testamento revela que el hombre sólo puede llegar a la presencia de Dios por medio de Jesús, el cual derramó su sangre en la cruz (Jn 14:6; Hch 4:12).
  4. El hombre pecador está separado de Dios por causa del pecado. En el Tabernáculo, debería poner una cortina gruesa para dividir los dos lados, lo que recordaría a los israelitas que ellos estaban separados de Dios debido a su pecado (Ex 26:31-33; vea Is 59:2). El día que Cristo fue sacrificado por nuestros pecados, este velo se rasgó (Mt 27:51) y, ahora, la entrada a la plenitud de la comunión con Dios sólo es posible por la propia persona de Cristo (He 10:19-22).
  5. El líder espiritual que sigue la orientación del pueblo y no permanece fiel a Dios, va a dejar al pueblo sin control, sin orientación de Dios y él mismo va a ser culpado de pecados horribles (Ex 32:1-6, 21-25). Aarón había dejado al pueblo completamente sin control y él mismo cometió un horrible pecado.
  6. En tiempos de inseguridad, existe el peligro de los salvos por Dios volver para los hábitos practicados antes de conocer la salvación. El hábito de la idolatría aprendido en Egipto era tan fuerte, que pocos días sin oír la voz de Moisés fueron suficientes para que el pueblo volviera al lodo de la idolatría. La Segunda carta de Pedro 2:20-22, habla de aquellos que conocieron a Dios y después volvieron a la vida mundana.
  7. El hombre pecador busca disculpas para el pecado, acusando a terceros. Después de hacer el becerro de oro, Aarón quiso culpar al pueblo (Ex 32:22-24). La responsabilidad por el pecado es individual, a pesar de haber tentadores. Desde Adán, el hombre pecador busca disculpas para el pecado, acusando a terceros (Gn 3:12).
  8. Un hombre que es habitación del Espíritu Santo, y que por él es controlado, puede hacer la obra de Dios (Ex 35:30-35). Dios escogió a Bezaleel para hacer toda la obra artística del Tabernáculo y le dio el don del Espíritu Santo, de forma que se hizo hábil para hacer todo tipo de trabajo artístico y para enseñar a otros (35:30-35). Dios Espíritu Santo habilitó, guio y controló a Bezaleel para que pudiera hacer la obra artística, para que el Tabernáculo fuera construido exactamente como Dios había mandado a Moisés,
  9. Al enfrentar problemas, la actitud interior de una persona es revelada. Como resultado de eso, dos personas pueden enfrentar el mismo problema de modo diferente. Los diez espías vieron a los gigantes y se olvidaron de Dios, mientras que los otros dos consiguieron ver a Dios y, por lo tanto, no temieron a los gigantes (Nm 13:25-33; 14:5-9).
  10. La respuesta de Caleb (Nm 13:30-33; 14:7-8) enseña tres cosas sobre los obstáculos de la vida:

1º Obstáculos son una realidad. Los hombres eran de gran estatura (13:32).

2º Obstáculos deben ser enfrentados. Subamos (14:30).

3º Obstáculos pueden ser vencidos por el hombre de fe que obedece a Dios. Caleb creyó   que Dios estaría con ellos, entonces podían vencer (14:8-9).

  1. Cuando el siervo de Dios tiene un gran desafío delante de él, no debe dejar que las cosas negativas anulen la confianza en Dios que ayuda a los suyos y cumple Sus promesas. Los diez espías vieron a los gigantes y se olvidaron de Dios (Nm 13:25-33). Josué y Caleb confiaban en Dios (Nm 14:5-9).
  2.  Murmuración es señal de falta de fe en Dios. La murmuración de los israelitas era señal que no creyeron que Dios podía darles la tierra prometida (Nm 14:1-4).
  3. El hombre puede faltar con la fe en Dios y tratarlo como si fuera mentiroso, pero Dios es fiel y castigará a todos los que se niegan a creer en Él. Eva no creyó en Dios cuando Él prometió que ella moriría si comiese del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal y fue engañada por Satanás. El pueblo no creyó en el mensaje de Noé y no entró en el barco. Los egipcios no creyeron que Dios era el Todopoderoso que destruiría su tierra, mataría a sus primogénitos y hundiría a su ejército en el mar. Israel no creyó que Dios podría darle la tierra prometida y quedó errante en el desierto por 40 años, cuando ya podría estar aprovechando la tierra prometida.
  4. Aquel que se olvida de las acciones de Dios en el pasado, entra en rebeldía contra Él, pues le falta la confianza que Dios obra en el presente. Cada vez que el pueblo de Dios olvida las grandes obras de Dios en el pasado y le falta fe para enfrentar el problema actual, se equivoca. Cuando Moisés estuvo en el monte cuarenta días y cuarenta noches y los israelitas quedaron inseguros sin su presencia, hicieron el becerro de oro (Ex 32:1-35). Cuando oyeron las informaciones de los diez espías, les faltó fe para conquistar Canaán, y se rebelaron contra Dios (Nm 13:14).
  5. El pueblo de Dios, cuando no tiene fe en el poder de Él para enfrentar los problemas actuales, se queda errante, marcando el paso, cuando podría estar alcanzando victorias (Nm 13:14). Israel no creyó que Dios pudiera darle la tierra prometida y quedó errante en el desierto por 40 años, cuando podría estar aprovechando la tierra prometida. Personas salvas por Dios, a las cuales les falta fe en el poder del Señor para solucionar sus problemas, culpan a Dios por sus problemas y terminan siendo errantes en esta tierra, marcando el paso, siendo que podrían estar experimentando victorias por el poder de Dios.
  6. No siempre la mayoría tiene razón. La mayoría estaba equivocada cuando quiso hacer el becerro de oro para adorarlo (Ex 32:1-2). Los diez espías estaban equivocados cuando vieron a los gigantes y les faltó fe en Dios, mientras los dos, Josué y Caleb, que también vieron a los gigantes pero confiaron en la victoria de Dios, estaban ciertos (13:27-33; 14:6-7). La multitud que reclamó contra Moisés, Aarón y Dios estaba equivocada, mientras los tres, Josué, Caleb y Moisés estaban correctos (14:1-2).  Necesitamos de creyentes en Jesús con la actitud: “Voy a confiar en Dios y serle fiel, aunque tenga que quedar en pie solo”.
  7. Quien tiene fe en Dios puede ser estorbado y perjudicado por las personas sin fe. Los dos, Josué y Caleb, que tuvieron fe, a pesar de la multitud (Nm 13:30; 14:6-7), fueron fieles a Dios, pero fueron impedidos por la multitud. Por causa de la falta de fe de la multitud, ellos no pudieron gozar el privilegio de conquistar la tierra prometida antes de los próximos 40 años (Nm 14:26-38). La falta de fe en la comunidad de los creyentes acaba limitando a quien tiene fe.
  8. Las consecuencias de desobedecer a Dios pueden ser la realización de los mayores temores. Lo que los israelitas más temían era morir en el desierto. El resultado de no creer en Dios fue andar en el desierto como errantes hasta morir (Nm 14:34).
  9. El salario del pecado es la muerte. Los diez espías que no tuvieron fe sufrieron muerte inmediata (Nm 14:35-37; vea Ro 6:23).

 

P R E G U N T A S

 

  1. ¿Qué hicieron los israelitas cuando Moisés permaneció cuarenta días en el monte?
  2. ¿Por qué el Tabernáculo y el culto tenían que ser exactamente como Dios orientó?
  3. ¿Qué sucede cuando el líder espiritual sigue la orientación del pueblo y no la de Dios, como hizo Aarón?
  4. ¿Qué sucedía con Israel siempre que, al enfrentar un nuevo problema, se olvidaba de las acciones de Dios en el pasado y le faltaba fe para creer que Dios le iría a dar victoria sobre la situación actual?
  5. ¿Por qué los diez espías pensaron que Israel no podría entrar en Canaán, siendo que Josué y Caleb pensaron lo contrario?
  6. ¿Cuál fue el resultado de no creer en la Palabra de Dios y no confiar en Él?
  7. ¿Qué nos enseñan las informaciones de los doce espías sobre la mayoría de las personas?
  8. ¿Usted tiene algo que no anda bien porque le falta fe para confiar que Dios lo capacita para enfrentar un problema?
  9. ¿Qué puede llevarlo a usted a olvidar los actos de Dios en el pasado y a no tener fe para enfrentar un problema actual?
  10. ¿Cómo podemos andar por fe en el presente, siendo victoriosos, en lugar de transformarnos en creyentes errantes, perdiendo el tiempo?

 

 

                                                      S A C R I F I C I O S   Levítico

SACRIFICIOS

OCASIÓN O MOTIVO

SIGNIFICADO

Sacrificios voluntarios

Holocaustos quemados

(Lv 1:1-17; 6:8-13).

Propiciación por el pecado en general en demostración de dedicación.

Apunta para Cristo en la cruz. Cristo se ofreció sin mancha a Dios (He 9:14; Fil 2:6-8

Manjares (cereales), un gesto de homenaje (Lv 2:1-16: 6:14-23)

Gratitud por el inicio de las cosechas.

Una promesa de obediencia leal a Dios.

Sacrificio Pacífico (Lv 3:1-17; 7:11-34; 22:18-30):

1)    Gratitud (Lv 7:12-15)

2)    Cumplimiento de voto (Lv 7:16)

3)    Voluntario (Lv 7:16)

Comunión:

1)    por una bendición inesperada.

2)    por libramiento cuando era hecho un voto.

3)    por gratitud.

 

- De total dedicación por parte del ofertante y de la paz con Dios a quien las ofreció.

- La paz sería traída a los hombres por la obra de Cristo (Cl 1:20) y conmemorada en la Santa Cena (1 Co 10:16).

- Jesús es nuestra paz (Ef 2:14).

Sacrificios Compulsorios

Pelos pecados

(Lv 4:1 — 5:13)

Cuatro tipos de pecadores:

1º sacerdotes (Lv 4:3);

2º congregación (Lv 4:13);

3º príncipe (Lv 4:22);

4º individuo entre el pueblo

    (Lv 4:27)

Se aplicaba básicamente a la situación en que era necesaria una purificación (5:1-4).

Sacerdote o congregación: becerro.

Rey o príncipe: macho cabrío.

Individual: cabra.

Pobre: 2 palomitas.

- Cristo llevó sobre Sí la culpa de los pecados (2 Co 5:21).

- Ahora Dios perdona a quien acepta Su sacrificio por la humanidad (Is 53:6, 7; 1 P 2:24; Ro 3:25-26).

Por la trasgresión (Lv 5:14 — 6:7; 7:1-10)

- Pecado contra otra persona, que causa perjuicio, exige restitución (Lv 5:16; 6:5).

Además de ser necesario traer  un sacrificio a Dios, era necesario también hacer restitución a la persona ofendida con intereses de 20% (Lv 6:5)

Se aplicaba a la situación en que había una profanación de cosa santa o donde había una culpa objetiva.

- El hombre debe reconciliarse con su hermano (Mt 5:24).

- Quien causa perjuicio debe hacer restituciones, produciendo fruto digno de arrepentimiento (Mt 3:8).

- La muerte de Cristo hace la expiación en favor de los pecadores (2 Co 5:19).

- Al creyente se le atribuye la justicia de Cristo (1 Co 1:30; Ro 4:3)

 


 

 

ANIMALES PUROS E IMPUROS

Animales

Puros

Impuros

Mamíferos

Dos condiciones:

1.Uñas hendidas

2.Rumiantes (Lv 11:3-7 y Dt 14:6-8)

Carnívoros y los que no se encajan en las calificaciones de los “puros”

Aves

Las que no fueron específicamente mencionadas como prohibidas (Lv 11:13-19)

Aves de rapiña o necrófagos (Lv 11:13-19 y Dt 14:11-20)

Reptiles

Ninguno

Todos (Lv 11:29-30)

Animales Acuáticos

(peces)

Dos clases:

1. Aletas

2. Escamas (Lv 11:9-12 y Dt 14:9-10)

Los que no se encajan en las calificaciones de los “puros”

Insectos

Los de la familia de las langostas (Lv 11:20-23)

Cuadrúpedes con alas

Motivos Básicos:

1. Higiene: muchos de los animales prohibidos eran portadores de enfermedades.

2.Culto: algunos de los animales considerados impuros eran asociados a los cultos paganos.

 

 

DÍAS SANTOS   Levítico 23-25

DÍAS SANTOS

TEXTOS

FECHA

Sábado

Lv 23:3; Ex 20:8-11; Dt 5:12-15

7º día de la semana

Pascua: Recordando cuando el ángel de la muerte pasó por encima de las casas de los israelitas en Egipto

Ex 12; Lv 23:5; Nm 28:16; Dt 16:1-2

14 / 1

Panes ácimos: Fiesta de los Panes sin Levadura

Lv 23:6-8; Nm 28:17-25; Dt 16:3-8

15-21/1

Primicias: Fiesta de la Primera Cosecha

Lv 23:9-14; Ex 23:16; Nm 28:26-31

16/1

Pentecostés: Oferta de la Cosecha

Lv 23:15-22; Ex 34:22; Dt 16:9-12

6/3

Trompetas: La Fiesta del Año Nuevo

Lv 23:23-25; Nm 29:1-6

1/7

Expiación: El Día del Perdón; Sacrificios por los pecados de la nación

Lv 16:29-34; 23:26-32; Nm 29:1-6

10/7

Tabernáculos: Recordando la peregrinación en el desierto

Lv 23:33-44; Nm 29:12-40; Dt 16:13-15

15-21/7

Año Sabático

Lv 25:1-7; Ex 23:10-11

Cada 7º año

Año del Jubileo

Lv 25:8-55

Cada 50º año

 


 

LOS FRACASOS DE ISRAEL RECORDADOS EN EL LIBRO DE NÚMEROS

TEXTO

QUIEN

EL FRACASO

DICIPLINA

EXPRESIÓN DE LA MISERICORDIA DIVINA

OBSERVACIONES

11:1-9,

18-30

El Pueblo

1ª murmuración:

- Se quejó contra el maná del cielo.

Fuego ardió entre ellos. Comieron hasta vomitar (11:20)

Dios envía carne, pero castiga la incredulidad.

Dios les sació el apetito físico, pero sus almas se debilitaron. Él muestra amor pero aplica justicia.

11:10-17

Moisés

2ª murmuración:

- Moisés encuentra pesado su cargo.

 

Setenta hombres llenos del espíritu para ser líderes religiosos y aliviar a Moisés.

La murmuración puede provocar tristeza para el líder. Él debe permanecer confiado en Dios y no en las emociones del pueblo.

12:1-16

Miriam y Aarón

3ª murmuración:

- Miriam fue contra Moisés.

Miriam quedó leprosa por 7 días.

Dios es el defensor de Su propia honra y de la de su siervo.

- El silencio es la mejor respuesta a las falsas acusaciones.

- La rebelión de los líderes atrasa el avance del pueblo.

13

Los espías

Ellos dieron informaciones negativas; expresando incredulidad (Dt 1:26-33).

Murieron de plaga (14:37).

 

Diez vieron a los gigantes y se olvidaron de Dios. Dos se acordaron de Dios y no temieron.

14

El pueblo

4ª murmuración:

- Incredulidad (He 3:7-19)

- Peregrinando.

- Muerte.

Dios atrasó las bendiciones, pero no acabó con Su propósito de dar la tierra prometida.

La falta de fe trae un peregrinar prolongado.

16:1-4

Coré, Datán y Abirán

5ª murmuración:

- Rebelión contra Moisés.

- Llenos de envidia.

La tierra los tragó (16:31-33).

 

Oponerse a la autoridad constituida por Dios es rebeldía contra el propio Dios.

16:41-50

El Pueblo

6ª murmuración:

-- Quejándose contra Moisés y Aarón.

Plaga y muerte.

Con la intercesión de Aarón y Moisés, el pueblo hostil es salvo de la destrucción total.

 

20:2-6

El Pueblo

7ª murmuración:

-- Quejándose contra la comida y la falta de agua.

 

Dios orientó a Moisés sobre cómo conseguir agua.

El pueblo quejándose, sin fe y sin respeto provoca al líder.

20:2-13

Moisés

Golpeó la roca 2 veces con rabia, cuando la orden divina era de hablar con la roca.

No podía entrar en la tierra prometida.

A pesar de la desobediencia de Moisés, salió mucha agua de la roca.

El pueblo llevó a Moisés a pecar, pero él es el responsable de su propio pecado.

21:5-9

El Pueblo

8ª murmuración:

Perdió la paciencia y se quejó contra Dios y Moisés.

Muertos por las serpientes.

La serpiente de bronce que tipifica a Jesús (Jn 3:14-15).

-- Un problema que dura mucho tiempo pone a prueba la paciencia del ser humano.

-- La murmuración puede poner a prueba la paciencia de Dios.

22-25

Balaam

Balaam era un mercenario que negociaba con su don de profecía llevado por la codicia.

Muerto en medio de los enemigos de Dios (31:8).

El Ángel de Dios en el camino con una espada en la mano fue una barrera contra las malditas intenciones de Balaam.

--Un líder espiritual mercenario facilita la corrupción del pueblo de Dios.

--El pueblo que no podía ser maldecido contra la voluntad divina, podría ser corrompido.

25

El Pueblo

Los hombres de Israel son seducidos para la prostitución y para la idolatría.

-- Plaga.

--Pecadores ahorcados.

La fidelidad y la rectitud de Finees alejaron la ira de Dios del pueblo.

--Consejos malignos causan tragedia.

--Hay una relación entre los pecados de prostitución e idolatría.

 

LAS CONSECUENCIAS DE UN LÍDER DESOBEDIENTE
Y DE UN PUEBLO MURMURADOR

TEXTO: Números 20 - 32

 

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Dios libertó a los israelitas de Egipto. Él dirigió al pueblo por medio de la columna de fuego y de nube hasta el Monte Sinaí, donde le dio los diez mandamientos. Después de recibir la Ley, los israelitas fueron guiados por el Señor desde el Monte Sinaí hasta la frontera de la tierra que les había prometido. Moisés envió doce hombres para espiar la tierra. Diez de ellos, cuando vieron a los gigantes y las ciudades con murallas, dijeron que era imposible para los israelitas entrar en la tierra. Pero, dos de ellos, Josué y Caleb, creyeron que Dios iría a darles la tierra. Le faltó fe a la multitud, cayendo en desesperación y murmurando contra Dios y Moisés. El castigo por no creer en la promesa de Dios, el Señor Todopoderoso, fue que toda esa generación moriría en el desierto. El Señor les dijo que solamente sus hijos, así como Josué y Caleb, podrían entrar en la tierra prometida. Aquella generación vivió como una generación errante en el desierto. Pasaron cuarenta años. Casi toda la generación que salió de Egipto ya había muerto. Llegó el año cuando Dios prometió darles la tierra prometida

  Personajes-clave: Moisés y los israelitas.

  Lugar-clave: El desierto.

  Repeticiones-clave:

-- Desobediencia a Dios: los israelitas, al culpar a Moisés y a Aarón cuando faltó agua (Nm 20:2-9); Moisés, al golpear la roca (Nm 20:9-11); los israelitas, al murmurar (Nm 21:4-5); Balaam, al ir al rey Balac (Nm 22:8-30) y orientarlo a respecto de cómo podría corromper a los israelitas (Nm 31:16).; los israelitas, al prostituirse (Nm 25:1-2, 6-13).

-- Desobediencia castigada: Moisés y Aarón no podían entrar en la tierra de Canaán (Nm 20:12); serpientes venenosas mordieron y mataron a muchos israelitas (Nm 21: 4-6); el ángel enfrentó a Balaam y él fue muerto entre los medianitas (Nm 31:8); Dios mandó una epidemia  para los  israelitas (Nm 25: 3-4; 31: 16); el israelita y la prostituta fueron muertos (Nm 25:6-13); los medianitas fueron derrotados (Nm 31:1-8); por medio de las maldiciones (Dt 30:15-20).    

  Sentimientos-clave:

-- La ira de Moisés cuando el pueblo lo culpó por la falta de agua.

-- El desánimo y la murmuración de los israelitas provocada por la larga y difícil caminada hasta Canaán.

-- El egoísmo y la ambición de Balaam.

-- La lascivia de los hombres israelitas con las mujeres medianitas.

-- La firmeza de Finees al defender la fidelidad al Señor.

-- La preocupación de Moisés con que las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés pudieran desanimar a los demás.

  Problema-inicial: No había agua; los israelitas se reunieron y empezaron a reclamar contra Moisés y Aarón.

  Puntos de Referencia en la Secuencia Narrada:

Moisés Desobedece a Dios al Golpear la Roca

-- Los israelitas estaban reunidos en un lugar donde faltó agua y ellos le echaron la culpa a Moisés y Aarón (20:2-5).

-- Moisés y Aarón pidieron la ayuda de Dios (20:6).

-- El Señor ordenó que Moisés reuniera al pueblo y le hablara a la roca (20:8).

-- Moisés habló ásperamente al pueblo y golpeó la roca dos veces (20:9-11).

-- Moisés y Aarón estaban enfadados y desobedecieron al Señor. Por eso el Señor dijo que no les sería permitido entrar en la tierra de Canaán (20:12).

-- Aarón murió y fue sepultado en el desierto (20:22-29).

La Serpiente de Bronce

-- Los israelitas empezaron a murmurar de nuevo (21: 4-5).

-- La murmuración de ellos puso a prueba la paciencia de Dios (1 Co 10:9) y Él mandó serpientes venenosas que mordieron y mataron muchos israelitas (Nm 21:6).

-- Moisés oró a Dios y Dios mandó que él hiciera una serpiente de metal y la pusiera en un poste Quien fuera mordido debería mirar para ella y así quedaría curado (21:8-9).

Balaam, el Mercenario

-- Balac, el rey moabita, llamó a Balaam para maldecir al pueblo de Dios (22:1-7). Balaam era un mercenario que hacía negocio con sus dones (Jud 11).

-- Balaam sabía que no era de la voluntad de Dios que él fuera donde el rey Balac y maldijera a Israel (22:8-12), pero él quería ganar dinero (22:17). El insistió con Dios hasta obtener una autorización que fue dada de una manera que reprobó su rebeldía (22:20).                                                                    

-- En el camino, Dios puso un Ángel con una espada en la mano para impedir el viaje de Balaam. La asna vio al Ángel armado y se salió del camino. Balaam acabó golpeando tres veces la asna y Dios hizo que la asna hablara (22:29-30).

-- La doctrina de Balaam era que el pueblo no podría ser maldecido contra la voluntad divina. Sin embargo, podría ser corrompido (31:16).

-- El resultado del consejo de Balaam se ve cuando el pueblo de Dios empezó a prostituirse con las hijas de los moabitas y adoró a los ídolos con ellas (25:1-2).

-- Dios mandó una epidemia para los israelitas (25:3-4; 31:16).

-- Moisés mandó a los jefes del pueblo de Israel que mataran a los hombres que fueron a adorar al dios Baal-Peor (25:5).

-- Uno de los israelitas llevó una mujer prostituta para dentro de su tienda y Finees tomó una lanza y enterró la lanza en el vientre de él y de la mujer (25:6-13).

-- Los israelitas atacaron a los medianitas y mataron a todos los hombres (31:1-8).  Entre los muertos estaba Balaam (31:8).

Las Tribus que Escogieron Quedarse al Este del Río Jordán

-- La tribu de Rubén, la de Gad y la media tribu de Manasés escogieron quedarse con las tierras de los medianitas (32:1-5).

-- Moisés se quedó preocupado pensando si las tribus que escogieron quedarse en el este del Río Jordán desanimarían a las otras tribus (32:6-15).

-- Ellos se comprometieron a dejar sus familias y ganado e ir a la guerra con los otros israelitas y sólo volverían para sus tierras después que todos los israelitas se apropiaran de la tierra que sería de ellos (32:16-18).

Las Últimas Orientaciones de Moisés a los Israelitas

-- Dios mandó que los israelitas expulsaran a los habitantes de la tierra de Canaán y destruyeran todos sus ídolos cuando atravesaron el Río Jordán (33:50-56).

-- Moisés desafió a los israelitas a hacer todo lo necesario para cumplir todas las leyes que el Señor les dio (Dt 5:28-33; 6:4-9).

-- Los israelitas renovaron el pacto con Dios de obedecer a sus leyes y de ser su pueblo (Dt 26:16-19).

 -- Moisés prometió a las israelitas bendiciones si fueran fieles a Dios y maldiciones si desobedecieran a Dios (Dt 30:15-20).

  Situación-final: Dios avisa que Moisés morirá después que los israelitas se venguen de los medianitas (Nm 31:1-2). Moisés prometió a las israelitas bendiciones si fueran fieles a Dios y maldiciones si lo desobedecieran (Dt 30:15-20).

 

NARRATIVA

 

Moisés Desobedece a Dios al Golpear la Roca

            El pueblo de Israel fue para el desierto de Sin y acampó en Cades. Allí murió Miriam y fue sepultada. En ese lugar no había agua; por eso los israelitas se reunieron, reclamaron contra Moisés y Aarón y les echaron la culpa por no tener agua. Ellos dijeron: “¡Habría sido mejor si hubiéramos muerto delante del Señor con nuestros compañeros, los otros israelitas! ¿Por qué trajiste al pueblo de Dios para este desierto para que muramos aquí junto con nuestros animales? ¿Por qué nos trajiste de Egipto para este lugar terrible, donde no hay cereales ni higueras, ni vides y ni siquiera agua para beber?” (20:1-5).

            Dios ya había sacado agua de la roca cuando necesitaron, casi cuarenta años antes. Los israelitas no pidieron agua al Señor, pero murmuraban y criticaban a los líderes.

            Moisés y Aarón entraron en el tabernáculo, se arrodillaron y, con el rostro en tierra, oraron pidiendo la ayuda de Dios. El Señor ordenó que Moisés reuniera al pueblo y hablara a la roca y Dios prometió: de ella saldrá agua (20:6-8). Anteriormente, cuando necesitaron agua, Dios había dicho a Moisés que golpeara la roca (Ex 17:6). Esta vez, Dios le dijo que le hablara solamente a la roca.

Moisés, en su ira, no respetó la orden de Dios y le dijo al pueblo: “Ahora escuchen, gente rebelde, ¿será que vamos a tener que hacer salir agua de esta roca para ustedes?”  Moisés levantó la mano y con la vara golpeó en la roca dos veces. Mucha agua salió de la roca; el pueblo y los animales bebieron. Aarón podría haber corregido a Moisés, pero no lo hizo (20:9-11).

El pecado de Moisés fue triple:

1º Su furia al llamar a los israelitas de “rebeldes”, cuando el propio Dios lo había mandado apenas a traer agua (20:10).

2º Su sugerencia de que conseguir agua dependía de su poder y del de Aarón (20:10). 

3º Él golpeó la roca, cuando la orden de Dios fue de hablar a la roca (20:8).

El pecado fue provocado por el pueblo, pero Dios no disculpó a Moisés. Dios dijo a Moisés y a Aarón: “Ustedes no tuvieron fe suficiente para hacer que el pueblo de Israel reconociera mi santo poder y por eso ustedes no van a llevarlos para la tierra que les prometí dar” (20:12).

Aarón murió y fue sepultado en el desierto (20:22-29).

 

La Serpiente de Bronce

En el camino que va para Canaán, el pueblo perdió la paciencia y empezó a hablar contra Dios y    contra Moisés. La dificultad de la caminada hasta Canaán y la larga duración del viaje de 40 años, trajeron el desánimo que llevó a la murmuración. Ellos decían: “¿Por qué Dios y Moisés nos sacaron de Egipto? ¿Será que fue para morir en el desierto, donde no hay pan ni agua? ¡Ya estamos cansados de esta comida horrible! (21:4-5).

La murmuración de ellos puso a prueba la paciencia de Dios (1 Co 10:9) y Él mandó serpientes venenosas que se dispersaron entre el pueblo; ellas mordieron y mataron a muchos israelitas. Las serpientes fueron el castigo de Dios para ellos, por causa de su pecado de murmurar contra Él (Nm 21:6).

Entonces los israelitas reconocieron sus pecados; entendieron que solamente el Señor podría salvarlos de su castigo. Fueron a hablar con Moisés: “Nosotros pecamos, pues hablamos contra el Señor y contra ti. Pide que Dios quite esas serpientes que están entre nosotros” (21:7).

Moisés oró a Dios a favor del pueblo, y Dios dijo a Moisés que necesitaba hacer una serpiente de metal y ponerla en un poste. Quien fuera mordido, debería mirar para ella y así quedaría curado. Entonces Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un poste. Cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba para la serpiente de bronce y quedaba curado (21:8-9).

 

Balaam, el Mercenario

 

Balac fue el rey moabita que llamó a Balaam, falso adivino y profeta mercenario, para maldecir al pueblo de Dios. Balaam era un mercenario que hacía negocio con sus dones (Jud 11). Él sabía que no era de la voluntad de Dios que fuera donde el rey Balac y maldijera a Israel. Dios le dijo: “No vayas con ellos, no maldigas al pueblo de Israel, porque es un pueblo bendito”. Pero él quería ganar dinero. Recibió una prohibición de ir donde el rey Balac. El rey Balac pidió que él recapacitara: “Como pago te daré muchas riquezas y todo lo que quieras”. Balaam insistió con Dios hasta recibir autorización para ir. Él estaba libre para ir, a pesar de conocer la verdadera voluntad de Dios sobre el asunto (Nm 22:12-20).

La partida de Balaam levantó la ira de Dios y el Ángel de Dios se puso en el camino con una espada en la mano para impedirle el viaje. La asna vio el Ángel parado en el camino con su espada desenvainada en la mano; se desvió del camino, en dirección al campo. Balaam, con ira, golpeó a la asna para hacerla volver al camino. Entonces el Ángel se puso en una parte angosta del camino, entre dos plantaciones de uvas, donde había un muro de piedra a cada lado. Cuando la asna vio al Ángel, ella se apegó al muro, apretando el pie de Balaam, por eso Balaam la golpeó de nuevo. El Ángel cambió de lugar y se puso en un pasaje apretado, donde no había espacio para pasar ni por la derecha ni por la izquierda y la asna se cayó debajo de Balaam. Balaam se enfureció y golpeó la asna por tercera vez. Dios hizo que la asna hablara y ella dijo a Balaam: “¿Qué fue que te hice para que tres veces me golpees?  Entonces Dios abrió los ojos de Balaam y él vio al Ángel parado en el camino, teniendo su espada desenvainada en la mano (22:22-30). Este milagro impidió los intentos del profeta de maldecir a Israel (2 P 2:15-16).

La doctrina de Balaam era que el pueblo no podría ser maldecido contra la voluntad divina. Sin embargo, podría ser corrompido (Nm 31:16). Él mostró al rey Balac cómo hacer pecar al pueblo de Israel, diciendo que los israelitas deberían comer alimentos ofrecidos a los ídolos y cometer inmoralidad (Ap 2:14). Balaam conocía la voluntad de Dios y conocía la palabra de Dios, pero él quiso hacer negocios con su don espiritual. Él podía ganar mucho dinero agradando a un rey rico. Negociando con su don y valores espirituales, él facilitó la corrupción del pueblo de Dios.

El resultado del consejo de Balaam se ve cuando el pueblo de Dios se entregó a la prostitución con las hijas de los moabitas y empezó a adorar a los ídolos con ellas (Nm 25:1-2). Fueron las mujeres que, siguiendo los consejos de Balaam, hicieron que los israelitas fueran infieles al Señor, adorando al dios falso de Baal-Peor y prostituyéndose.

La ira del Señor se encendió contra Israel y hubo una epidemia en medio del pueblo (Nm 25:3-4; 31:16). Moisés mandó que los jefes del pueblo de Israel mataran a cada hombre que fuera a adorar al dios Baal-Peor (25:5). Cuando Moisés estaba hablando, uno de los israelitas llevó una mujer prostituta para    dentro de su tienda en presencia de Moisés y de todos los israelitas. Cuando Finees, nieto del sacerdote Aarón, vio eso, se levantó y salió de la reunión. Él tomó una lanza, siguió al hombre, entró en la tienda y enterró la lanza en el vientre del hombre y de la mujer. Así acabó la epidemia que había entre los israelitas y que ya había matado veinticuatro mil personas. El celo de Finees en matar a un israelita y una prostituta que éste trajo para su tienda, fue aceptado por Dios como un acto de expiación, que protegió al pueblo contra la ira de Dios (25:6-13).

Dios dijo a Moisés: “Manda que los israelitas de venguen del mal que los medianitas les hicieron. Después de eso, vas a morir” (31:1-2).  Los medianitas se habían unido con los moabitas para maldecir a Israel, diciendo, de esta manera, injurias contra Dios. El profeta Balaam, que dio consejo para la desmoralización de Israel por medio de la idolatría, estaba presente entre los medianitas (31:8). De cada tribu de los israelitas fueron mandados mil soldados armados, doce mil en total (31:5). Ellos atacaron a los medianitas y mataron a todos los hombres. Entre los muertos estaba Balaam (31:8).

 

Las Tribus que Escogieron Quedarse al Este

Del Río Jordán

 

La tribu de Rubén, la de Gad y la media tribu de Manasés escogieron quedarse con las tierras de los medianitas. Ellos fueron a hablar con Moisés y con las autoridades del pueblo y dijeron: “Esta región que Dios conquistó para los israelitas es tierra buena para criar ganado. Nosotros tenemos mucho ganado. Entonces, danos esta tierra para ser nuestra propiedad y no nos hagas ir para el otro lado del río Jordán.” La promesa de Dios fue para toda Canaán. Ellos no estaban dispuestos a esperar la repartición, después de la conquista de la tierra, despreciando, de esta forma, la tierra de la promesa.

Moisés les respondió: “¿Ustedes quieren quedarse aquí mientras sus compatriotas van para la guerra?  ¿Será que ustedes quieren desanimar al pueblo de Israel para que no entre en la tierra que el Señor le está dando?

Los hombres de las tribus de Rubén, de Gad y parte de la tribu de Manasés se comprometieron a dejar sus familias y ganado e ir para la guerra con los otros israelitas y volver solamente para sus tierras después que todos los otros israelitas tomaran pose de la tierra que sería de ellos (32:1-19).

 

Las Últimas Orientaciones de Moisés a los Israelitas

 

Los israelitas estaban al lado del río Jordán, frente a Jericó. Dios mandó que Moisés diera orden a los israelitas. Al atravesar el río Jordán y entrar en la tierra de Canaán, deberían expulsar a todos los habitantes de aquella tierra y destruir todos sus ídolos y lugares de adoración. Los israelitas fueron advertidos que si no expulsaran a los habitantes del país, los que quedaran serían para ellos como espinos en sus ojos y traerían problemas a la tierra donde irían a vivir (35:50-56).

Al lado del río Jordán, Moisés hizo los discursos que se encuentran en el libro de Deuteronomio. Moisés desafió a los israelitas: “Pueblo de Israel, hagan todo lo necesario para cumplir todas las leyes que el Señor, nuestro Dios, les dio. Así, les irá bien en todo, y vivirán muchos años en la tierra que van a poseer (Dt 5:28-33). ¡Escucha, pueblo de Israel! El Señor, y solamente el Señor, es nuestro Dios. Por lo tanto, amen al Señor nuestro Dios, con todo el corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas” (Dt 6:4-5).

En sus discursos Moisés hizo una revisión de las leyes que Dios dio a los israelitas y aconsejó: “Guarden siempre en el corazón las leyes que les estoy dando hoy y no dejen de enseñarlas a sus hijos. Repitan esas leyes en casa y fuera de casa, cuando se acuesten y cuando se levanten” (Dt 6:6-9).

Al final de sus discursos, los israelitas renovaron el pacto de obedecer a Dios y de ser su pueblo. Moisés dijo a los israelitas: “Hoy el Señor, nuestro Dios, está mandando que ustedes obedezcan a esos mandamientos; por lo tanto, cumplan sus leyes con todo el corazón y con toda su alma. Hoy ustedes afirmaron que el Señor es su Dios y prometieron andar siempre en Sus caminos, obedeciendo a Sus leyes y haciendo todo lo que Él mande. Y, hoy, el Señor declara que ustedes son el pueblo que es solamente de Él, y Él manda que ustedes obedezcan a todos sus mandamientos” (Dt 26:16-19).

Moisés prometió bendiciones si fuesen fieles a Dios y maldiciones si desobedeciesen a Dios. Moisés dijo a los israelitas: “Hoy estoy dejando que ustedes escojan entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte. Si ustedes obedecen a los mandamientos del Señor, y lo aman, y andan en el camino que Él les muestra, y cumplen todas sus leyes y todos sus mandamientos, ustedes vivirán mucho tiempo en la tierra que van a invadir y que va a ser de ustedes. Y Dios los bendecirá y les dará muchos descendientes. Pero yo les afirmo que, si abandonan a Dios y no quieren obedecerle y si caen en la tentación de adorar y servir a otros dioses, en ese caso, ustedes serán completamente destruidos y no vivirán mucho tiempo en la tierra que están para tener al otro lado del río Jordán. Yo les doy la oportunidad de escoger entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Escojan la vida, para que ustedes y sus descendientes vivan muchos años. Amen al Señor, nuestro Dios, obedezcan lo que Él manda y quédense unidos a Él. De esta manera ustedes continuarán viviendo y vivirán muchos años en la tierra que el Señor Dios juró que daría a nuestros antepasados Abraham, Isaac y Jacob” (Dt 30:15-20).

 

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

1.     Murmuración, una señal de falta de fe en Dios, lleva al pecado y puede poner a prueba la paciencia del Señor (Nm 20:3-5). La congregación estaba reunida en un lugar donde faltaba agua y los israelitas culparon a Moisés y a Aarón por no tener agua. Ellos no pidieron agua al Señor porque no confiaron en Él. Pablo, hablando sobre esos episodios dijo: “No murmuréis” (1 Co 10:10).

2.     Alguien puede llevar a otra persona a pecar, no obstante el pecador es responsable por su propio pecado. El pecado de Moisés, que fue provocado por el pueblo, es una actitud de incredulidad y de falta de respeto para con la orden de Dios. El pecado fue provocado por el pueblo, pero Dios no perdonó a Moisés (Nm 20:12).

3.     El pecado de un líder espiritual da una falsa impresión de la naturaleza de Dios. El Nuevo Testamento revela que la roca aquí es una ilustración de Cristo (1 Co 10:4). Cuando Moisés golpeó la roca en lugar de hablarle, comprometió una ilustración del Señor Jesús (Nm 20:6-12). La primera vez que Israel necesitó agua, Dios orientó a Moisés para que golpease en la roca (Ex 17:6) para mostrar que Jesús tenía que ser maltratado en la cruz, para que nosotros pudiéramos recibir el agua de la vida eterna. La segunda vez, sin embargo, Dios mandó a Moisés a hablar a la roca. Eso era para mostrar que Jesús tenía que morir apenas una vez por nuestros pecados. El pecado de Moisés dio una falsa impresión de la naturaleza de Dios y echó a perder una ilustración sobre el Señor Jesús.

4.     El líder espiritual que está en pecado queda más en evidencia y facilita la corrupción del pueblo de Dios. Observe las estrellas en la noche. Hay millares de estrellas, pero la que más llama la atención es una estrella cayendo. Hay centenas de líderes evangélicos, pero los que llaman más la atención son los pocos que están cayendo.

5.     Dios puede mandar que alguien haga algo de una manera y, después, darle una orden para que haga la misma cosa de otra manera. Una vez Dios mandó a golpear en la roca (Ex 17:1-7), la segunda vez, mandó a hablarle (Nm 20:8). Moisés hizo la segunda vez, como había hecho la primera; eso es pecado.

6.   Años de fidelidad no compensan un pecado cometido. Moisés había sido un líder fiel durante cuarenta años. Los cuarenta años de fidelidad no compensaron una actitud de desacato a la orden de Dios. Cuando Israel entró en la tierra prometida, Moisés no pudo acompañarlo (Nm 20:12).

7.     La murmuración puede poner a prueba la paciencia del Señor. La murmuración de los israelitas puso a prueba la paciencia de Dios (Nm 21:4-6; 1 Co 10:9) y Él mandó serpientes venenosas dispersarse en medio del pueblo; ellas mordieron y mataron a muchos israelitas.

8.     El castigo por el pecado puede traer el pecador al reconocimiento de su error. La murmuración de los israelitas puso a prueba la paciencia de Dios (1 Co 10:9) y las serpientes fueron el castigo de Dios para ellos (Nm 21:7). Entonces los israelitas reconocieron sus pecados (Nm 21:6).

9.     La salvación viene por aceptar el plan establecido por Dios (Nm 21:8-9). Después de la plaga de las serpientes, Moisés oró a Dios a favor del pueblo, y Dios dijo a Moisés que hiciera una serpiente de metal y que la colgase en un poste. Quien fuera mordido debería mirar para ella y así quedaría sano. El hombre solo puede ser salvo por Dios, de acuerdo con Su voluntad y Su plan. No había nada que pudiesen hacer, apenas mirar para la serpiente, confiando en la promesa de Dios. Mirar y vivir era la más simple representación de la fe sencilla.

10.  La serpiente de bronce se volvió en una ilustración de Jesucristo (Nm 21:8-9). Jesús explicó a Nicodemo que, cuando él muriera en la cruz, sería como la serpiente que Moisés colgó en el poste (Jn 3:14-15). El hombre es salvo hoy por la fe, mirando al Señor Jesús que tomó la responsabilidad por nuestro pecado, cuando fue colgado en la cruz. La serpiente de bronce ilustra sobre Jesús:

-       La serpiente ilustra el pecado que requiere el juicio de Dios;

-       El poste ilustra la cruz de Cristo, donde Él fue ofrecido substitutivamente para salvar a todos los que mirasen para Él con fe;

-       El mirar de fe ilustra que ella es simple y que salva.

11.  El hombre que conoce a Dios y, sin embargo, toma las decisiones basado en lo que da más lucro, sufre de ceguera espiritual (Nm 22:1-35). Balaam era un mercenario que negociaba con sus dones (Jud 11). Él sabía que no era de la voluntad de Dios que fuera hasta el rey Balac y maldijera a Israel, sin embargo, insistió con Dios hasta recibir una autorización que fue dada de una manera que reprobó la inconstancia de Balaam (Nm 22:20). En el camino, yendo hasta el rey Balac, Dios puso un Ángel con una espada en la mano para perturbar su viaje. En cuanto Balaam no vio, la asna vio el Ángel armado. Una asna tuvo más visión que un hombre que, aun conociendo a Dios, estaba ciego por la codicia. Un asno tuvo más visión y sabiduría que un siervo de Dios que quería negociar con valores espirituales y vender el servicio a precio mayor. Un asno tiene más visión espiritual que el creyente que conoce a Dios y entiende Su voluntad, sin embargo toma las decisiones basado en lo que da más lucro.

12.  Es posible que Dios hable a través de milagros, si la falta de fe de los hombres exige revelaciones extras. Dios hizo la asna hablar con Balaam (Nm 22:28-30). El Nuevo Testamento nos enseña que este milagro impidió las intenciones del profeta de maldecir a Israel (2 P 2:15-16). Un milagro, o Dios comunicándose con un hombre por medio excepcional, puede ser señal de la dureza del corazón que necesita de una revelación extra para poner atención.

13.  Un líder espiritual mercenario facilita la corrupción del pueblo de Dios (Nm 22-25). La doctrina de Balaam era que el pueblo no podría ser maldecido contra la voluntad divina. Podría, entretanto, ser corrompido (Nm 31:16). Él mostró al rey Balac como hacer el pueblo de Israel pecar, diciendo que los israelitas deberían comer alimentos ofrecidos a los ídolos y cometer inmoralidad (Ap 2:14).

14.  El líder espiritual que es un mercenario, que hace negocio con sus servicios, va a ser castigado por Dios. Balaam murió, no como un justo, lo que era su deseo (Nm 23:10), pero, sí, como un infiel, mercenario y enemigo de Dios (Nm 31:8).

15.  Hay una relación muy estrecha entre los pecados de prostitución y de idolatría. Fueron las mujeres que, siguiendo los consejos de Balaam, hicieron que los israelitas fuesen infieles a Dios, adorando al dios falso de Baal-Peor y prostituyéndose (Nm 25:1-2; vea 1 Co 6:13-20).

16.  El mundanismo alrededor de la Iglesia siempre quiere llevarla a la impureza de la carne y del espíritu (Nm 25). El resultado del consejo de Balaam se ve cuando el pueblo de Dios empezó a prostituirse con las hijas de los moabitas y a adorar ídolos con ellas (Nm 25:1-2). Hay una relación bien estrecha entre los pecados de prostitución y de idolatría (Nm 25:1-2; 1 Co 6:13-20). El paganismo alrededor de Israel siempre llevó el pueblo de Dios a la idolatría. El mundanismo alrededor de la Iglesia siempre quiere llevarla a la impureza de la carne y del espíritu.

 

PREGUNTAS

 

  1. ¿Qué llevó los israelitas a murmurar? ¿Por qué la murmuración es un pecado?
  2. ¿Por qué el desánimo que lleva a la murmuración es tan peligroso para el cristiano? ¿Cómo combatirlo?
  3. ¿Por qué Moisés no pudo guiar a los israelitas a la tierra prometida después de haber sido fiel a Dios por 40 años?
  4. ¿Por qué el líder espiritual tiene que tomar cuidado para no caer en pecado?
  5. ¿Qué nos enseñan sobre Dios las serpientes enviadas para castigar a los israelitas que quedaron murmurando?
  6. ¿Cómo es que esas serpientes sirven para ilustrar verdades a respecto de Jesucristo?
  7. ¿Cuál fue el error de Balaam?
  8. ¿Qué podemos aprender de Balaam sobre el creyente que toma las decisiones basado solo en lo que da más lucro?
  9. ¿Cómo es que el mundanismo alrededor de nuestra Iglesia está actuando para llevarnos a la impureza de la carne y del espíritu?
  10. ¿Qué lección de este estudio debe traer un cambio a su vida?

 

J O S U É

1                                  5

6                               12

13                             21

22                              24

LA CONQUISTA DE CANAÁN

LA DIVISIÓN DE LA TIERRA

LA DESPEDIDA DE JOSUÉ

PREPARACIÓN:

 

Entrando en Canaán

CONQUISTA:

 

Conquistando Canaán

HERENCIAS:

 

Dividiendo Canaán

CONSAGRACIÓN:

 

Condición para permanecer en Canaán

Río Jordán

 

1 mes

Canaán

 

7 años

2 ½ tribus: Este del Jordán

9 ½ tribus: Oeste del Jordán

8 años

1                                  5

6                                12

13                              21

22                             24

 

 

JOSUÉ: CONQUISTANDO LA TIERRA PROMETIDA

 

TEXTO: Josué 1 - 24

 

ESTRUCTURA:

  Contexto:

Cuarenta años se habían pasado desde que Dios hablara a los israelitas que, por causa de su incredulidad, no les permitiría entrar en la tierra prometida. Todos los que no creyeron en Dios murieron en el desierto. De nuevo, Dios los guio para cerca de la entrada de Canaán, la tierra que les había prometido dar. Había llegado el tiempo de Israel tomar pose de la tierra prometida, sin embargo, Moisés no podría entrar. El Señor dijo a Moisés que nombrase a Josué, su ayudante, como el nuevo líder de Israel.

  Personaje-clave: Josué.

  Lugar-clave: Canaán.

  Repeticiones-clave:

-- Tierra. Los siguientes hechos sobre la tierra son mencionados muchas veces: prometida por Dios; conquistada; no conquistada; dividida.

-- Miedo (1:9; 2:9,24; 5:1; 8:1; 9:24; 10:2; 10:8; 11:6; 14:8; 22:24).    

-- Mataron a todos los habitantes de Jericó (6:21-26); de Hai (8:24); los amorreos (10:9-26); de Maceda (10:28-30); de Libna (10:30); Laquis (10:32-35); Hebrón (10:37); Hazor (11:11); Lesem (19:47).

 -- La persona de Josué.

-- Dios dio a los israelitas victoria sobre sus enemigos: secó el Río Jordán (3:17); les dio victoria en las ciudades conquistadas: Jericó (6:16); Hai (8:18); dio victoria a los israelitas en la lucha contra los amorreos (10:10-13); Maceda (10:30); Hebrón (10:37); Hazor (11:11); Lesem (19:47). El Señor luchaba por su pueblo (10:42); expulsó pueblos, y no permitió que nadie consiguiera resistir a los israelitas (23:8-11).

-- Errores de los israelitas: Acán desobedeció a Dios (7:1); Josué le echó la culpa a Dios después que los hombres de Hai hicieron a los israelitas retroceder (7:6-12); Josué firmó un acuerdo con los gabaonitas sin consultar a Dios (9:13-15); faltó conquistar mucho de la tierra (13:2).

  Sentimientos-clave:

-- El desafío de Josué en sustituir a Moisés.

-- El conflicto de los israelitas con los habitantes de la tierra.

-- El miedo que el pueblo de la tierra tenía de los israelitas.

-- El respeto para con Josué.

-- El desafío de conquistar la tierra y ser fiel a Dios.

-- El peligro de desobedecer a Dios y de mezclarse con el pueblo de la tierra.

-- La astucia de los gabaonitas.

  Problema-inicial: Dios dijo a Josué: “Mi siervo Moisés está muerto. Ahora tú y todo el pueblo de Israel prepárense para atravesar el río Jordán y entrar en la tierra que voy a darles.”

  Puntos de Referencia en la Secuencia Narrada:

Entrando en Canaán

-- Moisés subió a un monte cerca de la frontera de Canaán. Desde la cumbre del monte, Dios le mostró la tierra prometida y Moisés murió (Dt 34:1-5).

-- Josué fue el sucesor de Moisés (Jos 1:1-3).

-- Dios prometió estar con Josué y lo mandó que fuera valiente y a hacer conforme toda la Ley de Dios (1:3-9).

-- Josué ordenó a los oficiales que prepararan el pueblo para atravesar el Jordán (1:10-15).

-- Josué envió espías a Jericó. La prostituta Rahab los escondió del rey y les pidió que salvaran a su familia cuando atacaran la ciudad. Los espías concordaron y la casa de Rahab fue identificada con un cordón rojo (2:1-24).

-- Los sacerdotes que llevaban el arca pusieron los pies en el río Jordán. El río paró de correr y los israelitas atravesaron pisando en tierra seca (3:1-17).

-- Los reyes del Oeste del río supieron que Dios había secado el Jordán y quedaron con miedo (5:1).

-- El primer día que comieron del producto de la nueva tierra, cesó el maná que Dios les había mandado durante 40 años (5:12).

Conquista de Canaán

-- Jericó fue conquistada. Durante seis días, los soldados marcharon una vez alrededor de la ciudad. Los soldados marcharon en silencio, mientras siete sacerdotes tocaron trompetas (6:1-14). Al séptimo día, dieron siete vueltas alrededor de la ciudad. En la séptima vuelta, gritaron: “¡El Señor Dios les está entregando la ciudad!” (6:15-16). Josué orientó que todos los de la ciudad deberían ser muertos, con excepción de la familia de Rahab. Todo en la ciudad debería ser destruido (6:17-27).

-- Acán desobedeció a Dios, se quedó con algunas cosas y por eso Dios quedó airado con los israelitas (7:1).

-- Cuando los israelitas atacaron la ciudad de Hai, Dios dio a los hombres de Hai la victoria (7:2-5).

-- El pecado de Acán fue descubierto y él y su familia fueron muertos (7:6:26).

-- Dios dio victoria a los israelitas sobre la ciudad de Hai (8:1-29).

-- Los engañadores gabaonitas simularon un largo viaje cuando, en realidad, vivían cerca del lugar donde los israelitas estaban y engañaron a Josué. Josué no pidió consejo a Dios y erró, haciendo un pacto de paz con ellos (9:1-27).

-- La derrota de los amorreos (10:1-26).

-- El Sur (10) y el Norte (11) de Canaán fueron conquistados.

División de Canaán: Ciudades para Fugitivos

-- Cuando Josué ya estaba con muchos años, todavía había mucha tierra para ser conquistada (13:1).

-- La tierra fue dividida entre las doce tribus (13:7 - 19:51).                                                                    

-- Fueron establecidas ciudades para fugitivos. La persona que, sin querer, matase a alguien, podría huir para una de esas ciudades, para escapar del pariente de la víctima. Él sería juzgado y, si fuera declarado inocente, la ciudad iría a protegerlo (20:1-9).

-- Los levitas, líderes espirituales, recibieron ciudades con pastos en varios lugares de la tierra (21:1-42).

-- Dios dio a los israelitas toda la tierra que había prometido y les dio paz con los pueblos vecinos (21:43-45).

Despedida de Josué

-- Las tribus de Rubén, la de Gad y la media tribu de Manasés volvieron al Este del Río Jordán. Ellos construyeron el altar del “Testimonio” a la orilla del Jordán. El altar provocó un malentendido (22:1-34).

-- Josué hizo un discurso de despedida (23:1 — 24:28). Él desafió: “... decidan hoy a quien van a servir ... Pero yo y mi familia, serviremos al Señor” (24:14-15).

-- Josué murió con ciento diez años (24:29).

  Situación-final: Los israelitas sirvieron al Señor mientras vivieron Josué y los líderes que sabían todo lo que Dios había hecho por el pueblo de Israel (24:21-33).

 

NARRATIVA:

 

Entrando en Canaán

 

      Moisés subió a un monte cerca de la frontera de Canaán. Desde la cumbre del monte, Dios le mostró la tierra prometida, pero, Moisés no podía entrar en ella. Moisés murió y Dios lo enterró. Nadie sabe dónde él fue enterrado. Él tenía ciento veinte años cuando murió, pero todavía tenía buena salud y buena visión (Dt 34:1-7).

      Moisés había escogido a Josué para quedarse en su lugar (Dt 34:9). Dios avisó a Josué que Moisés había muerto y lo orientó para que se levantara y atravesara el Jordán con el pueblo, rumbo a la tierra que estaba dando a los hijos de Israel. Dios prometió a Josué que estaría con él, así como había estado con Moisés. Mandó que él fuera fuerte y valiente y que viviera de acuerdo con toda la Ley de Dios. Dios dijo a Josué: “Que el libro de esta Ley esté siempre en tus labios: medita en él día y noche, para que tengas cuidado y hagas todo de acuerdo con todo lo que está escrito en él. Así, serás prosperado en tus caminos y alcanzarás éxito” (Jos 1:1-9).

      Josué orientó a los oficiales del pueblo que tomaran provisiones, para atravesar el Jordán y ocupar la tierra cuya posesión Dios les estaba dando (1:11).

      Josué envió espías a Jericó y ellos se hospedaron en la casa de una prostituta llamada Rahab. El rey supo que los dos hombres de Israel vinieron para espiar la tierra y mandó un recado a Rahab: “¡Los hombres que están en tu casa vinieron para espiar toda la tierra! Trae esos dos para fuera.”.

      Sin embargo, Rahab escondió a los espías. Ella los llevó al terrado y los escondió debajo de los manojos de lino amontonados allí. Ella dijo a los dos espías: “Yo sé que el Dios Eterno les dio esta tierra, israelitas. Todos nosotros estamos muertos de miedo. Supimos todo lo que Dios hizo por ustedes y perdimos el coraje y todos nosotros quedamos con mucho miedo por causa de ustedes. El Dios de ustedes es Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra. Entonces ahora juren en nombre de Dios y prometan que van a ser buenos para mi familia porque yo también los traté con bondad. Salven a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y a mis hermanas y a las familias de ellos. No dejen que nos maten.”

      Los espías respondieron: “Nosotros prometemos. Cuando Dios nos de esta tierra, seremos buenos contigo y demostraremos que somos hombres de palabra.”

      Rahab los hizo bajar con una cuerda por la ventana, pues su casa estaba construida en la muralla, y su casa fue identificada con un cordón rojo que ella amarró en la ventana. Los espías dijeron: “Cumpliremos el juramento que nos pediste que hiciéramos, pero con las siguientes condiciones: Cuando entremos en la ciudad, amarra este cordón rojo en la ventana por donde nos hiciste bajar. Reúne, dentro de tu casa, a todos tus parientes”.

      Rahab concordó (2:1-24).

      Era el tiempo de la cosecha y las aguas del río Jordán habían cubierto las orillas. Josué ordenó a los sacerdotes: “Levanten el Arca de la Alianza y pasen adelante del pueblo.” Cuando los sacerdotes que llevaban el arca, pusieron los pies en el río Jordán, el río paró de correr y los israelitas atravesaron pisando en tierra seca (3:1-17). En ese día, Dios hizo que los israelitas supieran que Josué era un gran hombre y ellos lo respetaron, así como habían respetado a Moisés (4:14). Los reyes del Oeste del río supieron que Dios había secado el Jordán y quedaron con miedo, les desfalleció el corazón y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel (5:1).

Los israelitas estaban acampados en Canaán, la tierra prometida. Dios mandó a Josué que hiciera cuchillos de piedra y los circuncidara, porque los hombres que nacieron en el desierto, durante los cuarenta años de peregrinación, no habían sido circuncidados en el camino (5:2-9).

En Canaán, los israelitas comieron los alimentos de la tierra. El primer día en que se alimentaron del producto de la nueva tierra, cesó el maná que Dios les había mandado durante 40 años (5:10-12). Desde ese día en adelante, ellos comieron los alimentos de la tierra de Canaán.

 

Conquista de Canaán

            Jericó fue conquistada. Durante seis días los soldados marcharon alrededor de la ciudad, una vez por día. Los sacerdotes llevaban el arca y, adelante, iban siete sacerdotes tocando las trompetas de cuerno de carnero. Los soldados marchaban en silencio. Después volvían al campamento y allí pasaban la noche. Al séptimo día, ellos dieron siete vueltas alrededor de la ciudad. En la séptima vuelta gritaron: ¡El Señor Dios está entregando Jericó para ustedes!” (6:1-16).

            Josué mandó que todos los habitantes de la ciudad, con todo lo que había en ella, fueran destruidos. Solamente quedaría viva la prostituta Rahab y su familia, porque ella había escondido a los espías (6:17-27). Los objetos de oro, plata, bronce y fierro fueron colocados en el tesoro de la casa de Dios, pero todo el resto fue quemado.

Acán desobedeció a Dios y se quedó con dos kilos de plata y una barra de medio kilo de oro. Dios quedó airado con los israelitas. Por causa del pecado de Acán, cuando los israelitas atacaron la ciudad de Hai, Dios dio victoria a los hombres de Hai. Los hombres de Hai hicieron que los israelitas retrocedieran, mataron unos treinta y seis y persiguieron a los demás. Entonces el pueblo quedó completamente desanimado y perdió todo el coraje.

Josué rasgó sus ropas y se lanzó al suelo, con su rostro en la tierra, delante del arca de la alianza de Dios. Los líderes de Israel hicieron la misma cosa y se echaron tierra en la cabeza para mostrar que estaban tristes.

Josué dijo:” ¡Oh, Señor Dios! ¿Por qué hiciste que este pueblo atravesara el Jordán? ¿Fue para entregarnos a los amorreos para que ellos nos maten?”

Dios respondió a Josué:” ¡Levántate! ¿Por qué estás así de esa manera, con el rostro en el suelo? El pueblo de Israel pecó. Se quedaron con algunas cosas que yo mandé que fueran destruidas. Ellos robaron esas cosas, mintieron por causa de ellas y las pusieron en medio de sus cosas. Es por eso que los israelitas no pueden enfrentar al enemigo. Dios reveló el pecado de Acán, y él y su familia murieron apedreados (7:1-26).

Los israelitas atacaron la ciudad de Hai de nuevo y esta vez, Dios les dio la victoria sobre la ciudad (8:1-29).

Los habitantes de la ciudad de Gabaón quedaron con miedo de los israelitas y resolvieron recorrer a la astucia para conseguir un acuerdo de paz. Los astutos gabaonitas fingieron que venían de lejos. Ellos se pusieron sandalias viejas y vistieron ropas bien viejas también y llevaron pan seco y mohoso. Dijeron que estaban llegando de un país que quedaba muy lejos de ahí y que querían hacer un acuerdo de paz con los israelitas. Josué no pidió consejo a Dios y cometió un error, haciendo un acuerdo de paz con ellos, prometiendo que no serían muertos. Los líderes de Israel juraron que cumplirían su palabra.

Tres días después que habían hecho el acuerdo, descubrieron que aquella gente vivía cerca. Pero, por causa del juramento que sus líderes habían hecho a los gabaonitas, los israelitas no los mataron. Todo el pueblo reclamó contra los líderes. Josué protegió a los gabaonitas y no dejó que los mataran. Pero, desde ese día en adelante, él los obligó a ser los que iban a buscar el agua y cortaban la leña para el pueblo de Israel (9:1-26).

Cinco reyes de los amorreos que gobernaban en el Sur de Canaán, supieron que los gabaonitas habían hecho un acuerdo de paz con los israelitas. Entonces esos cinco reyes se juntaron y juntaron también sus ejércitos y rodearon y atacaron la ciudad de Gabón. Los gabaonitas entonces mandaron a decir a Josué en el campamento en Gilgal:” ¡No nos abandones! ¡Ven rápidamente para salvarnos! ¡Todos los reyes amorreos que viven en las montañas se juntaron contra nosotros!”

Entonces Josué y todo su ejército partieron de Gilgal. El Señor le dijo: “No tengas miedo de esos reyes, porque ya te di la victoria. Ninguno de ellos será capaz de resistir”.

Josué salió de Gilgal y marchó toda la noche, subiendo siempre. Él atacó de sorpresa. El Señor hizo que los enemigos quedaran con mucho miedo cuando vieron los ejércitos de Israel. Así, los israelitas los derrotaron completamente y los persiguieron. El Señor lanzó del cielo grandes piedras sobre los enemigos, mientras ellos huían de los israelitas. Y murieron más personas con esa lluvia de piedras que en el combate con los israelitas. El día que el Señor dio la victoria a los israelitas en la lucha contra los amorreos, Josué habló en presencia de los israelitas: “¡Sol, detente en Gabaón! ¡Luna, para sobre el valle de Ajalón!” El sol quedó parado y la luna también paró, hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. Nunca había habido y nunca más hubo un día como este, un día en que el Señor atendió a la voz de un hombre. Eso sucedió porque el Señor combatía a favor de Israel.

Josué y los soldados de Israel mataron a los cinco reyes y a casi todos sus soldados. Entonces, todos los soldados de Israel volvieron sanos y salvos para el campamento de Maceda, donde Josué estaba. Y nadie se atrevía a decir nada contra los israelitas (10:1-26).

El Sur (10:1-43) y el Norte (11:1-23) de Canaán fueron conquistados. El Señor, el Dios de Israel, luchaba por su pueblo y, por eso, Josué dominó a todos los reyes con los cuales tuvo guerra (10:42). Los israelitas mataron a todos los habitantes de las ciudades conquistadas. Pero ellos se quedaron con los objetos de valor y con el ganado de esas ciudades (11:13-14). Josué cumplió todo lo que Dios había mandado que Moisés hiciera. Josué tomó toda la tierra, como Dios había dicho a Moisés, y la dio por herencia a Israel, según su división en tribus. Y la tierra descansó de la guerra (11:15-23).

 

División de Canaán; Ciudades para Fugitivos

Cuando Josué ya estaba bien viejo, aún había mucha tierra para ser conquistada (13:1). Dios prometió expulsar a las personas de esas tierras a medida que el pueblo de Israel fuera avanzando (13:6). Josué preguntó a los israelitas: “¿Hasta cuándo van a ser negligentes para tomar posesión de la tierra que Dios les dio?” (18:3).

La Tierra fue dividida entre las doce tribus (13:7 — 19:51). Cada tribu recibió su propia tierra. Pero, la tribu de Leví, no recibió un área; ella recibió algunas ciudades en medio de las otras tribus. Josué no dio ninguna parte de la tierra a la tribu de Leví. Moisés dijo a los miembros de esa tribu que el Señor, el Dios de Israel, era la propiedad de ellos (13:32-33). Los levitas, líderes espirituales, recibieron ciudades con pastos en varios lugares de la tierra (21:1-42). El pueblo de Israel dividió la tierra como Dios había ordenado a Moisés (14:5).

Cuando los doce hombres investigaron Canaán por primera vez, diez espías tuvieron miedo del pueblo, pero dos, Josué y Caleb, tuvieron fe que Dios les iba a dar la tierra. Caleb tenía 40 años en esa época. Cuando los israelitas entraron en la tierra, él tenía 80. Cuando él estaba con 85, pidió a Josué que le diera la tierra montañosa donde vivían los gigantes y donde había ciudades rodeadas de murallas. Dijo que tenía bastante fuerza para combatir en la guerra y para hacer lo que fuera necesario para conquistar la tierra que provocó tanto miedo en los 10 espías. Josué bendijo a Caleb y le dio aquella tierra (14:6-15).

Fueron establecidas ciudades para los fugitivos. La persona que, sin querer, matase a alguien, podría huir para una de esas ciudades, para escapar del pariente de la víctima. Él sería juzgado y, si fuese declarado inocente, la ciudad iría a protegerlo y no entregaría el fugitivo al pariente de la víctima que lo estaría buscando para vengarse. Ellos lo protegerían, porque había matado a alguien sin querer y no por odio (20:1-9).

Dios dio a los israelitas toda la tierra que había prometido y les dio paz con los pueblos vecinos (21:43-45). Dios cumplió todas las buenas promesas que había hecho a los israelitas.

 

Despedida de Josué

 

            Entonces Josué reunió al pueblo de las tribus de Rubén, Gad y de Manasés del Este y dijo: “Ustedes han hecho todo lo que Moisés, siervo del Señor, mandó y han obedecido a todas mis órdenes también. Durante todo este tiempo y hasta hoy, ustedes no abandonaron a sus hermanos israelitas. Ahora, el Señor dio a sus hermanos israelitas la paz, como había prometido. Vuelvan, pues, para la tierra que ustedes conquistaron al otro lado del río Jordán.” Entonces ellos volvieron para casa.

            Cuando llegaron a Gelidote, al lado Oeste del Jordán, las dos tribus y media construyeron allí un altar grande. Cuando el pueblo de Israel oyó eso, todos se reunieron en Silo para hacer guerra contra ellos. El pueblo de Israel envió a Finees, hijo del sacerdote Eleazar y diez otros líderes para hablar con el pueblo de Rubén, de Gad y de Manasés del Este. Ellos dijeron: “¿Por qué ustedes hicieron esta traición contra el Dios de Israel, construyendo ustedes mismos ese altar? ¿Será que ahora van a dejar de seguir al Señor?”

            Entonces el pueblo de las tribus de Rubén, de Gad y de Manasés del Este respondió a los jefes de las familias de Israel: “¡Dios es el Poderoso! ¡Él es el Señor! Él sabe por qué hicimos eso, y sépanlo ustedes también. Nosotros no construimos nuestro altar para ofrecer sacrificios, sino para ser una señal para nosotros y para ustedes. Es un testimonio entre nosotros de que el Señor es Dios.

            El sacerdote Finees y los jefes de las familias de Israel los escucharon y quedaron satisfechos. Ellos volvieron para la tierra de Canaán y contaron todo al pueblo de Israel. Lo que dijeron agradó a los israelitas. Entonces ellos alabaron a Dios y no pensaron más en hacer guerra contra la gente de Rubén y de Gad. Y la gente de las tribus de Rubén y de Gad llamó el altar de “Testimonio” porque dijeron: “Es un testimonio entre nosotros de que el Señor es Dios” (22:1-34).

            Dios dejó que los israelitas vivieran en paz con los enemigos alrededor. El tiempo pasó y Josué quedó bien viejo. Él llamó a los israelitas e hizo un discurso de despedida (23:1 — 24:28). Él recordó al pueblo todo lo que Dios había hecho por ellos y lanzó un desafío, para que se apropiasen de las tierras que todavía no habían sido conquistadas en Canaán. Él los orientó para que se esforzaran para obedecer fielmente todo lo que estaba escrito en el libro de la Ley de Moisés (23:6); que no se envolvieran con los pueblos que todavía vivían entre ellos (23:7); que se quedasen apegados a Dios. Josué les dijo: “Dios está luchando por ustedes, por eso, amen solamente al Eterno Dios” (23:8-11). Josué los advirtió: “Si ustedes no fueren fieles a Dios e hicieren amistad con los pueblos que todavía están allí y se casaren con ellos, pueden tener certeza de que Dios no expulsará más a sus enemigos de en medio de ustedes” (23:12-13).

Josué les recordó que Dios dio todas las cosas buenas que había prometido y que cumplió todas sus promesas. Dios hizo que sucedieran todas las cosas buenas que les había prometido. Si los israelitas adorasen a otros dioses, entonces Él quedaría enojado y los castigaría (23:14-16).

            Josué termina con el desafío: “Decidan hoy a quién van a servir. Pero yo y mi familia serviremos al Dios Eterno” (24:14-15).

            El pueblo respondió: “Nosotros también serviremos al Eterno, pues Él es nuestro Dios” (24:18).

            Josué murió con ciento diez años (24:29).

            Los israelitas sirvieron al Dios Eterno, mientras Josué vivió y en cuanto vivieron los líderes que sabían todo cuanto Dios había hecho por el pueblo de Israel (24:31).

 

LECCIONES APRENDIDAS EN LA NARRATIVA

 

  1. Dios exige la muerte como paga por el pecado. Toda la generación de los israelitas que se negó a creer que Dios les daría la tierra prometida murió en el desierto.
  2. Dios es Todopoderoso. Él tiene el poder sobre la naturaleza para realizar Sus planes. Por el poder de Dios, las aguas del río Jordán quedaron paradas para que los israelitas pasaran (3:14-16).
  3. Dios es fiel y cumple sus promesas. Dios dio a los israelitas la tierra que había prometido a Abraham y a sus descendientes (Gn 12:6-7; 13:14-15; 15:18-21). Ninguna promesa de Dios falló (21:45).
  4. El líder espiritual necesita tener coraje y meditar sobre la Biblia. Él debe obedecerla en todo y prosperar y tener éxito. Dios promete estar con Josué y le manda que sea valiente y a actuar según toda la Ley de Dios y le promete éxito (1:3-9).
  5. El pecador, por peor que sea, que confía en Dios y a Él confiesa sus pecados, es perdonado y puede ser usado por Dios para hacer crecer su Reino. La prostituta Rahab creyó y confesó su fe en Dios (2:9-11). Su fe resultó en la justificación y fructificó en obras. Ella se encuentra en la lista de los héroes de la fe (He 11:31). Ella se tornó antepasado de David y de Jesucristo (Mt1:5-16).
  6. Dios es omnisciente. Él sabe las acciones que un hombre esconde de todas las otras personas. Él sabía cuándo Acán le desobedeció, tomando cosas prohibidas y escandiéndolas (7:1).
  7. El pecado de un miembro de la comunidad puede perjudicar y contaminar a todos en la comunidad. Acán es un ejemplo de eso. Su pecado perjudicó a la nación toda (7:1-12).
  8. Cuando la comunidad del pueblo de Dios obedece a Su Palabra, ella es victoriosa. Dios entregó la ciudad de Hai, cuando Israel se santificó y obedeció a la voz de Dios (8:10).
  9. Después que obtenemos victorias con Dios, existe el peligro de olvidarnos de la necesidad de la orientación divina en cada paso. Israel descubrió que necesitaba obedecer a Dios para obtener las victorias de Jericó y Hai, sin embargo, no Lo consultó antes de hacer una alianza con los gabaonitas (9:1-15).
  10. Es fácil para el siervo de Dios ser engañado, cuando él no consulta a Dios sobre las decisiones a ser tomadas. Israel quebró el mandamiento de Dios, al hacer una alianza con el pueblo de la ciudad de Gabaón. Israel fue engañado no por causa de la mentira de los paganos, sino porque “no pidieron consejo al Señor” (9:14-15).
  11. El líder puede fallar y, aun así, dirigir a sus seguidores, para que experimenten muchas victorias. Josué es un ejemplo de eso. Falló cuando no consultó a Dios sobre hacer una alianza con el pueblo de Gabaón, pero llevó el pueblo a obtener muchas victorias (9:3-15).
  12. Falta de fe en la comunidad del pueblo de Dios acaba limitando y perjudicando a quien tiene fe. Caleb y Josué tuvieron fe, contrariamente a la multitud, cuando espiaron la tierra de Canaán con los doce hombres (Nm13-14). Caleb, un hombre de fe, esperó cuarenta y cinco años para luchar contra los gigantes en las ciudades muradas que provocaron tanto miedo en los 10 hombres (Jos 14:6-12).
  13. Los que confían en el Señor renuevan sus fuerzas. La tierra, la ciudad y el pueblo que puso miedo a los espías y a todo el pueblo sin fe, fueron derrotados por un hombre solo, viejo y con fe: Caleb (14:6-15).
  14. Dios sólo da sus bendiciones después de la lucha o esfuerzo de parte de su siervo para poseer todo lo que Él ofrece. El Señor dio a Israel tierra y reposo, pero Israel luchó para poseerlos (21:43-44). Este esfuerzo se basa en la fe (He 4:3)0, que nos lleva a buscar “con diligencia cada vez mayor, confirmar nuestra vocación y elección” (2 P 1:10).
  15. La iglesia debe actuar como las ciudades de refugio, abrigando todo tipo de persona, no para seguir pecando, sino para ser restaurada y no ser condenada por causa del pecado. La iglesia debe juzgar todo tipo de pecado y, encontrando el hermano inocente, debe aceptarlo completamente (18:3).
  16. El culto verdadero empieza en casa. Josué prometió practicar la Palabra del Señor y enseñarla a sus hijos dentro de su hogar (24:15). La falta de perseverancia de los hijos de los creyentes en el camino del Señor, en gran parte, se debe al hecho de muchos padres dejar de practicarlas y enseñarlas a sus hijos, dentro de sus hogares.
  17. El pueblo de Dios necesita aprender a trabajar unido, sumando fuerzas. Las dos tribus y media recibieron la tierra con los esfuerzos de los otros y, sin embargo, no querían ayudar a sus hermanos. Fueron exhortados. Aceptaron ayudar. Así Dios bendijo al pueblo.

 

P R E G U N T A S

 

  1. ¿Quién fue el líder de Israel después que Moisés murió?
  2. ¿Cómo fue que los israelitas atravesaron el río Jordán?
  3. ¿Qué nos enseña la vida de la prostituta Rahab?
  4. ¿Cómo la ciudad de Jericó fue conquistada?
  5. ¿Cuál fue el pecado de Acán? ¿Cómo el pecado de Acán perjudicó a todos los israelitas?
  6. ¿De qué manera el pueblo de Gabaón engañó a Josué?
  7. ¿Hay alguna paradoja en el hecho de que el Señor dio a Israel la tierra y el reposo, pero Israel tuvo que luchar para poseerlos?
  8. ¿Cuál es la importancia de las palabras de Josué en su discurso de despedida: “Yo y mi familia serviremos al Dios Eterno” (24:15)?
  9. ¿Qué nos enseña sobre Dios la conquista de la tierra de Canaán?
  10. ¿Qué nos enseña la vida de Josué sobre un líder espiritual?